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lunes, 21 de septiembre de 2020

Delicuescente Eva. Teatro de la Abadía.

 El amor, como los recuerdos, es esa cosa blanda e indefinida que uno moldea a su gusto para que sea lo menos dolorosa posible. 

Casi casi como la familia. La tienes ahí, no la eliges, pero te buscas la vida para quererla. Sin darte cuenta. Hasta que tus padres se convierten en lo más importante de tu vida y en el asidero sin el cual parece que vagas por el universo sin rumbo ni cobijo.


 

Eva tiene la capacidad de captar la humedad del ambiente para mantenerse viva. Eva sobrevive como puede. Rescata lo poco rescatable de una familia atroz. Eva sobrevive a su propio futuro con las mejores armas posibles, las armas que abren mentes, curten corazones y te hacen autosuficiente y crítico: la educación y la duda.   

A mí la verdad es que me la pela si este texto es autobiográfico o no. Si algún día surge el tema tomando unos vinos igual se lo pregunto a Javier Lara, pero me interesa entre poco y nada. A mí me interesa el texto en sí, venga de donde venga. Además, ¿si fuera autobiográfico sería todo verdad o sería SU versión de lo que pasó? ¿Sería más valiente por sacar bilis escondidas que por crearlas y adjudicárselas? ¿Si fuera real lo viviríamos con otros ojos? Pues eso: qué más da. 

A mí lo que me interesa es lo que siento en mi butaca y lo que me provoca. Y la sensación que tengo todo el rato de que Javier Lara no está tanto haciendo un retrato de su hermana Eva, mostrándonos cómo se puede sobrevivir a ese futuro sino buscando el por qué él es como es y ha sido como ha sido. Eva ha logrado ser delicuescente, pero, ¿lo ha conseguido él?    

Sin jugar a que Lara nos cuenta su propia vida, el texto es un mazazo bestial te pongas como te pongas. 

Esa familia es tremenda. El padre, un maltratador de su época. Es así porque no sabe ser de otra forma y como muchos machos, vive atrapado en sus expectativas sociales. Por dios, que no suene a justificación. Él es todo lo macho que se espera que sea. La madre es una maltratada de toda la vida. De las de antes y de las de ahora. Javier y Eva comparten genes. Javier trata de no ser lo que le sale ser y Eva piensa y claro, la caga. Porque quiere más. No sabe muy bien qué, pero quiere más. Cada uno intenta tomar la humedad que necesita para estar vivo, para sobrevivir. 


 

Y llega la trampa. Ahí ya no sé si Javier Lara lo hace a conciencia o no. Imagino que sí, porque es listo que te cagas. Pero cuando parece que nos está contando cómo Eva intenta y consigue sobrevivir y mantenerse a flote y firme en sus creencias (o suposiciones) de pronto siento que lo que estoy viendo es su propia supervivencia. No la de Eva, sino la suya. En realidad nos ha estado contando por qué él es como es. Por qué el siente eso por su padre. Y por su madre. Y por qué él actúa así. Por qué antes, hace mucho, él fue un minipadre. Por qué ha sido así con las mujeres. Y con los hombres. Y consigo mismo. Y cómo y por qué ha intentado y logrado sobrevivir. Nos ha estado contando su propia delicuescencia. 

Si hasta nos lo dice con dos frasecitas ahí en medio, como disimuladas, pero que son clave en el por qué estamos viendo lo que estamos viendo. "Se abría el suelo si dejabas de mirarme" dice a Eva en una declaración de amor de una sutileza y una belleza estremecedoras. Y Puck, o la EVA concepto, o Pepito Grillo o simplemente Natalia repitiendo: "mira tu cuerpo ahora". Mira tu cuerpo ahora, mira lo que eres ahora, mira cómo eres ahora. Sé consciente de que ya no eres aquel, has cambiado, lo has conseguido, has sobrevivido a ti mismo, AHORA ERES BUENO. 

Porque Javier no intenta contarnos cómo logró sobrevivir Eva, ni lo lista que fue. Lo que quiere contar es que a pesar de todo él ha logrado separarse de su gen y de su destino. Pero necesita recordarse continuamente que "mire su cuerpo ahora". Necesita recordarse y reafirmarse en que él es bueno ahora. Y que si fue malo fue porque le tocaron ellos de familia. Sin pedirle permiso. Y que a lo mejor él no quería tenerlos. Que los valles son preciosos y que si no ama es porque a lo peor, no sabe. Y - NO - PASA - NADA.

 


Carlota Gaviño orquesta estos recuerdos y estos quiebros como si fuera una partitura; con respeto y luminosidad. Paola de Diego crea un bosque shakespeariano perfecto para cumplir sueños, esconder miedos y travestir mujeres en hombres y Javis en Evas. Jose Pablo Polo lo arropa con una música de una belleza inusual. Luz, vestuario y movimiento terminan de dar forma este milagro. 


 

Natalia Huarte da vida a la voz de la mente, al subtexto, a la conciencia, al tiempo, a la verdad, a Puck. Sólida en la palabra y dominando la escena como un gran pantera.


 

María Morales es de otro planeta. No hay palabras para definir su trabajo que no hay usado antes. En CADA trabajo que le he visto a esta mujer. Siempre está perfecta. Ni una puta fisura. Es madre, es hija, es hermana, es pecado, es tentación, es perdón, es salvación, es desconcierto y es Gea. Es todos los mitos griegos juntos y todas las mujeres. María Morales es el tope. 


 

Javier Lara es... no sé. Le miro y me miro. Le veo y me veo. No sé si le entiendo y no sé si le comprendo. Pero me gustaría, porque le miro y me gustaría mirarme. Le veo y me gustaría verme.

Veo sus trabajos y me siento mejor, me siento a gusto, me siento a salvo. 

          

 

 

martes, 19 de diciembre de 2017

Mi top 10 de 2017




No es que me gusten especialmente estos rankings, o las listas de fin de año o los resúmenes de lo que ya ha pasado y por tanto tiene poco sentido. Pero cuando miras atrás, sea por lo que sea y ves experiencias, momentos que te han marcado, te han cambiado y te han hecho mejor, lo justo es nombrarlas, hacerles la ola, ponerles un piso y dedicarles una entrada en tu blog.
Y puesto que este es mi blog y escribo en él cuando lo necesito y sobre lo que me apetece y cuando me apetece, en este top diez voy a hablar de ocho espectáculos. Porque sí. Y de regalo, de otros cinco más. Eso sí, no os volváis Lorcas porque el orden es simplemente temporal. He empezado por enero y llegado hasta hoy. 


"LA VOZ HUMANA"




  El textazo de Jean Cocteau lo hemos visto cientos y cientos de veces. Se lo hemos visto a las mejores actrices, desde Anna Magnani a Amparo Rivelles. Incluso Poulenc compuso una ópera porque es tan demoledor el texto, tienen tantísimo peso las palabras que es imposible no caer en la tentación de ponerlas en pie. Hasta yo, en mis locuras particulares, tengo dos ideas fascinantes para llevar a escena esta "Voz humana". La versión de Israel Elejalde es brillante. Acerca al siglo XXI este drama. Lógico, quizá en estos tiempos de móviles y Black Mirror quede raro lo del teléfono. Elejalde corta, pega, mueve, se carga todo lo de la operadora y las interferencias y va al meollo del asunto. 
Pau Fullana ilumina de forma prodigiosa un espacio creado por Eduardo Moreno. Luces salidas del corazón de la mujer, ella, la sin nombre. Cada foco es un rincón de su corazón, de su tripa, de su abandono o de su coño. Eduardo Moreno cambia la consabida cama por una especia de tumba/escenario brillante y negra. Otro prodigio. Y para rematar Arnau Vilà ha compuesto una música tan terrorífica como los mazazos que suponen esas notas sencillas. Cada tecla del piano es un escalofrío directo a tus intestinos. Ana López viste a la Wagener de mujer acabada, cubierta con una gabardina ajena y tan desvalida como el gatito de "Desayuno con diamantes".
Para seguir leyendo mis reflexiones, PINCHA AQUÍ.


"IN MEMORIAM. LA QUINTA DEL BIBERÓN". 




Siempre que hacemos teatro hacemos política. De una u otra forma. Al menos así debería ser.
Tras el golpe de estado de Franco, si España ya estaba dividida, se dividió más. Una guerra entre hermanos, vecinos y amigos. En este espectáculo nos recuerdan lo que ocurrió en 1938, cuando el ejército republicano "reclutó" de manera forzosa a chavales de 17 años, "la quinta del biberón", unos niños inocentes "como los niños de 12 años de ahora".
El punto de partida de este trabajo parece ser que fue una lectura entre el director y los actores de testimonios reales de los supervivientes de aquel horror. Esos testimonios reales unidos al ingente material recabado sobre el tema han acabado por llevar a los escenarios este espectáculo necesario y brutal.  
Un tío de Lluís Pasqual fue uno de esos críos muertos de esa quinta. En su casa nunca se habló del tema. Parece ser que tras analizar los testimonios de los pocos supervivientes hay tres ideas que sobrevuelan todos los relatos: el sentimiento de amistad surgido entre ellos, el miedo que pasaron y una especie de pacto para no hablar de la muerte.

Para leer mi comentario completo, PINCHA AQUÍ. 


"VIENTOS DE LEVANTE".





El levante es el viento más puñetero. "Destroza nervios, ilusiones y cristales". Es cierto, cuando sopla levante es mejor quedarse en casa y cruzar los dedos para que pase pronto.

Sinceramente creo que en esta ocasión, el alma de este trabajo de Carolina África está compartido. Carlos Matallanas es un origen, un referente y una inspiración casi vital.
Frente al levante lo mejor es cobijarse en casa. Y frente a una enfermedad terminal también. No digo cerrarse, sino buscar calor, sentir calorcito, seguridad, afecto y hogar.
Carolina África es la brillante autora de este texto. También lo dirige. Afortunadamente.
En el texto de Carolina están todos los ingredientes que hacen de este un textazo universal y eterno.
Cuando a un ser humano vivo y sano le dicen que la suerte ha hecho que la enfermedad le toque con su varita cruel, el mundo es posible que se derrumbe. En ese momento puedes optar por dos caminos igual de respetables. Puedes hundirte y no asumir que junto a la vida va pegada la muerte o puedes intentar buscar calor. Puedes optar por intentar asumir que la puta casualidad ha hecho que la célula pocha te toque a ti, que la vida va a tener un fin quizá más programado que el de los demás y que eso no significa que dejes de gozar del sol, de la paz, de un vino, de una puesta de sol o de un beso relleno. 

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"HE NACIDO PARA VERTE SONREÍR"





Hace tiempo un señor me llamó "Paulino" y "Messiánico", supongo que por mi pasión y admiración descomunal y pública hacia Pablo Messiez. Me da que pretendía ser un insulto o al menos un desprecio. Nada más lejos. Para mí es un honor, un lujo y una constante. Viendo espectáculos como "He nacido para verte sonreír" uno sólo puede reafirmarse en sus creencias. 

El comentario que escribí en su día era realmente jugoso. Puedes leerlo entero PINCHANDO AQUÍ.



"FURIOSA ESCANDINAVIA"





Somos lo que contamos. Cierto. Y fuimos lo que podamos recordar. Y seremos lo que nos recordarán. Una de las grandes obsesiones del hombre es la herencia. El por qué estamos aquí, aparte de por la conjunción de unas células. En cierta forma si somos es para dejar algo, seremos lo que dejemos. ¿Existió un hombre llamado Alejandro de Avellaneda que vivió en 1643? Quizá sí, quizá no. Si nadie le recuerda, ¿existió realmente? Ese afán de dejar algo, aunque sea un recuerdo es nuestra trascendencia. Desaparecer pero dejar una huella, dejar algo detrás. 

El resto de mi comentario lo puedes leer si PINCHAS AQUÍ. 



"LA CANTANTE CALVA"





Luis Luque vuelve a estar feliz. Y se le nota.
"La cantante calva" es un puritito derroche de optimismo, de brillo y de luz. A pesar de la crítica feroz de un texto intemporal que sigue desnudando y destrozando sociedades. Pero eso se puede contar desde la amargura, desde la sombra, desde la pesadumbre y desde el beige o se pude contar desde el sarcasmo, desde la luz al final del túnel y desde el azul brillante de los calcetines de los protas. Y esta cantante calva del siglo XXI es brillante, luminosa y de colores chillones.


Esto es sólo el principio, PINCHA AQUÍ para leer el comentario enterito. 



"ENSAYO"






Si es que Fernanda tiene razón. La estructura se ha derrumbado. Está hecha añicos. ¿Cómo que cuál? Todas. La pareja, la sociedad, el futuro, el entramado, la seguridad, la paz, el bienestar, la belleza, la comunicación, la creación...

Ahí lo dejo. Puedes PINCHAR AQUÍ para leer el resto del comentario. 




"BODAS DE SANGRE"






Lorca es Dios. 

Punto. El resto lo descubrirás si PINCHAS AQUÍ. 



Y sería injusto no mencionar "Iphigenia en Vallecas". María Hervás vuelve a dar un recital de naturalidad y espontaneidad acojonantes. Iphi te desmonta, te destroza, te saca los colores y te deja en bragas frente a ti mismo. Imprescindible. 
Como imprescindible es "Tebas Land", un bombón, una historia de amor dolorosa y cruel. Dos personajes heridos, uno de ellos en lo más profundo de su ser, su relación con su padre al que ha matado. Los dos se irán acercando poco a poco a base de sinceridad, falta de pudor, de juicio, de vergüenza, de expectativas y de prejuicios. Israel Elejalde y Pablo Espinosa brillan y piden amor con los brazos abiertos. 
"Espía a una mujer que se mata" es un Chéjov de libro. Un grupúsculo humano está encerrado en un espacio mínimo y van a crear poco a poco un ambiente irrespirable, enfermizo y castrante. Alguna de las mejores y más densas interpretaciones del año: Malena Gutiérrez, Ginés García Millán y la divina Natalia Verbeke junto a la diosa Susi Sánchez. En ese espacio reducido se crea lo que debería pasar siempre en un escenario: que todos los actores recojan, se alimenten de lo que está pasando en el momento y juntos creen una atmósfera. Un prodigio escénico.  
Y dos maravillas venidas de lejos. "TERRENAL, PEQUEÑO MISTERIO ÁCRATA", del maestro Kartun, un MILAGRO con un uso del lenguaje y de la palabra realmente mágico y prodigioso. una OBRA MAESTRA TOTAL. 
Y "RABIOSA MELANCOLÍA", una auténtica partitura sonora en la que notas, palabras, ritmos y sentimientos componen una sinfonía milimétrica. Otra auténtica OBRA MAESTRA.


Este es mi resumen de 2017. En general no ha habido demasiado nivel. Se hace mucho pero se hace poco bueno. O sincero. O desde un sitio honesto, coherente, bello o necesario. Todos queremos contar peor no todo merece ser contado. O al menos, no merece ser contado así. Es difícil que se junten las musas para crear buenos espectáculos ,de los que plantean interrogantes, abren heridas o al menos te cambian la vida. Yo si algo del teatro igual que entré, no me sirve. Puede que me entretenga, pero como el humo de los cigarros esos electrónicos, no me va a dejar huella. Y no estamos como para perder ni tiempo ni ganas. 
Menos mal que siempre hay maravillas, joyas estremecedoras y que te cambian. El teatro debe hacernos mejores. A veces se consigue. Por eso enjaulo mis reticencias a los rankings y las carreras de caballos y agradezco a estos espectáculos por haberme hecho mejor ser humano. 

A estos y a "El lunar de Lady Chaterley", a las "Tres hermanas" de Raúl Tejón, a los "Placeres íntimos" de Martret y a los grandísimos espectáculos de danza, música, zarzuela, ópera y circo que he gozado. La danza y el circo sobre todo, los grandes olvidados, de los que nadie se preocupa y que crean algunos de los momentos más mágicos y creativos del año. La danza, la música y el canto salvan el mundo. Y yo vivo para ser salvado.      

viernes, 22 de septiembre de 2017

Ensayo. El Pavón teatro Kamikaze.

Si es que Fernanda tiene razón. La estructura se ha derrumbado. Está hecha añicos. ¿Cómo que cuál? Todas. La pareja, la sociedad, el futuro, el entramado, la seguridad, la paz, el bienestar, la belleza, la comunicación, la creación...



La pareja está rota. La pareja entendida como tal. Se puede amar desde el vacío, como la mirada de Fer escudriñando señales que nadie más ve; se puede amar desde la lejanía, como Jesús, se puede amar a dos y no estar loca como María y se puede amar el amor o la falta de amor como Isra.
La sociedad está rota. Pascal Rambert nació a principios de los 60, es hijo de la generación del 68, de una generación que creyó en un sueño y vio cómo ese sueño se desmoronaba. En realidad... casi como muchas generaciones. Pero está claro que el futuro, aun que depende de todos, está en manos de los jóvenes. Porque la sociedad se ha derrumbado. La estructura ya no vale. "Hay que volver a empezar el mundo".
Lo mismo pasa con todo. La paz, la seguridad, el bienestar, la comunicación, todo lo que nos rodea como seres se ha desmoronado. No hoy, no ayer. Está desmoronado, la estructura como tal ha volado, ha mutado, es otra, "la frase no es esa". Esa estructura que acordamos (y ellos cuatro acordaron) ya no vale.
Puesto que la estructura se ha roto, se ha derrumbado, debemos crear otra. Desde el amor. Hay que amarse. Porque esto ya no sirve. Hay que mirar la ficción. En la ficción está la verdad y la salvación.
No es un drama que la estructura se haya roto. Es. Y nada más. Mira a tu alrededor, hoy hay mil familias distintas, mil formas de amar, mil formas de organizarse, mil formas de protegerse, mil formas de atacar, mil formas de follar, mil formas de odiar, mil formas de morir.



El mundo, la sociedad, la estructura tal y como nos la plantearon yo existe más. Y es normal que Fer muera de pena al ver que su manantial salvador de amor es irreal, está difuminado y se ha secado por varias partes. Es normal que no pueda con la angustia de buscar en el texto, en lo concreto, en su arma hasta ahora. Y es normal que María pida justicia para su cuerpo y para su sentir.Y que Jesús busque la realidad en la creación, en la frase, en la palabra elegida, en el amor  irremediable. Y que Isra vea el fin de la estructura y pida ayuda.
Porque solos no podemos, solos seremos Fer, María, Jesús o Isra, no seremos nada, seremos partes y necesitamos volver a empezar el mundo. Desde la ficción, desde lo irreal, desde la creación, desde el lenguaje nuevo y la relación arriesgada, novedosa y peligrosa con la palabra y con el de al lado.



Es cierto que este "mensaje" es un lugar común, que se lleva escuchando desde hace tiempo y que es incluso algo... "ochentero", pero la crueldad es que sigue siendo vigente y necesario.
También es cierto que hay algo de: "hasta aquí hemos hecho nosotros, nosotros nos hemos cargado esto, ahora os toca a vosotros" con lo que no quiero estar de acuerdo. TODOS tenemos que luchar por crear un mundo nuevo. Los que tienen el dinero y el poder y los que vienen. Esa leve derrota me aleja un pelín.
Como también es cierto que el texto es un derroche de conceptos, un torrente salvaje que merece tiempo de digestión. Es como querer ver el Ermitage en una mañana. O como querer leer "Ulises" en la playa. Siento, preveo y me temo que me he dejado mil vueltas y revueltas que merecen una lectura calmada y abierta. Y es que quizá el texto sea demasiado bestial y con demasiado peso como para una sola lectura, un solo visionado. Tanto peso quizá reste algo de empatía. Aunque reconozco que no pestañeé en ningún momento y salí realmente trastocado.  Pero con todo y con eso, y sintiendo que es un espectáculo descomunal y grandioso, quizá tenga demasiado peso el texto. Aunque como ellos dicen (más o menos): tú dices o escribes unas palabras y luego está el público que pone la otra parte. Tú sueltas una idea y el otro la completa, la interpreta, la asume, la censura o la digiere. En ese sentido lo que sale de la pluma de Pascal Rambert es gigantesco. Somos nosotros los que tenemos que estar a la altura.

La puesta en escena funciona, me funciona. Incluso la luz y el espacio desnudo y aséptico. No me convence que las mujeres añadan un color a su ropa y los hombres no. Me sugiere una dicotomía que no va con la historia.

Es obligatorio que destaque el momento musical. Es curioso que un canción de los 70, "De amor ya no se muere" de Gianni Bella sirva para unir de esa forma a estos dos personajes abandonados y casi humillados. La mutación de Isra y de Fer en este momento debería pasar a la historia del teatro. IMPACTANTE en su simplicidad y desgarradora en su intensidad.



María Morales, Jesús Noguero, Israel Elejalde y Fernanda Orazi sencillamente hacen lo que deben hacer unos intérpretes sobre un escenario: logran crear una situación abrasadora por primera y única vez. Intentar buscar adjetivos es absurdo. María y Fernanda son sobrehumanas, viven sus papeles desde el riesgo y la valentía. Hacen surgir una realidad a golpe de intestino. Jesús e Israel son dos maestros. La declaración de amor de Jesús es tan patética como bella como dolorosa, tres cualidades que es casi imposible que vayan juntas. Y el arrebato y la vulnerabilidad herida e hiriente de Isra conmueve y te abre en canal. Insuperables.

Aunque tenga sus cosillas, "Ensayo" (o "Repetición", en francés) es un espectáculo abrasador y desgarrador. Asentado en un texto quizá demasiado inmenso y con cuatro bestias suicidas. El primer bombazo de la temporada.

¡Ah, se me olvidaba! Quién sabe si estos cuatro vértices, estas cuatro patas del mismo banco, estas cuatro esquinas de la mesa, de hierro o de madera, estos cuatro puntos cardinales, estos cuatro elementos de la naturaleza, estos cuatro trozos del mismo ser, del mismo cuerpo quizá sean cuatro aristas de la misma pieza. ¿De qué color era el puto Golf GTI; azul, verde, amarillo? ¿Acaso importa? ¿No era tal vez de todos esos colores o incluso de alguno más?  



PD: Las fotazas acojonantes son de Vanessa Rabade y espero que no le importe que las haya utilizado.      

jueves, 5 de enero de 2017

Lo mejor y lo peor de 2016.

Como actor me gusta el teatro porque me permite vivir experiencias que no me suceden en mi vida cotidiana. Cuanto más extremas, mejor. Claro que yo de entrada soy un pelín bizarro con mis sueños. Pasé una adolescencia de esas cañeras, atormentado y sufriendo hasta el límite por todo y por todos. Más de una vez y más de dos me imaginé mi propia muerte. Me veía suicidándome y en un entierro rodeado de miles de personas que lloraban como locos y reconocían que se habían equivocado al no prestarme atención. Supongo que por eso me pone burro lo de vivir vidas extremas y sufrir o disfrutar de sensaciones, traumas y desgarros ajenos. 
Como espectador, el teatro alimenta mi parte salvajemente voyeur. Al ver los dramones o las tragedias en otros, espanto los míos y me doy el gusto de verlos desde el agujerito de mi butaca. Espío la vida desde el patio. 
El circo, la danza, la ópera o la música me inundan en un océano de sensaciones en el que nado y me deshago. Me dejo hacer, me dejo invadir y me dejo arrastrar a un universo de sensaciones puras y limpias. Inevitables e indispensables.




Lo mejor de 2016 ha sido comprobar que hay gente, mucha gente que sigue arriesgando. Gente, actores, bailarines, directores, compositores, productores, autores, iluminadores, músicos, escenógrafos, todos los que componen la larga e imprescindible cadena que termina en la puesta en escena. Arriesgan contando historias minoritarias, difíciles, desde sitios jodidos, dolorosos, escondidos, luminosos o atormentados. Y las cuentan de mil maneras distintas a las habituales, a las ortodoxas. Nos las ofrecen al resto de los humanos para que desde el calorcito de nuestras butacas nos removamos y queramos cambiar el mundo, unirnos en una revolución y crear un universo nuevo. Esa gente que arriesga es gente que VIVE para nosotros, público. Ensayan cientos y cientos de horas, imaginan, crean, sueñan, apuestan, arriesgan, piden prestado, camuflan y regalan vidas y razones para pensar. Nos cambian las vidas y nos mejoran. Nos tocan por dentro, nos mueven y nos conmueven. Algunos. Otros se dedican a poner sobre un escenario lo de siempre, de la misma forma que se ha hecho siempre y sin pretender nada.  
Ese TEATRO, esas puestas en escena (hablo siempre de cualquier manifestación escénica) distintas, experimentales, rarunas, únicas son las que me gustan. El resto es mero pasatiempo del que en cuanto pueda, me desengancharé porque para salir como he entrado, paso.

Ahora sí voy con lo peor y lo mejor del año. Empiezo con lo peor y así exorcizo mi cuore. 




Lo peor de lo peor ha sido ver a dos compañeros que se dedican a los títeres pasando no sé cuántas noches encerrados en un calabozo como si fueran unos delincuentes. Desde hace muchos años no se veía una falta de libertad tan asesina como esta que tenemos ahora. Este recuerdo me congela, aunque finalmente quedara en eso, en un recuerdo. Pero el horror que debieron de pasar esos pobres no se lo devuelve nadie. Ni siquiera nuestro olvido colectivo.
Lo peor ha sido ver cómo los políticos mezclan cultura con ideología en el peor sentido de la ecuación. Quizá sea inevitable buscar afinidades pero la difusión de la cultura debería estar por encima de ideologías. La ideología es intrínseca al arte, pero debería estar al margen de la gestión. Despidos absurdos, nombramientos tardíos, linchamientos flagrantes desde los medios (que deberían ser objetivos, ¿no?) y mucho doble rasero. 
Lo peor ha sido seguir viendo cómo se mezclan churras con merinas. Montar un pollo descomunal porque desde el Ayuntamiento se convoque a voluntarios me retuerce. 
A ver, es una convocatoria a la que se presenta quien quiere y si no te mola, no te presentes. Yo hice la prestación social sustitutoria a la mili y durante un año y pico hice "voluntariado", o sea, cubrí un puesto de trabajo gratis. El voluntariado es eso, voluntario y sirve para cubrir puestos de trabajo por tol morro. Se lleva haciendo muchos años y aunque evidentemente no mola que desde las instituciones promuevan el trabajar gratis, el voluntariado es un invento antiguo y nunca ha levantado ampollas. Y es más llamativo todavía cuando estamos todos los días llenando salas en las que el que corta las entradas no está dado de alta, ni contratado. Ni él ni los actores ni el director ni el técnico si lo hay; donde a veces ni se pagan autores (los grandes olvidados) y donde la entrada que te dan es una fotocopia con la que se supone que van a justificar un aforo y a pagar un IVA que sigue siendo una sangría. 




Lo peor ha sido que NINGÚN político hable nunca de cultura, ni vaya al teatro (estrenos aparte) y hayan vuelto a demostrar que por mucho que presuman, no les interesa la cultura ni un cagao. A ninguno. Por eso cierran salas como Biribó, Guindalera, Kubik... porque no hay un proyecto de fomento, ayuda y promoción de la cultura ni de los espacios culturales. Por eso no hay un sistema fiscal ni de seguridad social realmente específico y que sirva para que las salas que abren amantes del teatro, que se la juegan para regalarnos teatro a los demás no tengan que cerrar. Por eso, como no se puede sostener una legislación anticuada e irreal la gente tiene que pasarse los convenios por el fefo y currar por lo que toque, arriesgando su vida al currar sin estar dado de alta y repartiendo la gorra a pachas con la sala. Por eso la ilegalidad es la forma de vida inevitable. Eso provoca que al final se acaben mezclando trabajos buenos y malos, más profesionales y totalmente aficionados. Porque esto que debería ser un TRABAJO se ha quedado en una afición, en un hobby, que puede hacerlo cualquiera y de cualquier manera. Los políticos juegan con la necesidad de la gente de contar cosas y de mostrarlas. Entre todos les hacemos el caldo gordo, les sacamos las castañas de la necesidad cultural  del fuego y ellos en un alarde de benevolencia, miran para otro lado y nos dejan hacer. Eso es cuidar y fomentar la cultura por los cojones. 
Lo peor ha sido la programación de los teatros públicos. Así en general. Especialmente las salas grandes. En las salas pequeñas de los públicos ha habido grandes espectáculos, arriesgados y vivos. Pero en las salas grandes, la programación en general ha sido viejuna, apolillada y acomodaticia. Se han dedicado a tratar de satisfacer al público de tooooda la vida, al que tiene un oferta ingente en el teatro privado. Pero desde los públicos deberían arriesgar más, ofrecen lo que no se ve en ninguna parte, calmar la sed de las minorías. Olvidarse de tener que ser RENTABLE y ser sencillamente un servicio. La cultura, lo he dicho mil veces, no es un gasto a rentabilizar, sino una inversión. Una inversión en seres humanos, en seres pensantes, en seres sintientes, críticos, inteligentes y vivos. Algún ciclo suelto, alguna función así como de chiripa y algún que otro espectáculo que como ha dado pasta se ha promovido un poco. Islas en medio de una programación añeja y poco digna de teatros públicos, que se deben a la gente, a todos, mayorías y sobre todo minorías (aunque quizá no seamos tan minorías). 
Lo peor sigue siendo la poca visibilidad del trabajo, el esfuerzo y la capacidad creadora de las mujeres de la profesión. En todos los campos. Parece mentira que en pleno siglo XXI se siga pidiendo más a una mujer y se sigan poniendo trabas a la creatividad y a la capacidad artística de los seres humanos según su sexo. Cuando el género se vuelva invisible e imperceptible habremos ganado. Todos. 
Lo peor han sido los proyectos innecesarios y sin ninguna pretensión de cambiar nada. Espectáculos planos, sosos, gratuitos, sin ánimo de tocar a nadie ni de remover nada. Horrores que me han hecho sentir que perdía el tiempo. Es obligación del teatro, de la danza, de la música y del circo querer cambiarte y hacerte algo. Los montajes apolillados y vacíos me han dejado frío, me han hecho sentir que perdía el tiempo. Un maestro mío dice que en cualquier espectáculo, por malo que nos parezca ha habido alguien que en un determinado momento ha sentido que eso que hacía era NECESARIO. Puede que sí y que el que tenga prejuicios sea yo. Pero he visto muchas cosas a las que no he notado  esa "necesidad" por ningún lado. Es un agravio comparativo con la gente que se expone y busca.    





Lo mejor:

Lo mejor de este año ha sido comprobar cómo la gente que entrega su vida al teatro, a la danza, al circo, a la música siguen/seguimos en la lucha. Pase lo que pase,  a pesar de ese IVA destructivo que está intentando hundir estas profesiones, a pesar de que los primeros encargados de cuidar y mimar las artes escénicas passsen totalmente, estos amantes siguen ahí, siguen soñando y siguen pensando, imaginando, creando, escribiendo, iluminando, ensayando, decorando, vistiendo, dirigiendo, produciendo, interpretando y regalando sensaciones únicas e irrepetibles; momentos históricos que nos van a marcar y van a hacer de este mundo de mierda un sitio mejor. Lo mejor es la lucha y los luchadores, el riesgo y los arriesgados, el valor y los valientes.          

Lo mejor ha sido ver nacer un proyecto como el Pavón Teatro Kamikaze. Un puñado de creadores estratosféricos que han arriesgado su dinero y su ilusión para hacernos felices a los demás. Un TEATRO entero con todas sus letras que merece despegar hacia el cielo por honestidad, por amor y porque son cojonudos además.




Lo mejor han sido curiosamente casi los mismos que los últimos años. Hay nombres que se repiten y eso significa que lo que tienen es una forma de pensar y vivir especial, que no son fruto de una casualidad. Voy a dar un puñado de títulos porque a pesar de ser injusto el destacar a algunos, también sería injusto no destacarlos del resto. No tienen por qué ser los mejores (para mí lo son, claro) pero sí son los que han presentado propuestas más vivas, más especiales, que me han removido y conmovido más. Les nombro para darles las gracias por lo que me han hecho. "40 años de paz", "La distancia", "Mis cosas preferidas", "¡Cómo está Madriz!", "La voz humana", "Las princesas del Pacífico", "Todo el tiempo del mundo", "Som faves", "Incendios", "El pequeño poni", "No hay papel" , "Cine", "Moses und Aaron", "Ningún aire de ningún sitio", "Inflamation du verbe vivre"...




Lo mejor ha sido descubrir el genio de Gon Ramos y haber disfrutado/sufrido de esa obra de arte que fue, para mí, "Yogur/Piano". Una personalidad única, un genio desbordante y una sed por contar que nos va a acompañar muchas décadas. Si no, al tiempo. 




Lo mejor ha sido redescubrir el talento ya requetecontrastado de Javier Lara. "Scratch" fue sin duda y de lejos lo mejor de eso llamado Frinje. Una mente prodigiosa y varios pasos por delante del resto, una capacidad interpretativa sin límites ni pudor y un resultado apabullante. Carlos Aladro, Iñigo Rodríguez-Claro, la diosa Carlota Gaviño y Fernando Delgado (el actual/futuro superfenómeno de los escenarios) completaban este pasote. De lo mejorcito del año.  




Lo mejor ha sido ver bailar y sentir respirar a diez centímetros de tus morros a Aleix Mañé, Mar Aguiló, Antonio de Rosa, Mattia Ruso, Elisabet Biosca, Agnès López y ese ser alienigena que es Isac Montllor. Ver las manos de Mar rompiéndose y nadando bajo el velo de novia fue una experiencia sobrehumana. El dúo de Mattia y Antonio, la forma de deslizarse de Elisabet, la delicadeza de Agnès y el dolor interno de Isaac se me quedaron clavadas y la herida dura hasta hoy. "Home" o cómo demostrar (como ya hizo por ejemplo el grandioso Chevi) que la danza es en sí misma un idioma que cabe en cualquier sitio. Danzar es sentir y mover almas. A diez centímetros, estos genios te destrozan. José Carlos Martínez lo sabe y nos lo regala. Lo dije en su momento y lo repito: "el dúo entre Agnès e Isaac es en sí mismo una razón para vivir". Punto.




Lo mejor han sido dos fenómenos que no necesitan más comentario que su simple mención. Grumelot y María Morales.




Lo mejor ha sido la gestión del Teatro de la Zarzuela de Daniel Bianco y su equipo.

Siento una admiración desmedida por cualquiera que se sube a un escenario y se expone a las miradas de seres variados. Por cualquiera que dedica su tiempo, su esfuerzo, su salud, sus sueños y su amor en trabajar para transmitir vidas ajenas y soñadas. El riesgo de contar, de compartir y de cambiar es admirable. Espero que llegue  pronto el día en el que se valore el sacrificio de un músico, de un bailarín, de un acróbata, de un actor, de un escenógrafo, de un dramaturgo, de un compositor, de un iluminador, de un figurinista, de un director, de un productor, de un ayudante o de un cover. Cuando ves un trabajo bien hecho parece que no se nota el esfuerzo, pero se debería valorar muchísimo más el sacrificio que tienen que soportar estos genios para llegar a hacer que parezca fácil lo imposible. 

El teatro es inevitable. Como el circo, la música, el canto, la danza. Por eso durante 2017 nos seguiremos viendo en los teatros, estremeciéndonos de gusto con todos estos genios, cómodamente sentados y gozando desde el patio. 

      

domingo, 27 de noviembre de 2016

Todo el tiempo del mundo. Sala Max Aub.

Intentaré explicarme, pero cuando uno se enfrenta a un mago de la palabra, a un ser que busca, entiende, elige y acierta siempre en su uso de la palabra, la batalla está perdida de antemano. Tratar de buscar y de encontrar las palabras exactas que definan lo que uno siente cuando se encuentra ante algo como TETDM es prácticamente imposible. Es como querer definir unas notas de Mahler, un cuadro de Monet o el perfume del campo en primavera. 



Por lo general con el teatro de Pablo Messiez me pasa algo raro. Es casi un proceso químico. Me produce una reacción interna que me traspasa, me recorre, me muta y me electrifica. También y sobre todo me duele. Pero de doler, doler, del verbo doler. TETDM me ha llevado a un lugar escondido en mis recuerdos que podría contar aquí ahora mismo dado mi escaso sentido del pudor pero que obviamente no haré lo primero porque no quiero parecer el abuelo Cebolleta y principalmente porque  no pinta nada. Pero sí confieso que en cierto momento, mi menté viajó a un sitio muy oscuro, tremendamente triste y que escuece. Eso provoca en mí el teatro de Pablo. Bueno, qué coño, lo cuento porque si no no sería yo. Me hizo pensar en mi padre. Y me sentí Amelia, me sentí Flores, me sentí madre, hija, padre, abuelo y sobre todo huérfano. Sentirse huérfano es de los sentimientos que más frío interno provocan. 
TETDM es un repaso por la vida de Flores. Del abuelo de Pablo. No desvelaré nada de lo que ocurre en escena lo primero para no destripar nada y lo segundo, y a ver si consigo explicarme bien, porque da igual. Quiero decir que lo que ocurre en escena por supuesto que ES importante, pero aparte de los hechos que se cuentan, TETDM es un recorrido, son unos brochazos, es una amalgama de momentos, de dimensiones, de tiempos y de sentimientos. Es una suma. En ese aspecto el orden da igual. Es lo que tiene el tiempo y lo que tenemos los humanos, que somos suma y somos muchas capas mezcladas, superpuestas y arrebujadas.
 El tiempo es muchas dimensiones, el pasado no termina donde empieza le presente y el futuro no es la continuación del presente. Presente, pasado y futuro son potenciales, quizá no existan o puede que sí, y el pasado sucederá si el futuro se hace presente. No son paradojas ni trabalenguas, no, es que es así. El presente quizá no exista o puede que el presente sea eso mismo, un presente, un regalo. La vida o toda una vida es una suma de presentes, pasados, futuros ya vividos y pasados por vivir. Todos juntos, todos mezclados, todos apelotonados. Como el pensamiento, con un cerebro, como un deseo o como un sueño. Porque ¿quién ha dicho que el tiempo sea lineal, tal y como lo conocemos y suponemos?
Si ya lo dicen y lo repiten en la obra varias veces: ¿algo que no recuerdas ha existido realmente? ¿Las cosas existen al nombrarlas? Si ni mis primos ni yo recordamos jamás que el día de mi primera comunión nos fumamos un puro en la  azotea del restaurante de la celebración, ¿nos fumamos ese puro de verdad? Al recordar, creas. Creas un pasado en B (gracias de nuevo, Lara, grande) o un pasado en azul o un pasado con Mozart. Como el presente, que casi siempre es antes. Y el futuro ¿es lo que te imaginas o sólo podrá ser lo que te imagines? ¿Si no te lo imaginas no será? ¿Por qué no recuerdo a Nené? ¿Cuándo sucederá mi pasado?



Las visitas de Flores son su vida. Son su antes, su ahora y su seré. Y todas juntas son él. O lo que será él. O lo que será siendo.
Todo esto lo consigue Pablo Messiez porque Pablo Messiez es un cuentista. 
Es un cuentista de los que escriben cuentos. Como el de la Papelitos. O como el de Flores. 
Conseguir crear un cuento oscuro como este y que dentro, como un bombón preñado se esconda una VIDA entera me aterra y me estremece. Porque TETDM es la vida enterita de Flores. Desde antes y hasta mucho después. Casi nada. Un abismo, una sima emocional y vital. El por qué de todo y el para qué todo. No puedo imaginar un texto, un proceso, un monumento que plasme, resuma y exponga de forma más vital lo que es el tiempo. Sus capas, sus causas y sus consecuencias. Y sus efectos. Todo eso es lo que ha creado Pablo. Todo el tiempo del mundo. LA VIDA.
Me vais a perdonar la burrada, pero uno es que ha nacido hiperbólico: si "Ulyses" es un día en la vida de Leopold Bloom, "TETDM" es toda la vida de la familia de Flores en hora y media. Algo de ese discurso tan caótico como es el pensamiento humano está en esta obra. Si Joyce escribió como uno piensa; mezclando, cortando, empezando frases distintas a la vez, sin usar verbos a veces ni signos de puntuación otras veces, Pablo escribe desde el mismo sitio, desde el borbotón, desde el chorro incontrolable del recuerdo. Sé que no es lo mismo pero es igual. 
Todo eso es lo que Pablo escribe. Pero es que encima lo lleva a escena y lo dirige desde un sitio acogedor, calentito. Se coloca a medio metro de su propia experiencia y desde la distancia mínima de rescate nos regala un ejercicio escénico magistral. Ama lo que dicen sus personajes, ama lo que hacen sus personajes y ama cómo se mueven, entran, salen, gritan y lloran sus personajes. Porque la vida es melodrama, la puesta en escena de Pablo lo es también. 
Ha regalado a María Morales y a los componentes de Grumelot lo mejor de sí mismo, su historia. Desde ese sitio doloroso, impúdico y entregado nada puede salir mal. Sobre todo si a los mandos está un sabio de la escena que además cuenta la vida de su abuelo. Trabajo prodigioso tanto técnicamente en todos sus aspectos; ritmo, intensidad, implicación, foco, densidad, fin, como emocionalmente. Solo puede uno agradecer que nazcan seres así cada muchos años. Porque lo que nos regalan al resto de seres humanos es bello, es sano y es amoroso. Nos hace mejores.  

Paloma Parra pone luz y pone sobre todo sombras como si el escenario fuera casi una salita de casa, de esas recogidas, calentitas, con un brasero y una butaca mullida, son luces de hogar y de hábito. Su trabajo es sencillamente PERFECTO.

Elisa Sanz y Paula Castellano han creado un espacio onírico, que de entrada parece un espacio de Hopper , pero no. El navegar de las emociones y de la poética del milagro lo convierten  en un interior como sacado de un peli de Max Ophüls, de Fellini o incluso de Dreyer. Costumbrismo poético y recuerdos por vivir. Y fíjate que hay color, que el vestuario inunda de colores la escena y el brillo de los actores ilumina cada rincón, pero con todo y con eso, la imagen que se queda en la retina es en blanco y negro. O mejor dicho, en sepia. El color de los recuerdos. Porque todo en esta "experiencia vital" son recuerdos. Incluso los recuerdos futuros, los que vendrán. Ya lo dijo Federico, y si lo dice Federico es verdad: "hay que recordar antes, recordar hacia mañana". TETDM es la vida misma. La VIDA así, en grande, toda junta, pasado, presente, futuro, todo junto, todo uno, todo encima, dentro, sobre y con. Tiene un algo de "Scratch" y un mucho de vida. Es recuerdos, sueños, dolor, posibilidad y carencias. Texto "autovital" que mueve, remueve, reconcome y entresaca. 
Creo que solo falta hablar del reparto. Y aquí vuelvo a quedarme sin palabras. Voy de uno en uno y sin orden ni preferencia. Sobre todo porque es imposible. Es imposible poner blanco sobre negro las cualidades de un grupo de mediums que no es que den vida a sus personajes, es que sus personajes nacen en el escenario con ellos. 



Mikele Urroz es un gema. Una piedra preciosa que no sé si sabe el poder que tienen su presencia y su intensidad. Es asombrosa en su implicación y generosa porque todo ese poder se lo entrega a su compañero de escena. Ella lo hace todo, pero no en su propio beneficio sino regalándoselo al otro. Me explico fatal pero cualquiera que la haya visto sabe lo que digo. José Juan Rodriguez lidia con el papel más desagradecido de entrada, pero sin el cual nada sería creíble. Tiene una presencia avasalladora y una credibilidad única. Su monólogo repartiendo amor a Dorothy es de libro. Se le escurre el dolor entre las sílabas y contagia un amor más allá de la comprensión y la comunicación hablada. 



Rebeca Hernándo está prodigiosa creando una madre viva en su muerte. Una madre amante y ausente. Lo que debió haber sido y fue sin ser. La amas, la necesitas y quieras saltar al escenario para pedirle que te abrace y te acoja en su regazo de madre con hueco. Javier Lara es un monstruo. Hace directamente lo que le sale de los huevos. Quiero decir que haga lo que haga NO SE PUEDE HACER MEJOR. Le pidas lo que le pidas lo hace y lo hace perfecto. Desde un sitio inteligente, dejando que fluya la vida y llegando desde sitios delicados a otros más delicados aún. Es el matiz en un gesto mínimo. Fijáos en él. Cada movimiento es algo, es por algo y es para algo. Yo de joven quiero ser Javier Lara. Carlota Gaviño es lo que uno siempre querría haber sido. Se llena y te llena. Se encara con el texto más difícil, lo domina, lo maneja y lo amaestra para devolverlo masticado y vivido. Y cuando parece que ha vaciado su alma en el escenario, de pronto vacía su mirada y su cuerpo se transforma en un ser buscando un horizonte, buscando la referencia, el foco, con la mirada vacía de Rita Hayworth. Y tú, espectador mortal, mueres. 



Iñigo Rodriguez- Claro es de otra galaxia. Nace en escena, crece en escena, muta y casi renace. Descubre su vida y regala matices a cada palabra que sale por su boca. Su monólogo final es de escuela, de pasar a la historia de la interpretación. Sublime, plagado de dudas, de temor, de descubrimiento, de sufrir y de amar. 



Y María Morales es el milagro hecho actriz. No se me ocurre ninguna actriz en el mundo mundial capaz de hurgar en los sitios más dolorosos de sí misma y desde ahí devolver vida. Me pongo hasta nervioso escribiendo. María sale, tus ojos se van a ella. Y ves cómo viaja de un sitio a otro de su mente y de su corazón para que cada frase suya sea un acto imparable y necesario. Y pasa de la más alta comedia y de la naturalidad más impactante a quebrarte el corazón con una simple  frase: "váyase a casa, que le está esperando Nené". Y ahí el mundo deja de girar y las mareas se detienen porque ya no hay vida. El tiempo y el espacio se han parado para dejar paso a María Morales. Nené susurra "llamaré lluvia al llanto" y de pronto comprendes la crueldad de una enfermedad desoladora. Sonríe y se funden los polos por tannnnnto amor como desprende.       



Poco más me queda por decir, Sólo que si os queréis un poco, si queréis a alguien, id al teatro. A ese lugar oscuro, calentito, maternal, donde uno puede llorar sin que le vean, sentir sin que luego le duela y vivir sin dejarse la vida. Regaláos "Todo el tiempo del mundo".  


Si amar es detenerse; detenerse en alguien, Pablo, su equipo y Grumelot se detienen en mí y me detienen el alma. Les amo.