También dentro de "Madrid en danza" la compañía Nabeirarrúa danza presentó, en el teatro Pradillo, "Algunos lugares". Veníamos de ver "Standards" de la compañía de Pierre Rigal y claro, esto fue como la noche y el día.
No conocía a Mar López ni a Sara Mogarra. Sí he visto bailar a Tatiana Chorot y me encanta. Las veces que la he visto con Provisional Danza me ha vuelto loco.
Por eso no entiendo lo del otro día.
No sé si es que hubo algún problema técnico pero hay cosas que servidor no entendió.
No puedes tirarte 3 minutos de reloj para que leas un rótulo mientras ellas tres están sentadas sin hacer absolutamente nada. Y venga rótulos, y más rótulos. Y venga minutos y más minutos.Por cierto, a mi lado había 8 o 9 señores de esos de "Ventana a la danza" o como se llame. Vamos, que eran todos extranjeros, y sólo había uno que entendía español y les tenía que ir traduciendo.
Pero a lo que voy. Comienzan las tres bailarinas revolcándose, jugando entre ellas, haciendo la croqueta, persiguiéndose por el espacio. Vale, como comienzo vale. A partir de ahí, poco más. Hay otro momento en el que Sara hace unos ejercicios con su tripa mientras Tatiana se acerca. Eh... y ya. Se tumban bajo los focos y se están quietas mientras suena la música. Un buen rato. Luego se vuelven a quedar quietas sentadas mientras suena más música. Luego se cambian de postura y se vuelven a quedar quietas.
Hubo gente que se fue. Y yo, si no hubiera estado justo en el rincón opuesto a la puerta, no sé yo. Lo que hubo fueron cuatro aplausos fríos y la cara de circunstancias de ellas tres.
Y me da rabia, porque estoy convencido de que las tres son gandísimas bailarinas (Tatiana lo es, eso lo aseguro) y que puede que lo que hayan querido contar no sea eso exactamente. En cualquier caso, no conectaron con el público. Eso nadie me lo puede negar. Señal de que algo falla.
Aquí podrás leer MI opinión sobre los espectáculos que voy viendo. Insisto en que es MI opinión, nada mas. No pretendo adoctrinar ni tener razón. Únicamente te contaré MIS razones para amar o amar menos lo que vaya viendo. El teatro son gustos y aquí leerás los míos. No soy crítico, solo necesito contarle al mundo el porqué de mis amores. Lo que puedes leer aquí es lo que yo he sentido al ver estos espectáculos. Ni más ni menos que mis sensaciones. Si a alguien le sirven, estupendo.
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viernes, 22 de noviembre de 2013
domingo, 10 de noviembre de 2013
Diario de una crucifixión. Teatro Pradillo.
La compañía L'Explose se basa en la obra de Bacon, concretamente en sus estudios del retrato de Inocencio X de Velazquez para este nuevo espectáculo. Una urna totalmente cerrada y un actor que aparece, se queda en gayumbos y entra en la urna. Dentro parece que sólo hay una silla.
Y comienza el espectáculo. Lo anterior también cuenta, pero aquí empieza la pesadilla.
Con movimientos que alternan ritmos frenéticos con movimientos casi a cámara lenta, Ángel Ávila recrea la lucha entre el ser impulsivo y primitivo y el juez que mide y coarta esa libertad. Realmente se recrean imágenes que son Bacon tal cual. Y esa lucha extenuante pasa por mil estados de ánimo y mil imágenes impactantes bajo las notas de Vivaldi y Mozart.
Interactúa con cuatro objetos que tiene escondidos en la urna y poco a poco, el metacrilato se empaña, los golpes de sus pies retumban por la sala y tú te quedas pegado viendo cómo Ángel sufre.
El momento más brutal es cuando saca una probeta y poco a poco recoge en ella el sudor que chorrea por su cuerpo y lo pega a una pared de la urna. Ahí queda el producto de su trabajo. Igual que los recuerdos quedan en tu memoria. Ángel literalmente se ha dejado los huevos ahí dentro, y tu cuerpo comienza a relajarse. Sale, se seca, se viste y se va. Y efectivamente ahí quedan su sudor y tus recuerdos.
Quizá no sea el espectáculo más original del año, pero impacta y te deja pegado. Y los recuerdos y las imágenes siguen en tu mente cuando sales a la calle, agotado, como si tú hubieras hecho parte del ejercicio que ha hecho Ángel. Será porque te ha llevado con él todo el rato. Y enfilas la calle Pradillo tarareando "Ah, ich fühl's" mientras agradeces de nuevo al Teatro Pradillo por haber llevado otro espectáculo de los que sólo se ven allí.
Y comienza el espectáculo. Lo anterior también cuenta, pero aquí empieza la pesadilla.
Con movimientos que alternan ritmos frenéticos con movimientos casi a cámara lenta, Ángel Ávila recrea la lucha entre el ser impulsivo y primitivo y el juez que mide y coarta esa libertad. Realmente se recrean imágenes que son Bacon tal cual. Y esa lucha extenuante pasa por mil estados de ánimo y mil imágenes impactantes bajo las notas de Vivaldi y Mozart.
Interactúa con cuatro objetos que tiene escondidos en la urna y poco a poco, el metacrilato se empaña, los golpes de sus pies retumban por la sala y tú te quedas pegado viendo cómo Ángel sufre.
El momento más brutal es cuando saca una probeta y poco a poco recoge en ella el sudor que chorrea por su cuerpo y lo pega a una pared de la urna. Ahí queda el producto de su trabajo. Igual que los recuerdos quedan en tu memoria. Ángel literalmente se ha dejado los huevos ahí dentro, y tu cuerpo comienza a relajarse. Sale, se seca, se viste y se va. Y efectivamente ahí quedan su sudor y tus recuerdos.
Quizá no sea el espectáculo más original del año, pero impacta y te deja pegado. Y los recuerdos y las imágenes siguen en tu mente cuando sales a la calle, agotado, como si tú hubieras hecho parte del ejercicio que ha hecho Ángel. Será porque te ha llevado con él todo el rato. Y enfilas la calle Pradillo tarareando "Ah, ich fühl's" mientras agradeces de nuevo al Teatro Pradillo por haber llevado otro espectáculo de los que sólo se ven allí.
sábado, 26 de octubre de 2013
Fäustino III o una diferencia de 20 pulsaciones por minuto. Teatro Pradillo.
No sé muy bien cómo etiquetar este espectáculo (o "encuentro" como prefiere llamarlo Sergi Fäustino). He puesto "teatro" y "danza", pero no sé si he acertado. Tampoco sé qué es lo que vi anoche ni si me gustó. Creo que sí, pero no estoy seguro.
Me explico. Hay dos partes en este "encuentro". Lo expositivo, que son unas fotos que hay en el hall, un vídeo y una talla de su tobillo lesionado hecha con su propio sudor. Y la otra parte es la "performativa" o "en vivo". Esa es la parte que se desarrolla en la sala. Pasa por una proyección de un vídeo con reflexiones personales de por qué hace lo que hace, de por qué corre, de por qué actúa... unas acciones que le sirven para medir su cuerpo con el esfuerzo, la resistencia, el descubrir un espacio nuevo, su conexión con ese espacio, el recuerdo de antiguos cuerpos que ha sido, o la creación de imágenes a partir de su vida, la de su hijo, la de su padre y la de su abuelo. ¿Qué? ¿Se os ha quedado cara de búho? Pues es que no se puede explicar de otra forma. Hay que vivirlo.
Yo lo que sé es que las dos horas y pico que nos tuvo Sergi en la sala, consiguió que no le quitara ojo de encima en todo momento. Estuve como hipnotizado. A ratos pensaba que era una absoluta tomadura de pelo, a ratos pensaba que este hombre tiene una pedrada en to lo alto y a ratos pensaba que es un señor totalmente libre que hace lo que se sale del fafarique sin dar explicaciones. Y es lo que creo. Que Fäustino hace lo que quiere y comparte lo que cree importante o interesante y no se corta un cagao. Yo no le quité ojo de encima no sé si por ver qué iba a pasar a continuación o porque este señor tiene algo vital para cualquier comunicador: carisma. El caso es que aunque a veces tuviera la sensación de que todo era un poco ridículo y aburrido, me tuvo pillado. Especialmente ese final, con la historia de Ramón, desoladora, fría, trágica y dura de cojones. Y de repente va, se pira, termina y te quedas con el corazón encogido y te preguntas, ¿por qué?
Me explico. Hay dos partes en este "encuentro". Lo expositivo, que son unas fotos que hay en el hall, un vídeo y una talla de su tobillo lesionado hecha con su propio sudor. Y la otra parte es la "performativa" o "en vivo". Esa es la parte que se desarrolla en la sala. Pasa por una proyección de un vídeo con reflexiones personales de por qué hace lo que hace, de por qué corre, de por qué actúa... unas acciones que le sirven para medir su cuerpo con el esfuerzo, la resistencia, el descubrir un espacio nuevo, su conexión con ese espacio, el recuerdo de antiguos cuerpos que ha sido, o la creación de imágenes a partir de su vida, la de su hijo, la de su padre y la de su abuelo. ¿Qué? ¿Se os ha quedado cara de búho? Pues es que no se puede explicar de otra forma. Hay que vivirlo.
Yo lo que sé es que las dos horas y pico que nos tuvo Sergi en la sala, consiguió que no le quitara ojo de encima en todo momento. Estuve como hipnotizado. A ratos pensaba que era una absoluta tomadura de pelo, a ratos pensaba que este hombre tiene una pedrada en to lo alto y a ratos pensaba que es un señor totalmente libre que hace lo que se sale del fafarique sin dar explicaciones. Y es lo que creo. Que Fäustino hace lo que quiere y comparte lo que cree importante o interesante y no se corta un cagao. Yo no le quité ojo de encima no sé si por ver qué iba a pasar a continuación o porque este señor tiene algo vital para cualquier comunicador: carisma. El caso es que aunque a veces tuviera la sensación de que todo era un poco ridículo y aburrido, me tuvo pillado. Especialmente ese final, con la historia de Ramón, desoladora, fría, trágica y dura de cojones. Y de repente va, se pira, termina y te quedas con el corazón encogido y te preguntas, ¿por qué?
jueves, 30 de mayo de 2013
Derretiré con un cerillo la nieve de un volcán. Pradillo.
Nada más lejos de mi intención que cuestionar la historia de Méjico. Ni muchísimo menos. Está claro que es muy interesante, compleja y tan definitiva y aberrante como la de casi cualquier país. La historia de Méjico ha pasado de unos ideales tras la revolución, pasando por muchos gobiernos más o menos corruptos, más o menos engañosos y más o menos traidores hasta el día de hoy, llevándose por delante todos esos ideales y la esperanza de mucha gente. Esto está claro.
Lo que no está claro es que aguante como para hacer una función de casi dos horas de datos, datos y más datos. A los diez minutos tienes montado un cacao mental de nombres, siglas, fechas y datos que ni te enteras. A lo mejor el problema es mío por no tener ni pajolera de la historia de Méjico antes de entrar a la Pradillo. Mea culpa. Pero a los veinte minutos ya no sabía de qué me estaban hablando. Tenía la sensación de estar leyendo de corrido la entrada de Wikipedia sobre la historia de Méjico. Y entre medias la historia de una familia que me parecía bastante más interesante aunque no terminara de ver el paralelismo.
El montaje es sencillo. Mezcla (como en muchas ocasiones últimamente, y no lo digo como reproche, ni mucho menos) vídeo, proyecciones antiguas, cambios de personalidad sobre la marcha, maquetas, etc... Todo funciona. Pero solo eso, funciona, no emociona. Recursos bien utilizados, vale, pero ya está. Eso sí, como casi siempre, los actores salvan la función. Los tres hombres, fabulosos, entregadísimos y todo lo que hacen lo hacen bien. No así la actriz, que por decirlo de una manera fina, no estuvo a la altura de sus compañeros. Y lo que no me moló nada es que en medio de un accidente fortuito en medio de la función, lo único que se le ocurriera a la chica es echarse a reír. No hija, si pasa eso, busca soluciones como hicieron tus compis, no te descojones y te quedes ahí en medio.
En fin, que hubo de todo, buenísimos actores, cancioncillas, datos, fechas, siglas, desnudos, nombres, escenografía correcta y útil, accidentes, resbalones, algún bostezo, una historia lejana e interesante mal llevada pero sobre todo, grandes actores.
Lo que no está claro es que aguante como para hacer una función de casi dos horas de datos, datos y más datos. A los diez minutos tienes montado un cacao mental de nombres, siglas, fechas y datos que ni te enteras. A lo mejor el problema es mío por no tener ni pajolera de la historia de Méjico antes de entrar a la Pradillo. Mea culpa. Pero a los veinte minutos ya no sabía de qué me estaban hablando. Tenía la sensación de estar leyendo de corrido la entrada de Wikipedia sobre la historia de Méjico. Y entre medias la historia de una familia que me parecía bastante más interesante aunque no terminara de ver el paralelismo.
El montaje es sencillo. Mezcla (como en muchas ocasiones últimamente, y no lo digo como reproche, ni mucho menos) vídeo, proyecciones antiguas, cambios de personalidad sobre la marcha, maquetas, etc... Todo funciona. Pero solo eso, funciona, no emociona. Recursos bien utilizados, vale, pero ya está. Eso sí, como casi siempre, los actores salvan la función. Los tres hombres, fabulosos, entregadísimos y todo lo que hacen lo hacen bien. No así la actriz, que por decirlo de una manera fina, no estuvo a la altura de sus compañeros. Y lo que no me moló nada es que en medio de un accidente fortuito en medio de la función, lo único que se le ocurriera a la chica es echarse a reír. No hija, si pasa eso, busca soluciones como hicieron tus compis, no te descojones y te quedes ahí en medio.
En fin, que hubo de todo, buenísimos actores, cancioncillas, datos, fechas, siglas, desnudos, nombres, escenografía correcta y útil, accidentes, resbalones, algún bostezo, una historia lejana e interesante mal llevada pero sobre todo, grandes actores.
domingo, 19 de mayo de 2013
Kaïros, Sísifos y zombies. Teatro Pradillo.
Oscar Gómez Mata aparece en un vídeo. Empieza a contar cosas entre divertidas y angustiosas. Te ríes, disfrutas, te cae simpático. Quieres que siga. Se acaba el vídeo y sigue. Saca a una supuesta "madre" que acompañará la función bajo su pelucón, flipando con un robot y una pelotita flotante. Se queja de todo pero traga con todo (menos con la empanadilla). Oscar y su gente siguen. A ratos te ríes. A ratos piensas en tus cosas. A ratos bostezas. A ratos te vas y a ratos vuelves.
En esta sucesión de sketches, hay de todo. Hay situaciones divertidas, misteriosas, elocuentes, absurdas, hilarantes y cerradas. Unas funcionaron conmigo, otras no. Lo que no recibí claramente o no logré entender (quizá sea problema mío) es el hilo conductor entre ellas. Y aunque me leí el programa de mano varias veces como si fuera el prospecto de un medicamento buscando los efectos secundarios que la función debía provocar en mí, no los encontré.
Me gustó la escena del "inmigrante" y su desarrollo hasta llegar a mis impuestos (últimos causantes de una determinada explotación). Me gustó el intermedio en el que el público, en silencio, nos mirábamos unos a otros buscando el objeto de nuestro flipe y me gustó de ahí al final, pero no me hizo tampoco demasiada gracia el discurso antigobierno. A ver, estoy de acuerdo con todo lo que se decía, evidentemente, pero decir esas cosas así, a palo seco, como espectador no me mola. Prefiero que me ilustren dramáticamente lo que me quieren contar y ya sacaré yo las conclusiones. En ese sentido prefiero "Recortes" con la inconmensurable Nuria Gallardo o "Los iluminados". Igual que para hablar del amor prefiero "Return" o "Las plantas" con la actriz/medium Estefanía (de los dioses) y de los Santos. Claro que hablo de Pablo Messiez, el genio de la palabra y el sentimiento. Quiero decir, que yo, como espectador prefiero que me sugieran y yo sacar is conclusiones a que me lo den mascado. Y como soy humano y me contradigo, en cambio habría preferido tener un poco más mascado el meollo de lo que en realidad me querían contar con el conjunto de la función. Lo del poner un billete de 20 euros (la mierda de la actriz) y dejar que alguien lo coja sin más... no sé, aún no lo he descifrado.
Eso sí, los actores, impecables. Los dos chicos en bolas con los globos de helio fue descacharrante, y las actrices, efectivas y más que correctas. Aunque Oscar Gómez, no sé si a propósito o sin querer, tiene una cara de cachondo que convierte en cómico todo lo que dice, incluido ese final aplastante.
En esta sucesión de sketches, hay de todo. Hay situaciones divertidas, misteriosas, elocuentes, absurdas, hilarantes y cerradas. Unas funcionaron conmigo, otras no. Lo que no recibí claramente o no logré entender (quizá sea problema mío) es el hilo conductor entre ellas. Y aunque me leí el programa de mano varias veces como si fuera el prospecto de un medicamento buscando los efectos secundarios que la función debía provocar en mí, no los encontré.
Me gustó la escena del "inmigrante" y su desarrollo hasta llegar a mis impuestos (últimos causantes de una determinada explotación). Me gustó el intermedio en el que el público, en silencio, nos mirábamos unos a otros buscando el objeto de nuestro flipe y me gustó de ahí al final, pero no me hizo tampoco demasiada gracia el discurso antigobierno. A ver, estoy de acuerdo con todo lo que se decía, evidentemente, pero decir esas cosas así, a palo seco, como espectador no me mola. Prefiero que me ilustren dramáticamente lo que me quieren contar y ya sacaré yo las conclusiones. En ese sentido prefiero "Recortes" con la inconmensurable Nuria Gallardo o "Los iluminados". Igual que para hablar del amor prefiero "Return" o "Las plantas" con la actriz/medium Estefanía (de los dioses) y de los Santos. Claro que hablo de Pablo Messiez, el genio de la palabra y el sentimiento. Quiero decir, que yo, como espectador prefiero que me sugieran y yo sacar is conclusiones a que me lo den mascado. Y como soy humano y me contradigo, en cambio habría preferido tener un poco más mascado el meollo de lo que en realidad me querían contar con el conjunto de la función. Lo del poner un billete de 20 euros (la mierda de la actriz) y dejar que alguien lo coja sin más... no sé, aún no lo he descifrado.
Eso sí, los actores, impecables. Los dos chicos en bolas con los globos de helio fue descacharrante, y las actrices, efectivas y más que correctas. Aunque Oscar Gómez, no sé si a propósito o sin querer, tiene una cara de cachondo que convierte en cómico todo lo que dice, incluido ese final aplastante.
viernes, 15 de febrero de 2013
Todos caníbales. Teatro Pradillo.
Joer, entre tanta cosa de medio pelo, basurillas y basurazas, se agradece ver algo que se sale de lo común.
Basada en la historia de aquellos alemanes que quedaron en casa de uno, follaron y luego uno mató al otro y se lo comió.
Si tuviera que definir lo que vimos anoche diría que fue casi una "videoinstalación" o una performance de "video arte". Que no suene peyorativo esto. Al contrario. Raudal a veces, a veces torrente y a veces flujo suave de sensaciones, ruidos, riesgos, música, textos, sonidos, imágenes...
Propuesta imaginativa, especial, espacial, brutal, cruda, sensitiva y única.
El teatro, o cualquier espectáculo (esto venía etiquetado cono "Ópera experimental") debe comunicar y a ser posible, conmover. Pues estos señores lo consiguieron. Bravo por ellos y por su valor.
Hoy me espera Angelica Liddell y estoy nerviosito perdido.
Basada en la historia de aquellos alemanes que quedaron en casa de uno, follaron y luego uno mató al otro y se lo comió.
Si tuviera que definir lo que vimos anoche diría que fue casi una "videoinstalación" o una performance de "video arte". Que no suene peyorativo esto. Al contrario. Raudal a veces, a veces torrente y a veces flujo suave de sensaciones, ruidos, riesgos, música, textos, sonidos, imágenes...
Propuesta imaginativa, especial, espacial, brutal, cruda, sensitiva y única.
El teatro, o cualquier espectáculo (esto venía etiquetado cono "Ópera experimental") debe comunicar y a ser posible, conmover. Pues estos señores lo consiguieron. Bravo por ellos y por su valor.
Hoy me espera Angelica Liddell y estoy nerviosito perdido.
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