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domingo, 15 de marzo de 2015

Alma. Nave 73.

Arturo Turón es el máximo responsable junto con la inmensa María Hervás de esa joya que es "Confesiones a Alá". Bueno, pues ahora ha repetido con casi todo el equipo y se ha buscado a una pantera negra para poner en pie "Alma", basándose en la peli de Bergman, "Persona", aquella joya con Liv Ullman y Bibi Andersson. Turón, que es más listo que un ratón colorao, ha contado con una personalidad arrolladora y una actriz comprometida hasta el dolor. Y a su lado a puesto a su viva imagen. Otra actriz entregada. Juntas crean esta historia a medio camino entre la vampirización más salvaje y la entrega y el amor desmesurado. 
No quiero destripar nada del argumento y ya me jode, porque exprimir lo que acabo de ver  sin contar nada es duro de cojones. Intentaré medirme.
Elisabeth deja de hablar en medio de una función de "Electra". Nadie sabe por qué, ni si es fruto de una patología, de un ataque de algo, decisión propia o crisis emocional. Como no responde, va a vivir a una casita con una enfermera encargada de cuidarla y darle conversación. Alma. La personalidad de Elisabeth es arrolladora, una apisonadora que incluso desde el silencio poco a poco irá minando la entereza de la enfermera, y se adueñará del cuerpo y del alma de Alma. O quizá sea Alma la que se deje llevar. O la que esté tejiendo una tela de araña alrededor de la debilidad de Elisabeth. Porque... ¿quién es quién? ¿Quién maneja, quién domina y quién es dominado? ¿Le dominan o se deja? ¿Quién posee a quién? 




En teatro hay muchos factores imprescindibles para que exista comunicación, química, física, magia o lo que coño haga que un espectáculo se eleve por encima de la realidad recreada y tenga una vida nueva en cada función. Uno de esos factores necesarios es la energía. La energía teatral, al contrario que la energía normal, sí se crea. Se crea y se mantiene durante toda la función. y no tiene que ver ni con la compostura física, ni con la tensión corporal, ni con nada. Es la energía dramática creada al juntar pasado, presente y futuro, al crear un presente con elementos de un pasado pero hacia el futuro. Ahí se crea una energía que sólo los más dotados consiguen mantener durante hora y pico. Rocío Muñoz-Cobo crea ese torrente cuando se planta a 25 centímetros de tus morros y arranca con su monólogo de Electra como si fuera lo más normal del mundo. Y entonces se juntan los elementos de la naturaleza y se crea un borbotón de energía. y esa energía la mantiene durante toda la función, hable o no hable, tenga el foco o esté en un segundo plano, despierta o dormida. Porque esa es la energía necesaria para la creación. O para la recreación. Para la vida. Para la vida teatral, que a veces es más jodida y más vida que la vida. Esa energía contagia a su compañera, Andrea Dueso y la lleva consigo a sitios duros y peligrosos. Una vez dije de Rocío que era una "suicida emocional". Y lo es. Porque su terreno es el de la implicación desde las tripas. No entiende otro y no elige otro. Eso es de bestia parda, de pantera negra, de raza y de tierra. 
Andrea Dueso sin embargo parte desde otro punto. Su "languidez" a veces impide que despegue con la misma fuerza que su compañera. Es el sitio que ella o el director han elegido, y creo que no termina de ayudar del todo. Esa "energía"  de la que hablo, es más difícil notarla en ella. Y la tiene, porque si no no aguantaría e pie la función, pero el sitio de esa energía es más delicado, más jodido y no la beneficia nada. Si Rocío está en un 90, Andrea está en un 60. No digo que sea más ni mejor el 90 de Rocío, sino que están alejados, y hace más cuesta arriba el encuentro. NO hay una mejor que la otra o una equivocada, ni mucho menos. Sólo digo que sus sitios están quizá demasiado alejados al principio.   
Aún así, lo que hay de sobra es química entre ellas dos. una mirada, un roce, un acercamiento es pura dinamita. 




Hay que ir a verlo. Primero porque Arturo Turón es un ser inteligente y sabe lo que hace y lo hace de puta madre. Su visión es clara y aunque maneja una historia densa de cojones, sabe perfectamente lo que quiere hacer con ella. Y luego por ver ese duelo entre Andrea Dueso y Rocío Muñoz-Cobo. Dos animalas. 

Aprovecho para recordarle a quien tenga curiosidad, lo que pienso de doña Rocío. Hace tiempo escribí sobre ella y no está de más recordarlo.        


Rocío, ay mi Rocío.  









viernes, 13 de diciembre de 2013

Confesiones a Alá. Teatro del Arte.

También es mala suerte ir justo el último día. Lo digo porque desgraciadamente no voy a poder animar a nadie a que vaya. Pero también te digo que si los responsables de los teatros nacionales tuvieran un poco de inteligencia, no dejarían escapar esta joya. 
Textazo de Saphia Azzeddine en el que la protagonista, Jbara va contando su vida o sus penares desde su poblado hasta que acaba siendo esposa de un imán. Simplemente de los 16 a los 24 años. Adapta y dirige Arturo Turón. El alma la pone María Hervás.
Jbara vive en un poblacho de Marruecos. Sobrevive más bien. Allí más o menos se la folla todo el que quiere. ¿Qué va puede hacer ella sino dejarse? Su mente sobrevive a eso. Hasta que un día... De esta función sí que no se puede contar nada. Todo es un cúmulo de situaciones cada vez más desgarradoras y sorprendentes. O no. 
El principal acierto y quizá el mayor inconveniente que tiene la función sea el propio texto. Quiero decir, el texto es brutal. Las situaciones que plantea son salvajes, y seguramente sean bastante cercanas a la realidad. Esas cosas pasan. Esas y peores. Y es un acierto total plantear todos los interrogantes que al menos a mí, se me pasan siempre por la cabeza con estos temas. Se plantean millones de preguntas desde todos los puntos de vista imaginables. Pecado, no pecado, libertad, mujer, hombre, posesión, obligación, rebeldía, culpa, sometimiento, velo, puta, inteligente... Es difícil hablar sin contar más de función. Aunque a estas alturas seguro que casi todos la habéis visto y sabéis de lo que hablo. Pero quizá por plantear tantísimas dudas y puntos de vista, se haga un poco largo. Quiero decir, todo de lo que se habla es espeluznante, necesario, brutal e ineludible. No sobra nada, todo debería ser materia obligatoria de estudio y debate. Pero dramáticamente, para el espectáculo, quizá provoque momentos, hacia el final, en el que el interés decaiga un poco, el ritmo y se haga pelín largo. Y no hablo del contenido, sino de la forma. Eso sí, yo lo que saco es que cada uno tiene lo que tiene. Luego, lo que tú hagas con eso que tienes es decisión tuya. En un último extremo tú eres el responsable de lo que hagas con tu vida.  



La dirección de Arturo Turón es muy solvente. Sencilla, no se mete en berenjenales ni en jardines de difícil solución. Todo es sencillo pero efectivo. Ni un "pero" se le puede poner a este trabajo impecable. El único "pero" es hacia la sala. Desde el primer espectáculo que vi allí siempre he notado unos problemas tremendos de acústica. Algo pasa que se oye fatal. Esta noche estábamos en fila 2, y cuando la pobre María Hervás se giraba y nos daba la espalda, había que ponerse como los murciélagos para cazar algo. No es posible que en la fila 2 no se entienda lo que dicen los actores. Y esto ha pasado SIEMPRE. Por favor, responsables de la sala, cuiden el trabajo de los artistas que trabajan allí y al público. Aparte del jari que se monta con lo de que no estén numeradas las entradas. No puede ser que haya que ir casi una hora antes para hacer cola y plantarte como en la cola del super, sacando codos pa que no se te cuele ningún listo. Vamos, me parece horrible lo de que no estén numeradas. 
Y luego está la artífice del milagro. María Hervás. Decir que su trabajo vocal es una pasada es hablar de lo evidente. Se ha currado un acento que flipas. Y la evolución del acento que va acompañando a la evolución del personaje. Y encima esta mujer compone un personaje plagado de matices, de cambios de registro, de humor, de código, con una simpatía arrolladora y un sufrimiento nada autocomplaciente. Sencillamente creo que este año se han visto muy poquitas interpretaciones femeninas de este nivel. Aguantar casi dos horazas yendo de burrada en burrada y de salvajada en salvajada y que la peña no se retuerza en los sofás esos blancos, tiene muchísimo mérito.
Ay, otra pega. Esto es cosa del adaptador, me temo. Arturo, si me permites, creo que hay veces en las que el lenguaje que emplea Jbara es un poco redicho. Quiero decir, que a veces usa verbos o sustantivos demasiado rebuscados. No parece una chica sencilla, sino una erudita. Pero vamos, eso por decir algo. Lo que sí está claro es que "Confesiones a Alá" debería ser de obligada asistencia pa to hijo de vecino. Estremecedor, esencial y ejemplar.