jueves, 24 de abril de 2014

Misántropo. Teatro Español.

Yo no sé si alguna vez había salido del teatro tan seguro de haber visto el espectáculo del año. Bueno, alguna sí, pero contaditas con los dedos de una mano. Ya veremos si no se llevan todos los premios habidos y por haber del mundo mundial e interestelar.
Y mira que en el ensayo general estaba el patio hasta arriba de colegas y de compañeros. Coño, eso ayuda si ayuda, pero te lo pone más difícil, por el altísimo nivel de responsabilidad. Y sí, es un ensayo, y está permitido que pase de todo. Y lo único que pasó fue que se produjo esa "magia" del teatro desde el segundo uno hasta que terminó la función. Hora y tres cuartos de maestría en todos y cada uno de los ingredientes de este monumento a la alta gastronomía teatral.




Acertadísima y amarga adaptación al siglo XXI del clásico de Molière. Pasan los siglos y seguimos prácticamente igual. Una parte buscando y anhelando e incluso exigiendo la verdad y otra parte escamoteándola, ya sea con "buenas" intenciones o con intereses más infames. Lo bueno o lo malo es que te sientes identificado con demasiados personajes. De una forma directamente proporcional al nivel de autosinceridad. Por supuesto yo me sentí identificado totalmente con Alcestes, con ese buscador de la verdad cueste lo que cueste. No soporta, se pone enfermo con cualquier atisbo de falsedad o de querer "decorar" la verdad. Quiere que el "punto de partida" sea la verdad descarnada. Y luego ya, a partir de ahí, hablamos. Pero... todos somos seres sociales, y ahí es donde te identificas con Filinto. Muchas veces actuamos como Celimena (cariñoooo, qué guapa estásssss, he visto que estás en el off, cuánto me alegroooo...) aunque en el fondo seamos unas Arsinoés de la vida (ya, bueno, la sala es una mierrrrda pero se nota que tú vales para todo, cariñooo, y total, llevas tannnto tiempo sin hacer nada, que supongo que te compensará...) Buscamos muchas veces la adulación a toda costa que nos engorde el ego cual Orontes y desearíamos ser unas Eliantas, el personaje más sincero consigo aunque más amargo y vapuleado. Cada uno de estos seres se tiene además muy currada la justificación a sus actos (autoprotección se llama eso, ¿no?) Un poco como todos, creo. La única salida a este caos de sinceridades es la huida, el destierro. 
Este mejunje de frustraciones explotan en un sucio callejón. En la parte de atrás de un tugurio donde se celebra una fiestuki de alto nivelamen. Podía haber sido en un palacio, sí, pero seguramente en un palacio no habrían salido las "verdades" tan bien como en ese rincón donde meas, te metes unos rayajos, te bebes los culines que pillas, te cuentas un secreto o le das un poco al sexo exprés.
Versión amarga de una sociedad que no avanza y que sigue luchando entre la verdad y las formas igual que hace siglos.




El montaje no tiene desperdicio. El vestuario de Ana López, preciosísimo. La escenografía de Eduardo Moreno, un icono que pasará a la historia. La coreografía de Carlota Ferrer... inenarrable. Música, canciones, sonido... impecables. Especialmente el tratamiento sonoro general es prodigioso. La iluminación de Juanjo Llorens de libro. Todo, absolutamente todo es impecable, preciso y precioso. No se puede hacer mejor. 
La dirección de escena es magistral. Perfecta. El manejo de los tiempos, la dirección de actores, la nitidez del concepto en sí, la clarividencia de lo que se quiere contar... El uso de ciertos recursos (cambios de luz, de velocidad, la cámara lenta, los espacios, las sombras) es asombroso. No se puede poner ninguna pega, sino quitarse el sombrero una y otra vez. 
Y el equipo de actores es sencillamente prodigioso. Israel Elejalde repito y repetiré mil veces que es un ser tocado por los dioses. Bárbara Lennie está natural, elegante, bella, dura, enamorada, amarga y amargada. Raúl Prieto hace sin duda, el mejor papel de su vida. Cristóbal Suárez quizá tenga el personaje de trazo más "grueso" pero hacerlo desde el respeto y desde la coherencia es difícil. Está magistral.  José Luis Martínez demuestra una maestría y un dominio absolutos. Miriam Montilla está dulce, abatida, ninguneada, valorada. Es el personaje más bello y encantador y así está ella. Y con una presencia escénica brutal. Y Manuela Paso. Es que está para comérsela. Cachondísima en su primera aportación y magistral en su Arsinoé. Es la típica amiga que te mataría. Perfecta como viborona repelente. Es la señorita Rottenmeier que querrías matar por hijadeputa. Pero hacer eso sin hacer un estereotipo sino dándole verdad y queriendo al personaje es dificilísimo, pero tenemos a una de las más grandes actrices del país. Inconmensurable. 




Así que... si juntas a un reparto en total y absoluto estado de gracia con una iluminación, un vestuario, un sonido, una música, una escenografía, un movimiento escénico y una coreografía prodigiosas y pones todo eso en manos de un director magistral, perfecto, coherente, sabio, impoluto y con un sentido global apabullante, sólo te puede salir  el sin duda, mejor montaje del año. Cualquier detalle que se te ocurra de una puesta en escena, sólo tiene una definición en este "Misántropo". La palabra que define TODO en esta función.  PERFECCIÓN.

  

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