sábado, 28 de noviembre de 2015

Bangkok. Sala de la Princesa.

Fernando Sansegundo y Dafnis Balduz están muy bien. Ellos va, vienen, mueven la escenografía, se suben en los asientos, cambian, gritan, susurran, se enfrentan, ganan, pierden, suben y bajan. Y todo lo hacen muy bien. Incluso están muy naturales y creíbles. Escenografía, vestuario, iluminación también bien. Pero claro, es que el texto a mí no me provoca nada. Salgo igual que entro y durante la función, desenchufo varias veces y repaso la lista de la compra. SPOILER. No leas más y si lees no te quejes, que yo te lo he avisado.




Utilizar un aeropuerto vacío para situar esta acción es un recurso poco interesante, la metáfora es tan simplista que a mí no me embauca. Sí, es un símbolo de estos tiempos corruptos, degenerados, sucios y podridos. Vale, si no es eso, si la metáfora es clara. Pero es que de clara resulta evidente.  Y a mí lo evidente no me motiva na de na. Luego la acción tampoco me atrae mucho. El señor que acaba siendo un mercenario y el empleado revenío que es una víctima de la crisis y un revolucionario en la sombra... son lugares comunes poco interesantes. Ni me creo a ese segurata como activista en la sombra, ni su discurso, pese a ser intelectualmente cercano a mí, tiene un desarrollo tan simplista que no me toca. Ni me creo a ese hombre ni me interesa. Y lo que dice está bine, lo de los bancos, lo de los gobiernos hipócritas, lo de la corrupción, lo del asco... pero como que no me cala. Y el supuesto giro dramático para darle intriga a la acción tampoco me sorprende ni me provoca demasiado. 
Así que por eso te digo, jajaja, que ni el texto me interesa nada ni a dirección me parece que pase de correcta y efectiva. Eso sí, luz, escenografía y actores competentes, buenos, muy buenos y muy, pero que muy entregados y por encima del producto.  

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