sábado, 16 de enero de 2016

El grito en el cielo. Teatro Español.

A mí La Zaranda me gustan. Me gusta su forma de ver, de analizar y de trabajar. 
También me gusta mucho Fellini, pero no "La voce della luna". Quiero decir, que por mucho que alguien te guste y por mucho que compartas su forma de trabajar y su visión de las cosas, el hecho teatral es otra cosa. Ese fenómeno se produce cada noche y hay veces en las que lo que ves te toca y te cambia. Y no es una frase hecha, el teatro te cambia, te tiene que cambiar, no sales igual después de una función. No deberías. 
Lo chungo es cuando sales igual que has entrado, cuando lo que ves no te toca. 



"El grito en el cielo" es un texto de Eusebio Calonge dirigido por Paco de la Zaranda utilizando muchos de sus conceptos habituales. Sin embargo en esta ocasión el texto para mi gusto se queda reducido a unos chistes repetitivos, un conflicto poco emocionante y una resolución... delicada. Un grupo de ancianos, aparcados en una residencia (no sabemos si están aparcados allí o si se han aparcado ellos, aunque quizá eso sea lo de menos) y con el único aliciente de las diferentes terapias a las que les van sometiendo sirven para mostrarnos el patetismo de unos seres vapuleados y muy poco dueños de su destino. Yo conozco la vida de las residencias de ancianos y es triste. La que yo conozco. Pero el patetismo de esos pobres señores me pareció... exagerado. Y no me mola verlo. Pero no porque me haga daño y me escueza, sino porque encima ni me hace daño ni me escuece. Sólo me parece demasiado patético, demasiado buscado. No me cuela, no me engaña, no me lleva, no me afecta, no me toca y no me cambia. E insisto en que es una pena porque no hay nada que me guste más que disfrutar en el teatro. Pero curiosamente esa tarde no se produjo ninguna magia conmigo. Y me quedé frío. Incluso escuchando "Tannhäuser", que mira que me gusta. La imagen del muerto escapando de su propio destino y regresando a la vida para intentar huir de su destino o el uso del teatro como paliativo a su "sufrimiento" pero perdiendo su esencia creativa e inspiradora son interesantes pero se quedan un poco en eso, en apuntes.  
Las luces del propio Calonge tampoco me llevan a ningún sitio. Demasiado claroscuro y demasiado intento de efecto. Me resultaron premeditadas y creando una oscuridad ambiental que me trasmitía poco.
La huida de este grupo hacia... alguna parte es ingeniosa y ahí sí caí cautivado. Sin embargo la resolución volvió a alejarme. Y no sólo intelectualmente, que también sino formalmente. Se me volvió a escurrir entre los dedos la emoción. E insisto que no porque a mí lo de río de aguas cristalinas y estrellitas de importe un pito. Mis creencias trascendentales son muy mías y no es que no coincidan con las de esta función, sino que las de esta función no provocaron nada en mí, aparte del gustito de escuchar la música de Wagner.  



En definitiva, una propuesta a la que le vi el cartón y que no me enganchó. Ellos trabajan en su línea y si te gusta La Zaranda, ahí están ellos, pero confieso que no me tocaron. 
Tampoco entiendo tantísima risa desde el principio. Aunque esas risas se fueron acallando con el tiempo.

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