jueves, 24 de julio de 2014

Montaldo. Ernesto Collado en el FRINGE 2014.

Ya lo dije el año pasado cuando disfruté de su "Conferencia optimista...", una compañía que se define como "compañía con ánimo", así, tal cual, a mí me me merece ya devoción absoluta. Ernesto Collado es un hombre del renacimiento, un showman o mejor dicho, un artista completo y global con un ego tan grande como su capacidad creadora y comunicadora. Es el Juan Palomo de sus espectáculos, pero viendo el resultado y analizando su capacidad creadora, no te lo imaginas de otra forma. Nadie mejor que él va a hacer nada de lo que hace. Y encima tiene una capacidad de comunicación y de "llegar" al público que sólo pueden deberse a su inmenso carisma y a su honestidad. Tiene una sinceridad de intención que le hace irresistible. Y en esta road movie de andar por casa, demuestra otra vez que es el puto amo.



La historia de Montaldo está a medio camino entre la fábula cachonda, el retrato social, el western o el descubrimiento del porqué de una vida, está contada de tal forma que te lleva por unos caminos cercanos, realistas y mitológicos con una soltura única. Ernesto empieza como termina, disfrazado de indio, y te recibe con un "yo antes no era así" que te resume lo que vas a ver antes de que lo veas. Son cinco palabras y una declaración de intenciones. Claro que antes no era así. A continuación nos contará el viaje que hizo y a dónde le llevó ese viaje y en qué le convirtió. Cómo consiguió irónicamente, encontrara un sentido a la vida cuando perdió su razón de vivir. 



Ernesto Collado es como el Travis de Paris, Texas. Hasta su figura se puede llegar a parecer, y la camisa que lleva podría ser la camisa que llevaba Harry Dean Stanton. Y esa figura larga y delgada en vez de encontrarse con una puta con un jersey de angora se va a encontrar con una leyenda igual de falsa, con un héroe de barro, un fabricante de alambre de espino. En ese camino hasta Oz se cruzará con la bruja buena del Este, la chica que nosesabecómo ayuda a su padre en las tareas de la casa y que es experta en abrazos mancos. El amor es lo que tiene; que el mejor abrazo te lo puede dar un manco y que uno puede encontrar una razón para vivir cuando cree haber llegado al final del camino. Toda esta poesía y pesadumbre las envuelve Ernesto en humor, en optimismo, buscando siempre el lado menos plomizo y dejándonos ver que incluso una puta cutre de peep show barato puede ser una princesa o que en el desierto crecen flores. 
Imaginería casi propia de David Lynch, con el porrón como símbolo de las raíces y el jabalí como animal casi mitológico, como una presencia que incluso podría ser Puck disfrazado. 
Ernesto Collado es el amo de decir lo que le sale de los cojones y como le sale de los cojones. Porque él lo vale. Porque su honestidad con la realidad es tan radial que se la puede pasar por el arco del triunfo si quiere porque nunca va a dejar de ser íntegro y honesto con su historia, con sus personajes y con sus aventuras. Este tío tiene lo mejor que se le puede pedir a un artista. Compromiso, coherencia, honestidad, libertad, profundidad, mil lecturas, dos mil capas y tres mil mensajes de consecuencia con uno mismo. 



Porque soy mayor que él, que si no... pero si yo volviera a nacer querría ser como Ernesto Collado. Es un ser que consigue por un rato hacer que la vida parezca más feliz. Tela.    

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