"¿Te imaginas tirar un dado 60000 veces?" dice ella, Marianne a Roland. Y lo hacen, tiran el dado de la posibilidad cien mil veces y nosotros vemos lo frágil y estable que el el destino, el futuro, la vida, la posibilidad. Ella es profesora de física cuántica y él, apicultor y urbanita. No es caprichoso tampoco. Ella maneja dimensiones gigantescas, vacíos, eternidad, infinito, agujeros negros, posibilidades, espacio, tiempo y dimensiones. Él maneja un orden establecido, un ritmo y una jerarquía indiscutibles, incuestionable e inalterable. Ninguna abeja, zángano, reina ni obrera hace nada que no sea lo que su "destino" le tiene reservado. Su capacidad de arbitrariedad es nulo. Justo todo lo contrario que una estrella o un asteroide. Pero resulta que van y se juntan. ¿Por qué? ¡Ah, puritita casualidad! Y mira que podría haber pasado cualquier cosa. Pero pasa lo que pasa.
Este pedazo de texto de Nick Payne es terriblemente complejo y potencial. Nos presenta a estos dos personajes adorables y comestibles y los junta en un momento anodino. Acto seguido explora las cien mil posibilidades que podrían haber sucedido de haber cambiado una coma, un sustantivo, una intención o una reacción. Nunca sabemos exactamente cuál es la acción real y cuáles las posibilidades. O quizá hayan sucedido todas. O ninguna. O puede que una sucediera y las otras sean el subtexto, el pensamiento interno. ¿Por qué no? En esta historia de posibilidades puede haber pasado cualquier cosa. Lo que parece inevitable es el final. Ese final desolador y terrorífico. Si las "escenas" de componen la obra fueran piezas de un tangram, ¿crees de verdad que habría dos espectadores que formaran la misma figura? Creo sinceramente que lo estremecedor de este espectáculo es que deja en manos (o en mentes) del espectador el orden de lo que sucede, e incluso te regala la posibilidad de armar tú mismo el desarrollo de la historia y decidir qué es lo que ocurre de verdad y cuáles son las posibilidades. Brillante. Aparte, claro, de la historia dura que cuenta y de lo complementario y necesario de cada personaje para vivir y convivir con el otro.
Para llevar esto adelante Fernando Soto ha hecho lo mejor que podía hacer; buscar a dos actorazos inconmensurables, dejan que convivan y que fluya la energía entre ellos y orquestar un movimiento escénico esquemático, limpio y casi minimalista y envolverlo en unas buenas luces y una escenografía escueta e integrada. Y dejar que campen a sus anchas esas dos bestias escénicas que son don Fran Calvo y doña Inma Cuevas.
Inma Cuevas, la grandiosa Madre Teresa del grandioso Judas del que hablo continuamente, la "Cerda" más cerda de las Camelias, lleva quinientos mil premios. Y pocos son para los que merece. Porque no me digáis que no es un prodigio TODO lo que hace. ¿Sabes cómo es el diagrama de un encefalograma, lleno de picos parriba y pabajo? Pues ese es el diagrama emocional en el que se mueve Inma Cuevas. Salta de la risa histérica al vozarrón profundo y el hachazo en un plisplás. Y se queda tan pancha, como si ese fuera su estado habitual. Y Fran Calvo no sólo está a la altura de su compañera, sino que crea, mantiene, devuelve y modifica un torrente de energía que no deja de fluir por el escenario. Para conseguir eso no hay que ser un actorazo capaz de dar una réplica de altura sino que hay que ser algo más. Un creador, una esponja emocional que absorbe, empapa, genera, crea y suelta chorros y chorros de energía. Ese flujo lo crean al 50% ellos dos, y gracias a eso funciona. Si no estuvieran de tú a tú y si no se electrificaran el uno al otro no sería posible ese nivel de sensaciones y de realidad. Perdóname, Inma, sé que vas a entender lo que voy a decir. Si Fran no se ha llevado tantos premios como Inma es porque Marianne nos pilla le corazón de otra forma. Pero el nivelamen de ambos actores es igual de generoso y de inconmensurable.
Si esto lo hicieran en Londres, por ejemplo, sería el típico espectáculo que se tiraría quince años en cartel. Porque lo tiene todo, es absolutamente PERFECTO.
Y al final va Fran y tira el dado. Porque esto no acaba aquí.
Aquí podrás leer MI opinión sobre los espectáculos que voy viendo. Insisto en que es MI opinión, nada mas. No pretendo adoctrinar ni tener razón. Únicamente te contaré MIS razones para amar o amar menos lo que vaya viendo. El teatro son gustos y aquí leerás los míos. No soy crítico, solo necesito contarle al mundo el porqué de mis amores. Lo que puedes leer aquí es lo que yo he sentido al ver estos espectáculos. Ni más ni menos que mis sensaciones. Si a alguien le sirven, estupendo.
Mostrando entradas con la etiqueta Inma Cuevas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Inma Cuevas. Mostrar todas las entradas
jueves, 19 de marzo de 2015
martes, 3 de diciembre de 2013
MBIG. La pensión de las pulgas.
A estas alturas lo de La Bella Chelito, y lo del cuplé "La pulga" me lo salto, ¿no?
Y lo de que Martret y Puraenvidia son los de "La casa de la portera" y que yo ADORO ese templo, también me lo puedo ahorrar, ¿verdad?
Entonces a lo que voy, al MBIG o Mc Beth International Group. Coño, inaugurar un espacio nuevo, con la espectación creada tras "La casa de la portera", nada más y nada menos que con un Shakespeare, y encima versionado y dirigido por Martret en persona es de tenerlos muy grandes y muy bien puestos. Y encima estos, que son más listos que los ratones coloraos, van y pillan a lo mejor de cada casa con lo cual, muy mal se tenía que dar para que de ahí no saliera un exitazo del copón.
Reconozco que con lo que había leído, me esperaba una versión de McBeth ambientada en el mundo empresarial y de las altas finanzas. Pero me encontré con un McBeth absolutamente fiel a la obra de Shakespeare. El espacio ya lo habéis visto, es flipante. Todos los detalles, suelos, lámparas, sillones, materiales, ceniceros, TODO te remite a los años 50/60. Ahí tienes, efectivamente Mad Men, y tienes a Rock Hudson, tienes a Douglas Sirk y tienes a Ava, a Liz, a Doris, a Montgomery y toda una serie de iconos que a mí, particularmente me ponen. El espacio, en definitiva es brutal, las tres habitaciones, cada una con su estilo y su función dentro del espectáculo. Un juego de luces que te cagas, no es que se enciendan o se apaguen las lámparas, es que está iluminado como si fuera un escenario, creando espacios, focos y centrando la acción y creando ambientes dentro de esos pocos metros. Magistral.
Inma Cuevas es el nexo que une el mundo "empresarial" con el mundo McBethiano. Tan pronto te explica una estrategia de mercado como te representa un puñado de personajes secundarios de la obra, todo siempre con un nivel de naturalidad y de verdad que es difícil de creer. Rocío Calvo y Maribel Luis son las dos (mejor dicho, tres) brujas. Sus escenas son desde luego, unos de los platos fuertes de la función. Iluminadas y ambientadas de forma magistral, ambas dos despliegan todas sus armas de vecinas arpías. Son malas con avaricia y dan un repelús quepaqué. Sus conjuros, sus respiraciones, sus maldades y sus miradas te ponen los pelos de punta. Encima es que son como esa tía mala que nos tenia acojonaos de pequeños. Yo al menos tenía una así. Y era mala mala.
Daniel Pérez Prada es un Banquo de lujo. Amigo, cómplice, receloso, víctima y verdugo todo en uno. Un abanico de matices y una fuerza en cada gesto únicos. Rocío Muñoz-Cobo está soberbia como la arpía Lady McBeth. Es Ruth Roman, es Liz, es Ava y también es Maruja Asquerino o María Félix si me apuras. Incitadora, enferma, bicho malo y calentorro. No hay ser humano y no humano más bello que Rocío. Es todas las mujeres fatales del cine negro juntas en una perra en celo que sabe dónde y cómo tocarle los huevos y el orgullo a su señor esposo para hacer que le compre un collar nuevo, un modelazo, un sortijón o un reino. Claro, como pa no caer. Si encima eres un alma cántara que todo lo que tienes de inocentón lo tienes de ambicioso, pues claro que matas a to dios con tal de llegar lo antes posible a lo que te han pronosticado todos, brujas incluidas.
Y ahí empalmo (con perdón) con Fran Boira. Francisco Boira. Don Francisco Boira. Un nombre que si hasta ahora, no sé por qué, no estaba aún entre los grandes más grandes del planeta, ahora ya sí que sí. Yo confieso que de entrada, como que no me lo veía. No por su capacidad como actor, evidentemente, sino porque me parecía mucho personaje, con mucho empaque, mucha carga, hasta más edad, no sé. Pero como otras veces, me tuve que meter mis prejuicios por el Glamis y desde el momento en el que aparece ves que ES McBeth. Don Francisco es un torrente, una fuerza de la naturaleza que salta de un estado de ánimo a otro como si nada, te lleva en sus dudas, en su avaricia, en su ira, en sus traiciones, en su descenso al infierno y en sus pasiones. Y ves el puñal amenazante, joder, y ves la sangre, y lloras con él, y te cagas con él cuando aparece Banquo y quieres matar y matas con él. El personaje es una montaña rusa de emociones y Don Francisco Boira las da absolutamente todas y todas de forma perfecta. Y ya que le estoy poniendo tan bien, me voy a permitir sacarle una falta. Y es que a veces, su risa, me descoloca. Algo hay en la risa que me baja de la estratosfera y me deja sólo en la troposfera. Te juro que porque había más gente, si no, me habría avalanzado sobre él al finalizar la función y me lo habría comido a abrazos. En serio, es un trabajazo de los que se ven muy pocos en todo el año. Y ¿sabes qué te digo? Que es que encima yo le veía como contenido. Me daba la sensación de que en realidad, en su interior, tenía todavía más energía y que estaba medido. Eso se llama contención. Para mí era como una olla exprés. Aprovechaba el texto y la acción para soltar parte de la energía brutal y salvaje que tenía dentro, pero fijo que tenía incluso más. Y eso un domingo en una matinal, con dos cojones.
Mira, voy a sacar otra falta, pa que luego no digáis que estoy chocheando con las cosas que me gustan. Quizá es un poco demasiado brusco el paso de la "escena del sonambulismo" de Lady, a... la bañera. Está demasiado entera, dentro de que está rota, como para acabar en la bañera. Quizá un poco más de sutileza... de tiempo... de pausa...
Pero en definitiva, el que no haya ido, no sabe lo que se está perdiendo. Y el que por hacer el gilipollas se lo acabe perdiendo, se arrepentirá toda su vida. Yo, si consigo cuadrar la agenda, igual repito!!
SEGUNDO COMENTARIO
TERCER COMENTARIO
Y lo de que Martret y Puraenvidia son los de "La casa de la portera" y que yo ADORO ese templo, también me lo puedo ahorrar, ¿verdad?
Entonces a lo que voy, al MBIG o Mc Beth International Group. Coño, inaugurar un espacio nuevo, con la espectación creada tras "La casa de la portera", nada más y nada menos que con un Shakespeare, y encima versionado y dirigido por Martret en persona es de tenerlos muy grandes y muy bien puestos. Y encima estos, que son más listos que los ratones coloraos, van y pillan a lo mejor de cada casa con lo cual, muy mal se tenía que dar para que de ahí no saliera un exitazo del copón.
Reconozco que con lo que había leído, me esperaba una versión de McBeth ambientada en el mundo empresarial y de las altas finanzas. Pero me encontré con un McBeth absolutamente fiel a la obra de Shakespeare. El espacio ya lo habéis visto, es flipante. Todos los detalles, suelos, lámparas, sillones, materiales, ceniceros, TODO te remite a los años 50/60. Ahí tienes, efectivamente Mad Men, y tienes a Rock Hudson, tienes a Douglas Sirk y tienes a Ava, a Liz, a Doris, a Montgomery y toda una serie de iconos que a mí, particularmente me ponen. El espacio, en definitiva es brutal, las tres habitaciones, cada una con su estilo y su función dentro del espectáculo. Un juego de luces que te cagas, no es que se enciendan o se apaguen las lámparas, es que está iluminado como si fuera un escenario, creando espacios, focos y centrando la acción y creando ambientes dentro de esos pocos metros. Magistral.
Inma Cuevas es el nexo que une el mundo "empresarial" con el mundo McBethiano. Tan pronto te explica una estrategia de mercado como te representa un puñado de personajes secundarios de la obra, todo siempre con un nivel de naturalidad y de verdad que es difícil de creer. Rocío Calvo y Maribel Luis son las dos (mejor dicho, tres) brujas. Sus escenas son desde luego, unos de los platos fuertes de la función. Iluminadas y ambientadas de forma magistral, ambas dos despliegan todas sus armas de vecinas arpías. Son malas con avaricia y dan un repelús quepaqué. Sus conjuros, sus respiraciones, sus maldades y sus miradas te ponen los pelos de punta. Encima es que son como esa tía mala que nos tenia acojonaos de pequeños. Yo al menos tenía una así. Y era mala mala.
Daniel Pérez Prada es un Banquo de lujo. Amigo, cómplice, receloso, víctima y verdugo todo en uno. Un abanico de matices y una fuerza en cada gesto únicos. Rocío Muñoz-Cobo está soberbia como la arpía Lady McBeth. Es Ruth Roman, es Liz, es Ava y también es Maruja Asquerino o María Félix si me apuras. Incitadora, enferma, bicho malo y calentorro. No hay ser humano y no humano más bello que Rocío. Es todas las mujeres fatales del cine negro juntas en una perra en celo que sabe dónde y cómo tocarle los huevos y el orgullo a su señor esposo para hacer que le compre un collar nuevo, un modelazo, un sortijón o un reino. Claro, como pa no caer. Si encima eres un alma cántara que todo lo que tienes de inocentón lo tienes de ambicioso, pues claro que matas a to dios con tal de llegar lo antes posible a lo que te han pronosticado todos, brujas incluidas.
Y ahí empalmo (con perdón) con Fran Boira. Francisco Boira. Don Francisco Boira. Un nombre que si hasta ahora, no sé por qué, no estaba aún entre los grandes más grandes del planeta, ahora ya sí que sí. Yo confieso que de entrada, como que no me lo veía. No por su capacidad como actor, evidentemente, sino porque me parecía mucho personaje, con mucho empaque, mucha carga, hasta más edad, no sé. Pero como otras veces, me tuve que meter mis prejuicios por el Glamis y desde el momento en el que aparece ves que ES McBeth. Don Francisco es un torrente, una fuerza de la naturaleza que salta de un estado de ánimo a otro como si nada, te lleva en sus dudas, en su avaricia, en su ira, en sus traiciones, en su descenso al infierno y en sus pasiones. Y ves el puñal amenazante, joder, y ves la sangre, y lloras con él, y te cagas con él cuando aparece Banquo y quieres matar y matas con él. El personaje es una montaña rusa de emociones y Don Francisco Boira las da absolutamente todas y todas de forma perfecta. Y ya que le estoy poniendo tan bien, me voy a permitir sacarle una falta. Y es que a veces, su risa, me descoloca. Algo hay en la risa que me baja de la estratosfera y me deja sólo en la troposfera. Te juro que porque había más gente, si no, me habría avalanzado sobre él al finalizar la función y me lo habría comido a abrazos. En serio, es un trabajazo de los que se ven muy pocos en todo el año. Y ¿sabes qué te digo? Que es que encima yo le veía como contenido. Me daba la sensación de que en realidad, en su interior, tenía todavía más energía y que estaba medido. Eso se llama contención. Para mí era como una olla exprés. Aprovechaba el texto y la acción para soltar parte de la energía brutal y salvaje que tenía dentro, pero fijo que tenía incluso más. Y eso un domingo en una matinal, con dos cojones.
Mira, voy a sacar otra falta, pa que luego no digáis que estoy chocheando con las cosas que me gustan. Quizá es un poco demasiado brusco el paso de la "escena del sonambulismo" de Lady, a... la bañera. Está demasiado entera, dentro de que está rota, como para acabar en la bañera. Quizá un poco más de sutileza... de tiempo... de pausa...
Pero en definitiva, el que no haya ido, no sabe lo que se está perdiendo. Y el que por hacer el gilipollas se lo acabe perdiendo, se arrepentirá toda su vida. Yo, si consigo cuadrar la agenda, igual repito!!
SEGUNDO COMENTARIO
TERCER COMENTARIO
jueves, 14 de noviembre de 2013
True West. Teatro Lara.
Pues no sé si es que yo, como venía de ver otra vez "Diario de un loco", tenía la cabeza en el Matadero y la nariz en la luna o qué, pero me aburrí soberanamente.
El texto de Sam Shepard como muchas veces, habla de perdedores. Ex-cambatientes de un mundo rural perdido pero añorado como bueno.
¡Spoiler! Pa que luego digáis que no aviso.
Dos hermanos que se llevan a matar y son como polos opuestos se reunen después de un tiempo para no sé qué. Igual no me enteré. Se supone que tienen que estar un tiempo juntos para limar odios o asperezas para conseguir algo. Claro, hay mucha lucha y mucha discusión, y al final el pijo se amacarra y el macarra saca el escritor que lleva dentro. Ligero cambio de roles. Pero ligero. Entre medias un productor y una madre que si no apareciera, daría igual. Ah, yo lo del "realismo mágico" que pone en la publicidad... no sé, te juro que no sé dónde está.
Los actores son buenos. Son muy buenos. (Los actores en España, por lo general son buenísimos, hay una cantera pa que luego digan que si los ingleses, los franceses...). A algunos los había disfrutado en aquel fabuloso "Los últimos días de Judas Iscariote", uno de los mejores montajes del año pasado. Pero noto en todos ellos que el intenso trabajo de preparación, el currazo que parece que se han pegado en los ensayos, se ha quedado fijado pero no asimilado. Me da la sensación de que tiene muy claras las acciones, las reacciones, los conflictos, los secretos pero que no les sale de forma orgánica. Es como si marcaran la coreografía e intentaran sacar una verdad y unos sentimientos que no siempre salen. El otro día no salían. Y les veías desde el segundo uno gritando, enfadándose demasiado, marcando los personajes de forma exagerada para ver si así surgía la magia. Y no surgió. Y sí, corren, saltan, gritan, lloran, sudan mucho, pero pa mi gusto, les falta verdad. Pero verdad de dentro. Claro que yo creo que el texto no ayuda nada. Y lo siento en el alma, pero no entiendo en absoluto cómo una actriz tan buenísima como Inma Cuevas está haciendo ese papel. Lo primero, porque no le va. ¿Por qué está haciendo de madre de Israel Frías y de Luis Rallo? Por dios, me parece un despropósito. Y luego lo que hace no me gusta nada. No entiendo que haga lo que hace. Aparte de que me sobra el personaje. Quiero decir, que si no aparece, da igual. Ni aporta ni cambia nada.
Bueno, que yo qué sé. Que ojalá les siga yendo tan bien, que vaya mucha gente, que duren en cartel muchos meses y que sea un exitazo porque los actores se merecen eso y más. Pero lo que es este montaje, a mí no me gustó nada. Y ya lo siento, pero es que lo que me gusta, me gusta, y lo que no me gusta, no me gusta.
El texto de Sam Shepard como muchas veces, habla de perdedores. Ex-cambatientes de un mundo rural perdido pero añorado como bueno.
¡Spoiler! Pa que luego digáis que no aviso.
Dos hermanos que se llevan a matar y son como polos opuestos se reunen después de un tiempo para no sé qué. Igual no me enteré. Se supone que tienen que estar un tiempo juntos para limar odios o asperezas para conseguir algo. Claro, hay mucha lucha y mucha discusión, y al final el pijo se amacarra y el macarra saca el escritor que lleva dentro. Ligero cambio de roles. Pero ligero. Entre medias un productor y una madre que si no apareciera, daría igual. Ah, yo lo del "realismo mágico" que pone en la publicidad... no sé, te juro que no sé dónde está.
Los actores son buenos. Son muy buenos. (Los actores en España, por lo general son buenísimos, hay una cantera pa que luego digan que si los ingleses, los franceses...). A algunos los había disfrutado en aquel fabuloso "Los últimos días de Judas Iscariote", uno de los mejores montajes del año pasado. Pero noto en todos ellos que el intenso trabajo de preparación, el currazo que parece que se han pegado en los ensayos, se ha quedado fijado pero no asimilado. Me da la sensación de que tiene muy claras las acciones, las reacciones, los conflictos, los secretos pero que no les sale de forma orgánica. Es como si marcaran la coreografía e intentaran sacar una verdad y unos sentimientos que no siempre salen. El otro día no salían. Y les veías desde el segundo uno gritando, enfadándose demasiado, marcando los personajes de forma exagerada para ver si así surgía la magia. Y no surgió. Y sí, corren, saltan, gritan, lloran, sudan mucho, pero pa mi gusto, les falta verdad. Pero verdad de dentro. Claro que yo creo que el texto no ayuda nada. Y lo siento en el alma, pero no entiendo en absoluto cómo una actriz tan buenísima como Inma Cuevas está haciendo ese papel. Lo primero, porque no le va. ¿Por qué está haciendo de madre de Israel Frías y de Luis Rallo? Por dios, me parece un despropósito. Y luego lo que hace no me gusta nada. No entiendo que haga lo que hace. Aparte de que me sobra el personaje. Quiero decir, que si no aparece, da igual. Ni aporta ni cambia nada.
Bueno, que yo qué sé. Que ojalá les siga yendo tan bien, que vaya mucha gente, que duren en cartel muchos meses y que sea un exitazo porque los actores se merecen eso y más. Pero lo que es este montaje, a mí no me gustó nada. Y ya lo siento, pero es que lo que me gusta, me gusta, y lo que no me gusta, no me gusta.
miércoles, 18 de septiembre de 2013
Cerda. La casa de la portera.
"Cerda" tiene trampa. Como sus personajes, te hace creer que estás viendo una cosa (o viviendo una vida) cuando en realidad estás viendo otra. Aunque aquí, la capa superficial es real, aunque menos importante que lo que ahí abajo subyace.
Desde el minuto uno te empiezas a partir el culo de risa. El humor que ha desarrollado Juan Mairena es brutal, cercano, chochipop, cabaretero e infinitamente inteligente. ¡Anda que no es difícil escribir un texto brillante, ingenioso, descacharrante, con millones de referencias hilvanadas unas con otras con un arte prodigioso y encima, llevando adelante una historia dura y tremendamente cruel! Pues Juan Mairena hace eso y mucho más como si nada. Al loro, porque como autor, Juan Mairena es un diamante que hay que seguir muy, muy de cerca. Texto prodigioso donde junta estilos con un humor desbordante y una poesía pocas veces vista. Yo eso de "en la vida he visto cosa de la manera" me llevó a mi amigo Ángel, que lo decía mucho. Y ya me conquistó el cuore.
O yo tengo la mente muy calenturienta, o estaba oyendo mil referencias enlazadas unas con otras. Es más, el 70 % del texto me parecían referencias a pelis, canciones, textos teatrales, anuncios de la tele, frases de famosos (incluidos frikis y politiquillos odiosos y odiables). A ver, que no lo digo como demérito, sino todo lo contrario. Juntar tantísimas referencias con arte, gracia , poesía y calado dramático es un ejercicio de virtuosismo que pa mí lo quisiera. Incluso mete referencias a la crisis y a la actualidad social con una soltura de flipar ("Hazme un ERE y te voto"). Todo eso aderezado con la musiquita de "Sor Citroen". Y cruel ese test para demostrar que la aspirante es realmente "italiana de pura cepa". Algo que quizá, dentro de no mucho, se acabe viendo por ahí. Engañosa, sí, porque lo que esconde esta alta comedia retropop es un dramón de tomo y lomo.
Juan Mairena hace como sor Leona (más mala que Barbara Stanwyck). Nos hace creer una vida cuando la real es otra. La función, bajo ese envoltorio cachondo esconde un dramón casi operístico y cruel.
Sor Leona ha robado niños toda su vida. Como Sor María, oculta su crueldad con una supuesta bondad pero lo que hace es robar la vida de la gente. Y les crea otra. Incluso les roba el nombre y les da otro. Sor Bette, Cosetta, Cecilia, sor Katana... referencias que yo quiero ver pero que me las callo por no meter la para o pasarme de listo. Sor Bette y Cecilia añoran otra vida, la que nunca tuvieron o la que imaginaron. Algo tan etéreo y tan ingenuo como para gritar: "yo soy muy Pasionaria". Una mujer como Leona sólo puede parir ( o robar, por qué no) una cerda. Una cerda animal, no una cerda humana como ella. La prisión no elegida en la que están estas pobres monjas (y un monjo) podría incluso ser un reflejo de esta sociedad en la que estamos, en la que nos roban la libertad con la escusa de los recortes, nos roban los estudios, la preparación y la cultura para crear unas cuantas generaciones de borregos que, como las pobres monjas, sólo soñamos con el mar. Un mar que no conocemos, que deseamos y que añoramos. El mar visto a través de un agujero negro, imagen unida al agujero del bollito famoso ("eres más bollera que la bella Easo", genial). Poesía pura y dura. Gente que añora lo que ni siquiera ha conocido, una niña jugando con olas niñas como ella, los sueños vistos a través de un agujero negro, y claro, el drama. A tanto llega la crueldad de Leona, que incluso ha robado la identidad a un crío y ha "construido" una Cosetta con cosita. No se puede ser más mala.
Los actores, confieso que están un pelín irregulares. Pero destaco a David Aramburu, con el papel más poco lucido pero con quizá más carga dramática. Él lleva la poesía encima. Sus palabras son versos dolorosos y su creación, una maravilla de sensibilidad y coherencia. Dolly... pues es Dolly, un muestrario de tonos, de intenciones, de gestos, de maldades, de desprecios, de crueldades. Maravillosa. Y luego, y aparte Inma Cuevas. Yo la miraba y veía a Cecilia Bartoli de Suor Angelica.
Desde su aparición (tras esa procesión con las monjas con su tocado-burka) con ese brillante: "¡Alá, Alá, alabado sea el señor!" te enamoras de ella. Rica en matices, con una bis cómica brutal, capaz de transmitir instintos bajos y bajunos y la más alta sensibilidad. Si ya flipé con su trabajo en "Los últimos días de Judas Iscariote", de los mejores montajes del años pasado, ahora demuestra no sólo esa capacidad para el drama interior y el matiz pequeñito, sino una habilidad especial para la comedia sutil, la gruesa y para todo lo que le pongan por delante. Y su mirada limpia y dulce enamora al instante. Yo me declaro superfans de este animal escénico.
Sí, otro acierto más del templo del teatro madrileño, La casa de la portera al que sólo se puede estar agradecido.
Y qué quieres que te diga, yo, después de ver "Cerda" también me siento más joven y más republicana.
Desde el minuto uno te empiezas a partir el culo de risa. El humor que ha desarrollado Juan Mairena es brutal, cercano, chochipop, cabaretero e infinitamente inteligente. ¡Anda que no es difícil escribir un texto brillante, ingenioso, descacharrante, con millones de referencias hilvanadas unas con otras con un arte prodigioso y encima, llevando adelante una historia dura y tremendamente cruel! Pues Juan Mairena hace eso y mucho más como si nada. Al loro, porque como autor, Juan Mairena es un diamante que hay que seguir muy, muy de cerca. Texto prodigioso donde junta estilos con un humor desbordante y una poesía pocas veces vista. Yo eso de "en la vida he visto cosa de la manera" me llevó a mi amigo Ángel, que lo decía mucho. Y ya me conquistó el cuore.
O yo tengo la mente muy calenturienta, o estaba oyendo mil referencias enlazadas unas con otras. Es más, el 70 % del texto me parecían referencias a pelis, canciones, textos teatrales, anuncios de la tele, frases de famosos (incluidos frikis y politiquillos odiosos y odiables). A ver, que no lo digo como demérito, sino todo lo contrario. Juntar tantísimas referencias con arte, gracia , poesía y calado dramático es un ejercicio de virtuosismo que pa mí lo quisiera. Incluso mete referencias a la crisis y a la actualidad social con una soltura de flipar ("Hazme un ERE y te voto"). Todo eso aderezado con la musiquita de "Sor Citroen". Y cruel ese test para demostrar que la aspirante es realmente "italiana de pura cepa". Algo que quizá, dentro de no mucho, se acabe viendo por ahí. Engañosa, sí, porque lo que esconde esta alta comedia retropop es un dramón de tomo y lomo.
Juan Mairena hace como sor Leona (más mala que Barbara Stanwyck). Nos hace creer una vida cuando la real es otra. La función, bajo ese envoltorio cachondo esconde un dramón casi operístico y cruel.
Sor Leona ha robado niños toda su vida. Como Sor María, oculta su crueldad con una supuesta bondad pero lo que hace es robar la vida de la gente. Y les crea otra. Incluso les roba el nombre y les da otro. Sor Bette, Cosetta, Cecilia, sor Katana... referencias que yo quiero ver pero que me las callo por no meter la para o pasarme de listo. Sor Bette y Cecilia añoran otra vida, la que nunca tuvieron o la que imaginaron. Algo tan etéreo y tan ingenuo como para gritar: "yo soy muy Pasionaria". Una mujer como Leona sólo puede parir ( o robar, por qué no) una cerda. Una cerda animal, no una cerda humana como ella. La prisión no elegida en la que están estas pobres monjas (y un monjo) podría incluso ser un reflejo de esta sociedad en la que estamos, en la que nos roban la libertad con la escusa de los recortes, nos roban los estudios, la preparación y la cultura para crear unas cuantas generaciones de borregos que, como las pobres monjas, sólo soñamos con el mar. Un mar que no conocemos, que deseamos y que añoramos. El mar visto a través de un agujero negro, imagen unida al agujero del bollito famoso ("eres más bollera que la bella Easo", genial). Poesía pura y dura. Gente que añora lo que ni siquiera ha conocido, una niña jugando con olas niñas como ella, los sueños vistos a través de un agujero negro, y claro, el drama. A tanto llega la crueldad de Leona, que incluso ha robado la identidad a un crío y ha "construido" una Cosetta con cosita. No se puede ser más mala.
Los actores, confieso que están un pelín irregulares. Pero destaco a David Aramburu, con el papel más poco lucido pero con quizá más carga dramática. Él lleva la poesía encima. Sus palabras son versos dolorosos y su creación, una maravilla de sensibilidad y coherencia. Dolly... pues es Dolly, un muestrario de tonos, de intenciones, de gestos, de maldades, de desprecios, de crueldades. Maravillosa. Y luego, y aparte Inma Cuevas. Yo la miraba y veía a Cecilia Bartoli de Suor Angelica.
Desde su aparición (tras esa procesión con las monjas con su tocado-burka) con ese brillante: "¡Alá, Alá, alabado sea el señor!" te enamoras de ella. Rica en matices, con una bis cómica brutal, capaz de transmitir instintos bajos y bajunos y la más alta sensibilidad. Si ya flipé con su trabajo en "Los últimos días de Judas Iscariote", de los mejores montajes del años pasado, ahora demuestra no sólo esa capacidad para el drama interior y el matiz pequeñito, sino una habilidad especial para la comedia sutil, la gruesa y para todo lo que le pongan por delante. Y su mirada limpia y dulce enamora al instante. Yo me declaro superfans de este animal escénico.
Sí, otro acierto más del templo del teatro madrileño, La casa de la portera al que sólo se puede estar agradecido.
Y qué quieres que te diga, yo, después de ver "Cerda" también me siento más joven y más republicana.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)







