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sábado, 31 de mayo de 2014

Compañía Nacional de Danza. Teatro Real.

Todos somos muy españoles y muy patrios cuando se trata de fardar. Nos encanta que la selección de fútbol gane mundiales, que las niñas de rítmica queden por delante de las búlgaras, que Ruth Beitia se lleve un bronce, etc... Pero para eso hay que trabajar. Los bailarines son probablemente, junto con los atletas y gimnastas los que llevan su cuerpo más al límite para ser los mejores, los que más levantan la pata y los que más saltan. Pero para poder serlo y que el resto podamos fardar de tener una gran compañía de danza, estos monstruos deben practicar, prepararse, calentar, hacer barra y mil ejercicios y ensayar millones de horas. Si no, no podrán bailar como bailan, que es como nos gusta a los que luego fardamos de tener una gran compañía de danza. Exactamente lo mismo digo de músicos y de cantantes. Son artistas, necesitan prepararse muchísimo, estudiar cada día, practicar, calentar y ensayar para que los españoles podamos fardar. Son artistas en continua formación y desarrollo, no son funcionarios de ventanilla. Y sus horas de preparación NO son horas extras.

Tuve la desgracia y la suerte de ir el jueves al Real a ver a mi amada Compañía Nacional de danza. La desgracia porque justo ese día no bailaba mi adorado y admiradísimo hasta la eternidad Isaac Montllor. Y la suerte porque así pude ver al resto de sus compañeros, todos maravillosos y admirables. Especialmente mis admiradísimos Daan Vervoort, Tamako Akiyama y sobre todo, Jessica Lyall.
El programa, confieso que me pareció algo irregular. Supongo que hay que demostrar una poco que se baila de todo, que no hay especialización, que todo el mundo esté tranquilo. Y hay que contentar a todo el público. A los más osados y a la señora que tenía a mi lado, que se durmió todo el "Casi-Casa". El "Allegro brillante" de Balanchine me pareció irregular. La pareja me resultó regular aunque se fueron calentando poco a poco y acabaron bastante más centrados de como empezaron. Las niñas estuvieron imprecisas y descoordinadas. No digo que fuera un churro pero fue bastante más flojo que el resto del programa. La "Delibes suite" de Martínez sin embrago me pareció una delicia. La coreo es suave, rigurosa, delicada y bellísima y los dos artistas estuvieron fantásticos.   


    
Claro que es que luego vino "In the middle, somewhat elevated" de Forsythe y yo toqué el cielo. A ver si me explico sin que nadie se me ofenda... ESTO es lo que baila mejor mi amada CND. Ser buenísimos en clásico es muy difícil. Tienes a todos los rusos que es que levantan la pata casi desde que nacen. Alcanzar el nivelamen de los mejores es casi imposible. Pero es neoclásico o contemporáneo nuestros artistas (apelo a la cosa patria para enfatizar el mensaje, claro) son punteros. Aquí además la música enlatada funcionó infinitamente mejor que en la primera parte. Y nuestros artistas demostraron ya no solo que bailan que te cagas, sino que entienden mejor este repertorio y que este reto gigantesco que es la coreo de Forsythe lo hacen con la punta la polla (y con millones de horas de preparación, claro) Fabulosos, potentes, intensos, relajados, y con un nivel de comunicación con el patio de butacas brillante.
Y si servidor creía haber tocado el cielo pero lo que faltaba fue incluso mejor. Mejor no, distinto y tan bueno como el Forsythe. O mejor, no sé. Es que los artistas de "Casi-Casa" son mis favoritos (junto con mi adorado y admiradísimo hasta la eternidad, Isaac Montllor) y claro, a uno le pueden las pasiones, es lo que tengo. 
La coreo de Mats Ek es magistral, es una puta pasada. Tiene todo lo que me gusta y lo que me pone. Y nuestros artistas la entienden y la transmiten con una fuerza gigantesca. Es como ver a Laurence Olivier interpretando a Shakespeare. Han nacido para bailar eso y así. 




"Televisión" magistral, no se puede bailar mejor ni que parezca más fácil. Lucio Vidal, soberbio. Con "La cocina" pasa una cosa. Y es que tanto Tamako como Daan son dos prodigios de la naturaleza. Son de esos seres que yo no me los imagino caminando como el resto. Parece como si su gestualidad natural fuera la danza. Usando otra comparación de esas seguramente odiosas; igual que la forma natural de expresarse de María Callas era cantando, la forma natural de expresarse de estos dos seres sobrehumanos es danzar. No es que tengan asumidos los movimientos sino que parecen su forma natural de moverse por el mundo. Vamos, que si un día me cruzo con Tamako por La Latina y va bailando, me parecerá lo más normal. Es tal la integración del artista con su trabajo que no me lo puedo imaginar de otra forma. Y una vez tocado el cielo, comprobado que existe y no querer moverme de ahí, aparece esa hada llamada Jessica Lyall y yo quiero morir sólo para poder resucitar y volver a verla. Su fragilidad, su carita, su virtuosismo, su hacer fácil lo difícil, y sobre todo esa forma de interpretar con su cara cada movimiento que hace la convierten en única. Deberían bailar su dúo dos veces. Una para disfrutar de sus movimientos y otra para disfrutar de sus gestos y de su cara. Es una actriz bailando. Una gran actriz. Y eso a mí me gana.  



Así que, señores míos de Hacienda o del gobierno o de dónde sea... por dios, dénse cuenta de que no todos los funcionarios son iguales. El arte y la creación artísticas son otra cosa. No sólo hay que protegerlas y fomentarlas, sino cuidarlas y saber que sin preparación constante y rigurosa, no podremos tener un conjunto de rítmica que mole, ni una orquesta o un coro nacionales que sean nuestro orgullo o unas compañías de danza que se puedan exportar. Lucirnos en estos temas  también es lucir eso que ustedes llaman "marca España".      

lunes, 10 de febrero de 2014

Nippon-Koku. CND. Matadero.

Primera colaboración entre mi amada CND y La Veronal. Y no sé por qué me da a mi que esto sólo acaba de empezar. La forma de crear de La Veronal, o de Marcos Morau como coreógrafo le pega mucho a mi amada CND. Y eso que es un tipo de gestualidad y de movimientos distintos a los habituales en esta compañía, pero parece que los entienden y los viven y sienten con una naturalidad pasmosa.  
Nippon-Koku forma parte de la serie sobre capitales mundiales. Así pues, ya no es tanto una creación de la CND como de La Veronal con el elenco de la CND.




Lo primero que tengo que destacar, sobre todo porque me da la gana, jeje, es la música. El prolífico Luismi Cobo está solicitadísimo últimamente, y no es para menos. Cada cosa que crea, es un acierto. Coño, y la música para este espectáculo de danza no era nada fácil. Como siempre... sobresaliente. 
La coreografía me gustó en general, aunque, dentro de mi conocida ignorancia en temas danzísticos, hubo alguna cosa que me rechinó un poco. Me explico. Por ejemplo, durante la primera parte, antes de que se abriera el espacio, toda la coreografía me parecía bellísima, con una expresividad gigante y perfectamente adecuada a ese espacio premeditadamente reducido. Pero cuando se abrieron las cortinas y el espacio se agrandó, la gestualidad siguió en la misma línea, como si el cambio de espacio no hubiera afectado. Y un cambio de espacio no solo es un cambio estético, sino que en el espíritu del montaje, en la respiración del espectáculo tiene por narices que influir de alguna manera. Yo al menos no noté gran diferencia, como si solo se hubiera cambiado de marco pero no de estado de ánimo. Como siempre, no sé si me explico. Y también me rechinaron los excesivos movimientos de Mattia Russo como si fuera Gollum. No me gustaba nada cómo el pobre estaba con la espalda curvada, dando una imagen fea fea, cuando es un bailarín inmenso e intenso. Que me parecía feote lo que tenía que hacer, vamos. 
La imagen de la geisha, los suicidios en masa, la nieve, ciertas luces... elementos bellos no, bellísimos. Y una coreografía totalmente personal que sacaba lo mejor de los bailarines en muchos momentos y creaba imágenes impactantes. Ese momento tirano/manipulado/sombrilla fue brillante y celestial. Lo que tengo son dos dudas que por no ponerlas aquí y quedar fatal , las consultaré en privado. Además no tienen que ver con este comentario/crítica. 




Ah, por supuesto lo de Tamako Akiyama no tiene palabras. Divina vocal y físicamente. 
Y mira, si no  lo digo, reviento, así que lo diré. Es conocida mi devoción por Isaac Montllor y me llevé el disgusto de la tarde al ver que no ha podido participar en este montaje. 
Otra vez más, José Carlos Martínez ha apostado por lo novedoso y otra vez más ha vuelto a acertar.