miércoles, 25 de septiembre de 2013

Nada tras la puerta. Valle Inclán.

El programa de mano a veces es traicionero, a veces muestra unas intenciones, y en contadas ocasiones es tan humilde que simplemente expone para que tú saques conclusiones. En el programa de "Nada tras la puerta" te explican que esa "puerta" es la que une norte y sur y que en ambos sentidos ya no hay mucho. Desde el norte no se ve ni se siente el sur y desde el sur no hay ningún paraíso. Vale. Queda explicado y y sabes de qué va el título. Ahora, eso de que me digan lo que debo sentir al ver la escenografía... pues como que no. Ya veré yo lo que siento, y si veo o o veo un nido, una matriz o una raíz. Que me lleven de esa forma me toca las narices. Y qué qué quieres que te diga, no vi ni nido, ni raíz ni matriz.
La visión del "norte" puede valer. Unos amigos están viendo un partido de fútbol y hablan de un jugador africano que gana una pasta y que al llegar a España vivía de lo que encontraba en la basura. Simple y expresivo. Bien. Al otro lado, al sur, un grupo de actrices intenta sacar adelante unos monólogos sobre los abusos contra las mujeres en el "tercer mundo". Vamos a ver. Los dramas que se cuentan son reales y seguramante hay historias reales incluso más crueles y dolorosas. Parece que si criticas este espectáculo estas cuestionando la brutalidad de lo que en él se cuenta. Y no. Claro que todo lo que se cuenta pasa. Eso y cosas peores. Y que es cruel. Claro. Y que deberíamos sentirnos solidarizados con lo que vemos. Eso no. En definitiva me parecieron una serie de monólogos más propios de ser leídos que interpretados, conectados de forma artificiosa y poco fluida y reiterativos. Insisto, no cuestiono el mensaje ni mucho menos. Cuestiono el resultado. Y me pareció que repetir tanto el mismo mensaje no ayuda a potenciarlo sino a lo contrario. Un buen repaso a la dramaturgia habría ayudado a este bonito proyecto para no quedarse en eso, en un bonito proyecto. Y que conste que tampoco cuestiono la valía y calidad de todos los escritores que han participado.



Puesta en escena forzada, intentando dar cohesión a esos textos. Escenografía... rara y poco efectiva. La música en vivo... casi ridícula o al menos gratuita. Vamos, que si esto lo convierten en un documental, lo vemos en "La noche temática" o en "Documentos TV" y guay, pero en un escenario, no funciona.

Las actrices que se encargan de los monólogos están entregadísimas y todas ellas sufren mucho y muy bien. Bravo por ellas. Alfonso Torregrosa, fabuloso. Y ya.    

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