Aquí podrás leer MI opinión sobre los espectáculos que voy viendo. Insisto en que es MI opinión, nada mas. No pretendo adoctrinar ni tener razón. Únicamente te contaré MIS razones para amar o amar menos lo que vaya viendo. El teatro son gustos y aquí leerás los míos. No soy crítico, solo necesito contarle al mundo el porqué de mis amores. Lo que puedes leer aquí es lo que yo he sentido al ver estos espectáculos. Ni más ni menos que mis sensaciones. Si a alguien le sirven, estupendo.
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martes, 2 de mayo de 2017
Las bicicletas son para el verano.
Una de las cosas que uno más agradece cuando se mete en una sala oscura es la honestidad. Lo he dicho mil veces y lo repetiré otras mil. Que no te la quieran meter doblada. Que no te quieran vender como "supermodernotíatelojuro" una cosa de los ochenta o que te quieran colar como "trabajo sincero" un catálogo de lugares comunes y "quieroynopuedos".
Producciones La Ruta, aparte de otras producciones exitosas, arriesgó con otro montaje, "Palabras encadenadas", brutal pieza de cámara que mereció una mayor repercusión y que afortunadamente se sigue representando por todo el mundo con un exitazo abrumador. Gracias, en buena medida, al trabajo arriesgado y bestial de sus dos intérpretes, dos de los más dotados del país, Cristina Alcázar y Fran Boira.
Bueno pues ahora cambia de tercio y se pasa al teatro de la memoria.
A ver, es inevitable recordar la peli de Chávarri, eso es así. Está en el recuerdo de los que la vimos y en el subconsciente de los herederos de esa guerra, la peor de todas, la guerra entre vecinos y hermanos.
Esta versión teatral, con una ligera poda para reducir espacios, personajes y duración no veo quién la firma, pero merecería una mención porque consigue que no eches en falta nada, que la coherencia del texto sea incuestionable y que la emoción y el drama estén en su punto justo y necesario.
Esta producción de La Ruta es sincera. Es honesta. Y prueba de ello es el efecto que causó en mí.
Me explico, yo siempre hablo desde mí. No pretendo hacer una "crítica" general ni adoctrinadora. Siempre escribo única y exclusivamente lo que me producen a mí los espectáculos que veo.
"La bicicletas..." me produjo un efecto precioso. Nada más empezar me rechinó un poco el tono y el espacio. Parecía la típica escenografía hecha con pocos medios y el tono algo chirriante. Tanto las voces como los tonos se me "desenfocaban". Pero esta sensación me duró dos minutos. Enseguida se produjo la magia de los espectáculos inteligentes y me captó para no soltarme. Tanto la escenografía como todos los elementos, los cambios, las sombras, las maravillosas luces, el fabuloso espacio sonoro, todo está impregnado de un realismo simbólico bellísimo y tiñe la historia casi te diría de un "realismo mágico" que cubre de cierto tono poético una historia tan dura como el drama de esta familia.
César Oliva se pone en el sitio justo desde donde poder contar con el corazón y con las tripas la dureza de unos años desoladores. La puesta en escena destila algo precioso y muy difícil de conseguir, y es que tengas la sensación de estar participando de algo "entrañable". Y no me refiero a la guerra, obviamente. Ese drama, esa tragedia desoladora es incuestionable, sino al tono del espectáculo que es exactamente el tono del texto de Fernán Gómez. La dureza de unos tiempos desérticos vistos con una perspectiva cálida. Ni el texto ni la puesta en escena quitan ni un ápice de dramatismo a la crueldad de la guerra. Ni mucho menos, está ahí, pero el talante "lírico" de ciertas imágenes ayudan a digerir tanta desolación. Ni el texto ni el montaje restan potencia a el horror de una guerra, pero en vez de optar por la crudeza, como en "In memoriam: la quinta del biberón", por ejemplo, Fernán Gómez escribió casi el guion de una peli de Wylliam Wyler, con personajes arrasados mirando al horizonte mientras suena una banda sonora de estas estremecedoras. Es más un melodrama que un drama. Eso te deja más tranquilo. Y eso es justamente, creo yo, lo que buscan. Por eso hablo de honestidad. No creo que quieran contarnos "La lista de Schindler" sino "Los mejores años de nuestras vidas". Y como uno no siempre tiene el cuerpo revolucionario y a días prefiere, por propia supervivencia, una lágrima a un dolor de entrañas, agradecí infinitamente tanto el tono como el sitio como el clima creado en esa sala tan desagradecida como es la Guirau.
Tengo que poner dos pegas, eso sí. Por un lado, un par de actrices que creo que no están tan frescas y naturales como el resto... y las pelucas. No me gustan nada las pelucas, lo siento.
Repartazo de lujo encabezado por unos grandiosos Patxi Freytez y Llum Barrera. Pero el resto (casi) están igual de brillantes. Teresa Ases mágica y dolorosa, Álvaro Fontalba divertido y chispeante, tragicómico y apagado.
Aunque de momento han terminado en el Fernán Gómez, estoy convencido de que volverán a Madrid y de que seguirán girando por toda España, lo primero porque el montaje lo merece, segundo porque tiene calidad suficiente como para que quieran verlo en todo el país y tercero porque es un homenaje a Fernán Gómez, a la palabra bien dicha, a la emoción y a la historia.
Las fotazas son de Pepe H y espero que no le importe que las haya usado, pero son tan brutales...
jueves, 3 de septiembre de 2015
Palabras encadenadas. Off del Lara.
A nada que conozcas a Fran Boira y a Cristina Alcázar te podrás imaginar que no son actores de los que escatiman entrega, riesgo o valentía. Al contrario, siempre arriesgan y dan de sí el 100 % como mínimo. Claro que cuentan con una ventaja. Y es que ambos son seres tocados por la musa del arte. Fran se atrevió con un McBeth y no le tembló le pulso. Normal. No sólo aprobó le examen sino que sacó matrícula a base de talento, riesgo, valentía y de suicidarse emocionalmente en cada función. Después de esa hazaña quedó demostrado que Fran puede con todo. Y Cristina se atreve a medirse con esa bestia parda de Fran y tampoco le tiembla el pulso. Lógico, ella tiene tanto talento y valentía como Fran y la lucha entre los dos es cuerpo a cuerpo, de igual a igual, una lucha de panteras salvajes heridas, mutiladas y rabiosas. Bella como un amanecer y con un dominio vocal apabullante.
Esta propuesta es modesta en su planteamiento (un espacio cercano y desasosegante, el aliento de las hienas a medio metro, un texto poderoso y dos actores bestiales) pero con un resultado de altos vuelos. Es una pieza de esas que se convertirán en míticas, uno de los duelos teatrales de mayor voltaje de la historia de la cartelera madrileña. No quiero joder la trama a nadie así que seré cauto en lo que cuente del meollo de la historia. Sólo diré que lo que empieza como el secuestro de una chica a manos de un asesino cruel y despiadado irá girando y girando y girando de nuevo y otra vez más y otra en un puzzle de vueltas y revueltas que te mantendrán en vilo, con el alama encogida esperando "qué coño va a pasar ahora", sin terminar de apoyar le culo en la silla y con los huevos por corbata durante hora y pico. Un duelo de altísima tensión dramática, interpretativa, sexual, tiránica, hijaputa, dolorosa, juguetona y despiadada que permite a los dos intérpretes manejar un ramillete de sensaciones, gestos, relaciones de poder y de sumisión, un abanico de intenciones y de toboganes emocionales que son un puto regalo para un actor. Los dos leones enjaulados y heridos, Fran y Cristina dan un recital de matices, de idas y venidas, de sumisiones, humillaciones, despotismos, desprecios, llantos, gritos, potencias y relámpagos como pocas veces se han visto en un escenario. Y es que entre ellos no es que haya química, es que va más allá todavía. Se tocan, se desprecian, se odian, se desean, se repelen, se escupen y se mean uno encima del otro como dos putas bestias acorraladas por el pánico. Supervivencia y machaque. Poder y crueldad. Manipulación y sufrimiento. Un actor necesita, aparte de un buen texto, que su torrente de energía no se diluya, no se caiga ni quede flotando. Necesita que su chorro de energía llegue a su oponente, aterrice, se nutra y vuelva enriquecido y a la altura. Eso es justo lo que se crea entre ambos actores. Un torrente de energía que fluye por el espacio plagado de odio, de ira y de patadas al hígado.
Amos a ver, si es que esto está inventao. ¿Qué le pide uno a un espectáculo para que le pille? Un buen texto, una dirección que ayude y unos actores que hagan creíble lo increíble. No hacen falta jeribeques raros, ni en necesario leerse un prospecto antes de entrar, ni hay que estudiar astrofísica para entender las metáforas. Con sinceridad, talento, entrega y electricidad basta. Y Fran, Cristina y Juan Pedro lo demuestran. Juan Pedro Campoy dejando que las riendas las lleven los actores, sirviéndonos una copa envenenada siempre desde el sitio del respeto, del ayudar y del dejar que el torbellino fluya. Sin duda, la mejor forma de empezar el "curso", viendo uno de los espectáculos que la van a lira este año en Madrid. Por algo Cristina y Fran son dos de los actores más acojonantes que te puedas encontrar ahora mismo.
domingo, 2 de noviembre de 2014
MBIG (III) La pensión de las pulgas.
El texto me lo conozco casi al dedillo. He visto miles de millones de versiones de McBeth en todos los formatos habidos y por haber. Incluso esta versión la había visto ya otras dos o tres veces, ya ni recuerdo. Pero lo de esta matinal ha superado toda mi capacidad emocional, que por cierto, es ingente, y he visto desbordado mi interior como pocas veces antes en mi puta vida. Ya sé que he escrito antes dos veces sobre este montaje, pero cada vez que lo he visto ha sido un terremoto emocional nuevo, así que voy a por la tercera. Podría esperar a mañana o a que reposara el sentimiento, pero es como cuando te despiertas y has tenido un sueño de esos que te han hecho llorar, o retorcerte, o gozar y tienes tentaciones de escribirla para que no se te olvide. O lo escribo ahora o callo para siempre y yo callao, no puedo estar.
También he tenido la tentación de leer lo que escribí en su momento pero prefiero no hacerlo. No quiero usar recursos de otras veces, aunque si coinciden, será que son así.
Mira, me lo he pensado mejor y creo que no voy a hacer un repaso al uso de cada elemento de la función. En esta ocasión seré más raro que nunca y lo voy a definir con sensaciones.
Al minuto y medio de empezar la función he notado un calambrazo. No estaba sentado encima del enchufe, no, era que la tensión y la electricidad que automáticamente se había creado en esa habitación era tan mágica que había cobrado vida. Era como los rayos esos de las pelis de ciencia ficción, o como los relámpagos de una tormentaza en medio del campo. Era algo casi físico que se podía ver. José Olmo le da un talante y un poderío a su Duncan que lo hace carnal y real. Andres Gertrudix es el Banquo perfecto. Sutil, malo, envidioso, buen amigo y peor enemigo. El Ross de Javier Mejía es un recital de recursos minúsculos. Imposible decir más con tan poco. Asombroso. Jorge Suquet es un McDuff antológico. Hace lo mas difícil que puede hacer un actor; escuchar cómo te cuentan que han matado a tu mujer y a tus hijos y aguantar, tragarse todo el hedor que le sale y que tú notas y luchar porque no se vea. Y luchar y luchar hasta que la lágrima se escapa sin tú quererlo. Es lágrima traicionera que Jorge ha luchado por que no se le escape y se le cae sin querer, cuando ya no lo puede evitar. Sólo por ese momento... se merece el cielo. Lo de Javier Ruiz de Somavía es... no sé... como que despierta la envidia más sucia y saca todo mi veneno. No se puede ser más guapo, estar más buenorro, tener una dicción más precisa y unos matices más preciosos. ¡¡¡Y encima parece que ese es su estado natural!!! Te odio, Javier, porque lo tienes todo y yo me pongo malo, jajajja. Tener a diez centímetros a Maribel Luis ya Pilar Matas es retroceder en el tiempo y volver a cuando tenía 6 años (yo, claro) y nos llevaban al pueblo y llegábamos a casa de mi tía Basi. Yo me cagaba vivo. Tenía ese pelo, vestía igual (los domingo sólo, claro), ponía las manitas igual que estas dos malas perras. y yo me iba por las patas. No sabía si me daba más miedo que me diera un beso o que no me lo diera. Ellas son así, son sapos, rata, víbora, murciélago, mi tía Basi, barro, mierda, pedo, odio, luz y ese color verde de mi tía que me helaba y me hiela la sangre. Raquel Pérez es la diosa del teatro y la sabiduría hecha mujerona. Se las sabe todas y ha conseguido hacer tan suyos esos monólogos fríos sobre le mundo empresarial, que la peña se partía el culo con ella. Y te canta, y te deja helado cuando te llora, y grita y tu cuerpo quiere dejar este mundo.
Rocío Muñoz-Cobo es una burra de tres pares de cojones. Es una madrastra de Blancanieves, es la femme fatal que habla por el coño y domina en la cama. La perra más perra que te puedas imaginar. y se planta unos monólogos acojonantes demostrando una maestría de grandísima actriz que te ponen la sangre a mil. Hace algo que es lo más difícil en un monólogo y es tener claros y distinguir los focos a los que les habla en cada momento. Un monólogo no es hablar en voz alta. Es dirigir tu texto a distintos objetivos y ella los tiene clarísimos. Por eso está concreta certera, bestial y perra. Absolutamente perfecta y cada día más diosa. Bella como una madrugada y mujer tierra. La naturaleza en una cama redonda.
Y Fran Boira. Creo a estas alturas que he dicho todo lo que se puede decir de este hombre. Es un niño grande que sufre y se empalma con las palabras "poder" y "cobarde". Hace un todo con el llanto, el sufrimiento y la risa. Ríe cuando sufre y cuanto más sufre, más ríe. Y si en otras ocasiones parecía que lo daba todo e incluso que había empeñado su propia estabilidad emocional para prestársela al personaje, hoy he visto incluso un paso más allá. Hoy no he visto a Fran Boira interpretando ni viviendo ese McBeth. Hoy directamente he visto y he sentido a McBeth. No había un actor interpretando, hoy teníamos delante, como en una sesión de espiritismo, al auténtico McBeth. Te juro por Mahler que Fran Boira estaba poseído. En varias ocasiones me ha mirado. Mejor dicho, ha dirigido su mirada hacia mí y la ha clavado en mi espíritu. Pero yo no veía a Fran Boira, no me miraba Fran Boira, me miraba un ser indefenso atrapado en el cuerpo sufriente de McBeth. Sólo sé que a la salida no he sido capaz de esperar a que saliera para felicitarle. No tengo valor para mirarle a la cara. me habría resquebrajado.
Supongo que no he sido capaz de transmitir lo que ha ocurrido hoy en la calle Huertas. Pero es que es imposible describir un amanecer, o la sonrisa de la persona amada, o un recuerdo doloroso, o la belleza de la sinceridad, o el escalofrío de un orgasmo por amor. Hay momentos, experiencias y sensaciones que sólo se viven y las palabras no alcanzan a describirlas. En mi vida ha habido cuatro o cinco momentos de los que recuerdas para siempre. Cuando noté que mi amor era para siempre, cuando murió mi padre, cuando noté que mi amiga Esmeralda lo sería para toda la vida, cuando supe que Lluís iría siempre conmigo y esta tarde. No paro de llorar, pero no de pena, sino de sensaciones. Me avasallan. Eso nunca os lo podré agradecer lo suficiente. Me habéis dejado traspasado, herido, desgarrado. ¡Cabrones!
O será que estoy muy mayor.
El resto, es silencio.
viernes, 20 de junio de 2014
MBIG. La pensión de las pulgas (II)
Que un espectáculo teatral es algo único y vivo está claro. Que no hay dos funciones iguales también. Que le teatro, como la energía y la pena (¿verdad, Fany?) se transforman es también algo sabido. Y para muestra, un MBIG.
Yo lo vi nacer y entonces la fiera, el monstruo escrito por Shakespeare y adaptado y dirigido por el gurú Martret era una bestia parda. Una explosión de energías desbocadas. No digo que fueran descontroladas, ni mucho menos, pero sí que tenía muchas aristas en su propia concepción. O quizá era por la conjunción de torrentes. Ahora todo está pulido, el diamante se ha pulido, las aristas son ahora formas suaves, compactas y la fiera se ha domado aunque es más peligrosa aún que antes.
No voy a leer lo que escribí en su momento y es posible que me repita en muchas cosas. Me la pela. También os digo que si queréis leer lo que escribí en diciembre... guay. Pero aquel era un montaje y este es otro.
Todos los elementos que forman parte de un espectáculo están en este utilizados y concebidos como si fueran personajes. La luz es la mejor que se ha visto en La pensión de las pulgas. Bolsos, soperas, rincones, la luz sale, surge, entra, mancha, ilumina, atrae, tiene vida propia. El vestuario es divino, precioso, sensual y personal. La paleta de colores va del verde bruja mala al negro femme fatal pasando por el blanco inocencia. Colores, formas y patrones con personalidad.
Martret se sobra dirigiendo este milagro. Toma a Shakespeare por banda, y demostrando un respeto y una admiración tremendos por el texto, intercala un personaje, Camelia, que convierte las luchas de poder en metáforas de la productividad y eficiencia de una mega empresa internacional. Adaptación respetuosa y brillante. Y una dirección medida en cuanto a ritmos, desaforada en cuanto a pasiones y magistral por lo compacta. Y está contada desde el mejor sitio posible. Yo confieso mi absoluta debilidad por McBeth y esta versión es justamente la que yo habría hecho. Para mi gusto está contada desde el sitio y de la forma perfectas. ¿Y ese juego de miradas? En cada escena de grupo, o en cuanto hay al menos tres personajes en escena, las miradas entre los personajes, hablen o no hablen son como una batalla de espadas láser de "La Guerra de las galaxias". Son miradas mortales, llenas, potentes. Siempre hay miradas entre ellos, fulminantes, llenas de texto, llenas de reacción, llenas de verdad. Como una bella coreografía que es casi como otra obra dentro de la obra.
Pilar Matas y Maribel Luis son las brujas. Vestidas, peinadas y con hechuras de malas pero malas perras malas. Yo no sé si son como esa tía que me tenía acojonao de pequeño, o como esa vecina mala que te da el punto de que cualquier día te envenena al perro. Son más malas que un dolor, y con esa luz y esas miradas y esos estertores... te dan un yuyu que te cagas y son uno de los platos fuertes de la función. Grandes las dos.
Daniel Pérez Prada es un Banquo multifacetas. Tiene una ristra de matices que hacen de su Banquo un amigo, un cómplice, un verdugo, una víctima, un ser vivo. Hasta cuando está muerto está vivo. Flipante.
Javier Mejía es un Ross elegante, caballero, con la fuerza del susurro y el estremecimiento del actor que sabe escuchar. Pepe Ocio es McDuff. Y reconozco que aunque su arranque me pareció... frío, va de menos a más, tiene una progresión brutal y termina recibiendo la noticia del destino de su señora y sus hijos con una verdad, que se te eriza el total. Francisco Olmo tiene la solvencia y el poderío de un actor de raza. Y Manuel Castillo es el que más ha crecido. Está mucho más terrenal, ha crecido como actor mucho, ha ganado confianza, cree más en lo que hace y lo transmite. Sobresaliente su esfuerzo.
Raquel Pérez. ¿Qué se puede decir estas alturas de esta mujer? Habla, se mueve, te convence, canta, seduce, entra, sale, llora, va y viene y te lleva con ella a donde se le antoja. Tiene ese imán único que hace que cuando ella está en escena, no quieras perderla de vista. Te interesa todo lo que hace, todas su reacciones. Y qué quieres que te diga, pero una persona que es capaz de hacerme llorar con un monólogo sobre "el índice de probabilidad de error"... es mu fuerte, ¿no?
Y luego Rocío Muñoz-Cobo. Sí, es Liz Taylor, es Ava, es María Asquerino, es carne, es vida, es sangre, es incitadora, es perra, es mala, es enferma, es femme fatal, es niña, es veneno, es cobarde, es audaz, es todo lo chungo. Ha creado un personaje enfermo, enfermizo y enfermante que es un prodigio de verdad. Y además hace un trabajo vocal acojonante. Saca unos graves y una voz de ultratumba que combinada con esos ojos, con esa mirada infernal, con esa raza de perra cachonda, húmeda, llena de bilis, de podredumbre, de ambición, de coño y de tierra, hace de su Lady un bicho podrido desde las raíces. Por cierto, la escena del sonambulismo... una lección.
Y Fran Boira. No sé ni qué decir de Fran Boira. Creo de corazón que hace una de las composiciones más complejas, completas e intensas del año. O de muchos años. Es como un niño que de pronto se ve metido en una espiral que le supera, pero de la que no puede escapar. Su motor no es el odio, ni la venganza, y si me apuras casi ni la ambición. Es una mezcla de destino fatal con una erección constante cuando oye la palabra "cobarde", un amor desmesurado por la perra, un sentimiento de culpa mal digerido y un masoquismo que le lleva a reír cuando más sufre y a sufrir cuando más ríe. Un desquicie emocional que el mago Fran Boira lleva con una naturalidad inexplicable. Ese abismo emocional es durísimo para un actor, y Fran lo lleva como si fuera su propia piel, dando una vida, una naturalidad a esa putrefacción que no tiene palabras en este mundo para definirlo. Y el mogollón de escenas que tiene con Rocío son puros recitales. Hace poco dije que son los Lawrence Olivier y Vivien Leigh españoles. No exageraba. Pero es que aquí el nivel de electricidad es tan brutal que son hasta Liz Taylor y Richard Burton en, o Bette Davis y Joan Crawford. Una pareja perfecta y químicamente salvajes. Ambos dos deberían estar en todos y cada uno de los repartos del mundo mundial. Son dos seres capaces de hacer lo que les salga del pepo. Gigantescos. Bestiales. Únicos.
Simplemente voy a insistir en una cosa. Si hay alguien que no lo haya visto, por dios, que lo vea. Pero ya. Fenómenos así se dan pocos el tol año. Yo os juro que he sentido como si me hubieran hipnotizado al entrar y me hubieran despertado al salir. Ha sido un viaje de tripi. Un paréntesis en la vida. Uno de esos momentos, como una puesta de sol, o un beso, o el recuerdo de alguien querido, o un abrazo bien dao, que hacen que la vida sea más bonita y el mundo un lugar más hermoso.
Yo lo vi nacer y entonces la fiera, el monstruo escrito por Shakespeare y adaptado y dirigido por el gurú Martret era una bestia parda. Una explosión de energías desbocadas. No digo que fueran descontroladas, ni mucho menos, pero sí que tenía muchas aristas en su propia concepción. O quizá era por la conjunción de torrentes. Ahora todo está pulido, el diamante se ha pulido, las aristas son ahora formas suaves, compactas y la fiera se ha domado aunque es más peligrosa aún que antes.
No voy a leer lo que escribí en su momento y es posible que me repita en muchas cosas. Me la pela. También os digo que si queréis leer lo que escribí en diciembre... guay. Pero aquel era un montaje y este es otro.
Todos los elementos que forman parte de un espectáculo están en este utilizados y concebidos como si fueran personajes. La luz es la mejor que se ha visto en La pensión de las pulgas. Bolsos, soperas, rincones, la luz sale, surge, entra, mancha, ilumina, atrae, tiene vida propia. El vestuario es divino, precioso, sensual y personal. La paleta de colores va del verde bruja mala al negro femme fatal pasando por el blanco inocencia. Colores, formas y patrones con personalidad.
Martret se sobra dirigiendo este milagro. Toma a Shakespeare por banda, y demostrando un respeto y una admiración tremendos por el texto, intercala un personaje, Camelia, que convierte las luchas de poder en metáforas de la productividad y eficiencia de una mega empresa internacional. Adaptación respetuosa y brillante. Y una dirección medida en cuanto a ritmos, desaforada en cuanto a pasiones y magistral por lo compacta. Y está contada desde el mejor sitio posible. Yo confieso mi absoluta debilidad por McBeth y esta versión es justamente la que yo habría hecho. Para mi gusto está contada desde el sitio y de la forma perfectas. ¿Y ese juego de miradas? En cada escena de grupo, o en cuanto hay al menos tres personajes en escena, las miradas entre los personajes, hablen o no hablen son como una batalla de espadas láser de "La Guerra de las galaxias". Son miradas mortales, llenas, potentes. Siempre hay miradas entre ellos, fulminantes, llenas de texto, llenas de reacción, llenas de verdad. Como una bella coreografía que es casi como otra obra dentro de la obra.
Pilar Matas y Maribel Luis son las brujas. Vestidas, peinadas y con hechuras de malas pero malas perras malas. Yo no sé si son como esa tía que me tenía acojonao de pequeño, o como esa vecina mala que te da el punto de que cualquier día te envenena al perro. Son más malas que un dolor, y con esa luz y esas miradas y esos estertores... te dan un yuyu que te cagas y son uno de los platos fuertes de la función. Grandes las dos.
Daniel Pérez Prada es un Banquo multifacetas. Tiene una ristra de matices que hacen de su Banquo un amigo, un cómplice, un verdugo, una víctima, un ser vivo. Hasta cuando está muerto está vivo. Flipante.
Javier Mejía es un Ross elegante, caballero, con la fuerza del susurro y el estremecimiento del actor que sabe escuchar. Pepe Ocio es McDuff. Y reconozco que aunque su arranque me pareció... frío, va de menos a más, tiene una progresión brutal y termina recibiendo la noticia del destino de su señora y sus hijos con una verdad, que se te eriza el total. Francisco Olmo tiene la solvencia y el poderío de un actor de raza. Y Manuel Castillo es el que más ha crecido. Está mucho más terrenal, ha crecido como actor mucho, ha ganado confianza, cree más en lo que hace y lo transmite. Sobresaliente su esfuerzo.
Raquel Pérez. ¿Qué se puede decir estas alturas de esta mujer? Habla, se mueve, te convence, canta, seduce, entra, sale, llora, va y viene y te lleva con ella a donde se le antoja. Tiene ese imán único que hace que cuando ella está en escena, no quieras perderla de vista. Te interesa todo lo que hace, todas su reacciones. Y qué quieres que te diga, pero una persona que es capaz de hacerme llorar con un monólogo sobre "el índice de probabilidad de error"... es mu fuerte, ¿no?
Y luego Rocío Muñoz-Cobo. Sí, es Liz Taylor, es Ava, es María Asquerino, es carne, es vida, es sangre, es incitadora, es perra, es mala, es enferma, es femme fatal, es niña, es veneno, es cobarde, es audaz, es todo lo chungo. Ha creado un personaje enfermo, enfermizo y enfermante que es un prodigio de verdad. Y además hace un trabajo vocal acojonante. Saca unos graves y una voz de ultratumba que combinada con esos ojos, con esa mirada infernal, con esa raza de perra cachonda, húmeda, llena de bilis, de podredumbre, de ambición, de coño y de tierra, hace de su Lady un bicho podrido desde las raíces. Por cierto, la escena del sonambulismo... una lección.
Y Fran Boira. No sé ni qué decir de Fran Boira. Creo de corazón que hace una de las composiciones más complejas, completas e intensas del año. O de muchos años. Es como un niño que de pronto se ve metido en una espiral que le supera, pero de la que no puede escapar. Su motor no es el odio, ni la venganza, y si me apuras casi ni la ambición. Es una mezcla de destino fatal con una erección constante cuando oye la palabra "cobarde", un amor desmesurado por la perra, un sentimiento de culpa mal digerido y un masoquismo que le lleva a reír cuando más sufre y a sufrir cuando más ríe. Un desquicie emocional que el mago Fran Boira lleva con una naturalidad inexplicable. Ese abismo emocional es durísimo para un actor, y Fran lo lleva como si fuera su propia piel, dando una vida, una naturalidad a esa putrefacción que no tiene palabras en este mundo para definirlo. Y el mogollón de escenas que tiene con Rocío son puros recitales. Hace poco dije que son los Lawrence Olivier y Vivien Leigh españoles. No exageraba. Pero es que aquí el nivel de electricidad es tan brutal que son hasta Liz Taylor y Richard Burton en, o Bette Davis y Joan Crawford. Una pareja perfecta y químicamente salvajes. Ambos dos deberían estar en todos y cada uno de los repartos del mundo mundial. Son dos seres capaces de hacer lo que les salga del pepo. Gigantescos. Bestiales. Únicos.
Simplemente voy a insistir en una cosa. Si hay alguien que no lo haya visto, por dios, que lo vea. Pero ya. Fenómenos así se dan pocos el tol año. Yo os juro que he sentido como si me hubieran hipnotizado al entrar y me hubieran despertado al salir. Ha sido un viaje de tripi. Un paréntesis en la vida. Uno de esos momentos, como una puesta de sol, o un beso, o el recuerdo de alguien querido, o un abrazo bien dao, que hacen que la vida sea más bonita y el mundo un lugar más hermoso.
domingo, 22 de diciembre de 2013
Resumen 2013. Mis amores y pasiones.
Estamos
invadidos por las Navidades, Raphael y Montse ya han hecho su trabajo,
el Almendro nos ha devueltos con los nuestros (es un decir) y el
espíritu del buen rollito por un día y una noche nos ha aprisionado. Y
como yo soy más simple que el asa de un cubo, me voy a dejar llevar por
el subidón dulzorro del turrón (que odio) y voy a hacer un recorrido
pasional y apasionado por los hitos que han marcado mi año cultural.
Ópera.
El año ha sido irregular. De lo malo, por una vez no voy a habar. De lo bueno, evidentemente tengo que destacar por encima de todo la presencia de Carmen Solís en mi horizonte. Lo he dicho y lo he repetido de todas las formas posibles. Es una personalidad única y una de las voces más maravillosas que se han podido escuchar nunca jamás. Canta parriba y canta pabajo como si fuera lo más normal del mundo. Sube y baja con una facilidad innata que no se ve todos los días. Os lo llevo avisando desde hace tiempo. Quedáos con este nombre y el que no la conozca, que lo haga desde ya. Así podréis presumir, cuando Carmen alcance el lugar en el Olimpo operístico universal que le corresponde, de haber sido de los primeros en conocerla. Está todo el día pacá pallá por el mundo, porque ya se la disputan, pero llegará un día merecido en el que la programación de los coliseos se ditinguirá por contar con Carmen Solís para uno, dos o tres montajes al año.
Danza:
Por encima de todo, quiero destacar el trabajo y los resultados de mi adorada Compañía Nacional de danza. José Carlos Martínez está llevando a la CND a unos niveles tanto de calidad como estilísticos que nada tienen que envidiar las grandes compañías internacionales. Queda muchísimo por hacer, está claro, sobre todo, seguir acercando la danza al gran público, que deje de parecer un arte elitista. Pero el nivel de excelencia de la compañía es brutal e indiscutible. Y encima está ahí, currando como un descosido y brillando en cada gesto suyo, mi idolatrado Isaac Montllor. No se puede pedir más.
Y como no, Provisional Danza. Yo lo de Carmen Werner, todos sabéis que es debilidad absoluta, tanto su morro, como su arte como su concepción de la danza, de la expresión, del privilegio de estar en un escenario. Su concepto del cuerpo y de su manipulación artística. Un gusto de artista y un ejemplo. Y mi José Luis Sendarrubias, que no puede ser más artista. Y encima le hemos podido disfrutar en "Montenegro" demostrando lo que yo siempre he dicho, que encima de un prodigioso bailarín, es un peassso de actor.
Autores y directores:
Tengo que destacar dos descubrimientos particulares de este año. No descubro nada, además de que se trata de dos seres que llevan muchos años currando. Pero yo los he descubierto este año y su impacto e influencia creo que me acompañan todos los días.
Pablo Messiez apareció en mi vida como de puntillas. De "Return", aparte de la presencia de Chevi Muraday y de Marta Etura, flipé con los textos. Me estremecí con la visión del amor en todas su variantes. Sólo alguien muy sabio o alguien muy experimentado o muy inteligente es capaz de describir con esa inteligencia el amor y sus variantes. Luego "Las plantas", uno de los milagros del año (no lo vi el el Fringe, lo vi en la cervantina). "Muda", otro de los milagros (van dos de San Pablo Messiez), "Cenizas", "Las palabras"... no se puede pedir más. Cada palabra que sale de su pluma me vuela directa al corazón, no he sentido tanta comunicación con ningún autor, es como si escribiera directamente para mi alma. Siempre que hablo de sus trabajos los llamo "Carta de San Pablo al resto de los humanos" y es que alguien con esa capacidad para ahondar en el alma del ser humano, por fuerza está por encima de la realidad.
Y mi Luis Luque.
Sus trabajos con Narros, "La escuela de la desobediencia", y los prodigios bestiales "Ahora empiezan las vacaciones" y "Diario de un loco". Si los anteriores fueron años de formación creativa, me da que este 2013 ha sido el año de reventar a crear. Yo hay algo que valoro muchísimo en un director, y es que aparte de orquestar todo el material, entender y dar su punto de vista, me de su toque personal. No tiene que ver con que lo haga todo igual, al contrario, necesito un toque de autoría. Eso sólo se da cuando se comprende al 100% el texto, se ama ese texto, y se tiene totalmente claro. Entonces es cuando se nota una mano maestra en el aire. Existen los directores eficientes, existen los directores que ni lo huelen, los buenos directores, existen los directores buenísimos y luego existen los DIRECTORES con mayúsculas que son lo que yo admiro, de los que uno aprende como espectador y que son los auténticos responsables de la magia de lo que ves. Este año ha habido espectáculos de grandísmos directores, pero directores de los tocados por la mano de la musa, los que deberían pasar a la historia como creadores, los realmente responsables y magos son muy poquitos. Y yo tengo a un par este año. Sin lugar a dudas, el olimpo, mi olimpo, lo ocupa don Luis Luque, el mayor y mejor artista creador inteligente y sensible. Si mi capacidad para describir sus virtudes fuera lejanamente parecida a su capacidad creadora, sería feliz, pero por supuesto, ni me acerco remotamente.
Actores:
Aquí empiezo a meterme en terreno pantanoso. Me explico; he descubierto a actores prodigiosos, a actores brutales, a actores que me han llegado muchísimo, a actores que me han hecho llorar, a otros que me han desgarrado y a otros que... no sé, que si volviera a nacer querría tener un 10% de su carisma y cualidades. Mitos a los que admiraré eternamente y con los que, si algún día consigo tener delante y mirarles a los ojos, seguramente, el cuerpo solo me pida quedarme callado, decir polladas y echarme a llorar de la intensidad de la emoción. NO hay nada que valore más que a un gran actor/actriz. Sé lo difícil que es ese trabajo, lo sacrificado, lo peligroso, lo arriesgado y lo desgarrador que puede llegar a ser. Por eso no voy a destacar a ninguno, solo a uno pero por un amor especial. En mi saco de prodigios y mitos meto a lo mejor del año y seguramente de muchos años. Mi Fran Boira, mi Raúl Tejón, mi Javier Ruiz de Somavía, mi Alberto Velasco, mi Carlos Tapia, mi Israel Elejalde, mi José Luis Sendarrubias, mi Carlos Pinedo y por encima de todos ellos, no por nada, sino por electricidad personal no sé por qué, mi grandiosísimo José Luis García Pérez.
Actrices:
Pues lo mismo que he dicho con los actores pero ahora para ellas. Las que voy a nombrar son actrices que han bordeado la perfección, que se han movido en terrenos espinosos, en arenas movedizas emocionales. El curro de actor es jodido. Si buscas la verdad (que es tu obligación), la implicación emocional debe ser radical, la exploración interna profunda y comprometida y el resultado, cercano, espontáneo, casual, natural y orgánico. Todas ellas son mis diosas de la naturalidad, del trabajo preciso y profundo, de la pasión por su curro y del amor por lo que hacen.
Ha sido mi año de mi Fernanda Orazi, de mi Marianela Pensado, de mi Nuria Gallardo, de mi Esther Ortega, de mi Inma Cuevas, de mi Rocío Calvo, de mi Lola Casamayor, de mi Ana Rayo, de mi María Hervás, mi diosa Kiti Manver, de mi amada Raquel Pérez, diosa y zarina del arte y por encima de todas también por química personal, mi santa Estefanía (de los dioses ) y de los Santos. Admiración eterna, fanatismo exagerado y pasión y devoción de por vida a todas ellas.
Espectáculos:
Tengo que destacar finalmente una listita de mis espectáculos preferidos, con los que más he gozado, los que más se acercan al teatro que a mi me gusta, en el que creo y el que amo.
Ping Pang qiu, Recortes, Ahora empiezan las vacaciones, Las plantas, Sagrado Corazón 45, La copla negra, Muda, La función por hacer, Sleep no more, MBIG, Lo único que necesita una gran actriz es una gran obra y las ganas de triunfar, Las heridas del viento, Cerda, Cru, Vaca y por encima de todas, lo que más ha revolucionado mi alma este año, mi idolatrada hasta lo enfermizo "Diario de un loco".
En fin, que para mí el teatro es lo que me mueve el alma. Para arriba, para abajo, a veces hacia adentro e incluso otras veces hacia afuera. Pero me la tiene que mover. Se hacen muchas cosas, se llevan adelante bastantes, se estrenan muchísimas, te cobran por todas, todas merecen el respeto del trabajo hecho, del esfuerzo puesto y del coraje y la suerte de poder estrenarlas. Pero no todo es bueno, e incluso a veces no todo merece demasiado aplauso, y en contadas ocasiones crees que lo que ves poco tiene que ver con el teatro, al menos con el que yo amo y lo que yo creo que es el teatro. Pero el acto de ir a una sala, la luz apagandose, el comienzo del ritual, las emociones volando por la sala, los silencios, los temblores, los sufrires, los llorares, y el salir con el corazón estremecido, es y seguirá siendo un acto único e irrepetible, No te lo puedes descargar. Seguirá vivo siempre. Siempre que haya magos que nos lo ofrezcan y público ansioso por sentir. A pesar de los ineptos terroristas culturales que tenemos como ministros. Pero es que le teatro es del pueblo, señores, y el pueblo lo mantendrá vivo, porque el arte y el teatro nos hacen vivos. Y a mí, la capa de "Diario de un loco" me hace volar.
Ópera.
El año ha sido irregular. De lo malo, por una vez no voy a habar. De lo bueno, evidentemente tengo que destacar por encima de todo la presencia de Carmen Solís en mi horizonte. Lo he dicho y lo he repetido de todas las formas posibles. Es una personalidad única y una de las voces más maravillosas que se han podido escuchar nunca jamás. Canta parriba y canta pabajo como si fuera lo más normal del mundo. Sube y baja con una facilidad innata que no se ve todos los días. Os lo llevo avisando desde hace tiempo. Quedáos con este nombre y el que no la conozca, que lo haga desde ya. Así podréis presumir, cuando Carmen alcance el lugar en el Olimpo operístico universal que le corresponde, de haber sido de los primeros en conocerla. Está todo el día pacá pallá por el mundo, porque ya se la disputan, pero llegará un día merecido en el que la programación de los coliseos se ditinguirá por contar con Carmen Solís para uno, dos o tres montajes al año.
Danza:
Por encima de todo, quiero destacar el trabajo y los resultados de mi adorada Compañía Nacional de danza. José Carlos Martínez está llevando a la CND a unos niveles tanto de calidad como estilísticos que nada tienen que envidiar las grandes compañías internacionales. Queda muchísimo por hacer, está claro, sobre todo, seguir acercando la danza al gran público, que deje de parecer un arte elitista. Pero el nivel de excelencia de la compañía es brutal e indiscutible. Y encima está ahí, currando como un descosido y brillando en cada gesto suyo, mi idolatrado Isaac Montllor. No se puede pedir más.
Y como no, Provisional Danza. Yo lo de Carmen Werner, todos sabéis que es debilidad absoluta, tanto su morro, como su arte como su concepción de la danza, de la expresión, del privilegio de estar en un escenario. Su concepto del cuerpo y de su manipulación artística. Un gusto de artista y un ejemplo. Y mi José Luis Sendarrubias, que no puede ser más artista. Y encima le hemos podido disfrutar en "Montenegro" demostrando lo que yo siempre he dicho, que encima de un prodigioso bailarín, es un peassso de actor.
Autores y directores:
Tengo que destacar dos descubrimientos particulares de este año. No descubro nada, además de que se trata de dos seres que llevan muchos años currando. Pero yo los he descubierto este año y su impacto e influencia creo que me acompañan todos los días.
Pablo Messiez apareció en mi vida como de puntillas. De "Return", aparte de la presencia de Chevi Muraday y de Marta Etura, flipé con los textos. Me estremecí con la visión del amor en todas su variantes. Sólo alguien muy sabio o alguien muy experimentado o muy inteligente es capaz de describir con esa inteligencia el amor y sus variantes. Luego "Las plantas", uno de los milagros del año (no lo vi el el Fringe, lo vi en la cervantina). "Muda", otro de los milagros (van dos de San Pablo Messiez), "Cenizas", "Las palabras"... no se puede pedir más. Cada palabra que sale de su pluma me vuela directa al corazón, no he sentido tanta comunicación con ningún autor, es como si escribiera directamente para mi alma. Siempre que hablo de sus trabajos los llamo "Carta de San Pablo al resto de los humanos" y es que alguien con esa capacidad para ahondar en el alma del ser humano, por fuerza está por encima de la realidad.
Y mi Luis Luque.
Sus trabajos con Narros, "La escuela de la desobediencia", y los prodigios bestiales "Ahora empiezan las vacaciones" y "Diario de un loco". Si los anteriores fueron años de formación creativa, me da que este 2013 ha sido el año de reventar a crear. Yo hay algo que valoro muchísimo en un director, y es que aparte de orquestar todo el material, entender y dar su punto de vista, me de su toque personal. No tiene que ver con que lo haga todo igual, al contrario, necesito un toque de autoría. Eso sólo se da cuando se comprende al 100% el texto, se ama ese texto, y se tiene totalmente claro. Entonces es cuando se nota una mano maestra en el aire. Existen los directores eficientes, existen los directores que ni lo huelen, los buenos directores, existen los directores buenísimos y luego existen los DIRECTORES con mayúsculas que son lo que yo admiro, de los que uno aprende como espectador y que son los auténticos responsables de la magia de lo que ves. Este año ha habido espectáculos de grandísmos directores, pero directores de los tocados por la mano de la musa, los que deberían pasar a la historia como creadores, los realmente responsables y magos son muy poquitos. Y yo tengo a un par este año. Sin lugar a dudas, el olimpo, mi olimpo, lo ocupa don Luis Luque, el mayor y mejor artista creador inteligente y sensible. Si mi capacidad para describir sus virtudes fuera lejanamente parecida a su capacidad creadora, sería feliz, pero por supuesto, ni me acerco remotamente.
Actores:
Aquí empiezo a meterme en terreno pantanoso. Me explico; he descubierto a actores prodigiosos, a actores brutales, a actores que me han llegado muchísimo, a actores que me han hecho llorar, a otros que me han desgarrado y a otros que... no sé, que si volviera a nacer querría tener un 10% de su carisma y cualidades. Mitos a los que admiraré eternamente y con los que, si algún día consigo tener delante y mirarles a los ojos, seguramente, el cuerpo solo me pida quedarme callado, decir polladas y echarme a llorar de la intensidad de la emoción. NO hay nada que valore más que a un gran actor/actriz. Sé lo difícil que es ese trabajo, lo sacrificado, lo peligroso, lo arriesgado y lo desgarrador que puede llegar a ser. Por eso no voy a destacar a ninguno, solo a uno pero por un amor especial. En mi saco de prodigios y mitos meto a lo mejor del año y seguramente de muchos años. Mi Fran Boira, mi Raúl Tejón, mi Javier Ruiz de Somavía, mi Alberto Velasco, mi Carlos Tapia, mi Israel Elejalde, mi José Luis Sendarrubias, mi Carlos Pinedo y por encima de todos ellos, no por nada, sino por electricidad personal no sé por qué, mi grandiosísimo José Luis García Pérez.
Actrices:
Pues lo mismo que he dicho con los actores pero ahora para ellas. Las que voy a nombrar son actrices que han bordeado la perfección, que se han movido en terrenos espinosos, en arenas movedizas emocionales. El curro de actor es jodido. Si buscas la verdad (que es tu obligación), la implicación emocional debe ser radical, la exploración interna profunda y comprometida y el resultado, cercano, espontáneo, casual, natural y orgánico. Todas ellas son mis diosas de la naturalidad, del trabajo preciso y profundo, de la pasión por su curro y del amor por lo que hacen.
Ha sido mi año de mi Fernanda Orazi, de mi Marianela Pensado, de mi Nuria Gallardo, de mi Esther Ortega, de mi Inma Cuevas, de mi Rocío Calvo, de mi Lola Casamayor, de mi Ana Rayo, de mi María Hervás, mi diosa Kiti Manver, de mi amada Raquel Pérez, diosa y zarina del arte y por encima de todas también por química personal, mi santa Estefanía (de los dioses ) y de los Santos. Admiración eterna, fanatismo exagerado y pasión y devoción de por vida a todas ellas.
Espectáculos:
Tengo que destacar finalmente una listita de mis espectáculos preferidos, con los que más he gozado, los que más se acercan al teatro que a mi me gusta, en el que creo y el que amo.
Ping Pang qiu, Recortes, Ahora empiezan las vacaciones, Las plantas, Sagrado Corazón 45, La copla negra, Muda, La función por hacer, Sleep no more, MBIG, Lo único que necesita una gran actriz es una gran obra y las ganas de triunfar, Las heridas del viento, Cerda, Cru, Vaca y por encima de todas, lo que más ha revolucionado mi alma este año, mi idolatrada hasta lo enfermizo "Diario de un loco".
En fin, que para mí el teatro es lo que me mueve el alma. Para arriba, para abajo, a veces hacia adentro e incluso otras veces hacia afuera. Pero me la tiene que mover. Se hacen muchas cosas, se llevan adelante bastantes, se estrenan muchísimas, te cobran por todas, todas merecen el respeto del trabajo hecho, del esfuerzo puesto y del coraje y la suerte de poder estrenarlas. Pero no todo es bueno, e incluso a veces no todo merece demasiado aplauso, y en contadas ocasiones crees que lo que ves poco tiene que ver con el teatro, al menos con el que yo amo y lo que yo creo que es el teatro. Pero el acto de ir a una sala, la luz apagandose, el comienzo del ritual, las emociones volando por la sala, los silencios, los temblores, los sufrires, los llorares, y el salir con el corazón estremecido, es y seguirá siendo un acto único e irrepetible, No te lo puedes descargar. Seguirá vivo siempre. Siempre que haya magos que nos lo ofrezcan y público ansioso por sentir. A pesar de los ineptos terroristas culturales que tenemos como ministros. Pero es que le teatro es del pueblo, señores, y el pueblo lo mantendrá vivo, porque el arte y el teatro nos hacen vivos. Y a mí, la capa de "Diario de un loco" me hace volar.
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martes, 3 de diciembre de 2013
MBIG. La pensión de las pulgas.
A estas alturas lo de La Bella Chelito, y lo del cuplé "La pulga" me lo salto, ¿no?
Y lo de que Martret y Puraenvidia son los de "La casa de la portera" y que yo ADORO ese templo, también me lo puedo ahorrar, ¿verdad?
Entonces a lo que voy, al MBIG o Mc Beth International Group. Coño, inaugurar un espacio nuevo, con la espectación creada tras "La casa de la portera", nada más y nada menos que con un Shakespeare, y encima versionado y dirigido por Martret en persona es de tenerlos muy grandes y muy bien puestos. Y encima estos, que son más listos que los ratones coloraos, van y pillan a lo mejor de cada casa con lo cual, muy mal se tenía que dar para que de ahí no saliera un exitazo del copón.
Reconozco que con lo que había leído, me esperaba una versión de McBeth ambientada en el mundo empresarial y de las altas finanzas. Pero me encontré con un McBeth absolutamente fiel a la obra de Shakespeare. El espacio ya lo habéis visto, es flipante. Todos los detalles, suelos, lámparas, sillones, materiales, ceniceros, TODO te remite a los años 50/60. Ahí tienes, efectivamente Mad Men, y tienes a Rock Hudson, tienes a Douglas Sirk y tienes a Ava, a Liz, a Doris, a Montgomery y toda una serie de iconos que a mí, particularmente me ponen. El espacio, en definitiva es brutal, las tres habitaciones, cada una con su estilo y su función dentro del espectáculo. Un juego de luces que te cagas, no es que se enciendan o se apaguen las lámparas, es que está iluminado como si fuera un escenario, creando espacios, focos y centrando la acción y creando ambientes dentro de esos pocos metros. Magistral.
Inma Cuevas es el nexo que une el mundo "empresarial" con el mundo McBethiano. Tan pronto te explica una estrategia de mercado como te representa un puñado de personajes secundarios de la obra, todo siempre con un nivel de naturalidad y de verdad que es difícil de creer. Rocío Calvo y Maribel Luis son las dos (mejor dicho, tres) brujas. Sus escenas son desde luego, unos de los platos fuertes de la función. Iluminadas y ambientadas de forma magistral, ambas dos despliegan todas sus armas de vecinas arpías. Son malas con avaricia y dan un repelús quepaqué. Sus conjuros, sus respiraciones, sus maldades y sus miradas te ponen los pelos de punta. Encima es que son como esa tía mala que nos tenia acojonaos de pequeños. Yo al menos tenía una así. Y era mala mala.
Daniel Pérez Prada es un Banquo de lujo. Amigo, cómplice, receloso, víctima y verdugo todo en uno. Un abanico de matices y una fuerza en cada gesto únicos. Rocío Muñoz-Cobo está soberbia como la arpía Lady McBeth. Es Ruth Roman, es Liz, es Ava y también es Maruja Asquerino o María Félix si me apuras. Incitadora, enferma, bicho malo y calentorro. No hay ser humano y no humano más bello que Rocío. Es todas las mujeres fatales del cine negro juntas en una perra en celo que sabe dónde y cómo tocarle los huevos y el orgullo a su señor esposo para hacer que le compre un collar nuevo, un modelazo, un sortijón o un reino. Claro, como pa no caer. Si encima eres un alma cántara que todo lo que tienes de inocentón lo tienes de ambicioso, pues claro que matas a to dios con tal de llegar lo antes posible a lo que te han pronosticado todos, brujas incluidas.
Y ahí empalmo (con perdón) con Fran Boira. Francisco Boira. Don Francisco Boira. Un nombre que si hasta ahora, no sé por qué, no estaba aún entre los grandes más grandes del planeta, ahora ya sí que sí. Yo confieso que de entrada, como que no me lo veía. No por su capacidad como actor, evidentemente, sino porque me parecía mucho personaje, con mucho empaque, mucha carga, hasta más edad, no sé. Pero como otras veces, me tuve que meter mis prejuicios por el Glamis y desde el momento en el que aparece ves que ES McBeth. Don Francisco es un torrente, una fuerza de la naturaleza que salta de un estado de ánimo a otro como si nada, te lleva en sus dudas, en su avaricia, en su ira, en sus traiciones, en su descenso al infierno y en sus pasiones. Y ves el puñal amenazante, joder, y ves la sangre, y lloras con él, y te cagas con él cuando aparece Banquo y quieres matar y matas con él. El personaje es una montaña rusa de emociones y Don Francisco Boira las da absolutamente todas y todas de forma perfecta. Y ya que le estoy poniendo tan bien, me voy a permitir sacarle una falta. Y es que a veces, su risa, me descoloca. Algo hay en la risa que me baja de la estratosfera y me deja sólo en la troposfera. Te juro que porque había más gente, si no, me habría avalanzado sobre él al finalizar la función y me lo habría comido a abrazos. En serio, es un trabajazo de los que se ven muy pocos en todo el año. Y ¿sabes qué te digo? Que es que encima yo le veía como contenido. Me daba la sensación de que en realidad, en su interior, tenía todavía más energía y que estaba medido. Eso se llama contención. Para mí era como una olla exprés. Aprovechaba el texto y la acción para soltar parte de la energía brutal y salvaje que tenía dentro, pero fijo que tenía incluso más. Y eso un domingo en una matinal, con dos cojones.
Mira, voy a sacar otra falta, pa que luego no digáis que estoy chocheando con las cosas que me gustan. Quizá es un poco demasiado brusco el paso de la "escena del sonambulismo" de Lady, a... la bañera. Está demasiado entera, dentro de que está rota, como para acabar en la bañera. Quizá un poco más de sutileza... de tiempo... de pausa...
Pero en definitiva, el que no haya ido, no sabe lo que se está perdiendo. Y el que por hacer el gilipollas se lo acabe perdiendo, se arrepentirá toda su vida. Yo, si consigo cuadrar la agenda, igual repito!!
SEGUNDO COMENTARIO
TERCER COMENTARIO
Y lo de que Martret y Puraenvidia son los de "La casa de la portera" y que yo ADORO ese templo, también me lo puedo ahorrar, ¿verdad?
Entonces a lo que voy, al MBIG o Mc Beth International Group. Coño, inaugurar un espacio nuevo, con la espectación creada tras "La casa de la portera", nada más y nada menos que con un Shakespeare, y encima versionado y dirigido por Martret en persona es de tenerlos muy grandes y muy bien puestos. Y encima estos, que son más listos que los ratones coloraos, van y pillan a lo mejor de cada casa con lo cual, muy mal se tenía que dar para que de ahí no saliera un exitazo del copón.
Reconozco que con lo que había leído, me esperaba una versión de McBeth ambientada en el mundo empresarial y de las altas finanzas. Pero me encontré con un McBeth absolutamente fiel a la obra de Shakespeare. El espacio ya lo habéis visto, es flipante. Todos los detalles, suelos, lámparas, sillones, materiales, ceniceros, TODO te remite a los años 50/60. Ahí tienes, efectivamente Mad Men, y tienes a Rock Hudson, tienes a Douglas Sirk y tienes a Ava, a Liz, a Doris, a Montgomery y toda una serie de iconos que a mí, particularmente me ponen. El espacio, en definitiva es brutal, las tres habitaciones, cada una con su estilo y su función dentro del espectáculo. Un juego de luces que te cagas, no es que se enciendan o se apaguen las lámparas, es que está iluminado como si fuera un escenario, creando espacios, focos y centrando la acción y creando ambientes dentro de esos pocos metros. Magistral.
Inma Cuevas es el nexo que une el mundo "empresarial" con el mundo McBethiano. Tan pronto te explica una estrategia de mercado como te representa un puñado de personajes secundarios de la obra, todo siempre con un nivel de naturalidad y de verdad que es difícil de creer. Rocío Calvo y Maribel Luis son las dos (mejor dicho, tres) brujas. Sus escenas son desde luego, unos de los platos fuertes de la función. Iluminadas y ambientadas de forma magistral, ambas dos despliegan todas sus armas de vecinas arpías. Son malas con avaricia y dan un repelús quepaqué. Sus conjuros, sus respiraciones, sus maldades y sus miradas te ponen los pelos de punta. Encima es que son como esa tía mala que nos tenia acojonaos de pequeños. Yo al menos tenía una así. Y era mala mala.
Daniel Pérez Prada es un Banquo de lujo. Amigo, cómplice, receloso, víctima y verdugo todo en uno. Un abanico de matices y una fuerza en cada gesto únicos. Rocío Muñoz-Cobo está soberbia como la arpía Lady McBeth. Es Ruth Roman, es Liz, es Ava y también es Maruja Asquerino o María Félix si me apuras. Incitadora, enferma, bicho malo y calentorro. No hay ser humano y no humano más bello que Rocío. Es todas las mujeres fatales del cine negro juntas en una perra en celo que sabe dónde y cómo tocarle los huevos y el orgullo a su señor esposo para hacer que le compre un collar nuevo, un modelazo, un sortijón o un reino. Claro, como pa no caer. Si encima eres un alma cántara que todo lo que tienes de inocentón lo tienes de ambicioso, pues claro que matas a to dios con tal de llegar lo antes posible a lo que te han pronosticado todos, brujas incluidas.
Y ahí empalmo (con perdón) con Fran Boira. Francisco Boira. Don Francisco Boira. Un nombre que si hasta ahora, no sé por qué, no estaba aún entre los grandes más grandes del planeta, ahora ya sí que sí. Yo confieso que de entrada, como que no me lo veía. No por su capacidad como actor, evidentemente, sino porque me parecía mucho personaje, con mucho empaque, mucha carga, hasta más edad, no sé. Pero como otras veces, me tuve que meter mis prejuicios por el Glamis y desde el momento en el que aparece ves que ES McBeth. Don Francisco es un torrente, una fuerza de la naturaleza que salta de un estado de ánimo a otro como si nada, te lleva en sus dudas, en su avaricia, en su ira, en sus traiciones, en su descenso al infierno y en sus pasiones. Y ves el puñal amenazante, joder, y ves la sangre, y lloras con él, y te cagas con él cuando aparece Banquo y quieres matar y matas con él. El personaje es una montaña rusa de emociones y Don Francisco Boira las da absolutamente todas y todas de forma perfecta. Y ya que le estoy poniendo tan bien, me voy a permitir sacarle una falta. Y es que a veces, su risa, me descoloca. Algo hay en la risa que me baja de la estratosfera y me deja sólo en la troposfera. Te juro que porque había más gente, si no, me habría avalanzado sobre él al finalizar la función y me lo habría comido a abrazos. En serio, es un trabajazo de los que se ven muy pocos en todo el año. Y ¿sabes qué te digo? Que es que encima yo le veía como contenido. Me daba la sensación de que en realidad, en su interior, tenía todavía más energía y que estaba medido. Eso se llama contención. Para mí era como una olla exprés. Aprovechaba el texto y la acción para soltar parte de la energía brutal y salvaje que tenía dentro, pero fijo que tenía incluso más. Y eso un domingo en una matinal, con dos cojones.
Mira, voy a sacar otra falta, pa que luego no digáis que estoy chocheando con las cosas que me gustan. Quizá es un poco demasiado brusco el paso de la "escena del sonambulismo" de Lady, a... la bañera. Está demasiado entera, dentro de que está rota, como para acabar en la bañera. Quizá un poco más de sutileza... de tiempo... de pausa...
Pero en definitiva, el que no haya ido, no sabe lo que se está perdiendo. Y el que por hacer el gilipollas se lo acabe perdiendo, se arrepentirá toda su vida. Yo, si consigo cuadrar la agenda, igual repito!!
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