domingo, 31 de mayo de 2015

Fidelio. Teatro Real.

Lo primero, así de entrada es avisar de que yo disfruté como un enano y me lo pasé pipa anoche en el Real. Ahora entro en detalles, pero primero voy a contar un detalle pal que no lo sepa. Lo de la famosa Leonore nº 3. 
Al parecer fue Mahler el que puso de moda lo de tocar la obertura Leonore nº 3 al final de la primera escena del acto segundo. Se supone que era para hacer tiempo mientras cambiaban los decorados para la siguiente escena. La verdad es que un cuarto de hora de música en ese momento, cuando casi ha terminado todo y sólo faltan diez minutillos escasos para que caiga el telón... es un poco raruno, pero si lo dice Mahler, ya está, punto redondo.
Pero anoche lo que decidió Haenchen fue tocar otra cosa. Tocaron los dos últimos movimientos de la quinta Sinfonía. ¿Por qué? Pues vaya usted  saber, será que al hombre le gustan. Menos mal que no le dio por tocar la obertura de Tannhäuser, porque habría sido todavía más raruno. Pero bueno, la verdad y siendo sinceros, orquestalmente fue el mejor momento de la noche. La orquesta sonó muy bien ya desde la obertura, y salvo algún momento de indecisión, estuvo a la altura todo el tiempo, alcanzando aquí su cima. También es verdad que era el momento de mayor lucimiento y en una partitura más trillada. Lo que quizá faltara durante toda la representación fuera un poco de cuerpo. Quiero decir que sonó brillante, con brío, con profundidad, pero le faltó algo de peso en la zona tenebrosa. Cuerpo, tumba, oscuridad... 



Vocalmente estuvo muy bien todo el elenco. Quizá Michael König estuvo más justito, pero dramáticamente, pese a no parecer un preso a punto de morir famélico, resolvió bien. El resto del elenco, muy, pero que muy bien. Destaco, pero por amor personal, a Anett Fritsch. Siempre que la he oído ha estado fabulosa y anoche también, con un dominio vocal acojonante, aparte de un timbre bellísimo. Fantástica. Aunque teatralmente, ella que es buena actriz, estuvo algo perdida y como deambulando falta de energía por ese escenario feo. Pero ese fue un aspecto negativo que afectó a todo el mundo, porque desde luego la puesta en escena era fea, fea, pero fea.




Lo que hace Pier'Alli es feo en general. Alcanzando el punto álgido en esos militares haciendo la instrucción en el patio. Horroroso. La escenografía del primer acto, simple y sin gracia (por cierto, lo de sacar a la gente planchando para que parezca más realista es ya un clásico). La del segundo acto, más acertado el calabozo de Florestán y ese toque "industrial" que aunque no pega mucho, queda bien. Ahora, las proyecciones tanto de la prisión como de esas cosas que salen volando al final (los restos de la tiranía hecha añicos, supongo) son realmente patéticos. Parecen sacados del "Witchblade arrow 3" o de algún videojuego de ese calibre. Cutres pero del verbo "cutre". Y teatralmente, los actores están abandonados a su suerte, dejados en medio del escenario para que hagan lo que ellos crean, con la premisa, eso sí, de que bajo ningún concepto dieran la espalda al público, provocando esto situaciones rocambolescas. 




En definitiva, una producción fea con una dirección de actores nula y una orquesta y una elenco fantásticos. A destacar, aparte del coro, el gran trabajo de los actores, los extras, demostrando que si cuentas con actores de verdad, no hay figurantes, sino actores haciendo papeles pequeños. 

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