lunes, 9 de junio de 2014

Encrucijada o nihil novum sub sole. El umbral de primavera.

Borja Roces escribe y dirige este espectáculo. También lo interpreta, junto a Alicia Rodríguez. Y hay que reconocer que a Borja Roces se le podría considerar un "creador" con todas sus letras. 
El experimento de juntar poemas (de Néstor Villazón) con textos de Borja y con canciones de diferentes pelajes resulta bastante atractivo a priori, aunque el resultado quede más cerca de la teoría que de la práctica. Esta "encrucijada" de temas, estilos, dolores, punzadas, llantos y quejas es de difícil digestión.



Los textos elegidos son espesos, son densos y la mayor parte de ellos deprimentes y pretendidamente "profundos". ¡¡¡Claro que es profundo hablar de la existencia misma o de la tristeza, de la desorientación o de la falta de caminos o del llanto o del vacío creador!!! Pero que sea profundo no quiere decir que sea trascendente. Quiero decir que la teoría del espectáculo la ves, queda clara aunque el resultado no queda tan a la altura de lo que se promete. Los tramos que mejor funcionan (me resisto a denominar "escenas" a esos retazos que están unidos en su concepto más que en su forma o en una dramaturgia acertada), insisto, los tramos que mejor funcionan son los que juegan más con el sentido del humor o en los que han metido un toque más grotesco o irónico incluso. Cuando el discurso se queda más en el terreno difícil de lo trascendente, la cosa funciona peor y muchos de los mensajes acaban sonando más a frases grandilocuentes pero vacuas. Sin embargo cuando ese mensaje se mezcla con humor o con sarcasmo, pierde grandilocuencia y gana en sinceridad y en ácido. Supongo que cuando uno tiene un hijo tan prometedor, es difícil tomar distancia y verlo con objetividad. Quizá, digo solo quizá, Borja debería desprenderse algo de su amor de padre y dejar que alguien desde fuera mida las fuerzas de su criatura y sopese mensajes y cargas para que no todas sean de profundidad. Quiero decir que el mensaje es importante, claro está, pero que llegue al público es igual de importante y quizá una visión externa y menos implicada podría ser útil para aligerar la forma y potenciar la comunicación del mensaje. 
Alicia Rodríguez tiene quizá el mejor tramo de la función, el del llanto, donde el mensaje se junta con el humor y se consigue un envoltorio más cercano y productivo. 



Borja dice de maravilla. Está claro que nadie conoce el texto mejor que él y eso se transmite. Desde luego el plato fuerte de la función es Borja. Pero insisto, quizá en este caso la buena intención y lo que apunta el proyecto debería escuchar lo que el publico tiene que decir, tomar nota y perfilar de otra forma el espectáculo, sobre todo para que el mensaje llegue mejor y porque es un trabajo sincero que, una vez pulido y matizado puede ser muy competo y chulo de ver y de disfrutar.
        

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