miércoles, 29 de mayo de 2019

Doña Francisquita. Teatro de la Zarzuela.

El teatro de la Zarzuela ha vuelto a apostar por un director de escena de lo mejorcito del panorama mundial para darle un aire nuevo y sólido a sus producciones. En esta ocasión, Daniel Bianco ha confiado de nuevo, tras sus anteriores éxitos en este teatro, en Lluís Pasqual, sabio del teatro desde hace muchísimos años. 




Pasqual siente la zarzuela en la sangre desde pequeño, ama el género y aparte de cuestiones pintorescas (sus recuerdos de infancia, su madre se llama Francisca, sus padres tenían una confitería...), se acerca a este título emblemático con la ilusión y la intención de que el público se divierta y salga del teatro, tras casi tres horas, con una sonrisa en los labios y más optimismo en el corazón.
Yo he dicho ya otras veces que la forma de que este género sobreviva al siglo XXI es o con puestas en escena sólidas, novedosas y atractivas para el gran público o tocando los libretos, para despojarlos del costumbrismo apolillado de ciertas partes y de unas formas que hoy en día resultan menos atractivas que en su momento. 
Es evidente que las partes cantadas son intocables así como las notas musicales. Pero las partes habladas son otra cosa. Claro que hemos tenido grandes libretistas, eso es cierto. Grandísimos, pero también es cierto que en muchas ocasiones, en este género que mostraba la vida de la gente corriente en contraposición a los conflictos más lejanos de las óperas, esos autores escribían con un lenguaje muy de su momento y para ser interpretado como se hacía entonces. Todos sabemos que el teatro en España, hasta la aparición de Valle Inclán, Lorca y otros genios, estaba marcado por un costumbrismo que a veces arropaba grandísimas obras, pero cuyos códigos eran otros, particulares y viejunos. Pasqual, en esta anunciada adaptación del texto de los autores originales, intenta quitar esas telarañas que a veces, vistas desde el siglo XXI, pueden resultar lejanas. 
En cualquier caso es una adaptación del libreto original de esta obra, como muchos espectáculos de los que han pasado tanto por este teatro como por cualquier otro teatro del mundo. Ah, por cierto, el libreto de Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw ya fue en su momento una versión de "La discreta enamorada" de Lope, pero "actualizando" esa obra intocable a los personajes y gustos de SU época. Vamos, lo mismo que se ha hecho ahora. El objetivo que persigue Pasqual es entretener, divertir y hacer gozar. Yo entré dispuesto a dejarme hacer por lo que iba a ver y me lo pasé pipa. Yo. Sí. Pipa.
Esta coproducción con el Liceu y la ópera de Lausanne tiene todos los ingredientes para ser un bombazo. El grandísimo Oliver Díaz, Alejandro Andújar, Pascal Mérat, Nuria Castejón, Lluís Pasqual, Gonzalo de Castro, la inmensa Lucero Tena, la ORCAM, los fantásticos bailarines, el coro titular... inmejorable.
El primer acto se sitúa en plena II República. Un grupo de cantantes están grabando una versión de "Doña Francisquita" para repartirla por el mundo e intentar "luchar" contra las músicas de Wagner que invadían Europa. Eso sí, sólo van a grabar las partes cantadas, porque como en Europa no entienden el castellano, no van a entender las partes habladas. Una parte del elenco refunfuña porque se quedan sin una parte de su "lucimiento". El segundo acto transcurre durante la grabación de un programa de televisión de aquellos de zarzuela de los sesenta. ¿Problema? El mismo, hay un.. mandatario que se aburre y quiere que el programa vaya ligerito. Así que fuera diálogos. Sólo se grabará la parte cantada. El tercer acto es el ensayo un día antes del estreno de una producción de "Doña Francisquita" en pleno siglo XXI. Al fondo, podemos ver la copia recuperada y restaurada de la versión cinematográfica de Hans Behrendt del año 34. Un lujo poder gozar de la recuperación de esta joya. Estos tres actos son tres formas de enfrentarse a un clásico como este: yendo a su esencia musical, tratándolo como se hacía en plena expansión del género y como se haría en nuestros días. 



La escenografía sobria de Alejandro Andújar acoge bien los propósitos de esta propuesta. El vestuario brilla con una paleta de colores brillante y unos figurines exquisitos. Iluminado de maravilla, como siempre hace Pascal Mérat. Y brillando por encima de todo, las vibrantes coreografías de Nuria Castejón que unos entregadísimos bailarines exprimen al máximo consiguiendo una ovación merecidísima. Bravo, sois asombrosos y vuestro sacrificado trabajo nos regala algunos de los mejores momentos de la velada. 
La ORCAM, bajo la batuta del maestro Oliver Díaz suena vibrante y alegre. Siempre acertadísima y con unos sonidos muy, muy sólidos y acertados. El coro titular, NUNCA ha sonado mejor. Y no sólo vocalmente sino escénicamente. Están brillantes. Lo de Lucero Tena es histórico. No sé cómo explicarlo. Tener la oportunidad de verla en directo es brutal. Cómo consigue con dos trozos de madera sacar de ahí notas musicales, pianos, fortes y todo tipo de matices musicales y expresivos. Asombrosa. Fantástica la intervención de la Rondalla lírica.



El elenco, (yo vi al primer reparto) encabezado por un Gonzalo de Castro tan luminoso como siempre, nos regala la oportunidad de disfrutar de la elegancia de Ismael Jordi. Su voz suave, su timbre único y precioso estuvo a puntito de visar el celebérrimo "Por el humo se sabe..". Sabina Puértolas demostró que la suya es la zona alta, donde su voz se mueve con más libertad. Sus trinos agudísimos volaron bien por la sala. María José Suarez hace una creación única, divertidísima y sin duda se ganó la grandiosa ovación con la que el público le agradeció su entrega. 



Ana Ibarra me deslumbró con una voz poderosísima, con un timbre bellísimo y una presencia escénica brutal. Para mi gusto, lo mejor de la noche.
En cuanto a la dirección de escena, el genio de Pasqual brilló como siempre. Su propuesta (la suya, no la de nadie más, no la mía, no la de nadie) es sólida y alegre. Consigue que el espectáculo navegue ligero y divertido. El primer acto es divertidísimo, el segundo acto es precioso y el tercero, brutal. Quizá, por poner un "pero", la aparición de Lucero Tena quede un poco desdibujada y no termine de estar afinada del todo. Es lógico caer en la tentación de presentársela al público, pero quizá la forma elegida no termine de cuajar del todo. No sé.   



Y claro, la polémica. 
Yo pienso que esta es una propuesta. Una. La concreta que ha hecho Pasqual. La que él ha pensado y elegido. Cada uno de nosotros alberga un director oculto. Por eso en las obras hay señores opinando desde las verjas. Y por eso siempre hay alguien pendiente mientras aparcas, comprobando que él aparcaría mejor que tú. 
Si nos hubieran encargado a nosotros esta producción seguramente cada uno habríamos hecho una distinta. Pero se la han encargado a Pasqual. Y él ha decidido hacer esta. 
Obviamente te puede gustar o no, te puede llegar más o menos. Pero es la suya. Decir: "es que esto se debería hacer de tal manera" es un axioma que nos hace parecer poseedores de la verdad. Y en teatro no hay verdades, hay opciones. Entiendo que a mucha gente no le guste, e incluso puedo llegar a entender que a mucha gente le moleste. Lo que no me creo es que genere tanta ira que te haga saltar por los aires y no poder reprimir la necesidad de montar un pifostio. 
De toda la vida de dios, se abuchea, pero cuando procede. O no se aplaude, o si me apuras, si tan mal lo ves, te piras. O montas un griterío en los entreactos, o en los saludos finales, o te vas y pides la hoja de reclamaciones. Yo me he ido muchas veces del teatro y he presenciado abucheos. Pero no los desmanes que se han vivido ahora.  
He visto también miles de adaptaciones. De todo tipo de autores y con todo tipo de resultados. Incluso espantosos y alguno ofensivo. No quito la razón al que se ofenda o se horrorice con esta versión. Cada uno recibe las cosas de una forma y las asume o asimila como puede o quiere. Pero desde luego no me parecen las formas. Es más, eso de montar el jari a los diez minutos de función, cuando todavía no ha dado tiempo a que pase demasiado... me mosquea. 
No sé, de verdad que no entiendo tanta ira. Hace no mucho, por ejemplo, vimos una apaluadida versión de "La casa de Bernarda Alba". Estuvo anunciado como "libreto de Julio Ramos basado en la obra original de...". Se decía que "estaba basado en" y quizá por eso nadie criticó que no estuvieran ahí las palabras de Federico García Lorca. Personalmente creo que la música de las palabras de Lorca es vital para disfrutar del poder de sus textos. Ahora esto se anuncia como "adaptación del libreto de...". Vamos, que avisan de que es una adaptación. ¿Cuál es la diferencia, que la de Julio Ramos  tenía más derecho que esta o que nos gustó y esta en cambio no? Si es cuestión de gustos, entonces no hay discusión posible. Cada uno tiene un gusto y cada uno recibe las cosas de una forma. Y sí, vale que en la Bernarda no se alteraba la trama, pero para mí, las palabras son tan importantes como lo que contienen y si hablamos de alterar, hablamos de alterar. Si no, es que hablamos de resultado. Y eso ya es subjetivo. Ah, y que quede claro que el trabajo de Julio Ramos me pareció fabuloso.       
En cualquier caso me parece una falta de respeto brutal hacia los que están sobre el escenario, trabajando. Todos los artistas que están sobre el escenario están trabajando y haciendo su trabajo lo mejor posible. Y no se les puede dinamitar de esta forma. El derecho a la protesta es incuestionable, pero en el momento y de la forma que hay que ejercerlo. El resto es barbarie. Y la culpa es de los políticos que han perdido el respeto y se han convertido en agitadores, de los medios de comunicación que viven del insulto y de los programas que se alimentan de la carroña. Hoy en día, el insulto y la violencia son habituales y parece que están legitimadas la agresión y la barbarie. Nadie discute que este espectáculo (o cualquier otro) pueda incluso ofenderte, pero ¿en serio ofende tantísimo como para no poder refrenar el impulso de montar un griterío así? Te juro que no me cabe en la cabeza. 
Desde los tiempos de "La torna" o del famoso "Teledeum" o del estreno de "La última tentación de Cristo" no se veía algo así. Deberíamos reflexionar. Ah, y los que gritan son los menos, lo que pasa es que suenan más. 
Hay quien pide responsabilidades, que alguien salga a dar explicaciones. La única explicación que se me ocurre está en el escenario. Esta es la versión concreta que se ha querido mostrar y su defensa es ella misma. El escenario habla. Como siempre. 
No sé qué tiene este género que hay una corriente que pide que no se toque nada. Que todo se haga y se siga haciendo exactamente igual que hace 80 años. No sólo a nivel de resultado sino de concepto. Y no entiendo por qué ese afán. Vale que el género reflejaba una forma de vida y un lenguaje concretos y que no se deberían olvidar. Pero meter la zarzuela en un bote con formol para conservarla intacta no es sano. Y es algo que sólo pasa con este género. Picasso pintó 56 variaciones de "Las meninas" y no borró el cuadro de Velázquez. Si te gustan esos 56 cuadros, vas a verlos. Y si prefieres el original, vas a ver el original y ya está, no acuchillas los cuadros de Picasso. Si es que no pasa nada. ¡Anda que no se hacen y se harán versiones de "Doña Francisquita"! Pues esta te la ahorras y ya está. 
Hace tiempo una señora cardada decía en un entreacto: "hasta esto nos quieren quitar". Ese sentido de la propiedad, de creer que hay cosas que se deben hacer como yo quiero, porque yo tengo más derechos sobre ello que tú es algo muy chungo. Y, señora, no se crea usted que ama más el género que nadie y por supuesto, no piense que le pertenece. La música es libertad y nadie es dueño ni de unas notas, ni del arte, ni de lo que provoca ni de cómo se debe hacer. 
Bueno, quizá le he dedicado demasiado tiempo a la polémica. A la polémica que ha surgido en un par de funciones, además. Pero las redes son tan incendiarias... y hay tanta gente a la que le gusta meter mierda... Porque quejarse es bueno, y estar en contra, inevitable, y ofenderte también. Y yo no digo nada de la gente a la que esta versión no le haya gustado, o le haya parecido horrorosa o infumable. Los gustos son los gustos. Pero de verdad que no me creo que lo que se ve en el escenario ofenda tantísimo como para tener que explotar y sucumbir al deseo irrefrenable de montar un pifostio. Es un espectáculo. Es diversión, es entretenimiento. Para las iras, sería mejor y más productivo ir justo a la vuelta, que ahí si se deciden cosas importantes. Esto sólo son tres horas de tu vida, a las que vas voluntariamente y ya está.            




 Así que por mi parte sólo puedo agradecer a La Zarzuela y a sus responsables por regalarnos un espectáculo a mi parecer redondo y que me hizo pasar una tarde divertidísima y de puro goce. Bravo.




 Las fotazas son de Javier del Real. Si hay algún inconveniente en que las utilice, por favor, comuníquemelo y las quitaré.





















       

 



 

sábado, 25 de mayo de 2019

"Los Remedios". Sala Exlímite.

El pasado es eso que nos imaginamos para poder soportar el presente y tener fuerzas para enfrentarnos la futuro.





Eso piensa Fernando Delgado-Hierro, ese manojo de inteligencia, creatividad, clarividencia y capacidad creadora.
Fernando se crió en el barrio sevillano de Los Remedios junto a su amigo Pablo. Como todos los espíritus que no caben en su cuerpo, Fernando necesitaba aire. Se marchó a Madrid, igual que Pablo y cada uno por su lado intentaron seguir. Pero para comprender su presente necesitaban perdonarse su pasado. Porque ser andaluz, sevillano, hombre, joven, guapo, de clase media y no sentir ni querer nada de lo que se supone que debes ser y querer es jodido. Pero juntos es más fácil. Siempre el cobijo de un AMIGO te da calorcito y te cuida. Juntos, ahora, años después, inician este viaje al pasado para intentar comprender por qué fue todo, por qué es todo ahora y por qué todo es y fue así.
Si consiguen llegar a un acuerdo con su pasado podrán comprenderse ahora, en el presente. Y perdonar. Y perdonarse. Y poder seguir. Y entender. Y para entender hay que repetir. Para despojar, limpiar y dejar en la esencia. Y asumir que todo está en el cuerpo, que lo llevas ahí y que ese gesto que hacía tu madre y que te ponía malo, lo llevas tú ahí. Y que te sale cuando lo has repetido... ¿cuántas veces?

Yo, la gente de mi edad, tuvimos que reconstruir nuestra infancia y nuestra juventud a base de recuerdos, de memoria y de un puñado de fotos en blanco y negro. Estos chicos, los que hoy mueven el mundo han tenido una infancia y una juventud 2.0. Tiene mil millones de vídeos, de fotos, de películas, de certezas digitales. Yo me inventé mi pasado en "B" para ajustar cuentas con él y perdonarme, pero Fernando y Pablo y la gente de su edad, que son los amos hoy en día, tienen que perdonar y ajustar cuentas con lo evidente, lo inapelable, lo digitalizado y lo palpable. Su pasado es implacable porque tienen mil pruebas de ello. Yo me lo inventé y lo hice, seguramente, como más me convenía para que me doliera menos o para que me doliera más. Ellos tienen su pasado en un disco duro. Ajustar cuentas con eso es duro de cojones. 



El textazo escrito por Fernando es magistral. Se pueden percibir fuentes de las que este cerebro privilegiado ha bebido y de las que ha sacado el máximo provecho desde sí mismo. Es el alumno ideal porque capta la esencia y la hace suya. Escribe desde su propia personalidad y consigue un texto divertido, duro, incisivo, curativo y demoledor. Y tanto él como Pablo Chaves exorcizan sus demonios (o eso nos hacen creer) con un despliegue de recursos A-CO-JO-NAN-TE. Los dos actores literalmente lo dan todo. Y no sólo es admirable esa generosidad sino que lo hacen desde el sitio perfecto, sabiendo a cada instante qué hacer, cómo y desde dónde. DOS PRODIGIOS.
Como prodigiosa es la dirección de Juan Ceacero, otro monstruo que últimamente está soltando todo su inmenso poder creativo con una certeza pasmosa. Toda la concepción global, la dramaturgia, es clara, amigable y empática. Ama lo que cuenta, ama a esos personajes y ama lo que quieren contarnos. Las transiciones vertiginosas y diabólicas le permiten un juego escénico perfecto y magistral
La sala Exlímite se cuelga la primera medalla por ser los primeros en regalarnos esta puta maravilla por la que se van a pegar ahora todos. Todo dios va a querer tener en su programación esta JOYA. BRAVO.
No sé, pero para alguien como yo, criado en el Valladolid de los ochenta y con ningún sentido de terruño... "Los Remedios" me tocó desde el minuto uno. Nunca me he sentido especialmente vallisoletano pese a haber vivido allí mis años decisivos y de tener a mis amigos más amados allí. Mis héroes eran los Comuneros y mi forma de ser es castellana, pero mi falta de sentido del terruño y mi nulo sentimiento de raíz es tan grande como mi debilidad por el vino de Pesquera.
Por eso con "Los Remedios" me dejé derretir desde el minuto uno. Porque el desarraigo, el no cumplir con lo esperado, el recomponer y perdonar para seguir y la necesidad de una liturgia desinfectante es universal. 
Gracias, Fernando, Pablo y Juan por regalarnos algo así. 


  AMO "LOS REMEDIOS"


sábado, 27 de abril de 2019

La otra mujer (un concierto). Kamikaze.

Muchas veces lo que más y mejor cura es lo inevitable. 
"La otra mujer" es una liturgia de sanación. La sanación de Nina, que acaba de romper con su chico, pero también nuestra sanación como "observantes" ajenos de esa ceremonia de sanación. Porque la medicina que cura a Nina y que nos curará a nosotros es una inevitable; la música.



Puede que la Nina de "La gaviota" sea el personaje chejoviano cuyo dolor más y mejor entiendo. Quizá porque soy actor. Y entiendo el dolor de esta Nina "messiánica" que busca lágrimas sinceras que laven su pena. La pena que tiñe a todas las mujeres de los textos de Messsiez. 
Y es que las mujeres de Messiez son las que más y mejor sufren. Las que sienten el dolor ese que te hace ir encogido de hombros, ese que te hace mirar como si fueras una cría de galgo a punto de ser asesinada, ese dolor que va de dentro afuera, ese miedo que da frío, que te llena de quizás, de por favor y de nunca. A todas nos gustaría sentir y expresar la pena como lo hacen las mujeres de Messiez. Al menos, aunque la pena no pase, la sueltan con palabras bellas, precisas y llenas de color. Palabras gorrrdas como las lágrimas y sabrosas como un fruto tropical. A todas nos gustaría hablar como lo hacen las mujeres "messiánicas" y a todas nos gustaría tener la chispa de las mujeres de Mankiewicz, la pasión de las mujeres verdianas o el salero de las mujeres de Almodovar. 




Al igual que las palabras son elegidas y su poder es multidimesional tanto en el tiempo como en el espacio, la música es inevitable. Puedes creerte curado, pero unas notas musicales entran por tus oídos y se clavan inmisericordes en tu corazón. La música NO la puedes evitar, las notas atacan y hagas lo que hagas producen un efecto inevitable e irreversible. NO PUEDES evitar emocionarte al oír el "Morgen" o "El hombre del piano" o "Le plat pays".
Y eso hace esta Nina, recurre a lo que sabe que puede salvarla. La música. Y se refleja y arropa en otra Nina, la Simone. Nina Simone no necesita explicación, es de esos seres que se explican solos. Basta con ver cualquier actuación suya. Toca la primera nota y se deja mojar por ese sonido, dice la primera palabra y la rellena con su vida, arrrrrranca a contar una historia y se abre en canal. Así, Nina Simone se dejaba hacer. Y Nina Messiez se deja hacer por la Simone buscando verdad en sus lágrimas, sanación en la catarsis y alegría cuando se pueda. No antes. Antes no puede. 

Cantar es como hablar. Si se hace sin sentido, resulta, pero no hace nada. No cambia. No moja, no altera, no toca, no mueve. Y eso es una puta mierda. Pero si al cantar, cantas es como cuando al hablar, hablas. Eliges, decides, rellenas y utilizas. Y si cantas como quien vive, las canciones, la música, te tocan, te cambian, te ponen ahí, te hacen arriesgarte, te hacen querer volar "para ver el mar desde el cielo". Y es que cantar es como vivir, es como actuar, es como hablar pero con notas. Pero deben sí o sí nacer del mismo sitio y de la misma intención y necesidad. Si no, son trampantojos. La música de verdad, las canciones de verdad, las palabras de verdad son las que hacen que las lágrimas salgan gorrrdas. 



Guadalupe Álvares Luchía se deja hacer por cada nota que entona y por cada palabra que pronuncia y navega por los rincones más comprometidos con una suavidad casi insultante. Se sumerge en el poder de sus palabras y se mece entre las notas de Nina. Espeluznante.



 Como espeluznante es ver los dedos suaves y flotantes de Juan Ignacio Ufor, un compañero generoso y delicado. 
Paloma Parra ilumina y oscurece a estas dos Ninas de forma prodigiosa. Y nos lleva del interior del alma a un estadio repleto y de ahí de nuevo al interior de un ser herido y a la intimidad de un acto de amor. Y Elisa Sanz cobija a esta gaviota herida con suavidad y respeto. 

De Messiez voy a decir poco. TODO  lo dicho anteriormente es POR él. Punto. Es el más. Es el amo. Le amo. 
Tres ejemplos de por qué: esa canción en la que se va deslizando con el codo apoyado en la barra, el "Nina nuestra que estás en los discos" y... la catarsis de Nina haciendo el amor con la música de Saint-Saëns. 

Si la música sana, el teatro transforma y Messiez ilumina. Es así, es inevitable.   


Gracias, Vanessa Rábade, por inmortalizar estos momentos con esas fotazas. 

miércoles, 23 de enero de 2019

El sueño de la vida. Teatro Español.

Espero no dar a entender con mis palabras que en ningún momento considere "El sueño de la vida" como una obra fallida. Nada más lejos. Sobre todo porque para que algo falle, tiene que haber una meta, un propósito, una finalidad y justamente mi comentario se basa en lo opuesto. 

A veces, muchas veces, casi siempre la clave de la cosa está en el ojo que mira, no en lo que el ojo ve. El objeto está ahí y tiene la vida que tiene. Es el ojo el que mira y ve, o mira sin ver, o mira una cosa y ve otra, o mira pero ve negro lo blanco, o mira y ve lo que le sale de los cojones...




La historia la sabemos todos. A Conejero le encargaron escribir una posible continuación del texto inacabado de Lorca. Obviamente, continuaciones podría haber miles. Pero Conejero escribió la suya, la que él quiso. Una posible. Conejero, amante de Federico como todos sabemos, se puso a dialogar con las palabras de Lorca y de ese encuentro nació este texto. Escribiendo como quien ríe o como quien llora, o como quien vomita. Sin freno, sin medida, con valentía y con el corazón a la altura del estómago.
Y si el AUTOR busca, como Elena, "la verdad", lo justo y necesario es que la busquemos al entrar al teatro a dejarnos hacer por la función.  
Yo confieso que pequé. Durante una décima de segundo, cuando leí que le habían hecho este encargo, pensé "madre mía, si esa obra no se puede continuar". Ese pensamiento me duró na y menos, porque rápidamente mi mente se liberó de prejuicios (juicios previos) y le escribí para felicitarle. De corazón. El encargo no sólo era irresistible (¿quién habría dicho que no?) sino que le ofrecía la posibilidad de nadar entre las palabras de Federico para dejarse mecer por ellas y ver a ver. Que aquí todos somos muy chulos, pero ¿quién habría dicho que no a este proyecto?



La mejor forma y el mejor sitio desde el que mirar al texto de Conejero es desde el respeto y la justicia. Si hacemos juicios previos, si esperamos escuchar (o leer) las palabras "que habría escrito Federico", no sólo nos seríamos justos, sino que nos equivocaríamos de pleno y seríamos ruines, ilusos y bastante soplapollas. 
Este texto hay disfrutarlo con los poros abiertos, con la mente relajadita y los ojos del corazón dispuestos a dejarse hacer. 
El primer acto lo escribió Lorca. Quizá lo habría variado de no haber sido asesinado. Quizá no quedaría nada de lo que nos ha llegado. O vaya usted a saber. Chimpún. El segundo acto y el "epílogo" son obra de Alberto Conejero. De DON ALBERTO CONEJERO. Todos en pie. 



Estilísticamente es puro Federico. Las figuras, las metáforas, las imágenes, son la continuación fluida del texto conocido. Pero aunque no lo fueran. Es bueno en sí mismo. No es la continuación de la acción desde donde lo dejó Lorca, sino que nace del diálogo de un creador con otro. Y nace de ponerse Conejero en el lugar de Federico, y desde ahí bucear buscando de dónde nacían esas palabras. Esas y no otras. Y Conejero hace brotar un texto suyo, propio, bellísimo y potente. 
De todos los textos posibles que se podrían haber escrito en el mundo, Alberto Conejero ha escrito este. Fin de la discusión. Vamos, es que no hay discusión posible. Y se nota que el texto nace de los mismos sitios que el texto de Federico. Quizá no de las mismas necesidades ni de las mismas heridas, pero da igual. Nace de los mismos sitios. Si no, no estaría ahí el grito hacia Roma, ni estaría el lago Eden. 
Así que primer puntazo para "El sueño de la vida", el inmenso texto de Conejero, que unido al primer acto de Federico forman este monumento a la palabra, a la lucha por la verdad y a la raíz oscura.  



El segundo puntazo es tan obvio como injusto. 
Lluís Pasqual, el artista reencarnación de Federico (si no, leed "De la mano de Federico") dirigió "Comedia sin título" como colofón a la época más gloriosa del pobre María Guerrero. Fedelluís ama ese primer acto. Ama al Autor, ama a Elena y ama la necesidad de verdad. Y de cambiar las formas muertas desde dentro del teatro. Desde el patio, desde los autores, desde las actrices, desde los técnicos, desde el apuntador, desde las entrañas del teatro. Con una revolución. A tiros. Porque no vale silbar desde las ventanas. (Como no valen los golpes de estado cobardes). Por eso rompe el teatro. Por eso el Autor está entre nosotros. Y el Espectador 1, y su señora, y Enrique y Guillermina, y Nick Bottom. Esa forma de meternos en medio del cogollo, de hacernos partícipes sí o sí es brillante. Tan brillante como lo era hace 30 años. Sí, es casi igual que en el montaje del 89, pero qué más da. Si hablamos de ser justos y de dejarnos hacer sin prejuicios, eso debe ser así para todo y para todos. Y este primer acto, gracias a Fedelluís es PERFECTO, MAGISTRAL. Fedelluís ya entendió así este acto entonces y lo monta casi igual porque cree que es así, siente que es así y decide que es eso y así. Y yo estoy con él. Porque Lluís es dios. Es inteligencia, sabiduría, es el hombre con ojos en el corazón.
Después viene el segundo acto. Lo que "podría ser" un segundo acto. Por ejemplo. Uno posible. Ya está; un ensayo. GENIAL. Y Pasqual vuelve a demostrar por enésima vez en su vida y en la nuestra, que la mejor forma de enfrentarse a un trabajo es gozándolo, amándolo y mimándolo. Por eso monta ESTE segundo acto de esa forma brillante, respetuosa y dándole al texto de Conejero un sitio generoso y bello. No le habría hecho ningún favor si lo hubiera montado como la "continuación" del acto primero. Porque sería como confirmar que el texto es una "continuación". Y no. Es un complemento. Es el texto de Conejero. Nacido de su tripa y Pasqual lo monta desde la suya. No como herencia sino como unidad. 



El único "pero" que le pongo a función es ese segundo acto. Y no por la calidad del texto ni por su razón de ser, no. Pero confieso que el desarrollo dramático de los personajes se me queda un poco encallado. Lo que podía haber sido esa revolución se queda frenada no sé si por el hecho de montarla NO como una continuación del primer acto, sino como un ser independiente o si se frena porque los personajes avanzan de otra forma. La revolución se estanca, el Autor cede, la actriz, salvo el momento de grito, navega por otros sitios y los personajes se quedan un poco en el sitio. Cierto es que estilísticamente hay brillantez y continuidad, pero dramáticamente el desarrollo de la acción y de los personajes se frena. El espectador vuelve a ocupar la butaca, a sentirse a salvo y a notarse observador ajeno.    
Eso sí, no sé si es Pasqual o soy yo, pero vuelve el cuerpo del revés cuando escucho a Emma Vilarasau gritarle a Roma, o cuando Nacho confiesa ser un pulso herido. Ahí yo me hago pequeñito en mi butaca y el mundo me hace daño. 
Pues si la dirección de escena de San Lluís Pasqual es ejemplar, volcánica y llena de pulso, aparte de ser una respuesta elegante y magistral a las voces opacas y mediocres, el efecto que consigue con el epílogo es tan bestial como el del primer acto. Y cuando en el teatro sientes que te atraviesa una lanza a la altura del corazón y sabes a ciencia cierta que a la salida te irás invadido de luz, es que en el escenario ha pasado algo vivo, real y que te ha cambiado. Sí, Elena, tranquila, lo has conseguido. 
Y debo confesar que escuchar a Echanove como la voz del poeta me pareció no sólo un viaje en el tiempo hasta aquel "Cómo canta una ciudad de noviembre a noviembre" prodigioso, sino un taladro en lo más profundo de "ese sito donde tiembla enmarañada la oscura raíz del grito". La voz del poeta, una reencarnación, dios hablándonos. Ahí morí.  



Brillante la música en directo de Iván Mellén y el piano mágico de Miguel Huertas, tocando como sonaría "Poeta en Nueva York". Fabuloso trabajo de Roc Mateu, de Pascal Merat, de Alejandro Andújar y FABULOSOS  todos y cada uno de los actores. Es de justicia destacar el aplastante peso escénico que despliega Daniel Jumillas, en el hasta ahora, mejor papel de su vida. Los guiños me tocaron mucho, pero yo soy así de petardo. Y ver a María Isasi (soberbia como Guillermina), a Jaume Madaula, a César Sánchez, a Chema de Miguel, a Sergio Otegui y oír a Echanove a mí me trasladó directamente al María Guerrero, aquel fatídico año 89...



Lo de Nacho Sánchez y Emma Vilarasau es de otro planeta. Si Nacho busca y rebusca cada herida dentro de su cuerpecito, Emma despliega el dolor como si tal cosa y lo esparce untado en mil matices sobre el patio de butacas. Nacho es un ser vivo y Emma un ser moribundo. Nacho es doloroso y Emma dolorida. Buscan el todo y la razón. El por qué. Y desgarran tu alma porque rebuscan dentro de ellos con un cuchillo, con un cuchillito. Sólo por ver a estos dos seres merecería la pena ir al menos dos o tres veces por semana al Español. 
Corran, corran, vuelen, no se pierdan esta oportunidad histórica. "El sueño de la vida" es amor puro, es puro amor. Y el amor más puro, desde el patio.

Aparte del espectáculo, que es brutal y una auténtica apisonadora, personalmente, aparte de todo, creo y siento que algo de desborda de sus límites. Leo, he leído y leeré "explicaciones" de por qué se hace este espectáculo o de por qué se ha escrito este texto, "El sueño de la vida". Y sinceramente creo que no hay nada que explicar. Ha habido un encargo y se ha hecho. O ha habido una necesidad de hacer fluir el dialogo entre dos artistas (Fedejero) y se ha plasmado. Punto. Cualquier explicación de por qué sí o por qué no, sobra, suena a justificación más que a explicación. Y no creo que haya que pedir permiso por nada, ni pedir disculpas por nada, ni explicar el por qué de las cosas. ¿Se ha hecho? Sí. ¿Está bien? Sí. ¿El espectáculo está bien dirigido? Bien no, cojonudo, perfecto, magistral. ¿Hay que explicar por qué se monta "Hamlet"? ¿A que no? Pues eso. 
Menos explicaciones y menos leches. Se encargó, se hizo, se ha montado y se ha montado que te cagas. Fin. 
El mejor favor que podemos hacernos, que podemos hacer a Conejero, a Pasqual, a los actores y al propio Federico es ir al Español sin esperar nada, sin esperar oír a Lorca, sin esperar nada "lorquiano" y sin creer que porque nos guste mucho, somos federicólogos. Relaja los esfínteres y deja que lo que hay te toque. O no. Y luego ya si eso, hablamos.    










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martes, 13 de noviembre de 2018

La casa de Bernarda Alba. Teatro de la Zarzuela.

Federico García Lorca es es autor de "La casa de Bernarda Alba". Él escribió la obra teatral.
Esta Bernarda que podemos ver en la Zarzuela tiene más autores. Lorca, Miquel Ortega y Bárbara Lluch. Y de refilón Rubén Fernández Aguirre. Pero vayamos por partes. 



Lorca veraneaba con su familia en una casa que alquilaban en Asquerosa, un pueblo que obviamente cambió su nombre por Valderrubio. Frente a esa casa vivía una tía de Federico. Al otro lado de un muro delgadito y compartiendo pozo vivían Frasquita Alba y sus hijas. Lorca escuchó cientos de discusiones de Frasquita con sus hijas. Incluso en Asquerosa se contaba una historia bastante parecida a la del hijo de La Librada. Y según contaban, las vecinas el pueblo coreaban por las calles el famoso "carbón ardiendo en el sitio de su pecado". Por si fuera poco, la tía de Federico le contó que en una ocasión ella misma se puso varios vestidos de fiesta que le acababan de coser para dar a Frasquita en los morros tras una discusión de las que llegaban por el patio. Y como remate, el propio Lorca deja claro al comienzo de su obra que "el poeta advierte que estos tres actos tienen la intención de un documental fotográfico". 
Personalmente siempre he creído que un director, cuando decide enfrentarse a un trabajo, toma las decisiones que cree y que le dan la gana. Luego nosotros, espectadores, nos dejaremos tocar o no por esas decisiones, pero la decisión es siempre del director. Bárbara Lluch a decidido seguir las indicaciones de Lorca y recrear un documental fotográfico, llevándonos a una recreación realista (todo siempre tamizado) del patio de la casa de Bernarda. 
Bueno, que me lío. Comenzaré por el principio. 



Rubén Fernández Aguirre es no sólo un pianista con una carrera deslumbrante sino un ser con una inteligencia, una cultura y una sabiduría sólo comparable con su humildad y su carisma. Ah, incluso a tocado en conciertos en los que Lorca ha sido eje central. Bueno pues este ser fue el primer y principal instigador de este proyecto. Si a alguien hay que "culpar" es a Rubén. No sólo eso, sino que en un momento dado del proceso de ensayos, Rubén vio claro que sería mejor para el proyecto si el propio Miquel Ortega se hacía cargo de la dirección musical y en un acto de generosidad envidiable, dejó la batuta en manos de Ortega y él se quedó sentado al piano. ¿Cuánta gente haría algo así pensando en el bien del espectáculo y cediendo el "honor" el lugar de honor en el cartel y en la prensa? A Daniel Bianco se le pusieron los ojos en blanco porque vio en esa idea, una joya. Bianco lleva a Lorca en las venas. No sólo por el mítico montaje de "El público"sino por mil referencias, trabajos y cercanía. Bianco habla con Miquel Ortega, llaman a Bárbara Lluch y ya tenemos el milagro en marcha. 



Miquel Ortega recuerda que con apenas trece años, iba al cole con un libro en la mochila, "La casa de Bernarda Alba". Hace años empezó a componer lo que desde entonces fue una necesidad. Bruno Bruch (Julio Ramos) se encargó del libreto suprimiendo personajes, quitando paja (con todo el respeto, claro), puliendo situaciones y limando diálogos. Tristemente Julio no, pero Miquel sí consiguió terminar la versión sinfónica de "La casa de Bernarda Alba" y estrenarla en Rumanía en 2007. De todas formas, casi desde el principio, Miquel Ortega pensó en esta Bernarda como en una obra de cámara. Musicalmente inspirado en Britten y en su forma de enfrentar ciertas creaciones desde la cercanía y la melodía continua y sinuosa. A pesar de eso, estilísticamente, la presencia de los leitmotivs son la mayor aportación de Ortega. La casa, Pepe, los tres leitmotivs de Bernarda... hacen que musicalmente "La casa de Bernarda Alba" sea una obra personal, original y maestra. Porque esta obra es poderosa en sí misma. La música juega con la melodía y la atonalidad como buenas y sabias armas para conseguir una progresión dramática asombrosa. Los leitmotivs te sitúan emocionalmente en un sitio ideal, porque hacen que sientas antes de que pase nada. Tu cuerpo, sin querer, gracias a su memoria sensorial, oye, escucha, procesa y te pone en el sitio que Ortega quiere y donde debes estar para recibir lo que viene a continuación. Porque esta obra, que juega con la atonalidad pero se basa en la melodía, combina Puccini y Menotti como algo natural y realmente logra estar al servicio de la progresión dramática.Está al servicio de la obra dramática, no al revés. Hay leves mezclas de género y de estilo pero siempre al servicio del drama. Incluso hay cambios estilísticos en cada personaje, alternando las frases cortas y secas de Bernarda con las frases sincopadas de alguna de sus hijas. La música, como el espacio y la luz son un personaje más en el espectáculo. De ahí lo que decía al principio sobre la "autoría". Esta Bernarda tiene varios autores. De momento llevamos dos, Federico y Miquel. 



Nos falta Bárbara Lluch. Lluch es nieta de Nuria Espert. Vamos, casi familia de Lorca. Hija de Nuria y sobrina de Alicia. Teatro en los genes. Tras quince años como ayudante de dirección en Covent Graden, donde ha trabajado con LOS MEJORES, dirigió su primer proyecto en 2017, con "Le Cinesi" en el mismo Teatro de la Zarzuela. Con "la casa de Bernarda Alba" se encuentra con, según sus palabras, "el mejor libreto de la historia". Decide hacer caso a Lorca y para llevar a cabo esta "recreación documental". Llama nada más y nada menos que a Franca Squarciapino para que vista a estas mujeres, a Vinicio Cheli para que las ilumine (con esa luz invisible, que no notas que esté ni que vaya cambiando) y a Ezio Frigerio para que cree un patio que podría ser de la casa de Asquerosa o de una cárcel o de un monasterio. A fin de cuentas, qué diferencia hay. Pero resulta que para más inri, Frigerio debutó en teatro con un montaje de Strelher de..."La casa de Bernarda Alba". 
Para María Josefa, Bianco pensó en Julieta Serrano, gran amiga y grandiosa actriz. 
Julieta Serrano confiesa que a sus años, no hay ningún personaje que sueñe con interpretar. O porque ya los ha hecho o porque ya no los puede hacer. Salvo la María Josefa. Así que la llamada de Bianco fue como un milagro para ella. 
¿No me digáis que este proyecto no estaba predestinado a que lo llevaran a cabo Ortega, Lluch, Bianco, Aguirre, Frigerio o Serrano?    


La puesta en escena es clásica y efectivamente, fotográficamente documental. La grandiosa escenografía de Frigerio (aplaudida al levantarse el telón), acoge a ese rebaño de mujeres, vecinas y criadas de luto, sufrientes, iguales, sometidas, acogotadas, encarceladas, fanáticas y terroríficas. Ellas entran, salen, hacen labores cotidianas y se relacionan entre ellas como si nuestra visión fuera la de  una cámara de seguridad. Lluch ha trabajado con las actrices (incluida Luis Cansino, claro) como si se tratara de un montaje teatral. Han hecho un trabajo de mesa, literario y dramático como si hubieran ensayado un montaje teatral. Han estudiado y decidido aspectos como la temperatura de las habitaciones, la época exacta del año, la hora del día de cada situación, la relación entre cada hermana, aspectos que se trabajan en los trabajos teatrales pero que quizá no se trabajen tan a fondo en óperas o zarzuelas en las que el trabajo musical y vocal ya es tan intenso que no se les puede dedicar el mismo tiempo a estos aspectos, para mí igual de importantes. Pero no da tiempo, es imposible. Yo creo, pienso y siento que una ópera, una zarzuela o un musical son obras de teatro pero encima CANTADAS. Bueno pues esa concepción se ha podido explotar esta vez, quizá llevados porque el origen era Federico o quizá por la concepción del espectáculo de Bárbara Lluch y de Miquel Ortega. Además Lluch evita caer en la tentación de hacer una versión "impactante", de esas que por sí solas te dejan boquiabierto. No, rehuye eso y trabaja al servicio de la obra, del conjunto, del drama, de Lorca.

Tener a Milagros Martín en un elenco es un honor y arrancar la obra con ella, un seguro de calidad. 
Tanto Berna Perles como Angustias (la que se ahoga), Belén Elvira como Magdalena (la que llora), Marifé Nogales como Amelia (la invisible) y Carol García como Martirio (la cheposa) bordan sus papeles. La forma d cantar, de mirarse, de callar, de respirar y de ahogarse es brillante.



Carmen Romeu interpreta una Adela de libro. Fabulosa como actriz, demuestra que para cantar hay que sentir y si uno se toma su trabajo como un trabajo interpretativo y de comunicación, ese trabajo estará relleno de verdad traspasará al espectador que lo vea. Romeu es una cantante/actriz de las que sienten lo que cantan. Incluso si el resultado es imperfecto, si hay alguna mínima incorrección, es justamente lo que hace que su trabajo esté vivo. No digo que cantara mal, ni mucho menos. Al contrario, cantó de maravilla, pero un agudo de pronto algo descontrolado no se nota al oído pero sí da vida al impulso de Adela. Es como cuando escuchas un live de la Callas. Una nota trémula, un descontrol leve hacen que eso cobre vida, porque de lo académico se salta a lo real. Y lo real es lo vivo. Lo académico, para las grabaciones. Fabulosa. 



Luis Cansino se llevó una de las grandes ovaciones de la noche. Merecidísima, claro, porque canta como dios, con una voz amplia y madura. Y su creación de una Poncia fresca, echada palante, confidente y madre fue histórica. No recrea a una mujer, sino que actúa como una mujer. Se siente mujer y se siente amiga, protectora, valiente y hermana. Una Poncia que se atreve a retar a Bernarda y de hablarle de tú a tú quizá porque ella sea la única que conoce el gran secreto de Bernarda. Es posible, es un gran punto de partida. ¿Quién sabe si, como decía la Sardá, Poncia y Bernarda no sean hermanas, Poncia hija bastarda del mismo padre y que por eso Bernarda le consiente todo? Me parece un punto de partida maravilloso. Y Cansino vocalmente lo borda y escénicamente también. 



Julieta Serrano grita desde fuera del escenario. Así comienza la función. Y tu corazón da un vuelco. Desde ese punto, todo es un no parar. Julieta está SU-BLI-ME. Es la María Josefa más madura, inteligente y amorosa que he visto jamás. Generosa y perfecta en cada gesto. Una maestra de entrega y de capacidad.  



Nancy Fabiola Herrera está fantástica. Vocalmente es una bestia, tiene unos graves profundos y redondos y en la zona alta se maneja con soltura y poderío. Escénicamente tiene una presencia inolvidable, camina con un peso brutal y domina con la mirada. Simplemente su imagen transmite ya la crueldad de la madre que haciendo lo que cree mejor para sus hijas, las destroza y provoca el drama. Fabulosa.¿No os recuerda a Cándida Losada, con esa cara de perra mala? ¿Y si digo que en el montaje quedirigió Bardem el año 64 Julieta Serrano hacía de Adela...?

La noche del estreno ocurrió una cosa mágica que yo echo en falta siempre. Lo normal es que cuando empieza a caer el telón haya un ansioso/ansiosa que quiere ganar la medalla al espectador avispado y arranca a aplaudir como si fuera el único que se ha enterado de que eso es el final. Bueno, pues el otro día bajó el telón, terminó la música, dejó de oírse el eco de la última nota, flotó por el aire el silencio necesario para que todos bajáramos al mundo real y ya de nuevo en la butaca, arrancaron los aplausos. Creo que la música y el teatro necesitan que como espectador regreses a tu butaca. Lo que oyes o ves provoca unas sensaciones y emociones y lo que has experimentado tiene un eco. Provoca un eco, un recuerdo, una reverberación emocional que es necesario que se extinga para poder reaccionar. El que aplaude cuando el telón está cayendo y la música sonando es que lo ha visto desde fuera. 

Esto totalmente convencido de que este espectáculo va a ser unos de mayores pelotazos de esta temporada del Teatro de la Zarzuela. Siempre he dicho que este género está en la UCI y que la única forma de acercarlo a la gente, al siglo XXI es "retocando" los libretos y con las direcciones de escena. Es el pequeño margen que hay para dar una visión de hoy y atraer a un público nuevo y regenerador. Si a eso le unimos la experimentación nuevas obras, como esta joya de "Bernarda Alba", el éxito y la supervivencia están aseguradas.

Y como no me puedo callar nada, ahora voy con lo que NO me gustó. Mejor dicho, con lo que yo habría hecho de otra forma si yo lo hubiera dirigido, jajaja.
No me gustó, según me han contado, que al parecer, cuando se abre el portón... no se ve nada desde los laterales. Vamos, que el final... desde los laterales no se ve, porque las puertas lo tapan. 
No me gustaron ciertas decisiones del libreto. Para mí hay frases como "Me sirves y te pago. Nada más" de Bernarda a Poncia. Lo eché de menos. "Me sirves y nada más" no es lo mismo. Como el famoso "Me vais a soñar" de Bernarda. Es una frase icónica. Es como hacer un Hamlet y quitar el "algo huele a podrido en Dinamarca".
Si yo fuera el director... habría intentado entreactos sin bajar el telón, sólo con luz. 
Recnozco que estamos ante un medio distinto al teatro y a la literatura y que cada medio necesita un lenguaje y unas normas distintas. Reconociendo que el libreto es bueno y que respeta sobre todo el espíritu de la obra original, echo en falta el sonido de las palabras de Federico. En sus obras no es sólo lo que dice sino las palabras y la musicalidad que ellas tienen para contar lo que cuenta. El sonido de las palabras de Lorca, su cadencia, su sonoridad, es un lástima que en cierta medida se pierdan en esta versión. Pero es lógico que no se pueda hacer tal cual él la escribió.   
Si yo fuera el director no había puesto los ladridos de los perros ni los cascos de los caballos. Una vez creada y asumida la convención de que se habla de cosas y no tienen por qué oírse, el público las acepta enseguida. es un acuerdo entre el escenario y el público asumido y habitual. Los sonidos en off a mí me descolocan, me suenan irreales. Como me sonaban rarunos los relinchos cada vez que salía un caballo en "Curro Jiménez". 

Pues nada, todos como locas a la Zarzuela, porque de este espectáculo se va a hablar y aún puedes ser de los afortunados que digan "yo estuve allí". 

Las fotacas son de Javier del Real, como siempre, asombrosas. 
La foto de arriba es de una habitación real de la casa real de Frasquita Alba. Los pelos como escarpias






               
       

domingo, 4 de noviembre de 2018

El cascanueces. Compañía Nacional de Danza.

Las decisiones que toma un director son incuestionables. Él o ella dirige y él o ella decide qué quiere contar y cómo. Los demás sólo podemos aceptar esas decisiones y dejarnos hacer para ver si esas decisiones nos tocan. 



José Carlos Martínez se despide de la CND contentando a todo el mundo. Y monta un "Cascanueces" en el que no hurga en la psicología de los personajes ni en la complejidad de las situaciones. Clara simplemente recibe como regalo un cascanueces y ese muñeco hace que en sueños viaje por un mundo de fantasía. Punto. Cada uno es muy dueño de meterse en los berenjenales que quiera y José Carlos Martínez ha elegido despedirse entre sonrisas, buen gusto, belleza y suavidad. Y ese objetivo lo logra con creces, porque "El cascanueces" de la Compañía Nacional de Danza es precioso de ver y de gozar y te deja un sabor de boca azucarado y relajante.



"El cascanueces" es un ballet estrenado en 1892, con música de Chaikovski y coreografía de Ivanov y Petipa, quien también se encargó del libreto. La partitura es una sucesión de piezas hiperfamosas e hipermagistrales. En el foso, Manuel Coves se encarga de sacar el máximo brillo a los artistazos de la orquesta titular del Real. El mismo optimismo naif que vemos sobre el escenario está en cada nota que arranca el maestro Coves de los grandes músicos del foso. Juego, picardía, lirismo y mucha variedad cromática. Impecable tanto Manuel Coves como la orquesta. 
Mónica Boromello se ocupa de la escenografía, Olga García Sánchez la ilumina y los bailarines van vestidos por Iñaki Cobos. La luz es perfecta y ayuda a crear ese ambiente irreal que inunda en todo momento el escenario. Iñaki Cobos crea un vestuario fastuoso, absolutamente maravilloso, usando la paleta de colores ideal para cada momento y derrochando brillos y más brillos que consiguen que el escenario se ilumine más y más. Y la Boromello es una referencia. Unas bolas navideñas como símbolo perenne de la época ensoñadora que vive Clara. Más realista en el primer acto y más simbólica en el segundo. Esas bolas son el símbolo del mundo de fantasía e irrealidad que vive esa niña que se resiste a crecer y se agarra con fuerza a su mundo simple y cómodo de niña burguesa en 1910. Mónica es maravilla. 

Los elencos van a ir variando pero voy a hablar del que yo he visto. 
Ion Agirretxe es Drosselmeyer, el político y juguetero local que regala el cascanueces a Clarita. Ion es fabuloso y su figura destaca sobre el escenario por la solidez que demuestra en cada momento. Además sorprende con unos cuantos trucos de magia creados por Manu Vera. 



Cristina Casa es Clara, la nena que viajará al mundo de fantasía de la mano de los ratones. Siempre sonriente, Cristina baila correctamente su rol. Cristina es buena, baila bien, sonríe sin parar y cumple su cometido de representar a una niña monísima que viaja como si tal cosa a un mundo de fantasía que no parece sorprenderla mucho y en el que se siente como en una fiesta de cumpleaños en la que ella es el centro. Sin mayores complicaciones psicológicas ni prorofundidad dramática, Cristina sale, baila, sonríe, brilla y enamora. 




Alessandro Riga es el cascanueces, el sobrino guapetón que obviamente lleva a la niña de la mano por el mundo de fantasía. Alessandro es primera figura de la CND. Pues eso, punto. Es la primera figura, baila que te caes de espaldas, sonríe que ilumina el patio de butacas y es guapo hasta dolerle la cara. Chimpún. El galan perfecto. Lo que no sé es cómo aguanta Clara, porque vamos... 
Haruhi Otani y Ángel García son el hada de azúcar y el príncipe. Ambos bailan muy bien y sacan adelante con mucha solvencia el compromiso de encarnar a estos personajes icónicos. Personalmente vi a Ángel más sólido, bailando prodigiosamente, con una capacidad física bestial mientras que Haruhi estuvo un pelín más apagada. Imagino que con una función más sacará el relumbrón que le faltaba. Es cuestión de seguridad, no de capacidad, porque de eso va sobrada. 



Brillantes y divertidos los ratones y la Reina Rata. Fabulosa la danza española (coreografiada por Antonio Pérez Rodriguez) y muy, muy bien resueltas la danza china, la danza rusa, Arlequín y Colombina, la pastoral con unos grandiosos Lucie y Yanier, la danza árabe... El cuerpo de baile reconozco que estuvo algo confuso a ratos, y casi diría que las mujeres transmitían cierta desgana, como que les faltara magia. El brillo que sí tenían al actuar en el primer acto, se diluyó un poco al bailar el segundo. No así lo hombres, que sí mantuvieron el mismo nivelazo todo el tiempo. Bravo Álvaro, Marcos, Rodrigo, Iván... todos. 




El espectáculo es precioso de ver, tiene imágenes de una belleza desbordante. Musicalmente qué te voy a contar. Escenografía fabulosa, vestuario precioso, luz chula y bailarines entregados y técnicamente cada uno cumplió su objetivo. El no querer contar para este montaje con bailarines invitados es por un lado una buena oportunidad para algunos de los bailarines de la compañía de demostrar sus capacidades, aunque por otro lado también deja en evidencia ciertas carencias. El nivel es el que es y está bien. Bien no, es admirable lo bien que bailan TODOS. Creo que hay nivel en la compañía. No una cosa estratosférica, pero sí buen nivel. Pero también te digo que me da pena no ver lucirse a grandísimos profesionales. A ver, en este ballet clásico quizá no haya sitio para artistas más de otros palos, pero para palo el que me da no ver a Agnes, a Isaac, a Daan, a Mar, no ver más a Erez (esa danza árabe, madredelamorhermoso...), o no ver el tremendo potencial de Elisabet en compromisos mayores. A ver, que mola y que es inteligente terminar un ciclo dejando buen sabor de boca y contentando al público, aunque no puedo evitar que el diablillo asome por mi hombro y me haga echar de menos a otros intérpretes grandiosos de la compañía. Todo no se puede, lógico. Y este "Cascanueces" es un espectáculo de mucha altura. Acabar con un gran chimpún es un éxito y este espectáculo va a ser un grandísimo éxito. Magia, ilusión, espíritu navideño..., todo lo que hace la vida más suave está en este "Cascanueces"Y vamos, esto gira por todo el planeta durante mucho tiempo como que me llamo David.
Martínez se despide a lo grande, con un espectáculo sólido y de calidad. Es un resumen de lo que ha Compañía desde que él se hizo cargo. El sitio en el que está la CND es ese. Y además de lo que vemos tiene a otros artistas, intérpretes, creadores, magos, extraterrestres descomunales a los que no veremos en este Cascanueces. La CND está así a día de hoy. Sólo espero que el que tome las riendas de la Compañía esté a la altura del trabajo grandioso que para mi gusto, a nivel de resultados, ha logrado José Carlos Martínez durante estos años.       



 Las impresionantes fotazas son de Carlos Quezada. Otro artista descomunal. Si otra cosa no habrá, pero ARTE en esta Compañía hay para dar y tomar.
      

lunes, 29 de octubre de 2018

Generación WHY. Teatro en Vilo.

El teatro es algo tan mágico e intangible, que a veces basta un gesto o una mirada para que se produzca el milagro. Y en "Generación Why" hay uno bestial
Pero mejor empiezo por el principio. 



Andrea Jiménez García nos recibe, convertida en una voz en off, casi como la voz de un dios o de nuestra conciencia y nos presenta a tres mujeres, tres actrices, tres chicas en torno a los treinta, que van a participar en el espectáculo que vamos a ver. Y aparecen Chiara Goldsmith, Noemí Rodriguez y Roisin O'Mahony en escena. Una a una, porque son individuos. Bailando porque son felices. Mientras nos cuentan un poco su trayectoria hasta aquí, porque tienen un pasado y son un presente. 
Pero esa imagen happy, esa energía positiva, optimista y brillante de alguien que disfruta de su presente de pronto se tambalea cuando las someten a una pregunta en apariencia simple o inofensiva: ¿qué quieres para tu futuro? 

Chiara, Noemí y Roisin bucearán por sus pesadillas, verán que soñar es jodido cuando lo que se espera de ti es indefinido y que si la herencia que les dejaron sus padres está tan envenenada como un bombón el 28 de diciembre. 



Porque la generación anterior, la que ronda los 50, la que nació en el famoso año 68, el del mayo, el de los jipis (viene así en la RAE, lo juro), el del me la chupas y te debo una, no dejó un mundo muy colocado que digamos. Aunque tampoco lo hizo (lo hicimos) tan mal. Como todos, hicimos lo que pudimos. Y así está el mundo. Y así están ellas, con una sensación de responsabilidad que las aprisiona, con una sensación de que deben hacerlo bien y enderezar el mundo caótico que les hemos dejado y con el que no pueden. 
Yo soy de esa generación y también sentí lo mismo. Y sentí la misma responsabilidad. Y sentía que estaba en mí mejorar el mundo. Supongo que quizá nos pasa a todos cuando pasamos del jijijaja a ver que tenemos que pagar un piso, tener un curro y que el futuro ya es el presente. ¿Madurar? ¿Hacerte dueño de tus responsabilidades? 
La vida es ir cambiando el banco en el que te sientas en la iglesia. Empiezas en brazos de tus padres al bautizarte, luego entras estirado el día de la comunión, luego te sientas en el banco de los amigos de los novios, luego en el de los amigos del bautizado, luego en el de los hijos del padre muerto y después en el del viudo/viuda para acabar siendo de nuevo el prota.
Estas tres actrices están cambiando de banco y sienten una angustia y una ansiedad de esas que te cortan la respiración o que te hacen salir corriendo, como Roisin. Bueno, las tres no, las cuatro, porque Andrea, desde su aparente lugar de poder, tampoco sabe manejarlo con la soltura que ella esperaba y también termina sorteando imprevistos e improvisando soluciones. Como hacen ellas, como hacemos todos, como hace la generación why, la X, la grunge, la perdida, la del 27, la mía y la de mis abuelos. Porque finalmente ellas verán que bastante tenemos con el presente como para preocuparnos por el futuro. Ese final luminoso nos salva. Las salvaa ellas y nos salva a los demás porque es verdad; si quieres ser Julieta, serás Julieta. Y si ahora no sabes, da igual, vive el ahora. Que con vivir tenemos bastante.



Miguel Ruz ilumina de maravilla el escenario casi desnudo que viste María José Martínez con un par de elementos y ya. Andrea Jiménez dirige a estas tres bestias pardas de los escenarios y crea con muchísima solidez un espectáculo vibrante, luminoso, tierno, amargo, positivo y muy conmovedor. Manejar el ritmo, dosificar los mensajes, frenar en el momento preciso y transmitir la transcendencia del recado mediante la aparente intrascendencia de la forma es un reto durísimo. Y Andrea demuestra un dominio abrumador. 



Chiara y Soisin son una pareja perfecta, tienen un poderío aplastante y un morro increíble. Se mueven con soltura por la farsa, la ternura o el dramón. Y todo de maravilla. Por Noemí Rodríguez siento debilidad. Si en "Interrupted" se metía la público en el bolsillo, en "Generación Why" vuelve a hacerlo pero sin egoísmos ni chupando cámara. Es que Noemí es un manual de registros. Es incapaz de sentarse en el suelo de forma normal, ALGO hace que convierte es simple gesto en un puro desparrame. Su monologo en el que habla de lo que soñaba y lo que ha conseguido, de lo que le gustaría ser o tener o desear en el futuro y la realidad es de una amargura y de un descojone digno de Buster Keaton. Te dice con toda naturalidad y desde la verdad más absoluta que le gustaría "tener mucho, pero saber conformarse con poco" y se queda tan ancha. Es de una amargura casi dolorosa y de una ingenuidad casi igual de dolorosa. Es un ser PRIVILEGIADO y de una inteligencia DESCOMUNAL. Ya querría yo pa mí un mínimo del talento que tiene esta mujer. 



El momento turbante (no quiero desvelar nada) en el que se encuentran el futuro soñado con el presente conseguido es de una dureza aplastante. Ayudada por una luz hermosa y una réplica generosa, Noemí consigue que desaparezca la sala y te metas es un mundo real, amargo y desolador. El de los sueños que se han dado de morros con la puta realidad.  


 Ah, el momento que decía al principio es uno muy sencillo pero desolador. 
Andrea dice algo sencillo: "a veces pienso que el verdadero valor es mirar y dejarse mirar". Y en ese momento Chiara y Noemí giran lentamente sus cabezas y miran durante un instante mínimo al público. A oscuras. Y a mí en ese momento el alma se me resquebrajó de arriba a abajo. 
Eso es el milagro del teatro.