martes, 10 de junio de 2014

Lebensraum. Abadía

Otro espectáculo incluido en la programación de eso que se llama "Festival de otoño a primavera", también conocido como "la gallina", es este "Lebensraum" que nos llega de la mano de esta compañía sueco-holandesa. Espectáculo que mezcla mimo y slapstick (ese humor de caídas y golpes exagerados propios del cine mudo) y rinde un homenaje indisimulado a Buster Keaton. La obra es una especie de cuentecito en el que dos hombres conviven en el mismo espacio vital (lebensraum en alemán), un pisito enano en el que la cama es a la vez piano, la nevera es armario y hasta el papel pintado oculta sorpresas y personajes. Estos dos señores; el propio creador, Jakop Ahlbom y ese gigantesco compañero suyo, Reinier Schimmel, duermen en la misma cama pero no parecen tener más relación que la de compañeros de piso. Ambos se las ingeniarán para llevar a sus vidas a una criada mecánica (fabulosa Silke Hundertmark) acompañados por la música en directo de Alamo Race Track. 



Cuentecito sin mayores pretensiones dramáticas que la de contar una historia más o menos sencilla que ilustre el virtuosismo de los tres intérpretes sencillamente geniales. Su capacidad como mimos es gigantesca, tiene una técnica de pantomima fabulosa e incluso brillan como acróbatas.  La historia no tiene mayor carga dramática. Dos hombres, tan vagos e inútiles como complementarios deciden meter a una mujer en su vida (mejor dicho, una criada, porque no buscan una mujer sino una chacha para poder ser todavía más vagos) y eso les llevará a una espiral de caos mayor que si hubieran decidido hacer ellos solos las cosas con sus manitas, que son esas cosas que tienen algunos hombres al final de los brazos y que sirven para coger una escoba o una cazuela. 
El espectáculo es un homenaje al cine mudo, a las caídas, a las carreras, los tartazos y esos guarrazos que se pegaban, entre otros, Buster Keaton. Divertido, acelerado, virtuoso, prodigioso y muy, muy divertido. Es de esos espectáculos en los que se te pone una sonrisa boba de felicidad en el minuto uno y no se te borra hasta el final. (Salvo para algún descuelgue de mandíbula de esos de cuando flipas tanto con lo que ves que la quijada toca el suelo). Una maravilla optimista y que te hace salir flotando del teatro. Para intensidad, drama ,crítica o carga de profundidad hay otros espectáculos. Este es para gozarrrrrrr.



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