domingo, 1 de septiembre de 2013

Vaca. Sala Tú.

Hay espectáculos que son imprescindibles y que deberían marcar historia. Como "Las plantas" de San Pablo Messiez con Estefanía (de los dioses) y de los Santos, o como "Diario de un loco" de San Luis Luque, con Don José Luis García Pérez. Milagros escénicos que se dan pocas veces. Y luego hay auténticas "liturgias" como "Lo único que necesita una gran actriz..." de (curiosamente) Vaca 35.
Espectáculo multimedia-cyberpunk-terapéutico que dirige e interpreta el monstruo de Alberto Velasco.
Alberto, o la vaca, no sale del armario, sale de una nevera. Casi como en un parto. Y comienza el dramón. Y la guasa. Y la ironía. Y la catarsis.
Alberto hace de todo, baila, sufre, ríe, susurra, grita, pega, escupe, y trasgrede con una sabiduría y un control que servidor, se quedó tan mudo como la "Muda" de (otra vez) San Pablo Messiez.
El espectáculo es cruel, y pasa por una especie de trayecto vital que va desde ese parto neveril a una especie de primera comunión cruel (tras pasar por una confesión maternal) con el muñeco reflejo de sí mismo, al que obliga a zamparse el pastelón de merengue para luego darle una somanta palos que te cagas por habérselo comido (la vida misma, uno se autoflagela a sí mismo por cosas que uno mismo se ha permitido), sigue por una especie de escena de amor igual de cruel y de trágica (el baile con el maniquí y los gritos de "quiéreme") y acaba ya no en una muerte, sino en la muerte de un sueño de normalidad, o si me apuras, en un apocalipsis total.



"Vaca" tiene unos años, y si todavía no lo has visto, TIENES que correr a verlo. Es de una dureza y una crueldad como pocas veces se ha visto. Y triste. Porque luchar desde dentro por cambiar una sociedad entera y ceder a la imposibilidad de hacerlo, es duro. Esta función sólo puede hacerla Alberto Velasco. Y no porque esté gordo. Sino porque lo que cuenta le sale de dentro en una especie de catarsis vomitada que sólo consiguen los actores integrales. Y me la pela si lo que cuenta es o no es autobiográfico. Lo que sí tiene son dos cojones para hacer lo que hace y contar lo que cuenta.
Ah, el momento apaleamiento de la cesta de frutitas y verduras... sublime. Y como buen vallisoletano... lo de los "torresnos" me llegó al alma. Y al estómago!!

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