lunes, 12 de mayo de 2014

Las plantas (2). Sala Mirador.




Lo primero que tienes que hacer es darle al buscador ese chiquitito que tienes por ahí a la dere y buscar lo que escribí en su momento, la primera vez que vi "Las plantas". Cuando lo hayas leído, entonces vuelves a este segundo pensamiento. Es una forma de hablar, claro, porque "pensar" es lo peor que se puede hacer en esta función. Bueno, no, lo pero es llamarlo "función". Lo dije y lo repito, es directamente una ouija. Un numerazo de espiritismo en el que un personaje se apodera del cuerpo de una actriz médium y esa actriz se apodera, nos roba e invade nuestros entresijos, nuestras criadillas, nuestras tripas, nuestras lefas, nos retuerce y nos estruja el corazón y la pena y luego nos suelta otra vez a la vida para que te las apañes como puedas. Y yo no puedo. Yo después de que me hayan hurgado en la pena, y me hayan diseccionado de esa forma las negruras que he vivido y que he enterrado en el fondo de mi alma para poder sobrevivir, no puedo salir a la calle y mirar el sol. Necesito llorarmelo, curarme con lo que pueda, con música, con un abrazo de Estefanía (de los dioses) y de los Santos o suicidándome. No hay alivio para tanto dolor. 




Habitación a un lado del patio. Fani tirada en bolas. Suena la música y ella se despereza. Y se le empieza a llenar la cara de dolor. Se transforma, con la consciencia de estar despierta toma consciencia de que está sola y de que le duele. Y con ese cuerpo bello y esos ojos bellos y esa sonrisa bella a mi ya me ha hipnotizado y me lleva con ella. Como en esas pelis de fantasmas, mi espíritu o lo que sea eso que es como translúcido y vuela abandona mi cuerpo y me voy con Fani, 
El mago San Pablo la ha vuelto a liar. Ha cogido la parte más dolorosa del dolor, la pena más pena de las penas negras, la ha mezclado con lefa, con tres bromas más amargas que la pena, te las suelta, te revuelca por el dolor más secreto e íntimo, te lo pone delante impunemente y ahí te deja. y tú tienes que saber qué hacer con eso. Yo no sé. Si es que todo bicho amante ha pasado por algo así en su vida. Todos sabemos de qué nos están hablando. Yo son sentimientos que me tengo capados por pura supervivencia. Y hostias, que me los arranquen así, me los suelten a la cara y se piren... duele que te cagas. 




Mi Estefanía lo dice clarito: "prometo daros lo mejor de mí". Y te da lo mejor, vaya que sí. Y te pone delante el dolor más negro que te puedas imaginar. Y vas viendo con ella el cuerpo del tío que está tirado ahí en medio. Y su ombligo perfecto. Y el pollón. Y ves a su abuelo, y te mueres por un helado de pistacho. Y te preguntas por qué sabes que duele el amor si nunca has visto ni el dolor ni el amor. Pero es como los helados de pistacho. Cuando no sabes qué es un pistacho no te gustan. ¿Se puede ser más incongruente? Pues sí, claro que se puede. Si hasta sufrimos por amor. O por no tenerlo. Bueno, pero sí sabemos que hay algo que duele. Que duele mucho. 
Mi Estefanía se acerca a las plantas y les dice: "dadme un abrazo". En ese momento David decide dejarse de chorradas, dejarse llevar y suelta su primera lágrima. Es tan triste...
Y de ahí un no parar. Todo me duele, todo me destroza por dentro. Todos los sitios por los que me lleva mi Estefanía son los que más me duelen. Pero a ella se lo consiento porque a ella le duele más. Ella es la que desde el fondo del pozo miró a su amigo y supo que era amor. Ese amigo que antes era mayor que ella pero ahora ya no, porque murió (ahí se me vienen a las tripas todos mis amigos muertos y que también se quedaron más jóvenes) y ya no puedo llorar más. Toda la pena universal está en mis entrañas. 
Y decido salir a caminar hasta que no pueda más. Y me paro porque no puedo más. Pero sigo porque es mentira. Cagoentó. No puedo seguir. Os aseguro que no es una figura ni una exageración ni nada, es verdad absoluta, en mi puta vida hay un antes y un después de haber visto "Las plantas".




Y ahora me voy a comer un solomillazo bien rojo.            

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