viernes, 7 de febrero de 2014

Amantes. Valle Inclán.

Hay veces que las referencias que uno tiene son muy poderosas. En esta ocasión es así. Le peli de Vicente Aranda es de mis preferidas del cine español y sin duda, la mejor de su director. Borrar, superar u olvidar esa referencia es jodido, y uno acaba comparando y siendo más subjetivo de lo que es habitualmente.
Con todo y con eso, hay cosas es este montaje que no sé si superan o si igualan, pero sí hacen olvidar el referente cinematográfico. 
Bueno, por partes. La escenografía del prolífico Paco Azorín me pareció interesante y sugerente, aunque noté a los actores no muy cómodos aún moviéndose por esas pasarelas. Hay muchos cajones, pero no representan nada ni se usan para nada. Y eso sí, eché en falta una cama. O mejor dos. Me parece imprescindible casi. 
Las luces casi bien, aunque hay momentos en los que los pobres hablan desde la oscuridad, y no creo que sea a propósito. La dirección de Álvaro del Amo me pareció sombría, curiosamente no muy apasionada y quizá demasiado pendiente de que no decaiga el ritmo, o mejor dicho, la velocidad del espectáculo.




Marc Clotet es guapo paburrir y está bueno que te cagas. Lógicamente las dos mujeres se vuelven locas por él. Yo también me volvería loco, porque no se puede ser más guapo y tener más cara de majo. Y sinceramente lleva el peso del papel protagonista con bastante poderío. Pero le noto una cosilla que es perfectamente solucionable. Sabe perfectamente lo que dice y por qué lo dice, quiero decir que entiende el personaje y las situaciones. La dinámica dramática de la función es suya y todo lo tiene muy bien digerido. Pero curiosamente, el físico es lo que le pierde. Hay muchos momentos en los que está con los brazos colgando, sin encontrar el movimiento orgánico. Y es una pena, porque cuando tiene sus monólogos en "primer plano" los saca adelante muy bien, con mucha fuerza y mucho poderío. Ahí se expresa con fuerza, rabia y una categoría de gran actor, curiosamente ahí, en lo más difícil. Me gusta mucho este actor, y si lima ciertas cosillas, muy pronto será una bestia de los escenarios. 
Nada más ver a Natalia Sánchez pensé: "buah, demasiado mona, es como una muñequita, no me la voy a creer". Y como siempre, me cubrí de gloria, porque Natalia es la mejor del trío. Está divina. Es preciosa, porque lo es, pero es capaz de esconder esa belleza que podría haber sido fatal, y desarrollar una personaje complejo y con muchas vueltas. Hace olvidar a la gran Maribel Verdú, o al menos te hace no recordarla. Maravillosa, dulce, amarga, triste y fatalista. Con el tercer vértice del triángulo, Luisa, me pasó algo ya con la peli. Yo me veía más a una Charo López. Victoria Abril aparte de parecerme joven, físicamente no me llenaba, me veía más a una actriz más señorona. Claro que luego Victoria Abril estaba tan bien que no se te ocurre nadie mejor que ella. Pues Marta Belaustegui es un poco el mismo caso. No me la veo. No da el aspecto de señorona algo mayor, parece demasiado joven, y la fuerza, el morbo y el poderío de mantis religiosa de la Abril, no está por ningún lado. Me parece que no da el papel en ningún momento. Ni físicamente, ni morbosamente, ni vocalmente. Y no es que no esté entregada y voluntariosa, pero es como poner a Leonardo di Caprio a hacer de  rey Lear. Ni físicamente ni de poderío podrá sacar adelante el papel. Marta Belaustegui no puede. Y en una función de tres, si un lado falla, se cae, por mucho que los otros dos elementos estén sinceramente muy, pero que muy bien.          

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