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miércoles, 8 de octubre de 2014

Castigo ejemplar Yeah. La Trastienda.

La capacidad de Iñigo Guardamino para analizar la realidad en la que todos, él incluido estamos inmersos, darle la vuelta, buscar el lado amargo y cáustico y devolverlo (en ambos sentidos) es casi como lo de Valle Inclán con los espejos. Lo malo (o lo peor) es que en este caso NO se deforma la realidad, sino que esta, tristemente, es así, tal cual.




Un matrimonio atildado y de clase... maja entra con nocturnidad y alevosía en el despacho del director del cole del niño para localizar y deshacerse del tercer expediente que hay por mal comportamiento del retoño. La criatura ya lleva dos, y este supondría como poco la expulsión y sin ninguna duda, un castigo ejemplar (yeah). Es normal, tú también lo harías. En esta sociedad competitiva, ardua y de una supervivencia atroz y descarnada, ser el primero no asegura nada, pero NO serlo, desde luego te hunde en la miseria y ya te puedes dar por follao. 
Claro que la acción no es tan sencilla y la mente de Guardamino mucho menos. Lo que uno hace tiene consecuencias, pero si haces algo "prohibido" más aún. O al menos más imprevisibles. Y la espiral en la que se ven metidos estos dos desgraciaos, ni ellos mismos se la habrían imaginado. Pero qué quieres que te diga, una madre que cuando el angelito llega con piojos, le inspecciona la testa buscando el número de la bestia. A ese prepúber que poco a poco se desvela como una criatura no tan inocente. Ese niño que cuyas iniciales son I.D.G. Mira, lo escribo y me estremezco. ¿Autobiografía? Ahhh, who knows!!!  
Si la mente preclara de Guardamino despliega sus astucias como si se tratara de un paypay obre el escenario (o la habitación, en este caso) los dos actores, Rodrigo Sáenz de Heredia y Natalia Díaz son los instrumentos perfectos para transmitir al planeta Tierra el mensaje y la crítica feroz de Guardamino. Los dos están maravillosos, perfectos y dan un recital interpretativo. Cantan, sufren, follan, se descojonan, viven, pelean, gritan y lloran en medio de unas transiciones escalofriantes y a una velocidad de vértigo. Todo esto, siempre, plagado de las coñas de Guardamino que son ácidas, tremendas y dignas de un sentido del humor prodigioso y con el que yo, concretamente conecto de puta madre.




La única pega, si es que hay que ponerle alguna, es que quizá se mete en demasiados berenjenales y se hace un pelín larga. Lógico, cuando una tiene una mente tan calenturienta y tan marxista (de Groucho, no de Karl) como tiene Iñigo, es jodido depurar porque lo que quites fijo que es una puta bomba. Porque eso sí es evidente, que Iñigo Guardamino es una de las plumas más afiladas de este país ahora mismo. Y si hay justicia en este mundo, se va a convertir en una de las primeras espadas del panorama teatral en nada. Porque se lo merece. Mentes como la suya crecen pocas en este erial.    

sábado, 14 de junio de 2014

Como si pasara un tren. La Trastienda.

Pues vaya tarde-noche me pasé ayer, hijos míos. Salía de ver "La casa de huéspedes" en La Trastienda con una sonrisa de oreja a oreja y feliz de la vida por haber disfrutado como un enano durante hora y pico. Y con apenas un verdejo entre función y función, entro a ver "Como si pasara un tren". Recomendada, movida y promovida por mi admirada Esther Ortega y con Carlos Guerrero (desconocido para mí), Marina Salas (adorada desde la primera vez que la vi en la tele) y María Morales. Eh... hablar de María Morales es... hablar de potencia, de poderío, de casta, de garra, de raíces, de "Todas las mujeres" y de "Los últimos días de Judas Iscariote" (un factoría de grandiosos actores y uno de los mejores montajes de hace años). 



La historia costumbrista de esa madre hiperprotectora a la que le endosan a la sobri rebelde (porrera, la pobre, esa es su rebeldía) para que se encargue de ella, es un brochazo de hiperrealismo duro y profundo hasta unos límites familiares cotidianos y salvajes. 
En todo momento es como si te hubieras metido literalmente en medio de las vidas de esta gente. La sensación es la de ir, cámara al hombro, caminando entre ellos tres. Es una mezcla de las primeras pelis de Lars Von Trier con ese toque neorrealista que le da sobre todo y especialmente la brutal María Morales. 
Carlos Guerrero hace un trabajo de esos que no te lo crees. Quiero decir, que no te creas que sea un actor haciendo de disminuido. hace un trabajo basado en el respeto y en la sensibilidad que es acojonante. Y tiene unos momentos de un lirismo salvaje demoledores.
Marina Salas está pa comérsela. Su naturalidad y su desparpajo le dan una vida a su Vale que hacen que la quieras como amiga. Querría volver a tener 17 años para hacerme colega de ella. Eso sí, una cosita... cuando habla por teléfono tiende a ponerse de espaldas. Yo no creo que sea tanto una cosa marcada por la dirección como que se siente insegura y tiende a ocultarse. No te des la vuelta, de verdad, que vas guay. 
Y María Morales. Vamos a ver... su personaje quizá así de primeras pueda parecer la típica madre protectora y cruel y poco más. Pues nada más lejos. Es de los personajes mejor dibujados y más complejos que he visto en mucho tiempo. 



SPOILER. (No sé si es spoiler, pero por si acaso)

Esta mujer se siente culpable por haber elegido un padre para su hijo. Un hijo que salió deficiente y un padre que salió cabrón. Se siente culpable por el padre y por el hijo. Un hijo al que asfixia e hiperprotege por ese sentimiento de culpabilidad y porque es lo único que tiene en el mundo. Si algo le pasar al niño, se quedaría sola del todo en el mundo. y sabe que es una inútil emocional y que no podría vivir sola. Necesita que su hijo viva más que ella y le cuida en exceso para protegerlo. Brutal. Cien mil vueltas a cuál más dura que la anterior. Y todas esas vueltas están ahí, en la carne, el las manos, en el vozarrón y sobre todo, en la mirada de María Morales. ¡Cómo mira! ¡Cómo escucha y sobre todo cómo mira! La forma en la que mira a su hijo y a su sobrina mientras ellos cantan es antológica, debería pasar a las enciclopedias de teatro y ser ejemplo para todos los estudiantes de qué es mirar de verdad. Sin ninguna duda tiene la tierra y la raza de Anna Magnani. Animales así no son frecuentes.

Historia íntima y cotidiana sobre el drama de casi cualquier familia. Las verdades desnudas de muchos porqués y de muchas heridas abiertas en nosotros.

A todo esto se encarga de darle forma, tono y ritmo Adriana Roffi. Un diez. Maestría total y sensibilidad más allá de la normal. 
Sin duda, de los espectáculos más emocionantes e intensos que he visto en mucho tiempo y lo de los tres actores, pero sobre todo, María Morales es de adoración extrema y yo en eso, soy especialista.


viernes, 14 de marzo de 2014

Retrato de familia. La Trastienda.

Haber estado otras veces en La Trastienda y haber salido encantado es jodido, porque esperas que te guste todo lo que veas allí. Y "Retrato de familia" no es que no me haya gustado, pero no me ha vuelto loco. 
Lo que siempre es peligroso es que el autor sea el director y el prota. Tener una "visión" desde fuera está bien. Y una visión profesional y que se encargue de eso, no vale la opinión de los amigos o de la gente cercana. Quizá sea lo que le falta a este espectáculo. Un ojo objetivo que solucione o gestione mejor las carencias.
El texto de por sí ya tiene lagunas. Este grupo humano y animal tiene relaciones interesantes, unas más que otras, pero en general va deambulando por terrenos indefinidos que le restan fuerza. SPOILER.



El perro por ejemplo me sobra. No me aporta nada, ni una visión alejada de los humanos ni un punto de vista distinto. Y las relaciones entre los miembros y miembras de esa familia tampoco están muy centradas. Está claro lo que le pasa a él desde que aparece. Lo que no está claro es el por qué de su forma de relacionarse con el resto. Va y viene de estado de ánimo y de código con sus hermanas un poco porque sí. Y la hermana mayor también va y viene porque sí. Se apuntan cosas pero se olvidan. Se insinúan otras pero se consumen por el camino. Es demasiado vago todo. Lo que pretende ser duro, simbólico y suavemente delicado y estremecedor se queda en atisbos. 
Los actores tampoco ayudan demasiado. No terminan de darle la fuerza que pretende el planteamiento. Aparte, el otro día hubo muchísimos fallos de texto y eso, claro, te va enfriando cada vez más. 
En fin, una historia con un fondo y unas intenciones interesantes pero que se queda a medio camino de todo. Una lástima. Bueno, siempre según mi opinión, que no deja de ser una.

lunes, 20 de enero de 2014

La carcoma. La Trastienda.

Dos veces que he ido a La Trastienda y dos funciones que me han gustado. Veremos de ahora en adelante, pero de momento llevamos pleno. También te digo que llegar y encontrarte con Fran Calvo ya es una apuesta de seriedad. Estás en un sitio de gente que ama el teatro. ¡¡Y anda que no se nota!!



Conocí a esta compañía, "Teatro de cerca" en el último Fringe y me encantaron. En esta ocasión, hacen una obra más "de cerca" todavía y se ve que es un terreno que dominan perfectamente. Un sofá, dos amigas, unas cerves y los mirones sentados en sillas alrededor. Ellas se miran, respiran, miran uno por uno a todos los del público y comienzan. Ya han marcado desde ese momento que lo que vemos es un puro y duro "ritual".
Dos amigas reunidas frente a unas cervezas (marca "La virgen", jajaja, no es broma) y empiezan a hablar. Una llora, se acaba de separar. La otra parece feliz con su churri. Y pasa lo que tiene que pasar, que sale de todo. hablan de todo, de todos, de ellas, de ellos, de relaciones, de traumas, de ascos, de pollas, de escrotos, de novios, de ir a mear juntas... en definitiva de lo que pueden hablar dos amigas que empiezan a tirar de manta. El texto de Quique Culebras está muy bien. Va a lo que va, no pretende nada más que lo que tiene y funciona de maravilla. Fresco, divertido y durito a ratos. Como la vida misma. Y encima tienes a dos actrizonas como Carmen Flores y Laura Barba que hacen que lo que ves parezca que surge en ese momento. Dar naturalidad a algo ya de por sí tan natural es muy difícil. Y ellas hablan como si estuvieran improvisando. Hablan y escuchan, y se mueven y se ríen, y se mean y se de todo con una naturalidad contagiosa. Te juro que sin ser un texto de mearte de la risa, la gente nos descojonábamos por lo que se decía y por cómo se decía. Realmente estábamos en una reunión de amigos, aunque sólo hablaran dos. 

Muy, muy, muy recomendable espectáculo con un texto divertido, natural y seco y con dos actrices que están que se salen!!!!!

miércoles, 15 de enero de 2014

Las niñas no deberían jugar al fútbol. La Trastienda.

Nunca había ido a "La Trastienda" y la verdad es que el sitio me gustó. Gente maja, que saber que les gusta el teatro. Una sala agradable, quizá un poco fría, pero agradable y más cómoda que muchas otras. Vamos, que eso de entrada ya mola, porque a veces acabas viendo cosas en cada cochiquera...
Me moría de ganas de ver a Marta Calvó así en vivo. Me vuelve loco este pedazo de actriz inconmensurable y lo de verla así en persona... coño, que me apetecía. Encima hubo momentazo bizarro. Estaba entre el público Lydia Bosch. ¡¡¡La buena y la mala de "Motivos personales" juntas!!! Jajaja, momento único.



El texto de Marta Buchaca está bien. La historia es curiosa y plantea cosas majas. ¿Qué pueden hacer tres desconocidos en un mismo coche? A partir de ahí, elaboras un puzzle, al igual que los tres personajes lleno de prejuicios, imaginación, suciedad, y todos los ingredientes que hacen que te inventes una película calenturienta a partir de dos brochazos. El resto lo pones tú.
La dirección no destaca por nada, es solvente y a pesar de varios detalles cuestionables en la trama, se deja ver de maravilla sobre todo por ser una propuesta clara, concisa y por el buen trabajo de los actores. Bueno, aclaro. Katia Klein es sorprendente. Está al borde de farfullar en muchos momentos, pero no farfulla. Está como fría y fuera de situación, pero no es verdad, porque de pronto pega un giro que te deja muerto. Tiene una forma y una naturalidad para interpretar que te deja desarmado. Y eso mola, esa novedad, esa forma particular de hacerlo me gusta. Daniel Gallardo está bien, natural, intenso, aunque quizá. por el texto, haya cosas en su personaje que no me terminen de cuadrar. Y luego está Marta Calvó. Que es que flipas con esta mujer. Compone a una bicharraca que te dan ganas de soltarle dos hostias. Pero es débil. Mira con un odio y un asco a los otros dos que te cagas pero luego les mira con sumisión. Es capaz de hacer creíble un personaje límite y además con una naturalidad impresionante. No se, es un portento de credibilidad y de entender y crear un personaje tanto física como emocionalmente. Prodigiosa.
Quizá no sea el obrón del año, pero desde luego esta función lo tiene todo para funcionar que te cagas. Una buena sala, un texto interesante y unos actores que funcionan de maravilla. Además de tener a Marta Calvó, que solo por eso merece la pena lo que sea en esta vida.