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domingo, 9 de noviembre de 2014

El Mesías. Ballet Nacional SODRE. Canal.

La coreografía de Mauricio Wainrot y que ha interpretado estos días el Ballet Nacional Sodre, dirigido por Julio Bocca es de 1996. De 1996. Y se nota.




Escenario en blanco, los bailarines de blanco impoluto y angelical. Y Haendel. Unos bancos y un ciclorama que se tiñe de rosa cuando bailan las niñas y de azulito cuando bailan los niños. Todo muy Nenuco. Y ellos brincan, saltan, giran cual angelitos entre las nubes. Giran bien, levantan la pata bien (sin locuras, sólo correctamente bien), en cuestión de equilibrios están fallones... pero bueno, todo es limpito, mono, azul, rosa, cursi, merengue... y de 1996. Es como si ahora ves un ejercicio de Podkopaieva o de Boguinskaia. Muy monas, fantásticas, pero...antiguas.
Los solistas son otra cosa. Sonia de Munck, pese a no tener un timbre demasiado apropiado para este repertorio, cumplió muy bien, cantando con seguridad y con una voz realmente muy bonita. Francisco Crespo tiene una gran voz, profunda y super chula. Cantó que te mueres. El nombre de Marta Infante es una obviedad. Es una de las grandes mezzos españolas de la actualidad. Voz amplia, preciosa, ágil, aterciopelada, dura y porosa. Me vuelve loco. Y Victor Sordo, ya he dicho en otras ocasiones que me enloquece. Tiene uno de los timbres más bellos que he oído en la vida. De un lirismo impactante y además de una técnica brutal, tiene una capacidad de afinación y de matización sobrecogedora. Me enloquece. 







La orquesta sonó fantástica dirigida con buen mano por Manuel Coves y el coro Verum hizo un trabajo prodigioso, sobre todo, para mi gusto las voces graves aunque todo el conjunto sonaba realmente acogedor y muy, muy sólido. 
Así que eso os cuento. Lo de encima del escenario muy blanco, muy puro, muy celestial y muy de Baby Mocosete pero lo de abajo, los solistas... asombrosos. Infinitamente mejor la parte musical que la visual, aunque el teatro acabó en píe y enloquecido, cosa que es de agradecer ya que ver al público enloquecido debería significar que van a volver a otro espectáculo y si la cadena sigue...  No hay nada más bonito que un teatro lleno. 

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Capella Ibérica. Auditorio Nacional.

Ya sé que este comentario es de un evento al que ya no vais a poder ir, pero me gustó tanto que lo quiero compartir con vosotros, por si acaso en alguna programación os encontráis con este grupo. Fijo que va a ser así, porque son de una calidad poco habitual y segurísimo que van a actuar en millones de sitios.



Esta formación es nueva aunque la experiencia de sus componentes es brutal. Primeras figuras de la lírica mundial, miembros del Coro Nacional de España, especialistas en música antigua... Creo que pocas veces se encuentra uno con tanto nivelazo en una agrupación que se dedica a algo tan minoritario como la música antigua.
El programa era muy atractivo, la música de la península en los años en los que Portugal formó parte de España. Bajo los reinados de Felipe II, Felipe III y Felipe IV se produjo la mayor conexión entre los músicos portugueses y españoles de la época. Cada uno aportó lo mejor de su propia escuela y "contagió" a los otros sus propios conocimientos y formas de trabajo.
La primera parte del programa fue preciosa pero la segunda fue realmente brutal . Ocho cantantes, ocho artistas cantando a capella y haciendo que el público del Auditorio acabara totalmente entregado y gritando "bravos". No es para menos.
Manuel Torrado dirige además el grupo y demuestra aparte de sus dotes como intérprete, una deliciosa sensibilidad como director. Alesander Pérez canta que te caes de espaldas de lo bonito que lo hace. Tiene un timbre precioso y una actitud respetuosa y colaboradora. Helia Martínez y Marta Infante ponen sus voces al servicio del grupo con unos timbres preciosos y una delicadeza brillante. Marta luce su poder y su enorme clase y elegancia y resulta deslumbrante. Lore Agustí tiene un torrente de voz, quizá un pelín nasal pero preciosa. Victor Sordo es de esos tenores con una voz prodigiosa ya no en torrente sino en matices y en suavidad y colorido. Ariel Hernández tiene uno de los timbres más bellos que yo he escuchado en un tenor. Y su forma de cantar es de una implicación brutal. Y me queda mi Carmen Solís. Muchos la conoceréis de sobra. Carmen es una veta de diamante en una mina, tiene una de las voces más bellas y portentosas del mundo mundial y una forma de cantar "fácil" que yo flipo. Tira parriba, tira pabajo sube, baja, sube más, baja más, todo con una facilidad y una sencillez que no he visto yo en mucha gente. Canta "fácil" y preciosísimo. Sólo falta que alguien de una jodía vez tenga un poquito de ojo y la lance a los principales teatros del mundo. Ya canta por todas partes y se pegan por ella, pero que la Netrebko y la Damrau se echen a temblar, porque cualquier día de estos, se arma la gorda y la tenemos en los estrenos del MET o de la Scala. Si no, al tiempo. Bueno pues todo ese vozarrón eterno se lo deja guardadito y saca una voz tenue y contenida para no hundir a sus compis, y para hacer lo que tiene que hacer, cantar en grupo, sin egos. Y esto lo digo por todos, todos ellos tienen voces prodigiosas y si quisieran, sus actuaciones podrían ser una lucha de gatas por ver a quién se le oye más. Pero no. Todos están en lo que tienen que estar, en cantar en grupo. Así que, ¿qué más quieres? Vozarrones, personalidades y generosidad. Un grupazo de virtuosos cantando como los ángeles y haciendo cercana y embrujadora esta música tan... digamos, lejana.
Yo no digo más, pero si queréis presumir delante de vuestros amigos de haber visto a este grupo en sus comienzos, ya podéis estar al loro y si veis el nombre "Capella Ibérica", sacad entradas desde ya.