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domingo, 9 de octubre de 2016

Pedro y el capitán. Sala Lola Membrives. Teatro Lara.

Conseguir transmitir el agobio, la densidad y la falta de oxigeno de una sala de interrogatorios es casi imposible. Blanca Vega y Tomás P. Sznaiderman lo han conseguido. 




El texto de Mario Benedetti podría llevarnos lógicamente a la dictadura argentina. José Emilio Vera hace el resto creando un personaje repugnante, asqueroso, odioso, casi casi hasta el final. Es asombrosa la creación que logra este actor gaditano. Desde que se encienden as luces y comienza la funci... perdón, comienza el ritual, José Emilio ES un capitán torturador, sádico e hijoputa. Su "encuentro" con Pedro nos mostrará se lado más negro y sorprendentemente otros quizá de distintos colores. Recuerdo haber visto a este actor en "Juegos de guerra", un espectáculo que debería volver a la cartelera madrileña sí o sí. Ya entonces me llamó la atención su solidez y peso escénico. Pero lo que consigue en "Pedro y el capitán" es asombroso. Y no me refiero únicamente al acento (perfecto, a mi entender) sino a su composición física. Cada gesto, cada temblor, cada suspiro y cada mirada son perfectos, precisos y efectivos. Antonio Aguilar tiene un trabajo más físico y ahí, reconozco que a ratos me sacaba un poco de la historia. Su trabajo es muy bueno, pero cierta gestualidad me resultaba artificial. Aunque reconozco que ambos están soberbios. 

Texto asombroso con cien vueltas y con los giros necesarios para descolocarte y hacer que se te remuevan los sentimientos pa tos lados. Una dirección sobria, efectiva y dejando que texto y actores lleven el peso sin decoraciones gratuitas sino confiando en el poder de la apuesta. Espacio muy bien iluminado y un ritmo preciso. En definitiva, un espectáculo sólido con una interpretación de José Emilio Vera asombrosa y un resultado de calidad. 


     

jueves, 3 de septiembre de 2015

Palabras encadenadas. Off del Lara.





A nada que conozcas a Fran Boira y a Cristina Alcázar te podrás imaginar que no son actores de los que escatiman entrega, riesgo o valentía. Al contrario, siempre arriesgan y dan de sí el 100 % como mínimo. Claro que cuentan con una ventaja. Y es que ambos son seres tocados por la musa del arte. Fran se atrevió con un McBeth y no le tembló le pulso. Normal. No sólo aprobó le examen sino que sacó matrícula a base de talento, riesgo, valentía y de suicidarse emocionalmente en cada función. Después de esa hazaña quedó demostrado que Fran puede con todo. Y Cristina se atreve a medirse con esa bestia parda de Fran y tampoco le tiembla el pulso. Lógico, ella tiene tanto talento y valentía como Fran y la lucha entre los dos es cuerpo a cuerpo, de igual a igual, una lucha de panteras salvajes heridas, mutiladas y rabiosas. Bella como un amanecer y con un dominio vocal apabullante.





Esta propuesta es modesta en su planteamiento (un espacio cercano y desasosegante, el aliento de las hienas a medio metro, un texto poderoso y dos actores bestiales) pero con un resultado de altos vuelos. Es una pieza de esas que se convertirán en míticas, uno de los duelos teatrales de mayor voltaje de la historia de la cartelera madrileña. No quiero joder la trama a nadie así que seré cauto en lo que cuente del meollo de la historia. Sólo diré que lo que empieza como el secuestro de una chica a manos de un asesino cruel y despiadado irá girando y girando y girando de nuevo y otra vez más y otra en un puzzle de vueltas y revueltas que te mantendrán en vilo, con el alama encogida esperando "qué coño va a pasar ahora", sin terminar de apoyar le culo en la silla y con los huevos por corbata durante hora y pico. Un duelo de altísima tensión dramática, interpretativa, sexual, tiránica, hijaputa, dolorosa, juguetona y despiadada que permite a los dos intérpretes manejar un ramillete de sensaciones, gestos, relaciones de poder y de sumisión, un abanico de intenciones y de toboganes emocionales que son un puto regalo para un actor. Los dos leones enjaulados y heridos, Fran y Cristina dan un recital de matices, de idas y venidas, de sumisiones, humillaciones, despotismos, desprecios, llantos, gritos, potencias y relámpagos como pocas veces se han visto en un escenario. Y es que entre ellos no es que haya química, es que va más allá todavía. Se tocan, se desprecian, se odian, se desean, se repelen, se escupen y se mean uno encima del otro como dos putas bestias acorraladas por el pánico. Supervivencia y machaque. Poder y crueldad. Manipulación y sufrimiento. Un actor necesita, aparte de un buen texto, que su torrente de energía no se diluya, no se caiga ni quede flotando. Necesita que su chorro de energía llegue a su oponente, aterrice, se nutra y vuelva enriquecido y a la altura. Eso es justo lo que se crea entre ambos actores. Un torrente de energía que fluye por el espacio plagado de odio, de ira y de patadas al hígado.     





Amos a ver, si es que esto está inventao. ¿Qué le pide uno a un espectáculo para que le pille? Un buen texto, una dirección que ayude y unos actores que hagan creíble lo increíble. No hacen falta jeribeques raros, ni en necesario leerse un prospecto antes de entrar, ni hay que estudiar astrofísica para entender las metáforas. Con sinceridad, talento, entrega y electricidad basta. Y Fran, Cristina y Juan Pedro lo demuestran. Juan Pedro Campoy dejando que las riendas las lleven los actores, sirviéndonos una  copa envenenada siempre desde el sitio del respeto, del ayudar y del dejar que el torbellino fluya. Sin duda, la mejor forma de empezar el "curso", viendo uno de los espectáculos que la van a lira este año en Madrid. Por algo Cristina y Fran son dos de los actores más acojonantes que te puedas encontrar ahora mismo.

jueves, 19 de marzo de 2015

Constelaciones. Teatro Lara

"¿Te imaginas tirar un dado 60000 veces?" dice ella, Marianne a Roland. Y lo hacen, tiran el dado de la posibilidad cien mil veces y nosotros vemos lo frágil y estable que el el destino, el futuro, la vida, la posibilidad. Ella es profesora de física cuántica y él, apicultor y urbanita. No es caprichoso tampoco. Ella maneja dimensiones gigantescas, vacíos, eternidad, infinito, agujeros negros, posibilidades, espacio, tiempo y dimensiones. Él maneja un orden establecido, un ritmo y una jerarquía indiscutibles, incuestionable e inalterable. Ninguna abeja, zángano, reina ni obrera hace nada que no sea lo que su "destino" le tiene reservado. Su capacidad de arbitrariedad es nulo. Justo todo lo contrario que una estrella o un asteroide. Pero resulta que van y se juntan. ¿Por qué? ¡Ah, puritita casualidad! Y mira que podría haber pasado cualquier cosa. Pero pasa lo que pasa. 



Este pedazo de texto de Nick Payne es terriblemente complejo y potencial. Nos presenta a estos dos personajes adorables y comestibles y los junta en un momento anodino. Acto seguido explora las cien mil posibilidades que podrían haber sucedido de haber cambiado una coma, un sustantivo, una intención o una reacción. Nunca sabemos exactamente cuál es la acción real y cuáles las posibilidades. O quizá hayan sucedido todas. O ninguna. O puede que una sucediera y las otras sean el subtexto, el pensamiento interno. ¿Por qué no? En esta historia de posibilidades puede haber pasado cualquier cosa. Lo que parece inevitable es el final. Ese final desolador y terrorífico. Si las "escenas" de componen la obra fueran piezas de un tangram, ¿crees de verdad que habría dos espectadores que formaran la misma figura? Creo sinceramente que lo estremecedor de este espectáculo es que deja en manos (o en mentes) del espectador el orden de lo que sucede, e incluso te regala la posibilidad de armar tú mismo el desarrollo de la historia y decidir qué es lo que ocurre de verdad y cuáles son las posibilidades. Brillante. Aparte, claro, de la historia dura que cuenta y de lo complementario y necesario de cada personaje para vivir y convivir con el otro. 



Para llevar esto adelante Fernando Soto ha hecho lo mejor que podía hacer; buscar a dos actorazos inconmensurables, dejan que convivan y que fluya la energía entre ellos y orquestar un movimiento escénico esquemático, limpio y casi minimalista y envolverlo en unas buenas luces y una escenografía escueta e integrada. Y dejar que campen a sus anchas esas dos bestias escénicas que son don Fran Calvo y doña Inma Cuevas. 
Inma Cuevas, la grandiosa Madre Teresa del grandioso Judas del que hablo continuamente, la "Cerda" más cerda de las Camelias, lleva quinientos mil premios. Y pocos son para los que merece. Porque no me digáis que no es un prodigio TODO lo que hace. ¿Sabes cómo es el diagrama de un encefalograma, lleno de picos parriba y pabajo? Pues ese es el diagrama emocional en el que se mueve Inma Cuevas. Salta de la risa histérica al vozarrón profundo y el hachazo en un plisplás. Y se queda tan pancha, como si ese fuera su estado habitual. Y Fran Calvo no sólo está a la altura de su compañera, sino que crea, mantiene, devuelve y modifica un torrente de energía que no deja de fluir por el escenario. Para conseguir eso no hay que ser un actorazo capaz de dar una réplica de altura sino que hay que ser algo más. Un creador, una esponja emocional que absorbe, empapa, genera, crea y suelta chorros y chorros de energía. Ese flujo lo crean al 50% ellos dos, y gracias a eso funciona. Si no estuvieran de tú a tú y si no se electrificaran el uno al otro no sería posible ese nivel de sensaciones y de realidad. Perdóname, Inma, sé que vas a entender lo que voy a decir. Si Fran no se ha llevado tantos premios como Inma es porque Marianne nos pilla le corazón de otra forma. Pero el nivelamen de ambos actores es igual de generoso y de inconmensurable. 
Si esto lo hicieran en Londres, por ejemplo, sería el típico espectáculo que se tiraría quince años en cartel. Porque lo tiene todo, es absolutamente PERFECTO.    



Y al final va Fran y tira el dado. Porque esto no acaba aquí.

miércoles, 18 de febrero de 2015

Lover. Off del Lara.




Laaaaaaargoooooo, leeeeeeennnttttoooo, se me hizoooooo eteeeeeeernoooo y muuuuy aaaabuuuurridooooo. Pa mi gustoooooo mmuuuuuuy vaaaaaaacuoooo. Ni mágicooooo ni...zzzzzz

jueves, 2 de octubre de 2014

El feo. Teatro Lara.

Lo que te digo del off del Lara, que tiene unos espectáculos ahora mismo que no me extraña que esté petada la calle de gente haciendo cola para entrar. La programación no tiene desperdicio. El último acierto ha sido "El feo". 
Este espectáculo ya se presentó el año pasado en el Fringe y luego ya ha tenido una fructífera vida en Madrid, aunque hasta ayer yo no lo había visto. Lo primero que hay que decir es que produce Draft.inn , productora con unos creadores y creativos que llevan tiempo marcándose los espectáculos más rompedores e impactantes. Como ejemplo, esa joya que es "Los nadadores nocturnos", espectáculo que a pesar de haber triunfado tanto en el Fringe de este año como luego a su paso por Matadero, creo que aún no ocupa el lugar que se merece. Si no al tiempo, ya me diréis si es o no es un espectáculo de culto, con una calidad y profundidad más allá de lo común, con esa colección de personajes icónicos, desarraigados, amargos, desorientados, que se juntan par compartir amargura, dolor, pérdida y búsqueda. Espectáculo negro y seco, tanto como un vagón camino de un campo de concentración. Yo sigo todavía con un runrún en el coco de vez en cuando, no te digo más. 
Pues los responsables de esa puta joya lo son también de "El feo". 




Dirige este jari Paco Montes. Y lo hace poniendo en fila de a uno todos los cambios que hay en el texto brillante, descojonante y fascinante de Marius Von Mayenburg. Hace falta mucho pulso y mucho sentido del rítmo y de la comedia como para ordenar y crear la orquestación de tanto pacá pallá como hay en la función. Los actores comparten silla contigo y cada cambio de escena es un aliciente más para seguir disfrutando, algo rarísimo de encontrar.
La función es un puro descojone, aunque si lo miras fríamente y apartas los componentes hiperbólicos de comedia, todos los personajes son seres heridos, desubicados y con bastantes problemas de autoaceptación e incluso de identidad. Pero es una comedia, y la verdad es que te partes el rabo de risa. Las situaciones y ciertos diálogos son dignos de Billy Wilder, la composición de los personajes, a pesar de ser algo gruesa, es brillantísima, funciona que te cagas y encima tiene un poso amargo que mola. Y los actores... acojonantes. Fran Calvo el pobre, lidia con los personajes más sosos pero demuestra que tiene tablas, arte, recursos y gracia como para hacer lo que le pongan por delante. Nacho Diago igual. Descojonante. Rebeca Valls es un portento de mujer. De entrada resulta... desconcertante. Pero con cada frase va demostrando que es una fiera corrupia y te atrapa enseguida. Sólo quieres que salga más y más. Fabulosa y divertidísima. Y lo de Óscar de la Fuente... qué quieres que te diga. Es un puro recital. Por supuesto, no tiene nada que ver con su trabajo en "Los nadadores nocturnos". Lo que hace aquí es portentoso. No para. Literalmente, no para. Hace de todo y todo bien. Asombroso. 
El único momento un poco crítico es hacia le final, cuando cambia un poco el tono y se empieza a jugar con el sentimiento de identidad, de individuo... Cuando se ponen serios... tiembla un poco el espectáculo. Pero vamos, eso por decir algo. 
Que eso, que no os lo perdáis, que te descojonas y ellos están soberbios. ¿Qué más quieres? 
   

domingo, 7 de septiembre de 2014

Smiley. Off del Lara

El Lara inaugura una nueva sala y si miras la programación... flipas. La verdad es que hacía falta renovar el off del Lara porque era un poco... ya sabes. Y la sala nueva me encanta. Tienes lo problemas del no estar numerado y tener que hacer cola desde una hora antes pa pillar un buen sitio, porque eso sí, hay filas desde las que no se ve na. Pero bueno, la sala está nuevecita, monísima, y da buen rollo. Y encima ahora mismo (que yo haya visto) tienes "Pequeños dramas sobre arena azul", "Confesiones a Alá", "Las heridas del viento", y "Como si pasara un tren". Y que NO haya visto todavía... "El feo". Si yo fuera tú tendría problemas para elegir entre tanta joya.



Vamos con "Smiley". Lamento decir que de Guillem Clua sólo conocía "La piel en llamas", obra que me encantó. Y ahora "Smiley" demuestra que efectivamente Clua es uno de los principales dramaturgos de hoy en día. Son las dos caras de una moneda. De la dureza de "La piel..." al arrebato juvenil, fresco, divertidísimo y absolutamente brillante de este "Smiley" hay un universo. Y Clua demuestra maestría en ambos territorios. Tiene millones de premios, así que no voy a ser yo el que descubra el tremendo valor de Guillem Clua.
Pues sí, el texto de "Smiley" es brillantísimo, actual de verdad, realmente cercano, tremendamente fresco y además tiene dentro una preciosa historia de amor muy bien contada, muestra un mosaico de fauna, flora relaciones, términos y microcosmos que acercan y normalizan todo ese mundo gay a cualquier espectador y consiguen que TODO el mundo acabe gritando "bravo". En este caso, fíjate, sí tiene importancia que la historia de amor sea entre dos hombres. No por nada, sino por lo fresca, natural y comprensible que es. Creo que es la mejor forma de normalizar. El talento de Clua hace que se pase de la comedia más bastorra al melodrama o al drama o al lirismo o al vodevil en una serpentina emocional brillante, cercana, real y llena de amor, sensibilidad y cerdeo. Por dios santo, juntar "La fiera de mi niña" con el Grindr y que resulte coherente y emocionante es de tener un arrrrrte...



Aitor Merino está que te cagas. Te descojonas con él, con sus caras. Le comprendes, simpatizas con él y te desespera. Y la ristra de personajes que compone es  ES-PEC-TA-CU-LAR. Hace de todo y todo bien. Es un genio de la expresión, de lo concreto y de la falta de vergüenza. Es la hostia. Y Ramón Pujol...amos a ver... que es guapisimo y está buenorro que te cagas es evidente. Y no es un valor tampoco, es así y así es. (Suspiro) Lo que destaco de Ramón Pujol sobre todo es que me pareció que el 100% de sus gestos, de sus micorgestos, de sus reacciones, de cómo escuchaba, de cada movimiento, de cómo se emocionaba, de cómo lloraba, de cómo reía, de cómo miraba, de cómo interrogaba era PERFECTO. Justa y precisamente el que debía ser. Te juro que no he visto una interpretación tan absolutamente completa, compleja y precisa como la suya. A ver, hablo de una tragicomedia actual y fresca. Pero sí. Si yo fuera director llamaría a Ramón para hacer lo que fuera, para hacer todo, para mi siguiente proyecto y pal siguiente y pal otro. 
Que me perdonen mis mitos (ellos saben quiénes son), pero acabo de añadir uno nuevo. 



Y ahora... todos al Lara a gozarrrrr como perrossssss.     

lunes, 12 de mayo de 2014

Barrocamiento. Off del Lara.

El montaje viene ya de atrás pero en su momento no lo habíamos visto. Ahora, aparte de que queríamos verlo, teníamos el aliciente de volver a ver a ese pedazo de actriz con una sonrisa y una mirada delicadas y embaucadoras, Alicia Lobo. Maravillosa en "Lágrimas, mocos y sangre" y maravillosa en este "experimento". 
La idea de juntar los "espíritus" de estas tres fantásticas mujeres es muy interesante. Y funciona realmente bien. Al menos al principio. La historia es atractiva, el planteamiento también. El desarrollo también es muy interesante. El texto de Fernando Sansegundo es una maravilla. Escribir así de bien, con ese lenguaje y que suene tan bonito sólo puede hacerlo alguien sabio. Desde luego, Fernando Sansegundo es todo un experto. Un maestro diría yo.




Pero... la historia, que empieza bien, avanza despacito y llega un momento en el que se estanca un poco. Es en el momento en el que te das cuenta de que no hay mucho meollo dramático y que lo que vas a ver es casi exclusivamente la vida de las tres mujeres. A ver si me explico. Su vida es atractiva, claro. Desconocida y atractiva. Las tres fueron mujeres valientes, incomprendidas, pioneras y desconocidas incluso ahora y reivindicar su importancia es vital por muchos motivos. Pero en esta función lo que hace es volverla algo tediosa. Eso sí, las actrices despliegan todo tipo de recursos y consiguen enamorarte. Unas más que otras también es verdad. Alicia Lobo es un portento de matices, de sabiduría, de expresar exactamente lo que quiere con CADA palabra. Un portento. Y bella, y elegante, y con un dominio del espacio magistral. Rocío Marín es una fuerza de la naturaleza. Quizá algo desbocada, pero cuando controle algo más ese torrente de energía va a ser una bestia parda.

Así que os recomiendo que veáis esta función. Por su texto, por su lenguaje bello, por la propuesta en sí y sobre todo por Alicia Lobo y por Rocío Marín.  

miércoles, 9 de abril de 2014

Lágrimas, mocos y sangre. Teatro Lara

Mira, chico, hay espectáculos a los que les viene bien así un poquito de introducción para darle intríngulis a lo que luego vas a contar. Y hay cosas como "Lágrimas, mocos y sangre" que con las que casi es mejor ir directo al grano. Por que pa qué bobadas.
Señores, no hagan como yo. No se dejen llevar por eso de "uf, boxeo, qué pereza..." Eso pensé yo, porque soy así de simple pa muchas cosas. Ni puto caso. Saquen entradas YA. Se lo digo con el corazón y las tripas en la mano. Este se va a convertir en uno de los MEJORES espectáculos del año. ¿Les gustan las historias de misterio, de amor, de amistad, de traición, de honor, de herencia (monetaria no, la otra) de celos, de rabia, de pasión, de desconsuelo, de sueños, de decepción, de orgullo, de lágrimas, de sangre, de mocos? Pues eso. ¿O necesitan más argumentos? Elige el tema que quieras porque los trata todos. 
Así como la sala grande del Lara no es santo de mi devoción, el OFF es una cosa... que es que voy de acierto en acierto. "Las heridas del viento", "La abducción de Luis Guzmán" y ahora esto. Madredediossssss.



Por partes, el texto es una burrada. Tiene mil millones de elementos, de referencias, de homenajes y todo con un estilo único, depurado y cercano. Estás viendo una peli de los años 40, una peli de amor, una historia de honor, de honestidad y de traición a la vez. Es une peli de cine negro de las de antes, un clásico. Está escrita desde la cercanía y desde la seriedad y el resultado es una obra cercana que toca el alma de cualquiera que tenga sentimientos, que ame o haya amado, que quiera amar (aunque al otro le falte un diente) que sea honesto y que tenga un sentido de la justicia más allá del egoísmo natural en el hombre. 
La dirección de Noé Denia y del propio autor, Óscar Sanz Cabrera es PRODIGIOSA. Tiene momentos y hallazgos visuales conmovedores y espeluznantes (el combate por ejemplo es magistral). Un uso de las luces, de los flash-backs, del drama, de la comedia, de los ritmos y del melodrama estrujante desde luego de quitarse el sombrero. Todos los premios del mundo mundial a los directores.   
Y un reparto inmejorable, sublime, estratosférico, apabullante. Alicia Lobo construye un Pilar para comértela. llena de preguntas pero incondicional del corazón. Enamorada y dura. Vergonzosa pero valiente. Todo un manojo de matices y todos perfectos y en la medida exacta. Jorge Cabrera es de esos seres que siempre están perfectos. Físicamente, vocalmente, de actitud, de emoción, de patetismo, de simpatía. Le odias cuando crees que es un pedazo de mendrugo y te lo comes cuando descubres su secreto y su humanidad y tu también quieres desaparecer del mapa por haber sido tan injusto. Paquito debería convertirse en un icono como "Juncal" o "Chanquete". Pocas veces se escriben personajes tan ricos y pillas un actor tan sabio, tan entregado y tan rico en matices y en profundidad como Jorge Cabrera. ¿sabes lo que es estar absolutamente perfecto? Pues así está él. Y luego Irene Arcos (insisto, es Amparo Muñoz disfrazada de Almudena Cid). Yo no sé qué tiene que pasar en este país para que esta chica sea la mayor estrella del panorama teatral, cinematográfico y de todo lo habido y por haber. NO SE PUEDE SER MÁS BELLA NI MEJOR ACTRIZ. No sólo la belleza, que tela, sino el encanto, el carisma, al comerse los planos, el imán que tiene tan brutal. Y luego es capaz de ser estrellona de vuelta a España, Jeny barriobajera y poligonera, mujer sofisticada, amante herida, walkiria sin trenzas, niña herida, mujer con los ovarios bien puestos y de todo lo que quiera. De verdad, es un auténtico recital. Me enamoré en "Entreactos" y ahora declaro mi amor eterno.

Mira, no puedo seguir, que me ataco. Vayan, por dios, vayan a verlo. Por el texto, por el autor, por la dirección, por esos actores monstruosos... por todo!!! Ya me lo agradecerán, ya.    

lunes, 17 de marzo de 2014

La abducción de Luis Guzmán. Lara.

Ya se nos escapó en el Fringe, pero claro, no pudimos verlo todo. Así que ahora no podíamos dejar de ver esta marcianada. 
El hall del Lara es lo peor. Tienes que intentar ir prontísimo para plantarte el primero de la cola y luego sacar codos para que los listos que ya se lo saben no te aplasten en sus carreras en cuanto se abre la puerta. Una puta selva, vamos. Pero cual maruja en rebajas, me las acabo ingeniando para pillar primera fila. Y no veas como se agradece, porque si no es en primera fila, aquí no ves un cagao. Y especialmente en este caso, la primera fila me metió directamente en el sofá sentado al lado de Luis, de Max y de Clara.




Todo es flipante en este montaje. Yo me sentía como en el comedor de casa de mi tía Basi, en Burgos. Pero podía ser cualquier parte de España. Y de la España incluso de ahora. Allí está Luis, con su programa de radio sobre fenómenos paranormales. Un programa "torrente" como el torrente mental que tiene Luis. Él no piensa, él se aturde con desbordado por el mogollón de pensamientos que se le agolpan. Pensamientos infantiloides algunos, básicos y efectivos otros, pero con algo de esa sinceridad que te toca las narices. Un mogollón como el que hay en el "disco de oro" de las Voyager. Si en vez de en 1977 se lanzaran ahora las sondas espaciales, yo le encargaría a Luis Guzmán la selección de movidas del siglo XXI. Frente a Luis su hermano Max, anglosajón por decisión o por huida. Contrapunto brutal al mundo de santitos y Cristos de don José Luis, padre de estos dos seres tan alejados y tan cercanos el uno del otro como dos personajes de un Pinter con olor a gachas o a lechazo.

Más fenómenos paranormales: los actores. Los tres. Ana Alonso aparece y con ella entra la duda, la extrañeza, el dolor contenido, la lágrima al borde de caer pero suspendida en un hilillo. Y quieres que no se vaya nunca, que se queda hablando con Luis. No se entienden pero quizá sea la única con la que pueda comunicarse. Se tocan los cojones el uno a la otra como solo se los tocan los novios o los hermanos. Puede que sobre, no te digo que no, porque si no apareciera ella todo sería igual. Pero yo quiero disfrutar de una actriz sufriente e intensa como es Ana Alonso. Emilio Tomé hace una creación de esas de comértelo vivo. Porque sería una tortura, pero si no, te llevarías a Luis a tu casa. Adorable dentro de su verborrea tocapelotas. Pero algo tiene que desde que empieza con las pipas ya te cae bien. Y Francisco Reyes es... desconcertante. Habla raro de cojones. Le ves aparecer y flipas con ese pedazo de torre gigantesca. Guapo y feo, atractivo y repelente, te cae bien y le darías dos hostias, pero te embauca. Concentra tu atención casi tanto como su hermano. Y cuando abre la boca, flipas. Realmente habla raro raro. No sé si como un locutor de un cadena extranjera o como qué. Es un poco el anti-actor. Pero tiene una intensidad tanto en su presencia como en sus forma de sentir y de estar y comunicar con su hermano (no con Emilio, el actor) que te quedas embelesado. Y lo que hace funciona. Y no sólo funciona sino que funciona que te cagas. Te deja pegao. 
Y de repente, cuando los enfrentamientos son insoportables, cuando no hay salida, cuando se lanza el mensaje al espacio exterior, cuando te recuerdan el mensaje de las sondas espaciales y tu espíritu está en el punto más alto, va y se acaba. Y tú te quedas ahí arriba, con la adrenalina y la excitación a tope, en todo lo alto. Y te das cuenta de que te acaban de dar un mazazo y te han dejado abandonado a tu suerte.




De verdad te digo que "La abducción de Luis Guzmán" es una marcianada  fascinante, una rara avis dentro del teatro madrileño. Tan embrujadora como estremecedora y con un capacidad de removerte la asadura como pocas veces he sentido en lo que va de año. Si no lo es ya, va a ser uno de los bombazos del año. Y si hay justicia en el mundo y esto pasa a la pequeña del Español o del María Guerrero, va a petar como se merece. Pablo Remón se saca de la manga y de no sé dónde más esta perla que no tiene desperdicio. Totalmente perfecta para mi gusto tanto como texto como en la forma y ritmo en que está dirigida. Toda una personalidad a tener en cuenta, y si no, acordaos bien de esto, porque de aquí a nada Pablo va a ser de las figuras más importantes del panorama. Quedé admirado con todo y con todos.                

miércoles, 5 de febrero de 2014

Autostop. Teatro Lara.





Jugar con fuego es peligroso. Mola, te ríes, te da cosilla arrimar le hocico al peligro. Y luego casi siempre te cagas un su puta madre por no haber parado a tiempo. Es el morbo del riesgo. Empiezas, ves que va bien la cosa, y sigues, te animas un poco más y como veas o creas que no pasa nada, que sigues a salvo, te arrimas un poco más al abismo, y luego un poco más y lo más fácil es que acabes escoñándote montaña abajo.
Y si juegas a ser otro, ya ni te cuento. El fracaso está asegurado. Y si eres una churri bastante pava o un intento de macho alfa (por los cojones) no es que tengas asegurado el fracaso, sino el drama.
Dana y Jupe (el pobre no puede ni fardar de llevar el nombre de un planeta sino de un personaje de unos libros que todos leímos y ninguno recordamos) son un poco sosos. Él va de sietemachos pero en el fondo no tiene ni media hostia. Ella es pava como ella sola, mamá la tiene abrasada y está de viaje con su novio o marido (ambos llevan anillo, aunque casi que da igual) y lleva la blusa abrochada hasta arriba, no sea que...




No sé si entonces comienza el juego o si el juego ya viene empezado, pero en ese momento sí que dan un paso más allá y empiezan a jugar con tentaciones, provocaciones, retos, juegos crueles y torturantes que les llevarán al final que ves venir desde el minuto tres de la función. Pero lo que importa no es tanto ese desenlace final (sin duda lo mejor de todo la función) sino el proceso de juego cruel que les lleva a terminar como terminan, desnudando su cuerpo y su alma y enfrentándose casi a sus peores pesadillas, al descontrol, en un ritual casi digno de Haneke o de Chabrol. Lo más cruel viene de ellos mismos, porque poco antes ellos mismos han dicho "siempre se desea en futuro" o algo así. Y "...cuando te haces mayor, los deseos dejan de cumplirse, pero se quedan ahí parados, en autostop" (cito de memoria, no son las palabras exactas, aunque más o menos entendí eso). ¿Es eso lo que han deseado? ¿Es ese final el deseo que han tenido y que les ha esperado parado, en autostop? ¿Es peligroso desear algo, por si acaso se acaba cumpliendo? ¿Contaban con esto cuando empezaron a jugar? 




Eso si, aunque estos planteamientos inquietantes son brotes geniales en este texto, en mi opinión se difuminan un poco por lo excesivamente larga que es la primera parte. La parte digamos más puramente de "juego" tiene altibajos y se hace un poco reiterativa y hasta lenta. Quizá centrando un poco el mogollón y exprimiendo un poco más menos escenas habríamos llegado a ese final apoteósico y casi apocalíptico. Durante la primera parte, el interés va y viene. No ayuda una dirección quizá demasiado tímida. A pesar de lo bruto del texto y de la situación, dejan a los actores demasiado vendidos en actitudes algo forzadas y poco intensas. No ayuda el tener que moverse en ese espacio tan reducido (hay otros decorados montados y no se puede mover, hay que apañarse, es lo que hay). Bueno, yo es que además veía claramente tres opciones estilísticas distintas. El primer acto, casi te diría que es de comic (quizá no tanto como en "Arizona" de Juan Carlos Rubio), el segundo, con Irina por ahí calentando sin querer el cotarro me pedía un toque casi de David Lynch, y el tercero, una explosión oscura casi tenebrista. Pero claro, esa es mi visión, el director tiene otra y es de lejos, mucho mejor que la mía. Lo primero porque para eso es el director y lo segundo porque él es el que sabe. Pero sí creo que algo más de juego escénico habría ayudado a marcar mejor la evolución y a dar más dinamismo e interés a toda la primera parte. Igual que pienso que, a pesar de la valentía de los dos actores (y no lo digo solo por despelotarse y revolcarse por ahí carne en ristre, que evidentemente también) al despelotar su alma, Mentxu Romero, debería jugar más, soltarse más, la noto encogida, recatada, poco juguetona, poco descarada, y me cuesta más creerme su explosión. Aún así insisto, está valiente, entregada y muy pero que muy bien. Pero es que Juan Caballero es sobrehumano. Magistral como ese chuloputas repelente, como ligón frágil de medio pelo y como serial killer. Me encantó, no puedo ponerle ni una pega, magistral, fabuloso, me vuelve loco. ¡¡¡Y encima he visto que hizo arte dramático en Valladolid, como yo, y que ha trabajado con mis amigos de Azar Teatro!!!!!  Le quiero poner un monumento, aunque por ahora, otro más que va a saco de mis mitos adorados.
Ah, eso sí, yo quiero saber dónde conseguir unas botas y un cinturón como los suyos, y por diossss, cuando redecore mi casa, quiero que se encargue Alberto Puraenvidia, porque cada cosa que toca...   

Bueno, y por supuesto, sobra decir que Carlos B ha dado, da y dará muchísimo que hablar en el mundo de la cultura española, porque tanto genio dentro no se puede aguantar.      

lunes, 16 de diciembre de 2013

La llamada. Teatro Lara.

Mira que me suele gustar a mi poco lo que veo en el Lara (salvo "Las heridas del viento" que no me canso de recomendar) pero reconozco que con "La llamada" me lo pasé muy bien. El panorama era desolador. Cuatro filas llenas de una panda de chavales que eran como del mismo insti. Otra fila con un grupo como de despedida de soltera y varios grupos de señoras mayores. Viernes y 13. Vamos, lo tenía todo para salir espantado de allí. Pero aunque hubo bastante jari antes de empezar, las de la despedida de soltera no pararon de hablar a voz en grito todo el rato y varios cientos de móviles sonando, lo cierto es que en cuanto empezó me entregué al placer de disfrutar cual carpetera quinceañera y sanseacabó.



Tampoco nos vamos a engañar, lo que es el texto tampoco es que sea una locura. Bueno, lo que quede del texto, porque me da que a estas alturas habrá cambiado mucho morcilla en mano. Con todo y con eso, no es una cosa como para volverse loco. Pero funciona. Lo que viene siendo la anécdota, está cachonda. Una chavala "rebelde" (rebelde de peli de Marisol, no de Larry Clark) recibe a visita de Dios, que en vez de hablar con ella, le canta canciones de Whitney Houston. Amiga graciosa, monja mala (de peli de Marisol también) y monja pava. Todo mu blanquito. La monja no es mala, no hay movidas gordas, en fin, todo blanco y fácil de digerir.
Hay una teluja tapando la escenografía de "Burundanga" y todo es casposo y cutrecillo. Pero las chicas están todas muy bien. Gracia Olayo demuestra tablas, Belén Cuesta y Andrea Ros están muy graciosas y Macarena García muy mona. Hay unos músicos en el escenario que aparte de partirse el culo con las morcillakas de las chicas, poco más hacen.
Vamos que nada destaca por nada, pero si lo que quieres es pasar un buen rato, reírte un poco y ver a una puñado de actrices disfrutando con lo que hacen, pues relájate y disfruta. Si quieres una cosita densa o con cierta profundidad o trabajo serio... pues mejor te vas a otra sala. Esto está hecho para disfrutar y la peña disfrutamos de lo lindo.  

jueves, 14 de noviembre de 2013

True West. Teatro Lara.

Pues no sé si es que yo, como venía de ver otra vez "Diario de un loco", tenía la cabeza en el Matadero y la nariz en la luna o qué, pero me aburrí soberanamente.



El texto de Sam Shepard como muchas veces, habla de perdedores. Ex-cambatientes de un mundo rural perdido pero añorado como bueno.
¡Spoiler! Pa que luego digáis que no aviso.
Dos hermanos que se llevan a matar y son como polos opuestos se reunen después de un tiempo para no sé qué. Igual no me enteré. Se supone que tienen que estar un tiempo juntos para limar odios o asperezas para conseguir algo. Claro, hay mucha lucha y mucha discusión, y al final el pijo se amacarra y el macarra saca el escritor que lleva dentro. Ligero cambio de roles. Pero ligero. Entre medias un productor y una madre que si no apareciera, daría igual. Ah, yo lo del "realismo mágico" que pone en la publicidad... no sé, te juro que no sé dónde está.
Los actores son buenos. Son muy buenos. (Los actores en España, por lo general son buenísimos, hay una cantera pa que luego digan que si los ingleses, los franceses...). A algunos los había disfrutado en aquel fabuloso "Los últimos días de Judas Iscariote", uno de los mejores montajes del año pasado. Pero noto en todos ellos que el intenso trabajo de preparación, el currazo que parece que se han pegado en los ensayos, se ha quedado fijado pero no asimilado. Me da la sensación de que tiene muy claras las acciones, las reacciones, los conflictos, los secretos pero que no les sale de forma orgánica. Es como si marcaran la coreografía e intentaran sacar una verdad y unos sentimientos que no siempre salen. El otro día no salían. Y les veías desde el segundo uno gritando, enfadándose demasiado, marcando los personajes de forma exagerada para ver si así surgía la magia. Y no surgió. Y sí, corren, saltan, gritan, lloran, sudan mucho, pero pa mi gusto, les falta verdad. Pero verdad de dentro. Claro que yo creo que el texto no ayuda nada. Y lo siento en el alma, pero no entiendo en absoluto cómo una actriz tan buenísima como Inma Cuevas está haciendo ese papel. Lo primero, porque no le va. ¿Por qué está haciendo de madre de Israel Frías y de Luis Rallo? Por dios, me parece un despropósito. Y luego lo que hace no me gusta nada. No entiendo que haga lo que hace. Aparte de que me sobra el personaje. Quiero decir, que si no aparece, da igual. Ni aporta ni cambia nada.
Bueno, que yo qué sé. Que ojalá les siga yendo tan bien, que vaya mucha gente, que duren en cartel muchos meses y que sea un exitazo porque los actores se merecen eso y más. Pero lo que es este montaje, a mí no me gustó nada. Y ya lo siento, pero es que lo que me gusta, me gusta, y lo que no me gusta, no me gusta. 

martes, 5 de noviembre de 2013

Las heridas el viento. Teatro Lara.

Que no soy yo muy amigo del Lara lo sabe cualquiera que me lea. Que muchas veces tengo que meterme mis palabras por el culo, también. Le doy las gracias al Lara por este espectáculo. Porque desde luego, "Las heridas del viento" es para mi gusto, uno de los espectáculos que más me han estremecido en lo que va de año.



Juan Carlos Rubio hace de maestro de ceremonias y te presenta su historia. Yo me quedé un poco flasheado porque me temía que saliera a explicarnos cosas de la función. Y eso me revienta. Pero no. No te cuenta nada, pero te introduce en un ambiente triste y acongojante que hace que empiece la función y ya tengas el corazón pelín encogido.
Todos sabéis de qué va la trama. Muere Rafael, su hijo pequeño, que nunca se ha sentido suficientemente querido por su padre revisa sus cosas y encuentra unas cartas. Cartas de amor. No hay remitente, pero firma un tal Juan. y decide ir a conocer a Juan e indagar sobre su padre para intentar buscar una explicación a por qué no le quiso lo suficiente. Juan es un ser de vuelta de todo. Experimentado, gay de los de antes (de los que tuvieron que vivir escondidos y ultrajados por una sociedad enferma y encerrada), mordaz, picajoso, sobrao, amargao, lúcido y herido. Un señor que se puede permitir lo que le de la gana y que se permite también, dentro de la desolación que da un corazón roto, vacilar a David en parte por regodearse con la herencia de su ex amante y en parte por no enfrentarse a la verdad. Llora solo en un banco, en su banco. Respira hondo y se encuentra con David. El resto es secreto de sumario.
La puesta en escena es brillante e ingeniosa. Te lo presenta todo el propio autor, y se queda sentado a un lado, ayudando a cambiarse a los actores, y dando paso a la música acertadisima de Mina. Todo tiene un punto de ritual. No de falsedad, sino todo lo contrario, de ceremonia de exorcismo de fantasmas desconocidos. Los propios actores encienden y apagan las luces, ponen y quitan elementos. Ese "artificio" en la forma que no pretende engañar a nadie contrasta con el trabajo de los actores, de una intensidad y profundidad pocas veces visto.
Daniel Muriel está serio, profesional, solvente, entregado en un papel desagradecido por los pocos momentos de "desparrame" que tiene pero intensísimo en todo lo que tiene que "escuchar", eso tan difícil para un actor. Aguanta, aguanta y aguanta y cuando salta se te ponen los pelos de punta. Nunca le he visto en un papel tan difícil, tan intenso y tan complicado. Sobresaliente. Y encima, tiene enfrente (o al lado) a un ser sobrehumano. Lo de Kiti Manver no tiene igual hoy en día en la cartelera. A veces he hablado de "actrices médium" como mi Estefanía (de los dioses) y de los Santos. Pues Kiti es otra médium. No interpreta nada. ES Juan. Como soy mu MariPili y casi siempre pillamos fila buena, esta vez no iba a ser menos. Fila 1. Y va y se me sienta al lado. Yo mosqueado, porque pensaba que esa señora de pelucón rubio igual era la madre. había leído un poco de qué iba el asunto y me eché a temblar. No me molaba. Pero cuando de echa la mano a la cabeza y se quita el pelucón, se me desencajó la mandíbula, se me agarrotó el corazón y se me puso un lagrimón en cada ojo y un nudo marinero en la garganta. Ojiplático veía cómo esa señora se transformaba en Juan. Y con cada pestaña, cambiaba su interior y aparecía, como si hubiera estado envuelto en una cáscara femenina, la mirada de Juan. Lo siento por el resto de público, pero me hablaba a mí, me miraba a mí, me abrazaba a mí, me acariciaba a mí y me bailaba a mí. Y la tristeza invade el Lara. El dolor de la soledad inunda el jodío hall y te agarra el corazón, las tripas y los mondongos y te somete a un despliegue de sutilezas que no te dan opción. Habla bajito, cada palabra con sentido y alma. No sólo corazón, sino alma. Está absolutamente sobrecogedor. Y digo sobrecogedor porque durante toda la función es un hombre. No una mujer haciendo de hombre. Pocas o ninguna vez he visto una transformación física y emocional tan profunda y definitiva. Kiti ha subido a mi Olimpo y allí se queda pa siempre. Y la historia que vemos ahí, a medio metro es tan dura, tan triste como si fuera nuestra propia historia. El monólogo del viento es lo más bello que se ha escrito en años. Ese giro final me estremeció, e incluso hoy, se me agarrota la garganta de tristeza y ganas de llorar. Lo digo con mayúsculas. ES UNA DE LAS INTERPRETACIONES QUE DEBERÍAN PASAR A LA HISTORIA DEL TEATRO.
No sé qué más decir. O si decir algo más. Creo que la pena negra es tan honda que ni la luna ni las palabras le pueden poner forma. Igual en unos días añado algo más, hoy mi congoja no me deja.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

La vida en tiempos de guerra. Teatro Lara.

Calorazo sofocante. Las sillas de primera fila, reservadas (en fin). Esquivando cabezas para poder ver esta adaptación de "Casa de muñecas".
Venga, lo digo ya, porque pensaba andarme con rodeos, pero es mejor ir al grano. Y de verdad que siento muchísimo tener que decir esto, pero debo ser sincero conmigo mismo. A mí no me gustó.



Creo que la adaptación ha perdido detalles de las relaciones de los personajes que explican los acontecimientos y el interior de esos personajes. Al final, Nora queda como una chica caprichosa que se emperró en hacer un viaje y ahora de repente decide que se va. Y tengo siempre la sensación de que la actriz, a pesar de estar bien físicamente, emocionalmente está lejos del personaje. Y vocalmente también. Al resto de los actores también los noto por detrás de sus personajes. Y son buenos actores, pero falta la mano de un director que saque de ellos lo mejor, lo que la función necesita. Así Julio Hidalgo, que es el que mejor está, sin duda, habría estado soberbio. Así, Antonio de Cos, o mejor dicho, Rank, habría aportado algo más, porque según está planteado, es un personaje que si desaparece, no altera nada. Así Mamen Camacho habría estado más centrada y más multicolor. Con estar hipernatural no se lleva adelante un personaje si el resto no está en tu misma tesitura. Y Georbis Martínez habría tenido más enjundia.
En definitiva, un tremendo potencial tanto actoral como dramático, que para mi gusto, no logró sacar lo mejor ni del texto ni de los actores. En fin, para gustos se hicieron los colores, y el color de este espectáculo no es mi preferido. Con todo y con eso, lo recomiendo. Hay que verlo, sobe todo por los grandes actores. Ah, y lo de las canciones en inglés... un poco  más curradas, jo, que eso del inglés tipo "jelou, jau ar yú"... como que no.
Y eso sí, mi clásico. Señores míos, se dice "estoy seguro DE que..." o "estoy convencido DE que...". Eso de que ante la duda, todos los "deques" fuera, no. Lo primero porque no hay duda. Hay reglas. Y eso está mal!