Carolina África conoce de sobra a Lola Cordón. No sé si se conocían de antes, pero desde luego, con esa joya que era "Verano en diciembre" han recorrido un camino impresionante y seguro que muy emotivo e intuyo que es ese camino el que las ha llevado hasta aquí. "Möderna" es un homenaje a Lola Cordón. Un homenaje desde la admiración y el amor infinitos.
Lola Cordón, para cualquiera que la conozca, es aparte de una grandiosa actriz, un grandioso ser humano. Cachonda, fresca, deslenguada, viva, divertida y con una sed de vida ejemplar.
Su vida, sus orígenes en la profesión, su carrera, sus altibajos, su lucha, sus papelones, sus sueños, quizá sean un reflejo de una grandísima parte de la profesión. Ahora que acaba de publicarse el estudio anual en el que se comprueba que la mayor parte de los actores de España han trabajado na y menos y que muchos viven por debajo del umbral de la pobreza y recurriendo a otros trabajos, Lola asoma su vida de superviviente ente nuestros ojos y corazones en un ejercicio de dulzura, solidaridad y empatía bestiales por parte de Carolina África y Julio Provencio.
Lola se dedicó al teatro porque quiso, se casó porque quiso, se separó porque quiso, viajó porque quiso, se desnuda con la Lidell porque quiere y se ha dejado homenajear porque ha querido.
Desgraciadamente, la vida que debería tener este espectáculo creo que tendrían que ser los dos días que ha estado en Matadero. Me explico: es un homenaje tan especial, único y nace desde un rincón tan bonito del corazón que no se debería producir más. Ha sido lo que ha sido. Como mucho y por aquello de buscar justicia, se debería hacer en un teatro gigante para que pueda ir toda España a venerar a Lola. Eso sí. Pero repetirlo cada viernes y sábado a las 20 y a las 22... como que no.
"Möderna" es un espectáculo creado por Carolina África y Julio Provencio principalmente para devolver una tonelada de cariño y agradecimiento a Lola. Planteado como un espectáculo "möderno" en el que haya todo lo que hay en un espectáculo möderno; cámaras, micros, interacción, desnudos (semi) animales (esos hamsters en la pecera o el bogavante aquel famoso). Todo es möderno. Aunque lo más möderno es la propia Lola con su vida, su trabajo, su "Voz humana", sus mejillones, su vino, sus cigarros (andorranos) su Ofelia y su Blanche.
El espectáculo en sí es divertido, emotivo, repleto de cariño y de admiración hacia una generación de actores que siguen en activo (y por muchos años) que por encima de todo aman esta profesión. Actores que fuman, beben, salen muuucho, trabajan todo lo que pueden y disfrutan de la vida en todos sus aspectos. Un ejemplo no solo de profesionalidad sino de vida. Una gozada ver que a sus ochenta años recién cumplidos, Lola está tan vital y con tantas ganas de trabajar y de exprimir la vida y el escenario como si tuviera veinte. Admiración total hacia Lola la que sienten Carolina, Julio y todos a los que se nos saltaron las lagrimillas compartiendo este merecidísimo homenaje a toda una gran dama del teatro y de la vida. La grandiosa Lola Cordón.
Aquí podrás leer MI opinión sobre los espectáculos que voy viendo. Insisto en que es MI opinión, nada mas. No pretendo adoctrinar ni tener razón. Únicamente te contaré MIS razones para amar o amar menos lo que vaya viendo. El teatro son gustos y aquí leerás los míos. No soy crítico, solo necesito contarle al mundo el porqué de mis amores. Lo que puedes leer aquí es lo que yo he sentido al ver estos espectáculos. Ni más ni menos que mis sensaciones. Si a alguien le sirven, estupendo.
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lunes, 18 de julio de 2016
sábado, 7 de junio de 2014
Verano en Diciembre. La Belloch.
Hay tantísimas salas pequeñas en Madrid que no las conozco todas. La Belloch es una de ellas. La conocí el otro día viendo "Verano en Diciembre" y me gustó mucho. A ver, la sala es modesta, no muy cómoda, pero muy agradable y como encima esta función me encantó, pues ya está. Soy así de simple.
Las tres nominaciones a los Max seguro que le han venido de puta madre a este montaje. Yo por ejemplo, fui a verlo precisamente por eso. Y sin ninguna idea preconcebida, porque tampoco había leído nada. No sabía ni de qué iba. Y me enamoró desde el minuto uno.
Es muy español eso de que nos guste ver desde fuera a una familia tan friki y extrañamente unida y desunida como la nuestra. Nos mola verlo pero lo sufrimos cuando nos toca. Y más o menos todos tenemos o hemos tenido una abuela o madre como la Marina a la que da vida Lola Cordón. Esa abuela que te desquicia, a la que desde fuera ves con ternura porque es desde fuera pero con la que sufres si la tienes en tu casa. Tierna, graciosa, mala, meticona, infantiloide, dulce y tocahuevos. SPOILER. Esos momentos en los que se mira al espejo y "habla" con su madre son tan reales como terroríficos. La madre (Teresa) de Pilar Manso es también descacharrante desde fuera. La tiene tomada con la mediana porque sí. O porque significa lo que ella habría querido ser y nunca pudo, no sé. Pero sí, es esa relación apisonadora en la que la pobre hija, haga lo que haga lo hace mal. Pero la mujer lo hace con toda su buena intención y por amor. Lo mismo que nos han dicho toda la vida nuestros padres, sobre todo cuando nos han tocado los cojones. Lo de "es por tu bien, hijo". Claro que eso de que todo dios opine de lo que debes hacer en tu propia casa tiene que ser también durito. Porque todo el mundo te suelta por tol morro lo mal que lo haces todo, lo sucia que tienes la cocina, que deberías cambiar los azulejos del baño (los que solo te gustan a ti) que comes cosas caducadas, que deberías hacer obra en la cocina (que a todo el mundo le parece que está que se cae menos a ti). Beatona madre Teresa. Que te amarga la vida con una mano y con la otra sostiene un rosario. Y luego unas hijas que cada una a su manera se han buscado la forma de escapar del embrujo de esa familia tan disfuncional o normal como cualquiera. Todos en cierta medida nos buscamos la vida para escapar de los brazos de pulpo del abrazo mortal de nuestra familia. Nos apartamos hasta cierta distancia porque en el fondo los necesitamos (aunque los querríamos cambiar a todos, uno tras otro).
Esa familia, que es como cualquier otra, como la nuestra, es la que nos muestra Carolina África, que escribe, dirige e interpreta esta función naturalista. El texto es brillante precisamente por eso, por presentarnos a una familia tan normal o tan rara como cualquiera. Una familia normal, llena de trampas, de chantajes, de mentiras, de necesidades, de amores, de abrazos amorosos y de abrazos mortales. Y hacer naturalismo sin hacer costumbrismo de pandereta ni caer en la tentación alomodovariana es muy difícil. De ahí el tremendo poder de este texto complejísimo bajo su aparente simplicidad.
Y por supuesto, unas actrices todas ellas fantásticas y con una forma de tener tan asimilado su papel, que es que no te las imaginas más que siendo sus personajes.
Bravo, bravo y mil bravos para esta función fresca, divertida, tierna, dura, seca, hiriente y muy, muy cercana.
Las tres nominaciones a los Max seguro que le han venido de puta madre a este montaje. Yo por ejemplo, fui a verlo precisamente por eso. Y sin ninguna idea preconcebida, porque tampoco había leído nada. No sabía ni de qué iba. Y me enamoró desde el minuto uno.
Es muy español eso de que nos guste ver desde fuera a una familia tan friki y extrañamente unida y desunida como la nuestra. Nos mola verlo pero lo sufrimos cuando nos toca. Y más o menos todos tenemos o hemos tenido una abuela o madre como la Marina a la que da vida Lola Cordón. Esa abuela que te desquicia, a la que desde fuera ves con ternura porque es desde fuera pero con la que sufres si la tienes en tu casa. Tierna, graciosa, mala, meticona, infantiloide, dulce y tocahuevos. SPOILER. Esos momentos en los que se mira al espejo y "habla" con su madre son tan reales como terroríficos. La madre (Teresa) de Pilar Manso es también descacharrante desde fuera. La tiene tomada con la mediana porque sí. O porque significa lo que ella habría querido ser y nunca pudo, no sé. Pero sí, es esa relación apisonadora en la que la pobre hija, haga lo que haga lo hace mal. Pero la mujer lo hace con toda su buena intención y por amor. Lo mismo que nos han dicho toda la vida nuestros padres, sobre todo cuando nos han tocado los cojones. Lo de "es por tu bien, hijo". Claro que eso de que todo dios opine de lo que debes hacer en tu propia casa tiene que ser también durito. Porque todo el mundo te suelta por tol morro lo mal que lo haces todo, lo sucia que tienes la cocina, que deberías cambiar los azulejos del baño (los que solo te gustan a ti) que comes cosas caducadas, que deberías hacer obra en la cocina (que a todo el mundo le parece que está que se cae menos a ti). Beatona madre Teresa. Que te amarga la vida con una mano y con la otra sostiene un rosario. Y luego unas hijas que cada una a su manera se han buscado la forma de escapar del embrujo de esa familia tan disfuncional o normal como cualquiera. Todos en cierta medida nos buscamos la vida para escapar de los brazos de pulpo del abrazo mortal de nuestra familia. Nos apartamos hasta cierta distancia porque en el fondo los necesitamos (aunque los querríamos cambiar a todos, uno tras otro).
Esa familia, que es como cualquier otra, como la nuestra, es la que nos muestra Carolina África, que escribe, dirige e interpreta esta función naturalista. El texto es brillante precisamente por eso, por presentarnos a una familia tan normal o tan rara como cualquiera. Una familia normal, llena de trampas, de chantajes, de mentiras, de necesidades, de amores, de abrazos amorosos y de abrazos mortales. Y hacer naturalismo sin hacer costumbrismo de pandereta ni caer en la tentación alomodovariana es muy difícil. De ahí el tremendo poder de este texto complejísimo bajo su aparente simplicidad.
Y por supuesto, unas actrices todas ellas fantásticas y con una forma de tener tan asimilado su papel, que es que no te las imaginas más que siendo sus personajes.
Bravo, bravo y mil bravos para esta función fresca, divertida, tierna, dura, seca, hiriente y muy, muy cercana.
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