viernes, 13 de septiembre de 2013

Capitalismo (hazles reír). Price.

Claro, uno antes de ver la función ya había leído cosas sobre el proceso y tal. Al parecer esto nació como un proyecto de investigación a través de un taller multidisciplinar. Y como la cosa parece que les gustó, decidieron hacer este espectáculo. En ese taller, según el programa de mano, participaron no solo actores, directores, escenógrafos y coreógrafos sino periodistas, economistas, arquitectos, abogados, profesores, clowns... Pues muy bien. Seguramente el taller este funcionó muy bien y todos se lo pasaron pipa y sacaron muchas conclusiones. Pero a eso luego hay que darle forma. Y luego lees que si todos han trabajado en cooperativa, y claro, ya vas un poco predispuesto porque todo parece muy guay y que va a haber mucha crítica al sistema, a los políticos y todas esas cosillas que nos molan tanto a todos los que somos críticos con el sistema. Pues muy bien.
Dice textualmente le programa de mano: "un espectáculo de riesgo, de compromiso estético, de belleza perturbadora. Teatro, circo, actores bailando, bailarines en el trapecio, y lanzadores de cuchillos interpretando... una locura". Escribir uno su propio programa de mano es peligroso, sobre todo si tu ego es ligeramente superior al del resto, pero yo, en este caso, más que "una locura" diría que es "un churro".
No le quito valor al proyecto, ni al taller, ni a las intenciones. El teatro debe cambiar el mundo. O al menos debe intentar cambiar el mundo. Es parte del compromiso con la cultura, con los autores, con el público y con la sociedad. Pero si el resultado es un batiburrillo inconexo, feo de ver y lleno de tics, chistes fáciles, e imágenes básicas (el ataque a las torres, la invasión de Irak...) entonces el compromiso social del teatro se convierte en doctrina facilona y sin el menor pellizco en el alma de nadie.



Ya en "Viento (es la dicha de amor)" me pareció que Andrés Lima estaba sobrepasado por un encargo que en aquel caso, no le gustaba nada. En "Capitalismo (hazles reír)" me ha dado la sensación de estar sobrepasado por una empresa que también le queda grande. No puede ser uno el artífice de esto y encima ser un maestro de ceremonias que más bien parecía el señor de una tómbola sorteando muñecas chochonas. El personaje le queda grande por tos laos.
El espacio no puede ser más feo y peor planteado. Hay una pantallona al fondo que se ve fatal y que proyecta imágenes básicas de "los desastres del mundo moderno" y que sólo desvía la atención de lo que pasa en la pista del circo. Circo en el que, hay sólo una trapecista. Ahí acaba el circo. Muy buena, eso sí, Marilén Ribot. Y luego hay otra pantallona delante de la que se colocan a veces los actores dando la espalda al público y que los tapa totalmente. Vamos, que desde la fila 2, no se veía una leche.
Todo está muy deslabazado y como a medio hacer. Curiosa la imagen de ese grupo de actores/ocas moviendose por el espacio como si fueran un rebaño, el rebaño del público a los que nos querían llevar como a esas ocas. Y poco más. Aparte de esa imagen, algo sobreexplotada, poco más hay. Una historia floja, la del tal Luis y su familia, a los que no se sabe qué les pasa ni te interesan mucho, la verdad. Todo trufado con numeritos bastante poco afortunados que no sé muy bien qué querían conseguir. En general, todo muy sucio, muy embarullado y con altibajos brutales para intentar contarnos una historia a veces como si el público fuera tonto. Por dios, si de entrada das por hecho que al público hay que darle las cosas mascaditas... mal vamos.
En el cartel está anunciada Aitana Sánchez-Gijón. Supongo que lo estrenó, pero ayer no estaba. No sé si tendría otros compromisos. Imagino. Pero la reestructuración de los personajes sólo contribuyó a que alguno estuviera más bien perdido y hasta con el texto pillado con alfileres. Un caos, vamos.
Destaco a Rulo Pardo, tan profesional y sabio como siempre, y a Irene Escolar, maravillosa niña china. Edu Soto tan.. digamos... estridente como siempre para mi gusto. El resto... salvo Nathalie Poza intentando salvar ese personaje poco más que resaltar, aparte de sus buenas intenciones.
Eso sí, no hace falta que esa señora diga "Hay que tener Esperanza" para que sepamos a quién representa. Ni sacar al vaquero ese para saber quién es ni dónde quiere montar el casino. Ni mezclar esas imágenes tipo "Independence day" para que sepamos que se habla del fin de una cierta humanidad. El público es más listo que todo eso. Y si es que alguien ha pensado que somos como ese grupo de ocas... mal vamos. Y si no, ahí tienes "En construcción" por ejemplo, como una muestra de teatro inteligente dirigido a un público inteligente. Ah, y en castellano, no existe el fonema "v" ni se pronuncia como si fuera una "f". Vamos, que no se dice "fida" sino "vida" y el imperativo de "sonreír" es "sonreíd", con "d", no con "r".     

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