domingo, 26 de abril de 2015

La Traviata. Teatro Real.

Ir a ver una Traviata al Real con Leo Nucci en el cartel es ya una suerte y una gozada antes incluso de entrar. Razón suficiente para perder el culo por ir al Real sin dudarlo.
Esta producción lleva rulando por ahí un par de años y por ahora está gustando. A ver, es bastante clásica. Vestidos largos, sillas Luis XV, telones... pero como cualquier opción estética, lo importante es la coherencia y esta versión es absolutamente coherente, consecuente y definitiva.



Escenografía en tonos blancos y negros. En el primer acto, únicamente la flor roja que lleva Violeta en la espetera. Luces invisibles y dramáticamente poderosas, como debe ser.Cortinones y terciopelos muy en la línea Viscontiniana. El truco de los forillos y los cortinones la verdad es que le da un toque como de cuento, de falsedad, de reconstrucción muy acertado. Arranca la obertura con un escenario a medio desmontar, Alfredo vaga entre hojas secas y poco a poco se va a recordar la historia de amor pasada, la que todos sabemos que YA ha terminado. Como las hojas secas del escenario. De ahí viajamos al pasado para recordar esa historia finalizada, muerta. Así que, estéticamente la opción de David McVicar es coherente, preciosa y muy adecuada y consecuente. Hace unos años vi la famosa versión de Willy Decker y evidentemente no tiene nada que ver con esta, mucho más clásica. Las dos son válidas porque están bien hechas. De eso se trata, de que hagas lo que hagas sea coherente y de calidad. Y esta versión clásica es preciosa, moñas y muy mona de ver. Todos va acompañado por esas buenísimas luces y por un vestuario fantástico, con unos colores que van del blanco al negro salpicado de algún detallín dramáticamente muy bien situado. Violeta, por ejemplo viaja del vestido negro del primer acto al desnudo y al blanco del segundo y al vestido rojo de la segunda escena del acto segundo y de ahí al blanco roto del tercer acto. 
En este viaje hacia la muerte la batuta de Renato Palumbo, sin embargo, hizo todo lo posible por cargarse cualquier atisbo de profundidad psicológica. Llevó a la orquesta a toda máquina, sin dejar que ni la música ni ninguno de los cantantes pudieran profundizar en sus creaciones. Todo iba tan deprisa que no se podía recrear nadie en su partitura ni por supuesto, darle una carga psicológica a su personaje. Todo se reducía a la habilidad de cada uno para lidiar con eso. Evidentemente ganó Leo Nucci que frenó a Palumbo y consiguió cantar su "Pura siccome un angelo" como quiso y el "Di Provenza il mar..."  a la velocidad que él marcó. La que él quería para cantar como él quiere y sabe y la que bastó para que el teatro reventara a aplaudir al barítono italiano. Únicamente en el tercer acto Palumbo concedió su sitio a la expresividad y nos regaló media horita de belleza pura.



El coro y los personajes secundarios estuvieron muy bien, sobre todo Marta Ubieta que creó una Annina deliciosa. Teodor Ilincai tenía gripe. No le había escuchado nunca en directo. De voz estuvo justito y de presencia, sombrón y soso. Es de esos tenores que se quedan sin rodillas cuando cantan y parece que lleven un palo que les impide doblar las rodillas y tener una movilidad natural.   
Leo Nucci hizo una creación inconmensurable. Vocalmente está perfecto y aunque quizá el papel no sea su rol más apropiado, él se lo lleva a un sitio fantástico y desde ahí canta y mira como le da la gana. Espeluznante en cada nota. Un maestro, el puto amo. 



Venera Gimadieva estuvo sencillamente perfecta. Vocalmente diría que todas y cada una de las notas que cantó fueron perfectas. Nos regaló todos y cada uno de los agudos que los egoístas queremos oír, jeje. El "Addio del passato" fue histórico, creo que nunca he oído algo cantado con tanta pasión, delicadeza, sutileza, matiz y drama. Aparte del de la Callas (ella siempre estará por encima del resto de la humanidad) no imagino un "addio del passato" más emocionante. Igual que dije en su día que el "Un bel di vedremo" de mi Carmen Solís no podía estar mejor cantado y que era lea mejor versión de la historia de la música, el "addio del passato" me arrebató el corazón, me lo estrujó y me arrancó unos lagrimones como mandarinas. 
Dramáticamente es una grandísima actriz. Si la ves en escena, está actuando como si fuera una obra de teatro, con una intensidad y frescura acojonantes y encima cantando. Actoralmente estuvo magistral. El único momento bizarro de la noche fue cuando aparece Alfredo en el lecho de muerte y sin mirarse, se abrazan de cara al público y ni se miran. En fin... 

Noche preciosísima, con un Leo Nucci magistral y una Venera Gimadieva pa comértela, inmejorable. Una puesta en escena clásica y muy bonita de ver y de gozar y una batuta atacada y acelerada.      

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