Amos a ver, lo dirige José Manuel Carrasco, el director de "Nuestro hermano", con lo cual, categoría asegurada. Y a esto le añades a una mala bestia como Ana Rayo. Pues claro, ¿qué te vas a esperar? Pues un obrón de tomo y lomo con los ingredientes que más me gustan. Bueno, unos de los que más me gustan.
A la mayoría de las cosas de las que escribo las llamo "espectáculos". Pero "La vida en blanco" entra en la categoría de radiografías, terapias o casi liturgias.
¿Existe algo más difícil que escribir sobre un ser gris? Gris de normal, de poco sobresaliente, no de aburrido. No hay vidas aburridas, hay vidas sin color. Vidas en blanco. Que pueden esconder tristezas, amarguras, traumas o podredumbres tan grandes o más que las de las vidas brillantes. Una vida en blanco que desvelará a un ser incapacitado. Pobrecita, da como pena, ¿verdad? Tan sosa, tan anodina... ella misma lo dice y se confiesa así. Aunque poco a poco acabará confesando ya no sólo que su vida sea blanca, sino que está en blanco por decisión propia, por sus propias mezquindades. Es una tía asquerosa y llena de complejos que ha decidido vivir encerrada un su amargura y en su propia incapacidad. Y con todo y con eso, aunque ya no sea tan pobrecita, te sigue dando una pena que te cagas porque sufre. Y como tú te crees mejor que ella, lloras al verla. Y si ella ha llorado y moqueado como una perrrrrrra al mirar su propio interior, no ha sido porque sienta compasión de sí misma, eso sería pobre. Se ha desmontado entera porque ve y sabe que es un puto despojo. Y que ella solita se lo ha currado. Ayudada por la fatalidad, eso sí, pero ella solita. No sientes compasión, sientes una profunda tristeza negra que te pone un jersey de ochos alrededor del corazón y te hace querer llorar por las desgracias universales y por la gente que no sabe hacerlo mejor y acaba construyendo mierda. Pero sin querer, por eso te llega.
Dramón intensísimo, que te corroe el interior y te hace pensar cuántas cagadas has hecho en tu vida y por qué poco te has librado. ¿Quién no se ha sentido invisible mil veces? ¿A quién no le han dicho alguna vez que la soledad es muuuuuu mala?
Dificilísimo hacer creíble y coherente un dramón sobre un personaje gris, apagado, sin grandes pasiones ni grandes cosas. El drama de lo cotidiano, de lo real y cercano. Si es que puede ser tu vecina. O tu madre. O tú, si la suerte y/o el destino no te hubieran salvado.
A este ser vivo le presta su cuerpo y su ser total Ana Rayo. Un fenómeno de la naturaleza de esos que se producen pocas veces. Natural, gris, sufriente, vive en sus adentros todo el dramonazo y el desgarro de su personaje. Pero es que no hay personaje. Ana y esta mujer son un solo ser. Comienza en un punto chungo y jodido y como quien no quiere la cosa, se mete a pasitos en un tobogán emocional que lleva su espíritu por caminos jodidos de cojones. ESO, si no lo vives desde una interiorización de grandiosísima actriz, no funciona. Y te juro que a 30 centímetros de distancia, Ana no miente. Mi más profundísima admiración.
Joder, lo dejo porque se me ha vuelto a agarrar el corazón y ya estoy llorando como un bobo. O por mi vida en blanco. Ni lo sé.
Aquí podrás leer MI opinión sobre los espectáculos que voy viendo. Insisto en que es MI opinión, nada mas. No pretendo adoctrinar ni tener razón. Únicamente te contaré MIS razones para amar o amar menos lo que vaya viendo. El teatro son gustos y aquí leerás los míos. No soy crítico, solo necesito contarle al mundo el porqué de mis amores. Lo que puedes leer aquí es lo que yo he sentido al ver estos espectáculos. Ni más ni menos que mis sensaciones. Si a alguien le sirven, estupendo.
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viernes, 13 de diciembre de 2013
viernes, 6 de septiembre de 2013
Nuestro hermano. Fernán Gómez.
Claro, si vas a ver una función que viene de "La casa de la portera", en la que trabaja Raquel Pérez, actriz adorada por una buena parte del público entendido de Madrid, muy mal se tiene que dar para que lo que veas sea un truño. Pero ya no es que no sea un truñaco, sino que es uno de los mejores espectáculos que he visto en mucho tiempo. A ver, tiene sus "peros", pero los dejo pal final, pa no joder el ambientillo.
El texto de Alejandro Melero es inteligente, vital, doloroso, hiriente, pero sobre todo NATURAL. Pero de una naturalidad real. Estás oyendo todo el rato frases y expresiones de las de toda la vida, de las que has oído en el pueblo a tus tías y de las que le oías a tu abuela y si me apuras... a tu madre. Y esa naturalidad sincera está metida en medio de un drama cañí pero universal. Dejémoslo en que trata del reparto de una herencia. Pero entre medias se descubren unos personajes amargados, acabados, vacíos, dolorosos, egoístas y mentirosos. Menos el hermano. El chico disminuido (no sé qué palabra usar que sea la más apropiada y que no hiera). Él vive ese drama en su mundo. Un ser sincero, alegre, positivo y vital. Aunque hable como la tía revenía del pueblo que todos tenemos. Y no es un principito de una peli del señor ese criogenizado. Es de verdad. Y está mucho más vivo y feliz que sus dos hermanas. La ironía como punto de partida.
La dirección de José Manuel Carrasco es briosa, serena y congruente. Sólida y personal.
Cecilia Freire hace el papel más ingrato. Es la hermana doliente, sufridora y ceniza a la que todo le ha salido mal, pero que no duda en traicionar y sacrificar a su hermana con tal de pillar la pasta. Aunque le haga falta. Pero es mala. Pero es buena. Pero es mala. Como su personaje tiene menos "asideras" que los otros dos, parece que está peor, pero de eso nada. Está soberbia y a la altura de sus compis. Doliente pero no autocomplaciente. Con un mundo interior que se le escapa en cada mirada.
Raquel Pérez... en fin, es un ser de otro planeta. Un actor/actriz debe ser una persona preparada para todo. Sentir, entender, asimilar, digerir, canalizar, expresar, comunicar, medir, hablar y moverse. Y todo esto lo hace Raquel como si fuera lo más natural del mundo. He visto a poca gente que hable con tantísima naturalidad y con tanto por dentro. Sus toboganes emocionales son brutales y tan extremos como los saltos de octava de la soprano de Nabucco. Y Raquel es la Callas de la escena. Tiene una técnica vocal (lo siento, deformación profesional, no lo puedo evitar) como poca gente y una capacidad para llenar una mirada con todo un mundo interior (esa entrada a la mañana siguiente, mirando fijamente a su hermana es antológica). No sé, cualquier adjetivo que tenga que ver con sabiduría, calidad, emoción, y grandeza, se la aplicáis a Raquel. Hasta llegar a ese final... No se puede llegar a eso sin un proceso en medio, y Raquel lo lleva dentro y lo saca afuera. Eso es de genios.
Y luego confieso que es que soy gilipollas. No conocía a Javier Ruiz de Somavía. Y leyendo el programa de mano... leí mal y entendí (spoiler) que él era disminuido psíquico. Claro, según iba viendo la función iba flipando. Me parecía un trabajazo espeluznante. De un mérito y de una calidad que estaba flipando. ¡¡Pero qué coño!! Una vez acabada la función y cuando me había secado las lágrimas, lo busqué. ¡¡¡Era un actor interpretando el papel de un disminuido!!! Sí, soy gilipollas. Pero no lo sabía. Y entonces mi admiración y mi idolatría eterna se dispararon. Creo que JAMÁS he visto algo igual. Un trabajazo respetuoso y de una profundidad que te meas. Eso sólo se hace trabajando, trabajando y trabajando. Y trabajando desde el respeto y la investigación. ¡¡Estuve totalmente convencido de que era un disminuido todo el tiempo!! Bueno, hasta los aplausos, ahí me mosqueé.
De verdad, me emociono escribiendo. Cuando ves interpretaciones como estas, te das cuenta aún más, de lo que debería ser el trabajo de actor. Mi admiración e idolatría eternas para estos dos cíclopes de la escena.
Ahora lo chungo. Son dos bobadas, pero para rizar el rizo.
Quizá se note un poco de caída del ritmo al comienzo de la segunda parte, con el desayuno. Tardó un poco en coger ritmo de nuevo. Y el final... la imagen de ambas hermanas hundidas y acabadas, llorando mientras se dan cuenta de dónde han acabado se merece más tiempo. Y de paso, el público puede asimilar que está viendo el final. 30 segundos más de ambas llorando y el hermano... a lo suyo habrían sido ya la leche.
El texto de Alejandro Melero es inteligente, vital, doloroso, hiriente, pero sobre todo NATURAL. Pero de una naturalidad real. Estás oyendo todo el rato frases y expresiones de las de toda la vida, de las que has oído en el pueblo a tus tías y de las que le oías a tu abuela y si me apuras... a tu madre. Y esa naturalidad sincera está metida en medio de un drama cañí pero universal. Dejémoslo en que trata del reparto de una herencia. Pero entre medias se descubren unos personajes amargados, acabados, vacíos, dolorosos, egoístas y mentirosos. Menos el hermano. El chico disminuido (no sé qué palabra usar que sea la más apropiada y que no hiera). Él vive ese drama en su mundo. Un ser sincero, alegre, positivo y vital. Aunque hable como la tía revenía del pueblo que todos tenemos. Y no es un principito de una peli del señor ese criogenizado. Es de verdad. Y está mucho más vivo y feliz que sus dos hermanas. La ironía como punto de partida.
La dirección de José Manuel Carrasco es briosa, serena y congruente. Sólida y personal.
Cecilia Freire hace el papel más ingrato. Es la hermana doliente, sufridora y ceniza a la que todo le ha salido mal, pero que no duda en traicionar y sacrificar a su hermana con tal de pillar la pasta. Aunque le haga falta. Pero es mala. Pero es buena. Pero es mala. Como su personaje tiene menos "asideras" que los otros dos, parece que está peor, pero de eso nada. Está soberbia y a la altura de sus compis. Doliente pero no autocomplaciente. Con un mundo interior que se le escapa en cada mirada.
Raquel Pérez... en fin, es un ser de otro planeta. Un actor/actriz debe ser una persona preparada para todo. Sentir, entender, asimilar, digerir, canalizar, expresar, comunicar, medir, hablar y moverse. Y todo esto lo hace Raquel como si fuera lo más natural del mundo. He visto a poca gente que hable con tantísima naturalidad y con tanto por dentro. Sus toboganes emocionales son brutales y tan extremos como los saltos de octava de la soprano de Nabucco. Y Raquel es la Callas de la escena. Tiene una técnica vocal (lo siento, deformación profesional, no lo puedo evitar) como poca gente y una capacidad para llenar una mirada con todo un mundo interior (esa entrada a la mañana siguiente, mirando fijamente a su hermana es antológica). No sé, cualquier adjetivo que tenga que ver con sabiduría, calidad, emoción, y grandeza, se la aplicáis a Raquel. Hasta llegar a ese final... No se puede llegar a eso sin un proceso en medio, y Raquel lo lleva dentro y lo saca afuera. Eso es de genios.
Y luego confieso que es que soy gilipollas. No conocía a Javier Ruiz de Somavía. Y leyendo el programa de mano... leí mal y entendí (spoiler) que él era disminuido psíquico. Claro, según iba viendo la función iba flipando. Me parecía un trabajazo espeluznante. De un mérito y de una calidad que estaba flipando. ¡¡Pero qué coño!! Una vez acabada la función y cuando me había secado las lágrimas, lo busqué. ¡¡¡Era un actor interpretando el papel de un disminuido!!! Sí, soy gilipollas. Pero no lo sabía. Y entonces mi admiración y mi idolatría eterna se dispararon. Creo que JAMÁS he visto algo igual. Un trabajazo respetuoso y de una profundidad que te meas. Eso sólo se hace trabajando, trabajando y trabajando. Y trabajando desde el respeto y la investigación. ¡¡Estuve totalmente convencido de que era un disminuido todo el tiempo!! Bueno, hasta los aplausos, ahí me mosqueé.
De verdad, me emociono escribiendo. Cuando ves interpretaciones como estas, te das cuenta aún más, de lo que debería ser el trabajo de actor. Mi admiración e idolatría eternas para estos dos cíclopes de la escena.
Ahora lo chungo. Son dos bobadas, pero para rizar el rizo.
Quizá se note un poco de caída del ritmo al comienzo de la segunda parte, con el desayuno. Tardó un poco en coger ritmo de nuevo. Y el final... la imagen de ambas hermanas hundidas y acabadas, llorando mientras se dan cuenta de dónde han acabado se merece más tiempo. Y de paso, el público puede asimilar que está viendo el final. 30 segundos más de ambas llorando y el hermano... a lo suyo habrían sido ya la leche.
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