miércoles, 8 de octubre de 2014

39 Defaults. Guindalera.

El texto originariamente escrito en inglés de de Mar Gómez Glez se estrenó en Nueva York en 2011. Desde entonces ha recorrido varios locales emblemáticos de Washington y Nueva York y ahora recala en Gindalera, de la mano de 39 productions como compañía invitada. Dirige Laura Madera. Olivier Pontini ha creado la música y Ana Adams y Juan Caballero dan vida a Ricard y a Liz, un activista y una... bueno, mejor me callo. 
Es jodido hablar de esta función sin contar de qué va, y si uno cuenta de qué va, se la carga, así que... a ver qué me sale.
Es texto parece que viene precedido de una buena acogida y de cierta "fama", según cuentan es casi un texto "de culto". Y para mi gusto, está bien, es muy interesante, tiene un tono fresquito muy cercano y te acerca sin querer a lo que te está contando sin falsas poses ni trucos más o menos encubiertos. Es lo que es. Dos jóvenes suben al apartamento de la chica. Ella parece empeñada en emborracharle. Él pasa de beber, sabe que le sienta mal. El presume y de hecho por eso está en NY, de ser un activista que ha estafado a varios bancos para demostrar que el sistema no funciona. En su delito está a justificación. No lo ha hecho para robar la pasta, no, lo ha hecho para demostrar que los bancos mienten y roban y que robar a un ladrón puede ser bueno. Ella sin embargo... recibe llamadas misteriosas y sabemos poca de ella. Poco a poco, la confianza y el buen rollo del comienzo se van convirtiendo en desconfianza, mal rollo, persecución y miradas de soslayo. ¿El delito que él comete se puede llegar a justificar? ¿Y otras cosas se justificarían igual? ¿Un delito deja de serlo si su intención en buena? ¿Hasta dónde? ¿Hasta cuánto? ¿Cuánto hay que estafar para que lo que era bueno empiece a ser malo? Todas estas diatribas se llevan adelante con un texto como digo fresquito, natural pero de verdad y sin ninguna estridencia. Así poco a poco va calando en el espectador y al final de la representación, el debate está abierto. Es un texto que plantea. Platea muchas movidas, muchas dudas y muchas cicatrices abiertas. La dignidad y el delito. La moral y la legalidad. Lo éticamente bueno y lo moralmente malo. 




Laura Madera maneja bien sus armas de directora y sin grandes trucos consigue trasladarnos su inquietud y su punto de vista estético. El ético nos lo deja para nosotros. Juan Caballero vuelve a demostrar que es el prototipo de joven del siglo XXI. Está tan natural, perfecto, simpático y cercano como siempre (menos en "Yernos que aman" donde no está lo que se dice "simpático", jeje). Dan ganas de saltar y darle un achuchón. Ana Adams está bien como neoyorquina acogotada por la situación. 
Espectáculo más que recomendable que todo el mundo debería ver. Aparte de que aquí, en este país también se va a convertir en texto de culto de aquí a nada. Fijo.    

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