Hay que ser borrico para no haber ido todavía a ver "La visita". Estuvo un huevo de tiempo en "La casa de la portera" y lleva tiempo también en "La pensión de las pulgas". Pues na, hasta el otro día no hemos ido a verlo. ¡Si lo llego a saber...!
Al lío; me ha encantado. Lo primero porque me parece un pedazo de texto ejemplar. Parece que la historia está basada en un hecho real ocurrido en Holanda. Bien, pero a ese punto de partida hay que darle forma, tensión, escribir un texto que tenga el suficiente poder como para llevarte por laberintos emocionales que ni tú mismo te crees. Hay que ser muy sincero con uno mismo y muy inteligente como para no evidenciar lo evidente. El cura es malo, está claro. Pero desde el texto no puedes incidir y reincidir en esa maldad, sería un truco barato. El MAL se retrata solo. Y el MAL no tiene una sola cara. El afán que tiene ella en algunos momentos por conseguir esa firma me recuerda peligrosamente a ciertos bancos, a ciertos abusos, a ciertas empresas... y esa es otra cara del MAL. Ahí demuestra una increíble maestría Antonio Muñoz de Mesa al ofrecernos un texto donde casi nada es lo que parece y donde el "malo" lo es por lo que hace y dice, no porque se nos ofrezca como un villano al que hostiar.
Iván Villanueva te da un asco... es la encarnación del MAL total. Ese MAL asqueroso que tenemos a nuestro lado oculto tras una sonrisa diabólicamente amable. Cuanto más majo parece al principio, más ascazo te va dando. Porque te lo ves venir. Está fabuloso y asqueroso en cada gesto. Hubo un momento en el que pensé que alguien del público se iba a levantar y de iba a soltar dos hostias. ¡Y se las habría merecido! Y Rosa Mariscal se lleva el papel más difícil. Y se lo lleva hasta el sitio justo en el que resulta creíble, sincera, dura, con un puntito que llegas a dudar de ella y con toda la carga de la justicia universal vengándose de ese hijoputa. Mantiene el tipo en todo momento, incluso cuando sospechas que puede que te la hayan metido doblada y que en realidad estés presenciando un duelo de poderes a cuál más repugnante. Rosa conserva la integridad como actriz, no se deja llevar por lo fácil (cuando tú eres el "personaje positivo" es fácil ceder a esa tentación) y conduce a su personaje y su historia al lugar preciso. El duelo entre el MAL repugnante y el sistema es delicado. Los argumentos van jugando a favor y en contra de la lógica y de la ética. Y ahí en medio estás tú, queriendo matar. Y deseando que no haya justicia, sino venganza. Ese equilibrio moral lo sustentan ambos dos, Iván y Rosa, prodigiosos.
Muy bien dirigido, con un control de los ritmos, de la tensión, del espacio y de los elementos magistral. Esa regadera... esa maceta reseca como el corazón del puto cura, esa botella de Vega Sicilia..., la jodía silla símbolo del control... todo está usado de forma consciente y justificada. Perfecto. Ni sobra ni falta absolutamente nada. Utilizan el espacio como pocas veces he visto en "La Pensión de las pulgas". Y el ritmo de las escenas es justo el necesario. Los "tempos" son perfectos y la progresión de la tensión dramática, prodigiosa. Aparte del uso de ciertas expresiones y de "iconos" como el cáliz descontextualizado, o ese platito de hostias que parecen unas almendritas. Irreverencia al servicio del corrupto. Nada es lo que representa. Todo está podrido. Ascazo.
Aquí podrás leer MI opinión sobre los espectáculos que voy viendo. Insisto en que es MI opinión, nada mas. No pretendo adoctrinar ni tener razón. Únicamente te contaré MIS razones para amar o amar menos lo que vaya viendo. El teatro son gustos y aquí leerás los míos. No soy crítico, solo necesito contarle al mundo el porqué de mis amores. Lo que puedes leer aquí es lo que yo he sentido al ver estos espectáculos. Ni más ni menos que mis sensaciones. Si a alguien le sirven, estupendo.
martes, 8 de abril de 2014
lunes, 7 de abril de 2014
Kiss & Cry. Canal.
Más o menos, voy a decir lo mismo que con otros espectáculos que he visto del estilo de este. En realidad es como estuvieras viendo un vídeo. Vamos, que igual nos pusieron un vídeo y todos tan contentos. La única gracia que tiene el espectáculo es ver cómo corren pacá y pallá los manipuladores.
En definitiva, la historia es pobre. Una anciana está sentada en un banco en una estación de tren y recuerda a las personas que han pasado por su vida. Con bastante ñoñería y una "poética" que a mí se me quedó totalmente ajena. Todo esto contado mediante maquetas y escenarios así como de los clicks y los deditos de unas manos haciendo de protas.
Hay mucha pasta, claro. Las maquetas, los inventitos, los materiales, las cámaras, la cantidad de gente que hay manipulando... todo eso es un pastizal. Pero la historia es pobre, aburrida y pastelosa y la única gracia, para mi gusto es ver las maquetitas y las cositas que sacan. Pero vamos, insisto, si nos ponen el vídeo directamente, nos habría dado igual. Porque si la gracia es ver cómo lo hacen en directo...
Sinceramente, para mí tiene poco de teatro. Muy poco. Si lo tomamos como "espectáculo visual", pues vale, está muy bien hecho y todo es muy mono, pero a mi no me dice absolutamente nada. Eso sí, la gente acabó gritando bravo y de pié. Una prueba más de que el raro soy yo.
En definitiva, la historia es pobre. Una anciana está sentada en un banco en una estación de tren y recuerda a las personas que han pasado por su vida. Con bastante ñoñería y una "poética" que a mí se me quedó totalmente ajena. Todo esto contado mediante maquetas y escenarios así como de los clicks y los deditos de unas manos haciendo de protas.
Hay mucha pasta, claro. Las maquetas, los inventitos, los materiales, las cámaras, la cantidad de gente que hay manipulando... todo eso es un pastizal. Pero la historia es pobre, aburrida y pastelosa y la única gracia, para mi gusto es ver las maquetitas y las cositas que sacan. Pero vamos, insisto, si nos ponen el vídeo directamente, nos habría dado igual. Porque si la gracia es ver cómo lo hacen en directo...
Sinceramente, para mí tiene poco de teatro. Muy poco. Si lo tomamos como "espectáculo visual", pues vale, está muy bien hecho y todo es muy mono, pero a mi no me dice absolutamente nada. Eso sí, la gente acabó gritando bravo y de pié. Una prueba más de que el raro soy yo.
sábado, 5 de abril de 2014
Éramos tres hermanas. Abadía
¡¡¡Ay... esos programas de mano... que los carga el diablo!!! Mira que os lo tengo dicho, que os cortéis un poco. Pues nada, aquí a ver quién es más humilde. Sanchís Sinisterra empieza intentando justificar el haber masacrado el texto de Chéjov. Lo primero es que nadie le ha pedido que lo justifique y silo hace será que se siente culpable. Y luego es que usa argumentos como que Picasso hizo lo mismo con "La meninas" o Bacon con el retrato de Inocencio X. ¡Toma ya humildad! Su segundo argumento es que esa "práctica dramática" como él la llama, esté justificada por el resultado. ¡Segundo ataque de humildad!
Y justamente el trabajo de Sanchís Sinisterra es para mi gusto el principal lastre que tiene la función. Vamos a ver, sí, me parece que como ejercicio de dramaturgia está muy bien, es muy interesante. Cambiar el orden de algunas cosas, las repeticiones de algunos textos, el intercambio de personajes. Vale, sí, muy chulo y muy interesante como ejercicio. Así como para un taller de "deconstrucción y reconstrucción de un clásico". Pero nada más. Me explico. Suponiendo que la historia hubiera avanzado y nos encontráramos con esas tres hermanas cuarenta años después... yo creo que no serían como son en esta obra. Son personajes que se quejan de lo mal que están pero que no hacen nada por cambiarlo. No soportan su vida pero no la cambian. Destino, inutilidad, vaguería, derrota, asunción. No sé. Pero no cambian nada. Así que si la historia hubiera seguido, ellas tres habrían seguido con sus vidas y ahora serían otra cosa, no tres locas atadas al pasado. Al menos no de esa forma. Son como la señora Havisham y su pastel de bodas incorrupto. O como la loca de los gatos. Y yo no veo así a los personajes de Chéjov. Así que no me creo que estas tres locas disfrazadas de Baby Jane Hudson sean Olga, Masha e Irina. Pues porque no.
Salvado este escollo lo que queda es un espectáculo elegantísimo, montado con mucho gusto, mucha delicadeza, con unas luces maravillosas, un vestuario fantástico y un espacio interesante. Quizá tenga un ritmo un poco machacón, pero claro, casi que lo va marcando el texto (el de Sanchís Sinisterra, digo) y algo ralentizado en su parte final. Fíjate, eso suele pasar con Chéjov. Es como que costara despedirse de él. Suele pasar. Al llegar a la parte final, todo se ralentiza demasiado, como si los directores no quisieran despedirse de él, de su texto maravilloso y de sus personajes. Claro que aquí, cuando en el minuto ocho ya sabes que te van a contar tal cual la obra de Chéjov, pierde el interés casi todo. Al menos en mi caso. Me sé la historia, sé lo que va a pasar, pero no me gusta lo que han hecho con el texto y con los personajes. Es como hacer "tres hermanas" con tres locas. No. Yo quiero a las hermanas de Chéjov. Así que sí, se me hizo larga.
Lo que es un gustazo, aparte de la embrujadora dirección escénica son las tres actrices. Insisto, yo creo que si los personajes originales hubieran crecido, no serían lo que vemos aquí. Es como si tres señoras de... cierta edad interpretaran a los personajes de Chéjov. Son ellas tres, sí, maravillosas, pero es que esos no son los personajes. Julieta Serrano es una Olga fascinante, sabia y con un abanico de recursos de mujer de teatro de toda la vida. Fabulosa. Mariana Cordero conoce perfectamente sus armas y las usa de forma prodigiosa. esa voz, esa mirada, esa fuerza y esa presencia poderosa son maravillosas. Aunque su Natasha me pareció básica y pobretona. Y luego mi gran descubrimiento. Mamen García. Soy mu catetorro y no la conocía y me pareció un prodigio. ¡Y encima canta! ¡Y canta que te cagas! Lógicamente es la más Baby Jane de las tres pero es la que despliega mayor variedad de recursos y de dominio de la escena. Tiene algo hipnótico que hace que no apartes la mirada de ella a pesar de tener al lado a esos dos fenómenos, cada una en su estilo.
Así que eso te cuento. Recital de tres monstruos dirigidas con elegancia y muy buen gusto pero en una obra para mi gusto, totalmente errónea.
Y justamente el trabajo de Sanchís Sinisterra es para mi gusto el principal lastre que tiene la función. Vamos a ver, sí, me parece que como ejercicio de dramaturgia está muy bien, es muy interesante. Cambiar el orden de algunas cosas, las repeticiones de algunos textos, el intercambio de personajes. Vale, sí, muy chulo y muy interesante como ejercicio. Así como para un taller de "deconstrucción y reconstrucción de un clásico". Pero nada más. Me explico. Suponiendo que la historia hubiera avanzado y nos encontráramos con esas tres hermanas cuarenta años después... yo creo que no serían como son en esta obra. Son personajes que se quejan de lo mal que están pero que no hacen nada por cambiarlo. No soportan su vida pero no la cambian. Destino, inutilidad, vaguería, derrota, asunción. No sé. Pero no cambian nada. Así que si la historia hubiera seguido, ellas tres habrían seguido con sus vidas y ahora serían otra cosa, no tres locas atadas al pasado. Al menos no de esa forma. Son como la señora Havisham y su pastel de bodas incorrupto. O como la loca de los gatos. Y yo no veo así a los personajes de Chéjov. Así que no me creo que estas tres locas disfrazadas de Baby Jane Hudson sean Olga, Masha e Irina. Pues porque no.
Salvado este escollo lo que queda es un espectáculo elegantísimo, montado con mucho gusto, mucha delicadeza, con unas luces maravillosas, un vestuario fantástico y un espacio interesante. Quizá tenga un ritmo un poco machacón, pero claro, casi que lo va marcando el texto (el de Sanchís Sinisterra, digo) y algo ralentizado en su parte final. Fíjate, eso suele pasar con Chéjov. Es como que costara despedirse de él. Suele pasar. Al llegar a la parte final, todo se ralentiza demasiado, como si los directores no quisieran despedirse de él, de su texto maravilloso y de sus personajes. Claro que aquí, cuando en el minuto ocho ya sabes que te van a contar tal cual la obra de Chéjov, pierde el interés casi todo. Al menos en mi caso. Me sé la historia, sé lo que va a pasar, pero no me gusta lo que han hecho con el texto y con los personajes. Es como hacer "tres hermanas" con tres locas. No. Yo quiero a las hermanas de Chéjov. Así que sí, se me hizo larga.
Lo que es un gustazo, aparte de la embrujadora dirección escénica son las tres actrices. Insisto, yo creo que si los personajes originales hubieran crecido, no serían lo que vemos aquí. Es como si tres señoras de... cierta edad interpretaran a los personajes de Chéjov. Son ellas tres, sí, maravillosas, pero es que esos no son los personajes. Julieta Serrano es una Olga fascinante, sabia y con un abanico de recursos de mujer de teatro de toda la vida. Fabulosa. Mariana Cordero conoce perfectamente sus armas y las usa de forma prodigiosa. esa voz, esa mirada, esa fuerza y esa presencia poderosa son maravillosas. Aunque su Natasha me pareció básica y pobretona. Y luego mi gran descubrimiento. Mamen García. Soy mu catetorro y no la conocía y me pareció un prodigio. ¡Y encima canta! ¡Y canta que te cagas! Lógicamente es la más Baby Jane de las tres pero es la que despliega mayor variedad de recursos y de dominio de la escena. Tiene algo hipnótico que hace que no apartes la mirada de ella a pesar de tener al lado a esos dos fenómenos, cada una en su estilo.
Así que eso te cuento. Recital de tres monstruos dirigidas con elegancia y muy buen gusto pero en una obra para mi gusto, totalmente errónea.
viernes, 28 de marzo de 2014
Magia café. Cuarta Pared.
Antes de que empiece el espectáculo, y por si acaso no lo sabías ya, te explican Paloma Pedrero (autora y directora de este montaje) que se trata de un experimento. Es fruto del trabajo de una ONG que curra con gente en riesgo de exclusión social y con actores profesionales. Utilizan el teatro como forma de terapia, de socialización, de integración y de desarrollo personal. El resultado final, evidentemente no se puede juzgar como harías con un montaje del CDN.
El resultado es una fiesta de la diversión. La historia de un café dirigido por tres mujeres desplazadas. Una separada, una emigrante con una historia cruel detrás y una cría que quiere ser hija, novia y madre y que añora a su mamá, a su abuela y una vida "normal". Regentan un café en un edificio ocupado donde se reunen todos los "desarrapados" de una sociedad que los crea y los abandona. Allí se juntan todos haciendo teatro, aprendiendo unos de otros, conviviendo como una inmensa familia cuyo único "delito" es ocupar un edificio abandonado. Tendrán que intentar convencer al "mandatario" cruel y asqueroso para que les deje seguir allí. Pero ahí es donde empiezan las sorpresas.
El teatro puede tener muchas utilidades. Puede servir para ilustrar una realidad a veces oculta o incómoda. Casi siempre tiene una labor política. Porque política es mover conciencias. Y puede tener una utilidad social. Resultados aparte, es una gozada ver cómo esos chicos y chicas actúan, dicen sus textos, cantan, disfrutan como locos y encima te dicen que desde que hacen teatro sus vidas tienen más sentido, que son más felices, que se relacionan mejor con su entorno y con los demás, con los que miramos para otro lado.
Un gustazo ver que el teatro puede ser útil para darles a determinadas personas un lugar y un porqué que nosotros mismos, los listos, los hábiles, los enrollaos no les damos. Lección de teatro como arma social que da gusto ver.
El resultado es una fiesta de la diversión. La historia de un café dirigido por tres mujeres desplazadas. Una separada, una emigrante con una historia cruel detrás y una cría que quiere ser hija, novia y madre y que añora a su mamá, a su abuela y una vida "normal". Regentan un café en un edificio ocupado donde se reunen todos los "desarrapados" de una sociedad que los crea y los abandona. Allí se juntan todos haciendo teatro, aprendiendo unos de otros, conviviendo como una inmensa familia cuyo único "delito" es ocupar un edificio abandonado. Tendrán que intentar convencer al "mandatario" cruel y asqueroso para que les deje seguir allí. Pero ahí es donde empiezan las sorpresas.
El teatro puede tener muchas utilidades. Puede servir para ilustrar una realidad a veces oculta o incómoda. Casi siempre tiene una labor política. Porque política es mover conciencias. Y puede tener una utilidad social. Resultados aparte, es una gozada ver cómo esos chicos y chicas actúan, dicen sus textos, cantan, disfrutan como locos y encima te dicen que desde que hacen teatro sus vidas tienen más sentido, que son más felices, que se relacionan mejor con su entorno y con los demás, con los que miramos para otro lado.
Un gustazo ver que el teatro puede ser útil para darles a determinadas personas un lugar y un porqué que nosotros mismos, los listos, los hábiles, los enrollaos no les damos. Lección de teatro como arma social que da gusto ver.
miércoles, 26 de marzo de 2014
Continuidad en los parques. Matadero.
Jaime Pujol escribió este texto hace más de veinte años. Sergio Peris-Mencheta dirige este espectáculo para mayor gloria de sus actores.
Las historietas que componen este espectáculo son divertidas algunas, otras surrealistas, otras disparatadas. En todas, el plato fuerte son sus actores.
La dirección no me parece nada del otro mundo, aunque sí destaco ciertos aciertos en la puesta en escena y algunos elementos realmente ingeniosos. Elementos aparte, el resto de la dirección me parece correcta sin grandes pasiones. Bien, ¿no?
Las historias desde luego dependen de cada uno. A mi me gustaron especialmente la del taxista y la de los tres "seres" que atiborran de historias bíblicas al pobre Roberto Álvarez. Y por supuesto, la del esguince y "Friki". El resto... quizá repite demasiado el mismo esquema de apariencia engañosa que se desmonta con una sorpresa final.
Fele Martínez es un animal de la escena. Me vuelve loco, me encanta, me parece una bestia que hace lo que quiere, que siempre sabe lo que hace y que lo hace de forma prodigiosa. Es, para mi gusto, el mejor de todos. Al menos es el que más me gusta. Porque me gusta muchísimo.
Roberto Álvarez es muy bueno, mucho, pero le veo un poco fuera de tono, como si hiciera cosas con las que no termina de empatizar. Luis Zahera está bien. Aunque su acento es tan marcado que a veces cuesta creer que se llame Harry, por ejemplo. Y luego digamos que... Gorka Otxoa no me hace gracia. Reconozco que lo que hace lo hace muy bien y entiendo que la gente se mee viva con él, porque realmente lo hace muy bien. Pero a mí no me hace gracia, lo siento. Es problema mío, porque además, el que pierde soy yo, que me quedo sin reírme en todas sus historias.
Así que bueno, pues bien, vale, que se puede ver y te lo pasas bien. No es el espectáculo del año ni creo que lo pretenda. Se ve bien, se disfruta, y sobre todo, te mueres del gusto de ver a Fele Martínez.
Las historietas que componen este espectáculo son divertidas algunas, otras surrealistas, otras disparatadas. En todas, el plato fuerte son sus actores.
La dirección no me parece nada del otro mundo, aunque sí destaco ciertos aciertos en la puesta en escena y algunos elementos realmente ingeniosos. Elementos aparte, el resto de la dirección me parece correcta sin grandes pasiones. Bien, ¿no?
Las historias desde luego dependen de cada uno. A mi me gustaron especialmente la del taxista y la de los tres "seres" que atiborran de historias bíblicas al pobre Roberto Álvarez. Y por supuesto, la del esguince y "Friki". El resto... quizá repite demasiado el mismo esquema de apariencia engañosa que se desmonta con una sorpresa final.
Fele Martínez es un animal de la escena. Me vuelve loco, me encanta, me parece una bestia que hace lo que quiere, que siempre sabe lo que hace y que lo hace de forma prodigiosa. Es, para mi gusto, el mejor de todos. Al menos es el que más me gusta. Porque me gusta muchísimo.
Roberto Álvarez es muy bueno, mucho, pero le veo un poco fuera de tono, como si hiciera cosas con las que no termina de empatizar. Luis Zahera está bien. Aunque su acento es tan marcado que a veces cuesta creer que se llame Harry, por ejemplo. Y luego digamos que... Gorka Otxoa no me hace gracia. Reconozco que lo que hace lo hace muy bien y entiendo que la gente se mee viva con él, porque realmente lo hace muy bien. Pero a mí no me hace gracia, lo siento. Es problema mío, porque además, el que pierde soy yo, que me quedo sin reírme en todas sus historias.
Así que bueno, pues bien, vale, que se puede ver y te lo pasas bien. No es el espectáculo del año ni creo que lo pretenda. Se ve bien, se disfruta, y sobre todo, te mueres del gusto de ver a Fele Martínez.
martes, 25 de marzo de 2014
Desnudas. La puerta de al lado.
Alberto Velasco para mí es un hombre renacentista. Un fenómeno de esos que se dan cada no sé cuántas generaciones. Y nosotros estamos teniendo la suerte inmensa de poder disfrutarle. Personalmente todo lo que he visto suyo o con él me ha parecido glorioso. "Desnudas" es otra muestra de lo que puede ofrecer un ser sobrehumano como es Alberto. No es ya la magia y la belleza dura de "Cenizas" (conjunción de varios genios; Aberto, Chevi, Pablo...), no es el ritual casi eucarístico de "Vaca", "Desnudas" es todo eso y más.
Fuimos a la matinal el domingo. Vamos que ya hay que echarle arte para que un espectáculo un domingo por la mañana te despierte el bicho. Pues a mí no sólo me lo despertó sino que salí realmente impactado.
Antes de nada, una mención a la sala. "La puerta de al lado" acaba de abrir hace nada y ya habla to dios de este sitio. Normal. El chico que nos recibió es un encanto y el local es precioso, cómodo y con un encanto y unas posibilidades infinitas. Va a ser un pelotazo de sitio, si no, al tiempo. Y espero que lo sea, porque me encantó. Superfan desde ya.
Pero al lío. "Desnudas" cuenta tres historias. Tres mujeres machacadas. Una literalmente, otra emocionalmente y la tercera automachacada. Las tres viven las consecuencias de querer más a los demás, lo externo que a ellas mismas. Rosalinda Galán "no sabía qué quería ser pero sabía qué quería no ser". Pues zás, en toda la boca, por hablar. Su historia es brutal, dura de cojones. Y encima ella va y te lo canta con esa voz prodigiosa que hace que desees volver a nacer para ver si de la siguiente, naces con esa voz. Begoña Mencía ha sufrido en sí misma el haber querido más al otro que a sí misma. Y Karmen Garay te cuenta cruelmente su autodestrucción hasta que decidió "perdonarse" por ser gorda.
Los textos son pura poesía. Cada palabra, cada metáfora, cada imagen que emplea Alberto son las justas para ponerte entre el corazón y el estómago un trozo de sufrimiento. Pero sin autocomplacencia, lo cual es más inteligente e infinitamente más cruel. Pero claro, cómo te vas a quejar, si tú eres sólo público. Las que deben quejarse son ellas tres, las pobres, apaleadas y enterradas en vida por malentender el amor.
Las tres están brutales. Y si es jodido como espectador que te enganche un domingo por la mañana, imagínate para ellas. Meterse con esa intensidad en tres vidas tan jodidas tiene que dejarte el resto del día tocado. Sublimes, duras, intensas, hacen que te estremezcas con cada mirada cómplice y culpable. Te sonríen y tú te sientes todavía peor.
Y la dirección de Alberto es el remate. Si el texto te embruja y las actrices te llevan al infierno entre sus sonrisas, la dirección de Alberto es un prodigio de inteligencia. Por ejemplo, todos los objetos están perfectamente escogidos y empleados. El momento batidora es de lo más brutal que he visto yo en muchos meses. Y cada momento, cada giro, cada transición, cada golpe, cada impacto, cada lágrima y cada autoflagelación están mostrados de la forma más precisa posible. En serio, hacía tiempo que no veía un espectáculo con una dirección tan clara, tan coherente, tan imaginativa y tan mágica. Y ese uso de las luces impecable, descriptivo y casi como si fuera un personaje más. Luces, sombras... buffff.
Realmente no sé cómo repartir mis alabanzas. Alberto... sobrehumano, Begoña, Rosalinda y Karmen... mágicas, estremecedoras y de una generosidad acojonante. Y Eduardo del Val al teclado... magia pura también. Cuánta belleza...
Pocas veces se me han llenado los ojos de lágrimas escribiendo. "Desnudas" lo ha conseguido. Gracias a los cinco.
Fuimos a la matinal el domingo. Vamos que ya hay que echarle arte para que un espectáculo un domingo por la mañana te despierte el bicho. Pues a mí no sólo me lo despertó sino que salí realmente impactado.
Antes de nada, una mención a la sala. "La puerta de al lado" acaba de abrir hace nada y ya habla to dios de este sitio. Normal. El chico que nos recibió es un encanto y el local es precioso, cómodo y con un encanto y unas posibilidades infinitas. Va a ser un pelotazo de sitio, si no, al tiempo. Y espero que lo sea, porque me encantó. Superfan desde ya.
Pero al lío. "Desnudas" cuenta tres historias. Tres mujeres machacadas. Una literalmente, otra emocionalmente y la tercera automachacada. Las tres viven las consecuencias de querer más a los demás, lo externo que a ellas mismas. Rosalinda Galán "no sabía qué quería ser pero sabía qué quería no ser". Pues zás, en toda la boca, por hablar. Su historia es brutal, dura de cojones. Y encima ella va y te lo canta con esa voz prodigiosa que hace que desees volver a nacer para ver si de la siguiente, naces con esa voz. Begoña Mencía ha sufrido en sí misma el haber querido más al otro que a sí misma. Y Karmen Garay te cuenta cruelmente su autodestrucción hasta que decidió "perdonarse" por ser gorda.
Los textos son pura poesía. Cada palabra, cada metáfora, cada imagen que emplea Alberto son las justas para ponerte entre el corazón y el estómago un trozo de sufrimiento. Pero sin autocomplacencia, lo cual es más inteligente e infinitamente más cruel. Pero claro, cómo te vas a quejar, si tú eres sólo público. Las que deben quejarse son ellas tres, las pobres, apaleadas y enterradas en vida por malentender el amor.
Las tres están brutales. Y si es jodido como espectador que te enganche un domingo por la mañana, imagínate para ellas. Meterse con esa intensidad en tres vidas tan jodidas tiene que dejarte el resto del día tocado. Sublimes, duras, intensas, hacen que te estremezcas con cada mirada cómplice y culpable. Te sonríen y tú te sientes todavía peor.
Y la dirección de Alberto es el remate. Si el texto te embruja y las actrices te llevan al infierno entre sus sonrisas, la dirección de Alberto es un prodigio de inteligencia. Por ejemplo, todos los objetos están perfectamente escogidos y empleados. El momento batidora es de lo más brutal que he visto yo en muchos meses. Y cada momento, cada giro, cada transición, cada golpe, cada impacto, cada lágrima y cada autoflagelación están mostrados de la forma más precisa posible. En serio, hacía tiempo que no veía un espectáculo con una dirección tan clara, tan coherente, tan imaginativa y tan mágica. Y ese uso de las luces impecable, descriptivo y casi como si fuera un personaje más. Luces, sombras... buffff.
Realmente no sé cómo repartir mis alabanzas. Alberto... sobrehumano, Begoña, Rosalinda y Karmen... mágicas, estremecedoras y de una generosidad acojonante. Y Eduardo del Val al teclado... magia pura también. Cuánta belleza...
Pocas veces se me han llenado los ojos de lágrimas escribiendo. "Desnudas" lo ha conseguido. Gracias a los cinco.
El encuentro. Sala pequeña del Español.
Como casi siempre, en la pequeña del Español se ven montajes muy interesantes. Este lo es. "El encuentro" está muy bien y encima estos días supongo que habrá recibido el empujón de la noticia. Se lo merecen.
El texto de Luis Felipe Blasco Vilches recrea el famoso encuentro entre Suárez y Carrillo, cuando decidieron legalizar el PCE y establecer ciertas líneas para el desarrollo de la futura convivencia. Evidentemente le encuentro fue secreto y no hay constancia ni de qué hablaron ni en qué términos se produjo el encuentro. Así pues, menos el famoso saludo, el resto es puritita ficción. Y precisamente eso es lo que mola. La libertad con la que aparte de "recrear" ese encuentro, se utiliza también como excusa para contarnos una especie de metáfora del poder, de ahora mismo, de ese algo intemporal que tiene el poder y los pactos para obtenerlo o conservarlo.
El trabajo actoral es bueno, tanto José Manuel Seda como Eduardo Velasco hacen un buen trabajo. Afortunadamente no estamos en un "lluvia de estrellas". Ni van disfrazados de sus personajes ni pretenden imitar sus figuras. Recrean un poco sus "esencias" y construyen una metáfora intemporal que funciona muy bien. Son como de dos escuelas interpretativas distintas y tienen formas distintas de enfrentarse a sus personajes, pero juntas funcionan bien. Realmente incluso esa forma de interpretar tan diferente viene bien para reforzar ese "enfrentamiento" de formas de pensar, de éticas y de compromisos.
El texto de Luis Felipe Blasco Vilches recrea el famoso encuentro entre Suárez y Carrillo, cuando decidieron legalizar el PCE y establecer ciertas líneas para el desarrollo de la futura convivencia. Evidentemente le encuentro fue secreto y no hay constancia ni de qué hablaron ni en qué términos se produjo el encuentro. Así pues, menos el famoso saludo, el resto es puritita ficción. Y precisamente eso es lo que mola. La libertad con la que aparte de "recrear" ese encuentro, se utiliza también como excusa para contarnos una especie de metáfora del poder, de ahora mismo, de ese algo intemporal que tiene el poder y los pactos para obtenerlo o conservarlo.
El trabajo actoral es bueno, tanto José Manuel Seda como Eduardo Velasco hacen un buen trabajo. Afortunadamente no estamos en un "lluvia de estrellas". Ni van disfrazados de sus personajes ni pretenden imitar sus figuras. Recrean un poco sus "esencias" y construyen una metáfora intemporal que funciona muy bien. Son como de dos escuelas interpretativas distintas y tienen formas distintas de enfrentarse a sus personajes, pero juntas funcionan bien. Realmente incluso esa forma de interpretar tan diferente viene bien para reforzar ese "enfrentamiento" de formas de pensar, de éticas y de compromisos.
martes, 18 de marzo de 2014
Alceste. Teatro Real.
Será por ese punto macarra que tengo o porque lo polémico, así de entrada ya me mola, pero iba con ganazas a ver el jodío "Alceste" del Real, a Lady Di, a Warlikowski, a Denoke, de oír a Bolton... en fin, que mis colmillos estaban afilados desde días antes.
Y yo es que a veces flipo con el público de Madrid. Que alguien me explique por qué los abucheos, los pataleos y las ofensas y escándalos con un montaje como este. ¿Por lo del paralelismo con Lady Di? Amos no me jodas. ¿Por lo de la flamenca bailando por ahí? Amos no me digas. ¿Porque la orquesta suena bien aunque le falte un punto? ¿Porque la Denoke ni lo huele? Tampoco es pa tanto.
Bueno, a lo que voy.
A mi la obra tampoco es que me vuelva loco. Evidentemente reconozco su valor histórico y musical, faltaría más, pero no me arrebatan las pasiones cuando la oigo.
La puesta en escena me gustó. Lo digo desde ya. Me parece un despiporre total, pero, ¿por qué no? No vi nada escandaloso ni horrible. Me gustó el hospital, me gustó el salón del banquete y me gustó la morgue. Eso sí, reconozco que me quedé muerto cuando la suegra se arrancó a bailar. Me gustó hasta el Hércules/Joker. Todo me gustó mucho. Desde la entrevista inicial a... todo. Y de verdad lo digo que no entiendo por qué el escándalo. Entendería que se abucheara si te ha ofendido o indignado algo, pero no hay nada indignante. En todo caso puede que no te guste, pero ¿tanto como para patear y abuchear? Entonces empecemos a abuchear TODO lo que no nos gusta. Eso si, dos cosas. ¿No dicen en la entrevista que el hijo mayor es varón? Y esos pelucones... algunos son un poco como de "Diabéticas aceleradas".
La dirección musical de Ivor Bolton estuvo bien. Sólo bien. Seguro que va a dar muchísimas alegrías en el Real, pero el otro día le faltó un pelín de brillo, de picardía, de coquetería en algunos momentos. No sé si me explico, supongo que no, jeje.
El coro sonó regulero en algunos momentos. Bien en general, pero desacompasado en algunos momentos.
Angela Denoke es muy buena actriz. En los vídeos está maravillosa. Su registro medio es correcto, tiene un timbre y un color que a mi no me dice gran cosa, pero bueno. Eso sí, lo que no tiene es ni voz ni gracia para Gluck ni desde luego agudos. Tampoco es que necesite tantos, pero ese "Divinités du Styx" no se puede cantar peor. Y eso que se lo tocaron lentito para ver si así... pero ni con esas. Un desastre de la primera a la última nota. Desde luego no es este su repertorio, es evidente. Además, y esto ya es manía personal, es de esas cantantes como Amarilli Nizza o Barbara Frittoli que cantan torciendo la cabeza. Paul Groves ya destrozó en su momento al Don Ottavio, así que aquí debió de pensárselo bien. Realmente sacó adelante el papel bastante bien, aunque se le nota como que enseguida se agobia. Transmite agobio y como que le va a superar todo en cualquier momento. El sábado reconozco que cantó bien y aguantó el papel. Willard White me gustó mucho, aunque quizá tenía la voz algo pastosa.
Resumiendo... puesta en escena fascinante, voces reguleras y dirección musical correcta. No es el montaje del año pero yo me fui satisfecho. Eché de menos que saliera Warlikowski a saludar, porque le habría aplaudido con ganas.
Y yo es que a veces flipo con el público de Madrid. Que alguien me explique por qué los abucheos, los pataleos y las ofensas y escándalos con un montaje como este. ¿Por lo del paralelismo con Lady Di? Amos no me jodas. ¿Por lo de la flamenca bailando por ahí? Amos no me digas. ¿Porque la orquesta suena bien aunque le falte un punto? ¿Porque la Denoke ni lo huele? Tampoco es pa tanto.
Bueno, a lo que voy.
A mi la obra tampoco es que me vuelva loco. Evidentemente reconozco su valor histórico y musical, faltaría más, pero no me arrebatan las pasiones cuando la oigo.
La puesta en escena me gustó. Lo digo desde ya. Me parece un despiporre total, pero, ¿por qué no? No vi nada escandaloso ni horrible. Me gustó el hospital, me gustó el salón del banquete y me gustó la morgue. Eso sí, reconozco que me quedé muerto cuando la suegra se arrancó a bailar. Me gustó hasta el Hércules/Joker. Todo me gustó mucho. Desde la entrevista inicial a... todo. Y de verdad lo digo que no entiendo por qué el escándalo. Entendería que se abucheara si te ha ofendido o indignado algo, pero no hay nada indignante. En todo caso puede que no te guste, pero ¿tanto como para patear y abuchear? Entonces empecemos a abuchear TODO lo que no nos gusta. Eso si, dos cosas. ¿No dicen en la entrevista que el hijo mayor es varón? Y esos pelucones... algunos son un poco como de "Diabéticas aceleradas".
La dirección musical de Ivor Bolton estuvo bien. Sólo bien. Seguro que va a dar muchísimas alegrías en el Real, pero el otro día le faltó un pelín de brillo, de picardía, de coquetería en algunos momentos. No sé si me explico, supongo que no, jeje.
El coro sonó regulero en algunos momentos. Bien en general, pero desacompasado en algunos momentos.
Angela Denoke es muy buena actriz. En los vídeos está maravillosa. Su registro medio es correcto, tiene un timbre y un color que a mi no me dice gran cosa, pero bueno. Eso sí, lo que no tiene es ni voz ni gracia para Gluck ni desde luego agudos. Tampoco es que necesite tantos, pero ese "Divinités du Styx" no se puede cantar peor. Y eso que se lo tocaron lentito para ver si así... pero ni con esas. Un desastre de la primera a la última nota. Desde luego no es este su repertorio, es evidente. Además, y esto ya es manía personal, es de esas cantantes como Amarilli Nizza o Barbara Frittoli que cantan torciendo la cabeza. Paul Groves ya destrozó en su momento al Don Ottavio, así que aquí debió de pensárselo bien. Realmente sacó adelante el papel bastante bien, aunque se le nota como que enseguida se agobia. Transmite agobio y como que le va a superar todo en cualquier momento. El sábado reconozco que cantó bien y aguantó el papel. Willard White me gustó mucho, aunque quizá tenía la voz algo pastosa.
Resumiendo... puesta en escena fascinante, voces reguleras y dirección musical correcta. No es el montaje del año pero yo me fui satisfecho. Eché de menos que saliera Warlikowski a saludar, porque le habría aplaudido con ganas.
Entreactos. La casa de la portera.
Si alguno de vosotros piensa que los de "La casa de la portera" me tienen contratado para que diga que todo lo que veo allí me encanta, se equivoca totalmente. Amos, ya me gustaría a mí estar en nómina, juas juas. Lo que pasa es que o ellos programan sólo maravillas o es que tenemos un nivel de empatía sospechoso. Y es que mira que me he visto casi todo lo que se ha hecho allí y apenas hay un par de cosilla que no me han gustado. "Entreactos" entra de lleno en la categoría de "delicatessen".
Miguel Ángel Cárcano y María Inés González escriben una obra sobre la vida. Sobre la vida de cualquiera. No hay grandes pasiones, ni dramones, ni momentos de esos únicos en una vida. Son retazos de una historia de amor. Desde que comienza hasta después de muerta. Podría ser la de cualquiera, no hay nada especial. Son los "entreactos" de dos vidas en las que habrá habido mayores dramas, mayores risas, mayores felicidades y mayores broncas. Fijo. Pero igual estos momentos que vemos son esos momentos clave en los que algo cambia. Porque la vida puede cambiar en un instante.
Elena y Julia tienen unos treinta. Esa edad en la que uno ya no tiene más remedio que afianzarse de verdad, buscar un lugar. Y resulta que la forma de buscarlo en con otro. Independencia dependiente. Ellas dos se conocen, viven juntas, viven el amor en su apogeo, ven cómo se enfría, cómo muere y cómo cambia a otra cosa. Con un hijo en medio y mil sueños. Los sueños de una generación que ahora puede tener esos cuarenta y que ha visto cómo se desvanecían los suyos. Una generación capada. Podríamos ser cualquiera de nosotros. Y todo suavecito, de verdad. No hay gritos, ni grandes desgarros, ni lo que vemos es especial. Son "entreactos". Tan reales como los de cualquiera. Y eso es lo que embruja, que desde el segundo uno te han agarrado ese rinconcito oculto del alma, el que te guardas para ti, y te lo han mostrado. Sin gritos. Lo que ves es algo tan complicado como simplemente unas vidas normales. Sí, eso es, es una función sobre la vida de cualquiera, aunque nosotros no seamos magos.
Irene Arcos y Sara Martín hacen de nosotros. Hombre, mujer, peras, manzanas o macedonias. Da igual, somos cualquiera. El brillo de sus miradas es real, sus besos saben a fresa, su amargura es nuestra, su fracaso es el de cualquiera, su magia es nuestra chispa y su frialdad es nuestra cruz. Su naturalidad es pasmosa. Irene, mezcla de Amparo Muñoz y Almudena Cid (perdón, pero tenia que decirlo) mira y te lleva con su mirada. Es maga pero a veces le salen mal los trucos. Dirige pero es llevada. Cada palabra suya es un monumento a la frescura y a la verdad. Sara es natural, es única, su sonrisa enamoraría a magos magas hadas y hados. El trabajo de las dos actrices es tan cercano, tan de verdad, tan sincero, tan delicado y tan emocionante que querrías ser ellas, o irte con ellas o tomarte una cerve con ellas.
Mira, es que me sigo emocionando. Piececita de cámara que no debería perderse ni dios. Cualquiera que haya amado, que se haya sentido amado, que haya vivido la magia del amor, que hay visto cómo se perdía, que la haya deseado. O sea, cualquiera con dos dedos de corazón.
Miguel Ángel Cárcano y María Inés González escriben una obra sobre la vida. Sobre la vida de cualquiera. No hay grandes pasiones, ni dramones, ni momentos de esos únicos en una vida. Son retazos de una historia de amor. Desde que comienza hasta después de muerta. Podría ser la de cualquiera, no hay nada especial. Son los "entreactos" de dos vidas en las que habrá habido mayores dramas, mayores risas, mayores felicidades y mayores broncas. Fijo. Pero igual estos momentos que vemos son esos momentos clave en los que algo cambia. Porque la vida puede cambiar en un instante.
Elena y Julia tienen unos treinta. Esa edad en la que uno ya no tiene más remedio que afianzarse de verdad, buscar un lugar. Y resulta que la forma de buscarlo en con otro. Independencia dependiente. Ellas dos se conocen, viven juntas, viven el amor en su apogeo, ven cómo se enfría, cómo muere y cómo cambia a otra cosa. Con un hijo en medio y mil sueños. Los sueños de una generación que ahora puede tener esos cuarenta y que ha visto cómo se desvanecían los suyos. Una generación capada. Podríamos ser cualquiera de nosotros. Y todo suavecito, de verdad. No hay gritos, ni grandes desgarros, ni lo que vemos es especial. Son "entreactos". Tan reales como los de cualquiera. Y eso es lo que embruja, que desde el segundo uno te han agarrado ese rinconcito oculto del alma, el que te guardas para ti, y te lo han mostrado. Sin gritos. Lo que ves es algo tan complicado como simplemente unas vidas normales. Sí, eso es, es una función sobre la vida de cualquiera, aunque nosotros no seamos magos.
Irene Arcos y Sara Martín hacen de nosotros. Hombre, mujer, peras, manzanas o macedonias. Da igual, somos cualquiera. El brillo de sus miradas es real, sus besos saben a fresa, su amargura es nuestra, su fracaso es el de cualquiera, su magia es nuestra chispa y su frialdad es nuestra cruz. Su naturalidad es pasmosa. Irene, mezcla de Amparo Muñoz y Almudena Cid (perdón, pero tenia que decirlo) mira y te lleva con su mirada. Es maga pero a veces le salen mal los trucos. Dirige pero es llevada. Cada palabra suya es un monumento a la frescura y a la verdad. Sara es natural, es única, su sonrisa enamoraría a magos magas hadas y hados. El trabajo de las dos actrices es tan cercano, tan de verdad, tan sincero, tan delicado y tan emocionante que querrías ser ellas, o irte con ellas o tomarte una cerve con ellas.
Mira, es que me sigo emocionando. Piececita de cámara que no debería perderse ni dios. Cualquiera que haya amado, que se haya sentido amado, que haya vivido la magia del amor, que hay visto cómo se perdía, que la haya deseado. O sea, cualquiera con dos dedos de corazón.
lunes, 17 de marzo de 2014
La punta del iceberg. La Abadía.
Yo o soy muy raro ( que lo soy) o soy muy cateto (que seguramente también) pero qué quieres que te diga, este texto me pareció peché, regulero, mu poquito interesante.
En una empresa gorda ha habido unos cuantos suicidios últimamente y mandan a una alta ejecutiva a investigar qué ha pasado. Allí se encuentra con reticencias del director de la sede, reticencias por ser mujer, con su antiguo amante ahora metido a enlace sindical y a un camarero confesor de su época de pipiola en la empresa. Un racimo de novedades y de situaciones originales y nunca vistas, ¿verdad?
Texto previsible y lleno de tópicos. Pequeños giros con intención de sorprender y situaciones ya conocidas una detrás de otra puestas en escena con bastante poco nervio. Es una horita y media larga, tampoco es una pasada, pero antes de la mitad ya hace rato que estás en la cuesta abajo. Es más, tras las tres primeras escenas y el primer interrogatorio (salvado por el inmenso carisma, talento y magia de Montse Díez) en vez de seguir hacia arriba, empieza a caer el interés a pasos agigantados. Y acaba haciéndose bastante tediosa, sobre todo por una dirección sin ningún rumbo ni brío. Por cierto, que se pongan de acuerdo. ¿"Iceberg" o "Aisberg"?
Los actores ponen todo de su parte para tirar parriba. A veces demasiado. Como Nieve de Medina que desde el principio está gritando como una loca, quizá intentando salvar un personaje que le no le va nada y en el que ella no se siente a gusto. Y se nota. Es muy buena actriz, pero aquí está perdida l mujer, deambulando, sentándose y levantándose tol rato y arrastrando un texto lleno de tópicos (la relación con su ex es tópica no, lo siguiente de lo siguiente). Bueno, la verdad es que salvo Chema de Miguel, que demuestra maestría en cada palabra que sale por su boca el resto no me gustó especialmente. Salvo Montse Díez que está absolutamente maravillosa. Me flipó su dominio de la voz y de las emociones. Con ese personaje tan desagradecido logra sacar lo mejor, estrujar el texto para desparramar por la sala arte y dominio de todo. Brutal, dura, salvaje, dramática, una bestia de la escena. Me encantó. Ella... y poco más.
En una empresa gorda ha habido unos cuantos suicidios últimamente y mandan a una alta ejecutiva a investigar qué ha pasado. Allí se encuentra con reticencias del director de la sede, reticencias por ser mujer, con su antiguo amante ahora metido a enlace sindical y a un camarero confesor de su época de pipiola en la empresa. Un racimo de novedades y de situaciones originales y nunca vistas, ¿verdad?
Texto previsible y lleno de tópicos. Pequeños giros con intención de sorprender y situaciones ya conocidas una detrás de otra puestas en escena con bastante poco nervio. Es una horita y media larga, tampoco es una pasada, pero antes de la mitad ya hace rato que estás en la cuesta abajo. Es más, tras las tres primeras escenas y el primer interrogatorio (salvado por el inmenso carisma, talento y magia de Montse Díez) en vez de seguir hacia arriba, empieza a caer el interés a pasos agigantados. Y acaba haciéndose bastante tediosa, sobre todo por una dirección sin ningún rumbo ni brío. Por cierto, que se pongan de acuerdo. ¿"Iceberg" o "Aisberg"?
Los actores ponen todo de su parte para tirar parriba. A veces demasiado. Como Nieve de Medina que desde el principio está gritando como una loca, quizá intentando salvar un personaje que le no le va nada y en el que ella no se siente a gusto. Y se nota. Es muy buena actriz, pero aquí está perdida l mujer, deambulando, sentándose y levantándose tol rato y arrastrando un texto lleno de tópicos (la relación con su ex es tópica no, lo siguiente de lo siguiente). Bueno, la verdad es que salvo Chema de Miguel, que demuestra maestría en cada palabra que sale por su boca el resto no me gustó especialmente. Salvo Montse Díez que está absolutamente maravillosa. Me flipó su dominio de la voz y de las emociones. Con ese personaje tan desagradecido logra sacar lo mejor, estrujar el texto para desparramar por la sala arte y dominio de todo. Brutal, dura, salvaje, dramática, una bestia de la escena. Me encantó. Ella... y poco más.
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