martes, 30 de septiembre de 2014

Le nozze di Figaro. Teatro Real.

No había tenido ocasión de ver estas "Bodas" en sus anteriores pases por el Real. Esta era la primera vez que disfrutaba de esta apabullante obra del genio de los genios, esta vez junto con las sabidurías de Da Ponte y de Beaumarchais. Casi na. Así que no sé si por suerte o por desgracia, lo que recibí la noche del sábado me venía virgen. Las sensaciones eran novedosas. 
Voy de uno en uno. Ivor Bolton. Si ya le faltó un poquito de brillo en su "Alceste" del año pasado, con Mozart se le ve el plumero bastante más. Le faltó brillo, picardía, un pellizquito más de complicidad. Es como si la partitura le gustara, pero le diera todavía algo de respeto. Parece que le da miedito y no se atreve a tirarse del todo. Aunque por otro lado le metió una caña al "Voi che sapete", que la pobre Elena Tsallagova casi muere cianótica perdida y se lo habían ventilado en dos minutitos escasos. Sin embargo se dejó tentar no sé si por la belleza del "Dove sono" o por las exigencias de la soprano, pero consiguió que casi nos durmiéramos de lo leeeennntooo que se lo puso a la mujer. Claro, así ella intentó cautivar al respetable, pero... me temo que no lo consiguió.




La dirección escénica de Emilio Sagi es correcta, quizá se mete en pocos berenjenales y se limita a presentar una obra a punto de ser comedia dell'arte. Puede que el tono excesivamente relajado, con coñas que funcionan, incluso con acciones cotidianas y ciertamente "naturales" le de un tono fresco pero le reste una vuelta de tuerca que esta obra necesita. La lucha de criados con amos, los celos como motor, el deseo, el engaño masculino y la sabiduría y capacidad de maquinación femenina... todo eso se pierde. No hay rastro de nada de eso. Y si le restas poder a los porqués, se queda en un simple vodevil . No podemos olvidar que la condesa es Rossina, que Fígaro es criado y cómplice, que el que traga traga pero pelea, el que pelea es por algo, el que se deja hacer lo hará también por algo y que si las mujeres son infinitamente más inteligentes y maquinadoras que los hombres, será con algún propósito. En fin, que todo el entramado psicológico se me quedó un poco desvaído entre tanto juego y cotidianidad natural.
Me gustó Luca Pisaroni como Almaviva, aunque resultara de una lascivia casi de peli de Landa. Me gustó Andreas Wolf, aunque quizá resultara demasiado simplón. Los secundarios cantaron bien todos, pero las protas... La Susanna de Sylvia Schwartz resultaba muy convincente como actriz. pero vocalmente su voz se perdía demasiado. Muy, muy pequeñita. Sin embargo la condesa, Sofia Soloviy no me gustó. A ver, su voz es... digamos... rara y muy, muy poco mozartiana. Y encima hace una cosa que yo no soporto y es que es lo que en Valladolid se llama "usmia". "Usmia", rata, agarrada, poco generosa. Ella canta a su manera (con sus vicios y sus cosas que los demás le permiten) siempre a su manera. Y si son arias vale, porque ella se explaya y se luce, pero en cuanto es un dúo, trío, cuarteto, etc... en cuanto puede ahorrarse una nota, se la ahorra. Vamos, que se veía claramente que en algunos momentos no cantaba, sólo movía los labios. Puede que haga eso para guardarse y no gastar voz en esos momentos y reservarla para cuando realmente se luce. Pues muy bien, pero yo como espectador quiero que lo de todo, que se entregue y que intente hacer de cada función una función única, como si no hubiera un mañana. Y eso de ahorrarse notas no me mola. Tampoco me gusta demasiado su languidez y su presencia escénica me resulta fofa, como sin nada en su interior. Lástima no haber visto a la maravillosa Anett Fritsch. 




Lo que sí debo destacar por justicia es la impresionante escenografía de Daniel Bianco. Este artista evidentemente a estas alturas del mundo está claro que ha hecho de todo, con todo el mundo y en todas partes. Su capacidad artística es incuestionable y aquí se luce de forma brutal. Los dormitorios parecen sacados directamente de "El gatopardo" (otra referencia que aquí se pierde, el retroceso de la clase alta y el ascenso de la burguesía...) Algo hay de "El gatopardo" en "Le nozze..." a mi entender, y Daniel Bianco nos planta unos dormitorios absolutamente arrebatadores. Quizá el del primer acto resulte demasiado frío, pero le dan a la función una clase y una elegancia gigantescas. Bravo para el señor Bianco, sin duda, lo mejor de la noche.
Comienzo de temporada para mi gusto "salvado" por los pelos, y montaje que no sé cómo resultó en años anteriores, pero que ahora, en pleno 2014 no será recordado.    

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