miércoles, 5 de febrero de 2014

Autostop. Teatro Lara.





Jugar con fuego es peligroso. Mola, te ríes, te da cosilla arrimar le hocico al peligro. Y luego casi siempre te cagas un su puta madre por no haber parado a tiempo. Es el morbo del riesgo. Empiezas, ves que va bien la cosa, y sigues, te animas un poco más y como veas o creas que no pasa nada, que sigues a salvo, te arrimas un poco más al abismo, y luego un poco más y lo más fácil es que acabes escoñándote montaña abajo.
Y si juegas a ser otro, ya ni te cuento. El fracaso está asegurado. Y si eres una churri bastante pava o un intento de macho alfa (por los cojones) no es que tengas asegurado el fracaso, sino el drama.
Dana y Jupe (el pobre no puede ni fardar de llevar el nombre de un planeta sino de un personaje de unos libros que todos leímos y ninguno recordamos) son un poco sosos. Él va de sietemachos pero en el fondo no tiene ni media hostia. Ella es pava como ella sola, mamá la tiene abrasada y está de viaje con su novio o marido (ambos llevan anillo, aunque casi que da igual) y lleva la blusa abrochada hasta arriba, no sea que...




No sé si entonces comienza el juego o si el juego ya viene empezado, pero en ese momento sí que dan un paso más allá y empiezan a jugar con tentaciones, provocaciones, retos, juegos crueles y torturantes que les llevarán al final que ves venir desde el minuto tres de la función. Pero lo que importa no es tanto ese desenlace final (sin duda lo mejor de todo la función) sino el proceso de juego cruel que les lleva a terminar como terminan, desnudando su cuerpo y su alma y enfrentándose casi a sus peores pesadillas, al descontrol, en un ritual casi digno de Haneke o de Chabrol. Lo más cruel viene de ellos mismos, porque poco antes ellos mismos han dicho "siempre se desea en futuro" o algo así. Y "...cuando te haces mayor, los deseos dejan de cumplirse, pero se quedan ahí parados, en autostop" (cito de memoria, no son las palabras exactas, aunque más o menos entendí eso). ¿Es eso lo que han deseado? ¿Es ese final el deseo que han tenido y que les ha esperado parado, en autostop? ¿Es peligroso desear algo, por si acaso se acaba cumpliendo? ¿Contaban con esto cuando empezaron a jugar? 




Eso si, aunque estos planteamientos inquietantes son brotes geniales en este texto, en mi opinión se difuminan un poco por lo excesivamente larga que es la primera parte. La parte digamos más puramente de "juego" tiene altibajos y se hace un poco reiterativa y hasta lenta. Quizá centrando un poco el mogollón y exprimiendo un poco más menos escenas habríamos llegado a ese final apoteósico y casi apocalíptico. Durante la primera parte, el interés va y viene. No ayuda una dirección quizá demasiado tímida. A pesar de lo bruto del texto y de la situación, dejan a los actores demasiado vendidos en actitudes algo forzadas y poco intensas. No ayuda el tener que moverse en ese espacio tan reducido (hay otros decorados montados y no se puede mover, hay que apañarse, es lo que hay). Bueno, yo es que además veía claramente tres opciones estilísticas distintas. El primer acto, casi te diría que es de comic (quizá no tanto como en "Arizona" de Juan Carlos Rubio), el segundo, con Irina por ahí calentando sin querer el cotarro me pedía un toque casi de David Lynch, y el tercero, una explosión oscura casi tenebrista. Pero claro, esa es mi visión, el director tiene otra y es de lejos, mucho mejor que la mía. Lo primero porque para eso es el director y lo segundo porque él es el que sabe. Pero sí creo que algo más de juego escénico habría ayudado a marcar mejor la evolución y a dar más dinamismo e interés a toda la primera parte. Igual que pienso que, a pesar de la valentía de los dos actores (y no lo digo solo por despelotarse y revolcarse por ahí carne en ristre, que evidentemente también) al despelotar su alma, Mentxu Romero, debería jugar más, soltarse más, la noto encogida, recatada, poco juguetona, poco descarada, y me cuesta más creerme su explosión. Aún así insisto, está valiente, entregada y muy pero que muy bien. Pero es que Juan Caballero es sobrehumano. Magistral como ese chuloputas repelente, como ligón frágil de medio pelo y como serial killer. Me encantó, no puedo ponerle ni una pega, magistral, fabuloso, me vuelve loco. ¡¡¡Y encima he visto que hizo arte dramático en Valladolid, como yo, y que ha trabajado con mis amigos de Azar Teatro!!!!!  Le quiero poner un monumento, aunque por ahora, otro más que va a saco de mis mitos adorados.
Ah, eso sí, yo quiero saber dónde conseguir unas botas y un cinturón como los suyos, y por diossss, cuando redecore mi casa, quiero que se encargue Alberto Puraenvidia, porque cada cosa que toca...   

Bueno, y por supuesto, sobra decir que Carlos B ha dado, da y dará muchísimo que hablar en el mundo de la cultura española, porque tanto genio dentro no se puede aguantar.      

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