domingo, 19 de octubre de 2014

Ilíada. Valle Inclán.

Yo creo que más o menos todos nos hemos leído "La Ilíada". Yo confieso que a pesar de ser una de las principales obras de la literatura universal, me armo un taco que te cagas con tantos nombres y tantos personajes. Hombre, la historia principal con Aquiles, Patroclo, Héctor, Príamo... esa la recuerdo, pero los otros cien mil personajes que aparecen, luchan y mueren... como que me lío y no consigo recordarlos en condiciones.
Tres horas y cuarenta minutos en griego con ese jari que es la Ilíada es como para aterrorizar a cualquiera. Ya venía precedida de grandes críticas tras su paso por Mérida, así que... al menos ya intuyes o casi puedes imaginar que puede ser un gran montaje, aunque el pánico sobrevuele tu mente cuando piensas en la que se te puede venir encima.  




Pero comienza la acción. Y es un torbellino imparable de imágenes, acciones, carreras, cambios, imaginación, desorden, brutalidad, simplicidad, clasicismo, pasión y coherencia. Y flipas, vaya si flipas. Cuando llega el descanso, realmente no lo necesitas, quieres más. Y el comentario es generalizado. ¡¡¡Qué ingenio y sabiduría dramática hay que tener para hacer tan divertido y entretenido un follón semejante!!! A todo esto tienes la grandiosa traducción del griego clásico al moderno y del moderno al español el gran Alberto Conejero que consigue hacer cercano y asequible ese grandioso poema épico.  A ver, yo también me dedico a eso, y sé lo jodido que es lo de los subtítulos, reducir tres frases a una y que conserve el respeto por el texto original y la grandeza de un clásico como este. Un trabajo de quitarse el sombrero. Reconozco que me perdí en muchos momentos. Quiero decir que de pronto no sabía de quién hablaban, o no ubicaba a un personaje nuevo que aparecía, luchaba y moría. Hay un problema insalvable, los micros. Si estás pendiente de los sobretítulos (normal, no entiendo ni papa de griego) las voces cuesta distinguirlas. A ver, yo me dedico a la voz desde hace 25 años. En un espectáculo con sobretítulos, cuando no hay micros, el sonido te hace situar en el espacio al actor que está hablando, pero si hay micros, las voces suenan por los altavoces, y si los actores tiene voces parecidas y no entiendes lo que dicen, yo confieso que a veces me perdía y no sabía quién hablaba. Pero bueno, a pesar de eso que además lo comento como para sacar una falta, el espectáculo es una auténtica gozada. Livanthinos dirige esta amalgama con una mano sabia, inteligente, comprendiendo el texto en toda su magnitud y profundidad y ofreciendo un recital de creación y utilización de elementos escénicos tan sencillos como efectivos. Demostración de que cuando algo es coherente y decidido no tiene por qué ser complicado. Algo como poner una escalera en la espalda de Aquiles para saber y aceptar que ese es el Aquiles guerrero o mover todos los brazos para saber que están corriendo. Todo esto en un espacio escénico con los elementos justos y necesarios, pero de una inventiva y una utilización magistrales. La música y "banda sonora" en directo, prodigiosa, los actores, del primero al último soberbios. Los personajes definidos con las pinceladas justas. Zeus y su familia de dioses están dibujados con los trazos justos y precisos y los guerreros de ambos bandos exactamente igual. Precisión, concreción y definición. Todos estos elementos para construir un entramado complicadísimo de seguir, pero curiosamente ameno, divertidísmo, entretenidísimo, liviano (dentro de la grandiosidad del texto y de la magnitud del montaje) y que sinceramente, pasa volando, porque cuando las cosas están hechas desde la sabiduría y el trabajo titánico de todo el equipo la calidez y calidad de un espectáculo traspasa el escenario e invade al espectador de TEATRO con mayúsculas. Ah, otra prueba más de que el ciclo "Una mirada al mundo" es casi tan interesante como el "Festival de otoño a primavera". Una excusa perfecta para traer el mejor teatro que se hace fuera de España.  


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