domingo, 31 de enero de 2016

La flauta mágica. Teatro Real.

De pequeño, recuerdo que en Valladolid, en la feria, ponían todos los años una caseta en la que por los altavoces anunciaban a gritos "la mujer cordero, la mujer corderoooo". Mis padres nunca me dejaron entrar, lógico, pero con el tiempo supe que aquello que anunciaban como un fenómeno de la naturaleza en realidad era una especie de escalera en la que había un pellejo de oveja espatarrao y un agujero por donde asomaba la cabeza de una mujer con una capucha de peluche. Pues algo así resultaba la pobre Reina de la Noche subida a la plataforma esa y con el cuerpo de la araña rodeando su cabeza. 



La ópera para mi forma de entenderla, es teatro cantado. Teatro, tres dimensiones, fondo, profundidad, planos, espacio, aire, en fin, espacio escénico. La flauta del Real es una proyección bien cantada. Pero es una peli.. No, mejor dicho, es teatro en dos dimensiones. La proyección sobre una pantalla blanca de imágenes deja a los intérpretes limitados a moverse de derecha a izquierda y los dibujitos, de arriba a abajo. Limitar tantísimo el movimiento escénico es empobrecerlo. Vale que lo que vemos es muy mono y queda cachondo a veces, pero es cargarse la esencia del teatro. Reducirlo a dos dimensiones es restar. Insisto, el resultado es chulo, es mono de ver, y resulta curioso ver a la Reina de la noche convertida en una araña gigante. De otra forma sería casi imposible, aunque... la araña del "Roberto Devereux" funcionó muy bien. Pero bueno.    
La expresividad de los actores/cantantes queda reducida a casi nada. Salen, se ponen en la marca, cantan expresando casi únicamente con la cara e interactúan poco entre ellos. Normal, no pueden. Queda monísimo ver cómo justo cuando levantan un dedo, sale volando un pajarito de dibujos. Sí, muy mono. Pero ya. Vamos, que si nos ponemos finos finos... llamar "dirección de escena" a ese trabajo... Quizá debería ser "diseño visual" o "animación" o "concepto visual". No sé. 



Luego no hay que olvidar que "La flauta" es un singspiel y talar directamente los diálogos y dejarlos en unos carteles de cine mudo producen efectos como que las apariciones de la Reina son inexplicables y no sabes qué pinta ahí ni qué quiere. Y por supuesto aniquila la búsqueda Papageno de una mujer. Sus "encuentros" con la anciana son vitales. No sé, pero reducir esos momentos hablados a carteles es como querer convertir todo en una peli de cine mudo. Peeero si fuera cine mudo, ¿por qué cantan los intérpretes? ¿No deberían actuar sólo gesticulando como en una peli muda mientras los cantantes cantan fuera del escenario? Además, acompañar esos carteles escuetos con un piano amplificado por altavoces como que tampoco procede.   

Bueno, creo que está claro que estéticamente no me gustó mucho esta producción. Es mono de ver, y divertido y curioso (aunque si ya has visto cosas de 1927 no te llama tanto la atención, pero bueno) pero ya. 
Ivor Bolton me da que había quedado para cenar porque metió una caña que ni te cuento. Tras una obertura caótica y bastante atropellada y monótona metió el turbo y literalmente se cargó desde el "Dies bildnis" al  "O zittre nicht" pasando por el bellísimo "Der, welcher wandert..." . Los pobres cantaban todo a toda leche y la único que consiguió salirse con la suya y domar a la orquesta fue Sophie Bevan en el famoso "Ach, ich fühl's", un prodigio de belleza y sutileza. Batuta monótona, sin brillo ni la alegría y el pellizco que pide Mozart en unos momentos ni el lirismo y profundidad que pide en otros. 



Vocalmente fue otra historia. Joel Prieto cantó como los ángeles. Tiene un timbre precioso y es un gran actor. Cantó precioso y pese a las limitaciones interpretativas que sufría por la "puesta en escena", transmitió gran poderío y una solidez brutales. Sophie Bevan tiene mucha voz, muchísima. Un timbre chulo aunque para mi gusto, no muy mozartiano. Pero cantó de maravilla, precioso y es muy buena actriz. Eso sí, en la escena del suicidio quizá cantó demasiado. Para mi gusto, es un cuarteto y pareció más un trío mas una solista. Joan Martín-Royo fabuloso. Además de cantar de forma sencillamente perfecta, es un gran actor y dio vida a un Buster Keaton apagado, tristón y superviviente. Magistral. Chistof Fischesser cantó bien toda la parte media, pero las notas más graves y peligrosas no consiguió darlas y tuvo algún problema de emisión (y lo vi desde la fila 5, ni te cuento desde la fila 12 o desde arriba). Bien las tres damas y los niños. Mikeldi Atxalandabaso cantó de maravilla el Monostatos, lleno de expresividad y maldad y con una voz apropiadísima y muy, muy chula. Aunque claro, escuchar cómo se habla de su "piel negra" cuando va disfrazado de Nosferatu...Pero vamos, él fabuloso. Ana Durlovski dio todas las notas. Y las dio de forma sólida y solvente, es evidente que no tiene problemas con la coloratura. Pero cantó bajito, con muy poca proyección. Canta bien, muy bien, pero muy bajito. Y ella además si que no movió ni un músculo. Airam Hernández y David Sánchez estuvieron maravillosos como los hombres armados. Su breve y bellísima intervención fue uno de los momentos más vibrantes y mágicos de la noche. 



En resumen, una producción vistosa y que conecta de maravilla con el público. Quizá como ya conocía el trabajo de 1927 a mí no me convenció y sinceramente creo que reducir el juego escénico a dos dimensiones lo que hace es restar en vez de sumar. Utilizar a Buster Keaton, a Nosferatu, al Dr. Caligari, a Louise Brooks y... a no se sabe quién más es como siempre, una opción aunque para mi gusto es simplemente vistosa y poco coherente. Sólo sale ganando Papageno, porque el personaje parece tener una expresividad más lógica. Vocalmente fue de un nivel muy, muy alto con algún elemento regulero, pero en general es un buen espectáculo. Sólo bueno, aunque triunfe y lleve años triunfando. Pero es porque visualmente es llamativo. Enhorabuena a los cantantes.  
Otra cosa; ¿por qué la flauta mágica es un hada tipo Campanilla?    

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