Mostrando entradas con la etiqueta Pablo Derqui. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pablo Derqui. Mostrar todas las entradas

domingo, 9 de noviembre de 2014

Desde Berlín. Matadero.

El programa de mano es como siempre, traicionero. El director viene a decir más o menos que le han pedido que escriba algo para poner ahí y que ha escrito lo que le ha dado la gana. Y poco tiene que ver con la función. En fin, peor pa él. Si ni siquiera utiliza el programa como reclamo... pero bueno. 
El texto de Juan Villoro, Juan Cavestany y Pau Miró es antiguo y al menos para mi gusto, poco interesante. Lugares comunes, personajes predecibles y poco profundos, conflictos... desvaídos y alargada en exceso. 



Dos personajes que desde que aparecen sabes de qué van ya dónde van a ir. En cinco minutos ha estallado el conflicto pero no nos han contado el proceso para llegar a donde están. Ese proceso sería lo realmente interesante. Ver a dónde han llegado sin que nos cuenten el cómo y el por qué es... una pena. Ya sé que está inspirado en las letras de las canciones de un disco de Lou Reed, y eso no lo vas a cambiar, claro, pero es que el disco es de 1973. Y entiendo que el trabajo de trasladar las canciones de un disco magistral a un texto teatral sea una proeza, pero como texto teatral, para mi gusto, flaquea. Total, que a los diez minutos ya está todo el pescado vendido. Y a la media hora la función empieza a terminar. Y termina una vez, termina una segunda vez, una tercera. Y termina varias veces porque claro, como no nos han contado lo de entre medias, la historia efectivamente no da para más y ya ha terminado. Afortunadamente Andrés Lima mete mano y rodea esta historia de una puesta en escena ocurrente, ingeniosa, potente. Con elementos atractivos y muy acertados, le da al asunto un ritmo acertado, mueve bien a los actores y saca de ellos sus mejores registros. Consigue darle al espectáculo lo que como texto le falta. Bueno, no. Rodea de atractivo un texto regulero (para mi gusto) y lo explota al máximo para sacar todo el atractivo que a veces ni tiene y para envolverlo con un papel atractivo y ponerle un lacito. Así Lima consigue que bastante gente del público se levante y grite "bravo". 



Natalie Poza está desgarrada, sucia y acabada. Fabulosa. Un poco en su tono habitual, pero tan atrayente y atractiva como siempre, y sufriendo como una loca, desgarrándose y entregando todo lo que tiene y más. Pablo Derqui comienza mirando como Roberto Zucco, pero se le pasa enseguida. Y a pesar de estar como unas maracas, es tierno, vulnerable, y tan indefenso como cualquier perro maltratador. Impresionante. Aunque quizá esté pasado de revoluciones. Yo bajaría le pedal un poco y me pondría al 9 en vez de al 11 sobre 10.
En definitiva, que ver a estas alturas una historia sabida más propia de los ochenta que de 2014 no es que sea lo más revolucionario del mundo, pero por ver a estos dos bestias y por disfrutar del saber de un Andrés Lima calmado y más íntimo, es un puntazo.       

sábado, 28 de septiembre de 2013

Roberto Zucco. Matadero.

Los terribles años ochenta, con una sociedad que de pronto era consciente de su futuro incierto. Como he leído por ahí, unos años en los que la "civilización" comenzó a asumir las culpas  de los desastres de la Historia. Y un escritor siempre descarnado que está a punto de morir por una enfermedad (como casi todas) silenciosa y traicionera que cortó de cuajo la vida y la forma de vida de mucha gente. Si en este caldo de cultivo crías a un asesino sin motivos (o con ellos, según cómo se mire) te sale "Roberto Zucco". Una especie de ángel de la muerte que rompe primero con su historia (sus padres) luego con las instituciones o los convencionalismos (el inspector) y más tarde con el futuro (el niño, algo tocahuevos de todas formas) en su huida hacia ese deseo de ser invisible y acabar cegado por el sol. En una huída como la de Antoine Doinel pero hacia convertirse en agua (el agua es transparente y es lo único que puede escapar de la prisión). Un Woyzzeck más cruel o más justiciero contra la injusticia. Todos somos asesinos en potencia y estamos esperando la señal para matarnos los unos a los otros. Roberto se adelanta a ese señal. ¿Loco? Eh... sí, supongo. ¿Un Hamlet moderno? Yo eso no se lo veo, pero bueno. Si eso, quedamos un día y nos tomamos unos vinitos hablando de esta monumental obra apocalíptica escrita por un ser herido de muerte. Esa muerte tan caprichosa que se posa en quien se posa como lo hizo con él sin razón aparente. Y si Roberto es repugnante en sus actos, no lo son menos casi todos los seres que le rodean. ¿O es peor matar que vender a tu hermana? Las mujeres son vírgenes, putas, madres o seres traicioneros. Hay hombres perdidos (con el señor del metro, tan perdido por "salirse" de la norma como Roberto), policías filosóficos, chulos, macarras traidores. La fauna y flora que rodea a Roberto esta tan podrida como él.



Pero vamos a lo que vamos. Este montaje. La escenografía es llamativa, parece una casita de muñecas con espacios cerrados y agobiantes. Como las celdas de un panal de abejas donde cada uno cumple su cometido. Está bien planteada y bien utilizada. Aunque suena a ya vista. Pero bueno, bien. Música muy bien elegida y muy bien metida. Lo malo es que a mí en concreto, el "Guarda che luna" de Fred Buscaglione me lleva directamente a "La ley del deseo", donde otro asesino, en justo cuando cuando suena esta canción, está matando al enamorado del prota. Es lo que tiene la memoria emocional. Te lleva a donde ella quiere. Y a mí en ese momento me sacó del teatro y me llevó a mi adolescencia.
Dirección escénica... bien. No hay grandes descubrimientos pero lo que se ve funciona. Salvo la dirección actoral. Oriol Guinart está muy bien. Me gustó mucho todo lo que hizo y el tono en el que lo hizo. Xabier Boada me gustó en la escena del metro. Pero es que me encanta la escena del metro.
El resto... estan todos gritones y en un tono... que es lo opuesto a Pablo Derqui. Rosa Gámiz no se cree ni de lejos nada de lo que le está pasando y se dedica a enfatizar de una forma artificiosa  cada palabra que dice. Y grita, grita mucho. La familia en general grita mucho, todos en general gritan mucho. Como si gritando le fueran a dar más intensidad. Al final se convierte todo en un batiburrillo de peña gritando desaforadamente hasta para darse los buenos días, como si así el público se fuera a estremecer más. Claro que sale Pablo Derqui, mira de reojillo sin decir una palabra y te cagas vivo. Eso sí es intensidad, señores.
Laia Marull, está hipergritona en toda la parte de la hermana, la virgen, la enterrada viva. Tan gritona que se ahoga ella sola. Y el monólogo de "los machos del mundo" no funciona. Reconozco que ella se esforzaba y se forzaba en cada frase por darle intensidad, pero no. Algo en ella hacía que no le pillara el punto. Y si algo así no es orgánico y sale de dentro, pasa lo que pasa. Que acabas poniendo caras e intentando buscar intensidad donde no la hay, y por mucho que hagas que lloras, no se te cae ni una sola lágrima. Y si tú no  lloras, el público tampoco. Ya claro, luego está Pablo Derqui. Con una sola mirada reune más intensidad que todos sus compañeros juntos. Es una auténtica bestia escénica. Es como si Julio Manrique le hubiera dedicado todos sus esfuerzos en buscar la verdad en él y se hubiera olvidado de sus compis. Hay un abismo entre Derqui y el resto. Y eso no mola. Pero sólo por ver y aprender de Derqui, vale la pena ir a ver "Roberto Zucco".      
"Todos tenemos que morir, y eso hace que los pájaros canten, que los pájaros rían". "No quiero olvidar que has matado a tu padre, y tu dulzura me haría olvidarlo todo". Frases del texto que en  este caso está por encima de los actores y del montaje, aunque Pablo Derqui vuele por otras constelaciones por encima del resto.