domingo, 8 de junio de 2014

Sótano. La pensión de las pulgas.

Así de entrada, "Sótano" lo tiene todo. Texto de Benet i Jornet, dirección del maestro de la interpretación Israel Elejalde, dos monstruos de trayectoria intachable como son el prodigioso Juan Codina y ese fenómeno que es Victor Clavijo (que parece que está doblado por mí, jeje, perdón por el autohomenaje) y todo esto en "La pensión de las pulgas". Con todos esos ingredientes, ¿qué puede salir mal? Pues chico, no lo sé, pero conmigo, algo salió mal, o al menos regular, porque no me estremeció todo lo que yo habría querido.
El texto, a pesar de ser una tela de araña de engaños, trucos, mentiras y ardides, me resultó previsible en muchos momentos (y eso que iba cansado de cojones), el supuesto truco final me lo vi venir desde el minuto ocho, y en bastantes momentos me parecí plagado de frases grandilocuentes y más literarias que teatrales. A ver, no todo ha de ser naturalismo, está claro, pero frases tipo: "fue en ese momento cuando tomé consciencia de mi propia mentira" me resultan demasiado artificiales. Es un ejemplo inventado, eso no se dice nunca en la función. Y si uno de los platos principales de este menú flaquea, el peso recae sobre el resto de los responsables. Y siento decir que la dirección tampoco me pareció algo histórico. Que Israel Elejalde es uno de los actores más poderosos de ahora mismo es indiscutible, pero esa sabiduría para interpretar me faltó un poco a la hora de montar este espectáculo. Quiero decir, eché en falta más punto de vista, saber mejor desde dónde me estaban contando la historia. No dejan de ser dos portentos hablando y moviéndose casi nada. Vale que todo es muy espeso y que la cadencia debe ser esa. Eso de acuerdo. Pero acaba haciéndose algo tedioso sobre todo porque son escenas o momentos muy largos con uno a un lado de la sala y el otro al otro lado. 



En definitiva, que casi acaba siendo un duelo interpretativo. Y como son dos monstruos, ahí sí hay un acierto gordo. Y te reconcilias con todo por el altísimo nivel de ambos dos. Que Juan Codina es una bestia parda lo sabe to dios, porque es verdad y porque lo ha demostrado mil veces. También es verdad es que tiene cierta tendencia a fruncir el ceño. Y sobre todo en la segunda "parte" de "Sótano", suelta el entrecejo, y concentra su poderío infernal en su forma de decir, en la intensidad de lo que dice, en la densidad con la que lo dice y en una preparación vocal fabulosa. Preparación en la que Victor Clavijo es un maestro. Tiene un control de su voz como pocos actores. Muchas veces se confunde ser natural o "fresco" con hablar mal, farfullar o susurrar demasiado. Y una cosa es que en una salita pequeña de Off se oiga todo, y otra muy distinta no tener una técnica vocal adecuada para cuando te llamen de un teatro tocho. Ahí, por muy natural o "fresco" que seas, no te van a oír más allá de la fila tres. San diafragma, el mejor aliado de un actor, Santa respiración, la patrona de los actores. Si tienes bien analizado y entendido el texto y lo juntas con ambos santos,  es la rehostia. Y Victor (como Codina, claro) lo tiene tan asimilado que lo que en otros podría ser técnica, en él es su estado natural. Y la gente alucina por su poderío vocal. es una pena que lo que debería ser norma sea excepción. Y sí, llama la atención. Claro que esa preparación y dominio técnico de su voz va unido a una inteligencia interpretativa descomunal, que hace que en una función como esta, un duelo de frase contra frase, sea potente y poderosa. Realmente es esa definición tan utilizada. Un duelo interpretativo. Con dos monstruos, dos portentos que cargan con todo el peso de la función, que aunque previsible y algo "densa", les permite lucirse como ellos saben. Prodigiosos.        

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