sábado, 29 de octubre de 2016

Cartas de amor. Teatros del Canal.

David Serrano es responsable de espectáculos tan interesantes como "Buena gente" y de otros que me han dejado más indiferente. Desgraciadamente, estas "Cartas de amor" son de los que me han dejado frío. Pero porque yo soy raruno, porque en los aplausos hubo muchos "bravos" y gente en pie. 
Vamos, que es un espectáculo que gusta y que la gente (de una edad respetable, al menos el día que fuimos nosotros) sale encantada. 
El principal lastre es el propio texto. La fórmula de carta va, carta viene es cierto que da agilidad al desarrollo de la trama pero a su vez impide que la historia en sí tenga un mínimo de profundidad o de importancia. A ver, Rellán lee una carta: Alguna incluso de dos renglones o de uno y Julia Gutiérrez Caba lee la respuesta. Alguna incluso de dos renglones o de uno. En unos textos tan breves es imposible describir ni situaciones ricas dramáticamente ni profundizar o aunque sólo fuera dibujar personajes medianamente interesantes. No hay armas suficientes para describir personajes ni situaciones. Únicamente alguna que otra anécdota sin demasiada profundidad ni calado. Pero claro, es que no hay forma. Cincuenta años reducidos a unas cuantas cartas breves es imposible que los puedan describir con un mínimo de profundidad. Ni que los personajes se definan y crezcan. 
Si a esto le añadimos una dirección... digamos... ausente, el resultado es tibio tirando a frío. El propio director lo reconoce en el programa de mano, no me lo invento yo. Dice que al contar con esos dos actorazos, su labor de dirección es casi nula, que lo mejor es dejarles hacer. Y eso hace. Sienta a cada uno en un extremo de un sofá y leen. Reaccionan a lo que escuchan alguna vez, en mi opinión, cuando como actores sabios que son no pueden evitar reaccionar a lo que acaban de oír. Pero poco más. Dos actores leyendo cosas insulsas y reaccionando poco. Se limitan a leer bien y con intención esos textitos. Tanto Rellán como Julia Gutiérrez Caba se las saben todas y son buenísimos. Por eso saben leer con toda la intensidad que esos textitos les permiten y agarrarse a los contados momentos en los que se narra algo un poco más intenso (la caída en el alcohol, el internamiento o el abandono). Vamos, tres momentos un poquillo más interesantes. Y ya.




Lo más destacable es el fabuloso trabajazo de Mónica Boromello. Un sofá, deformado, eso sí, que lo mismo acerca como aleja a estas dos almas incapaces de juntarse. Y un bosque se luces. Una especie de vía láctea, o de enjambre de sueños e ilusiones que se irán desvaneciendo según pasan los años y los desencuentros. Sueños fundidos e ilusiones agostadas hasta reducirse a dos bombillitas. Las esencias de los dos amantes. Fascinante trabajo de esta genia que debería estar ya en todos los altares del teatro.        

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