sábado, 14 de junio de 2014

Como si pasara un tren. La Trastienda.

Pues vaya tarde-noche me pasé ayer, hijos míos. Salía de ver "La casa de huéspedes" en La Trastienda con una sonrisa de oreja a oreja y feliz de la vida por haber disfrutado como un enano durante hora y pico. Y con apenas un verdejo entre función y función, entro a ver "Como si pasara un tren". Recomendada, movida y promovida por mi admirada Esther Ortega y con Carlos Guerrero (desconocido para mí), Marina Salas (adorada desde la primera vez que la vi en la tele) y María Morales. Eh... hablar de María Morales es... hablar de potencia, de poderío, de casta, de garra, de raíces, de "Todas las mujeres" y de "Los últimos días de Judas Iscariote" (un factoría de grandiosos actores y uno de los mejores montajes de hace años). 



La historia costumbrista de esa madre hiperprotectora a la que le endosan a la sobri rebelde (porrera, la pobre, esa es su rebeldía) para que se encargue de ella, es un brochazo de hiperrealismo duro y profundo hasta unos límites familiares cotidianos y salvajes. 
En todo momento es como si te hubieras metido literalmente en medio de las vidas de esta gente. La sensación es la de ir, cámara al hombro, caminando entre ellos tres. Es una mezcla de las primeras pelis de Lars Von Trier con ese toque neorrealista que le da sobre todo y especialmente la brutal María Morales. 
Carlos Guerrero hace un trabajo de esos que no te lo crees. Quiero decir, que no te creas que sea un actor haciendo de disminuido. hace un trabajo basado en el respeto y en la sensibilidad que es acojonante. Y tiene unos momentos de un lirismo salvaje demoledores.
Marina Salas está pa comérsela. Su naturalidad y su desparpajo le dan una vida a su Vale que hacen que la quieras como amiga. Querría volver a tener 17 años para hacerme colega de ella. Eso sí, una cosita... cuando habla por teléfono tiende a ponerse de espaldas. Yo no creo que sea tanto una cosa marcada por la dirección como que se siente insegura y tiende a ocultarse. No te des la vuelta, de verdad, que vas guay. 
Y María Morales. Vamos a ver... su personaje quizá así de primeras pueda parecer la típica madre protectora y cruel y poco más. Pues nada más lejos. Es de los personajes mejor dibujados y más complejos que he visto en mucho tiempo. 



SPOILER. (No sé si es spoiler, pero por si acaso)

Esta mujer se siente culpable por haber elegido un padre para su hijo. Un hijo que salió deficiente y un padre que salió cabrón. Se siente culpable por el padre y por el hijo. Un hijo al que asfixia e hiperprotege por ese sentimiento de culpabilidad y porque es lo único que tiene en el mundo. Si algo le pasar al niño, se quedaría sola del todo en el mundo. y sabe que es una inútil emocional y que no podría vivir sola. Necesita que su hijo viva más que ella y le cuida en exceso para protegerlo. Brutal. Cien mil vueltas a cuál más dura que la anterior. Y todas esas vueltas están ahí, en la carne, el las manos, en el vozarrón y sobre todo, en la mirada de María Morales. ¡Cómo mira! ¡Cómo escucha y sobre todo cómo mira! La forma en la que mira a su hijo y a su sobrina mientras ellos cantan es antológica, debería pasar a las enciclopedias de teatro y ser ejemplo para todos los estudiantes de qué es mirar de verdad. Sin ninguna duda tiene la tierra y la raza de Anna Magnani. Animales así no son frecuentes.

Historia íntima y cotidiana sobre el drama de casi cualquier familia. Las verdades desnudas de muchos porqués y de muchas heridas abiertas en nosotros.

A todo esto se encarga de darle forma, tono y ritmo Adriana Roffi. Un diez. Maestría total y sensibilidad más allá de la normal. 
Sin duda, de los espectáculos más emocionantes e intensos que he visto en mucho tiempo y lo de los tres actores, pero sobre todo, María Morales es de adoración extrema y yo en eso, soy especialista.


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