sábado, 7 de junio de 2014

Verano en Diciembre. La Belloch.

Hay tantísimas salas pequeñas en Madrid que no las conozco todas. La Belloch es una de ellas. La conocí el otro día viendo "Verano en Diciembre" y me gustó mucho. A ver, la sala es modesta, no muy cómoda, pero muy agradable y como encima esta función me encantó, pues ya está. Soy así de simple.
Las tres nominaciones a los Max seguro que le han venido de puta madre a este montaje. Yo por ejemplo, fui a verlo precisamente por eso. Y sin ninguna idea preconcebida, porque tampoco había leído nada. No sabía ni de qué iba. Y me enamoró desde el minuto uno.




Es muy español eso de que nos guste ver desde fuera a una familia tan friki y extrañamente unida y desunida como la nuestra. Nos mola verlo pero lo sufrimos cuando nos toca. Y más o menos todos tenemos o hemos tenido una abuela o madre como la Marina a la que da vida Lola Cordón. Esa abuela que te desquicia, a la que desde fuera ves con ternura porque es desde fuera pero con la que sufres si la tienes en tu casa. Tierna, graciosa, mala, meticona, infantiloide, dulce y tocahuevos. SPOILER. Esos momentos en los que se mira al espejo y "habla" con su madre son tan reales como terroríficos. La madre (Teresa) de Pilar Manso es también descacharrante desde fuera. La tiene tomada con la mediana porque sí. O porque significa lo que ella habría querido ser y nunca pudo, no sé. Pero sí, es esa relación apisonadora en la que la pobre hija, haga lo que haga lo hace mal. Pero la mujer lo hace con toda su buena intención y por amor. Lo mismo que nos han dicho toda la vida nuestros padres, sobre todo cuando nos han tocado los cojones. Lo de "es por tu bien, hijo". Claro que eso de que todo dios opine de lo que debes hacer en tu propia casa tiene que ser también durito. Porque todo el mundo te suelta por tol morro lo mal que lo haces todo, lo sucia que tienes la cocina, que deberías cambiar los azulejos del baño (los que solo te gustan a ti) que comes cosas caducadas, que deberías hacer obra en la cocina (que a todo el mundo le parece que está que se cae menos a ti). Beatona madre Teresa. Que te amarga la vida con una mano y con la otra sostiene un rosario. Y luego unas hijas que cada una a su manera se han buscado la forma de escapar del embrujo de esa familia tan disfuncional o normal como cualquiera. Todos en cierta medida nos buscamos la vida para escapar de los brazos de pulpo del abrazo mortal de nuestra familia. Nos apartamos hasta cierta distancia porque en el fondo los necesitamos (aunque los querríamos cambiar a todos, uno tras otro).




Esa familia, que es como cualquier otra, como la nuestra, es la que nos muestra Carolina África, que escribe, dirige e interpreta esta función naturalista. El texto es brillante precisamente por eso, por presentarnos a una familia tan normal o tan rara como cualquiera. Una familia normal, llena de trampas, de chantajes, de mentiras, de necesidades, de amores, de abrazos amorosos y de abrazos mortales. Y hacer naturalismo sin hacer costumbrismo de pandereta ni caer en la tentación alomodovariana es muy difícil. De ahí el tremendo poder de este texto complejísimo bajo su aparente simplicidad.
Y por supuesto, unas actrices todas ellas fantásticas y con una forma de tener tan asimilado su papel, que es que no te las imaginas más que siendo sus personajes.




Bravo, bravo y mil bravos para esta función fresca, divertida, tierna, dura, seca, hiriente y muy, muy cercana.        

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