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lunes, 10 de noviembre de 2014

Sol Picó / Mónica Runde. Madrid en danza

Que me vuelve loco la danza lo sabe todo el que me lea. Que la gente que se dedica a la danza me parecen héroes sacrificados con miles de horas de preparación y una carrera llena de sinsabores y relativamente corta, también. Vamos, que es que siempre digo lo mismo. Pero porque es verdad, qué cojones. Así que ha empezado Madrid en danza y yo he enloquecido. Las dos heroínas de las que hablo hoy son dos ejemplos de carreras largas. Sol Picó "celebra" sus 20 años como compañía y Mónica Runde 25. Que se dice pronto. 




Voy con Sol Picó. Así pabrir boca ya digo que a mí "Petra, la mujer araña y el putón de la abeja Maya" fue unos de los espectáculos que más me gustaron de 2011. Así , incluyendo danza, teatro, circo, patinaje artístico y de todo lo habido y por haber. Vamos, que soy muy de Sol Picó. "One-hit wonders" es un muestrario de números de varios espectáculos elegidos por ella. Tengo la sensación de que el recorrido vital es un poco como de "lo que he querido hacer, lo que he hecho, lo que no he podido hacer y lo que me gustaría que quedara". Esa es mi sensación. Y viendo que en la dirección del espectáculo figura ella con Ernesto Collado, un ser con el que tengo una extraña conexión mental y un idioma común que ambos entendemos creo que no me equivoco. Me partí el culo durante todo el espectáculo y ya sé por qué, Ernesto, jodío. No conozco una persona que conecte mejor conmigo y que decodifique mi lenguaje y yo el suyo con tanta facilidad y empatía. Es como si fuéramos los dos únicos supervivientes de un planeta raro que hemos recalado aquí en la Tierra y no terminamos de reconocernos, pero los dos sabemos que somos de ese planeta. Bueno, coño, que me lío. El sentido del humor del espectáculo es desbordante. Inunda todo y lo cubre de una simplicidad y complicidad que te atrapa y te desarma. Es imposible apartar la mirada de esa mujer y es imposible no descojonarte con la forma en la que se ríe de sí misma, desdramatiza lo que hace y parece que lo recubre de sencillez, cuando lo que hace es una subversión de las normas totalmente punk. Por ejemplo el solo frente al espejo entre cactus. Yo por ejemplo estuve con el corazón en un puño pensando que se iba a pinchar. Pero no,  lo de menos eran los cactus.  Eran importantes pero no. Lo de menos era si los pisaba o si no.




De hecho, acababan volando por los aires. Otra genialidad es el momentazo avión. Te presenta de espaldas a una compi de asiento pedorra como ella sola. Hasta que se gira y ves que la pedorra es ella misma. A todo esto, el azafato corta jamón. Genial. Y el momento álgido de la noche, el flamenqueo subida en esas puntas rojas. No he visto nada más trasgresor en mucho tiempo. Abajo iconos, abajo estereotipos, ¿mayor? ¿acabada? ¿fracaso? El que tenga esas palabras en su diccionario personal, que las sufra, pero Sol Picó no las tiene. Y ahí está, con más morro que nadie, más libre que nadie y levantando la pata como una veinteañera. Y encima va y saca a mi Alberto Velasco y yo me muero vivo!!!




Mónica Runde se exhibió en la Abadía. Y de qué manera. Otra leyenda y otra personalidad con un carisma apabullante. Y una calidad indiscutible, claro. Genia y figura. Y arte desmesurado. Sale, te mira, esboza una medio sonrisa y ya te ha camelado. Ha contado para este espectáculo con cinco creadores. Claudia Faci da forma a todo el conjunto y cobija las cuatro creaciones restantes. Quizá le falte un poco de ritmo, o de magia, o de algo que separe más las cuatro piezas o las aune. No tengo claro qué es lo que no termina de embrujar. Pero le falta esa chispa que hace que lo bueno sea magistral. Y esto es una cuestión personal, pero yo habría acabado con Luque, aunque el tronco de Abreu en definitivo. La pieza de Pedro Berdäyes es quizá la más críptica. Imágenes quizá no tan "danzísticas" y más potentes. La peluca deformante que te hace perder el sentido de las formas y las partes, ese desencajar las formas y recolocarlas a su antojo sea terriblemente expresivo y un pelín frío. Claro que luego llega mi admiradísima Carmen Werner y con sus lugares habituales te conquista. Brazos, piernas, rupturas y auto ayuda. Me basto y me sobro, y me derrumbo y me levanto. Carmen y sus genialidades que le van que ni pintadas a Mónica Runde y a su sonrisa. Como colofón vendrá otro premio nacional de danza, el de este año, compartido con otra genia indiscutible, Nazareth Panadero, grande donde las haya. Daniel Abreu le pone una camiseta con un ecce homo, le planta un tronco y a pasear. Esa imagen es casi como una pasión, una virgen con camiseta de hijo con un hijo o un tronco en brazos. Y a tomar por culo el tronco. Déjame, que soy libre, que no quiero cargas ni ataduras. Por eso bailo. 




He dejado para el final la pieza de Luis Luque, paradójicamente la más "danzística" de todas. Mónica, una mesa, una pieza musical de ese otro genio que es Luis Miguel Cobo que de verdad no puede ser más bella y un recuerdo. Lo primero, antes de que se me olvide, yo quiero la capa de Elisa Sanz. ¡¡¡Qué cosa más preciosísima, pordiosssss!!! Desde que arranca notas que el corazón empieza a volar. Se despega de la butaca y se eleva por encima de la sala. Flotas y llegas al cielo y ves, tocas, hueles, acaricias, te refugiasen el calorcito de tu madre ausente. El recuerdo ,el dolor, la ausencia, la rabia, la dulzura, la necesidad, todo se vuelve un sentimiento envolvente. Esas cositinas pequeñas que hacen que te vuelvas más pequeño que ellas y te quieras esconder en un regazo ausente. Y de pronto surge la imagen. Mezcla a partes iguales de féretro y útero. y la muerta es la criatura escondida en el calor materno. Y muerte y vida son lo mismo. Y tras ese viaje emocional comprendes que hay gente que piensa con el corazón o que quizá tenga un miembro más que los demás humanos y ese miembro les permita sentir pensando y pensar sintiendo, porque lo de Luque no es normal. Ni humano. Es como cuando ves un arco iris. Ha visto miles, pero estés donde estés, ves un arco iris y te paras, lo quieres compartir, se te pone una sonrisa y te parece lo más bello que has visto nunca. Eso hace Luque. Pone arco iris en nuestros corazones.




Y Mónica Runde es la pitonisa perfecta porque entiende y transmite cada matiz de estos cinco bestiajos emocionales y con su sonrisa a media asta te deja con un regustito de haber visto y disfrutado de una proeza, del arte único de una artista tocada por la varita de los dioses.               

jueves, 12 de junio de 2014

Trahisons. Cuarta Pared.

Pinter es siempre Pinter o debería ser siempre Pinter. 
"Traición" es quizá, de los que conozco, el texto más "cercano" de Pinter. Vamos, que es más fácil de comprender que otros y más fácil de seguir todo lo que sucede. La genialidad en este caso, aparte del uso del lenguaje en sí y de la trama que presenta es el hecho de contar la historia de fin a principio. Quizá esa sea la trampa envenenada de Pinter. En otros montajes que he visto de "Traición" se caía un poco en querer ilustrar cosas o momentos que de por sí ya están claros en el texto. Quiero decir que lo difícil en Pinter es desentrañar el texto. Descubrir por qué un personaje pregunta "¿Cómo estás?" y el otro responde "Una taza". No es el caso de esta función, que como digo, es más cercana y de más fácil digestión. Me refiero a que el poderío de Pinter está en el texto, en la palabra, y su dificultad, en desentrañarla. Una vez desentrañada, no hay por qué ilustrarla. Y la compañía tg STAN  no lo hace. Sencillamente ha entendido bien el texto y así nos lo cuentan. Casi sin decorado, con pocos elementos pero bien utilizados, con una luz que va cambiando (hacia atrás también) de más a menos. Y basando todo su poderío en unos actores fabulosos que nos muestran de forma casi desnuda esa espiral emocional (hacia atrás también) que les lleva del desdén o de la indiferencia a la pasión. 
Los tres intérpretes están magistrales haciendo lo ilógico. O quizá sea hasta más lógica esa forma de mutación de los sentimientos. 
Buena elección de los responsables del "Festival de Otoño a Primavera". Un Pinter bien hecho es una puta gozada.


viernes, 28 de marzo de 2014

Magia café. Cuarta Pared.

Antes de que empiece el espectáculo, y por si acaso no lo sabías ya, te explican Paloma Pedrero (autora y directora de este montaje) que se trata de un experimento. Es fruto del trabajo de una ONG que curra con gente en riesgo de exclusión social y con actores profesionales. Utilizan el teatro como forma de terapia, de socialización, de integración y de desarrollo personal. El resultado final, evidentemente no se puede juzgar como harías con un montaje del CDN. 



El resultado es una fiesta de la diversión. La historia de un café dirigido por tres mujeres desplazadas. Una separada, una emigrante con una historia cruel detrás y una cría que quiere ser hija, novia y madre y que añora a su mamá, a su abuela y una vida "normal". Regentan un café en un edificio ocupado donde se reunen todos los "desarrapados" de una sociedad que los crea y los abandona. Allí se juntan todos haciendo teatro, aprendiendo unos de otros, conviviendo como una inmensa familia cuyo único "delito" es ocupar un edificio abandonado. Tendrán que intentar convencer al "mandatario" cruel y asqueroso para que les deje seguir allí. Pero ahí es donde empiezan las sorpresas.

El teatro puede tener muchas utilidades. Puede servir para ilustrar una realidad a veces oculta o incómoda. Casi siempre tiene una labor política. Porque política es mover conciencias. Y puede tener una utilidad social. Resultados aparte, es una gozada ver cómo esos chicos y chicas actúan, dicen sus textos, cantan, disfrutan como locos y encima te dicen que desde que hacen teatro sus vidas tienen más sentido, que son más felices, que se relacionan mejor con su entorno y con los demás, con los que miramos para otro lado.
Un gustazo ver que el teatro puede ser útil para darles a determinadas personas un lugar y un porqué que nosotros mismos, los listos, los hábiles, los enrollaos no les damos. Lección de teatro como arma social que da gusto ver.

sábado, 11 de enero de 2014

Atra bilis. Cuarta Pared.

Una buena noticia y una mala. Bueno, según cómo se mire, pero bueno.



La mala es que no me ha gustado nada esta primera parte de la "Trilogía de la memoria" de la compañía Micomicón.
El texto me ha parecido nada interesante, con un lenguaje rebuscado, premeditado, antinatural y demasiado forzado, la dirección burda, la historia no me ha interesado lo más mínimo, es como de hace varios siglos y la "trama" es previsible y cero interesante. Las interpretaciones enervantes. 
Ya sé que con ese lenguaje pretenden llevarnos al mundo de la España rural de... no sé cuándo, y que es antinatural por eso mismo y que por eso es rebuscado pero no es eso lo que me rechina. Lo que me rechina es que ni me lleva a ningún pueblo ni a ninguna época. Y si lo que pretenden es emular situaciones o estéticas e incluso éticas lorquianas... 
No me llegó en absoluto. Por no ser cruel diré sólo que es de las cosas más... prescindibles que he visto en Cuarta Pared. 
La buena noticia es que ahora va a haber menos problemas para conseguir entradas para las otras dos partes de la trilogía, porque yo desde luego, me lo voy a ahorrar.     

lunes, 9 de diciembre de 2013

Yo de mayor quiero ser Fermín Jiménez. Cuarta Pared.

A mí es que me gusta el teatro denso, el de pensar, el de sufrir, el de personajes intensos con conflictos gordos y mucho sufrimiento, el de situaciones raras o difíciles, el de textos conmovedores o duros, de los que sales hecho polvo o conmovido, o espantado, o reventado o desgarrado. Me pasa igual con el cine. Y como suele ser habitual en mí, basta que diga una cosa para que me pase lo contrario. Por eso me encantan las comedias y por eso me gustó mucho lo que hicieron El Pont Flotant en Cuarta Pared.
Nah, es broma, sólo una forma de empezar. Pero es que con espectáculos así no sabe uno ni cómo ni por dónde empezar. Nada llama demasiado la atención, nada sobresale, todo es medianamente... "bueno, vale" y de pronto se termina y ves cómo todo se une como en un engranaje sutil, y cobra forma. Efectivamente no hay nada excesivamente llamativo. La puesta en escena es normal, tiene un ritmo normal, no hay grandes sorpresas ni una iluminación llamativa, ni nada, de hecho, tienes hasta una pizarra donde está puesto todo lo que van a hacer y a qué hora lo van a hacer (curioso cuando de lo que hablan es de la espontaneidad, del dejarse llevar, del vivir el tiempo). Ellos, actoralmente no hacen nada del otro mundo, están normales, divertidos, casi siempre buenrrollistas, simpaticones, sonrientes, ni se pegan dramones internos ni sufren como perros, ni componen unos personajes alejados de ellos mismos...
Y el texto es un cúmulo de frases normales, no hay grandes conflictos, no hay trucos ocultos ni juegos de palabra, ni hablan de los grandes temas que nos sacuden a todos por dentro o por fuera. 



Simplemente (o no) hablan del tiempo. Del tiempo que se nos va. Del tiempo que gastamos en ganarnos la vida (como si la vida no la tuviéramos ya ganada) y que no empleamos en disfrutar. Hablan y fantasean con "qué harías tú si tuvieras un segundo libre, un segundo para dedicarlo simplemente a hacer lo que realmente te gustaría?" Un segundo, un minuto, un rato, una hora, un día, un mes, un año, una vida... Y si, eso es lo tremendo, que tenemos tan metido en los tuétanos que hay que "aprovechar" el tiempo (como si emplearlo en uno mismo o en hacer lo que te apetezca no fuera "aprovecharlo")  que el disponer de momentos, horas o días para hacer con ese tiempo lo que realmente te gustaría, se nos hace raro. Fermín Jiménez hace lo que le sale del pepo. Se dedica a unir con un rotu fosforito chicles pegados en el suelo. ¿Qué consigue con eso? Nada, ¿o es que tiene que conseguir algo? Lo hace porque le apetece y se lo pide el cuerpo. Y porque puede. ¿Qué harías tú si tuvieras un día, un minuto, un mes o un año libre? Seguro que no harías lo que haces cada día. La escena de las agendas lo resume todo. ¿Quieres ser Fermín Jiménez? Pues para, para de vez en cuando, sé consciente de dónde estás y de quién eres. Toma conciencia de tu cuerpo y usa el tiempo para vivirlo. 
Hostias, ¿qué más le puedes pedir a una función de teatro? Viva El Pont Flotant y viva el teatro cotidiano. Estos son nuestros dramas, nuestras angustias, nuestros agobios y nuestro día a día.  Es como una canción de Aute, o de Serrat.

viernes, 29 de noviembre de 2013

Aquel aire infinito. Cuarta Pared.

Este texto de la autora Luïsa Cunillé ganó el Premio Nacional de Literatura Dramática en 2010. El jurado estaba compuesto por gente cultísima y superlista, así que yo no soy nadie para decir que el texto es soso, aburrido, que presenta la capa más superficial de los personajes femeninos y que el  convertir a Ulises en un topógrafo europeo en un país extraño no aporta la visión del desubicado que parece que pretende, ni voy a decir que no pasa nada por los personajes, que no hay conflictos y que empiezan exactamente igual que acaban. No seré yo el que lleve la contraria a ese grupazo de intelectuales infinitamente más inteligentes que yo. Así que no lo diré.



Lo que sí digo, y voy a intentar ser suave, es que la dirección de Paco Zarzoso me parece... digamos... equivocada. Plantar a los dos actores, uno a cada lado del escenario, uno sentado (y algo más arropado, claro) y el otro de pie y totalmente vendido, y que simplemente larguen y larguen y larguen es soporífero y desde luego no consigue atraer la atención del respetable ni despertar mayor interés. Si optas por dejar el escenario desnudo (salvo una mesita y una silla), iluminarlo con lo mínimo que se despacha y no dejar que los actores se muevan, se entiende que es que la fuerza va a estar en el texto y en cómo se va a decir ese texto. Pues tampoco.
Y en ese afán de hacer algo que parezca "trascendente", aunque realmente resulte soporífero, no deja que los actores hagan absolutamente nada más que hablar. Y claro, o eres Julio Núñez, o Rodero, o Arturo López, o la D'ocon o Berta Riaza, o alguien así, o igual la cagas. Toni Sancho... digamos que lo dice todo igual, absolutamente igual, tiene un solo tono. Mejor dicho, toniquete, porque encima es cantarín y afectado. Claro que el pobre está ahí plantado con los brazos colgando; igual si le dejaran moverse un poquito... sería todo algo más orgánico. Solo un poquito más, no pido mucho. Aparte de que para mi gusto, y lo siento, es un actor de pocos recursos. O eso es lo que parece gracias a cómo está montada la cosa. Lola López, yo es que lo siento pero no me gusta nada. Para nada dudo de que tenga una trayectoria  abrumadora y de que lleve cuatrocientos años en la profesión. Segurísimo que es una gran dama del teatro, pero su forma de hacer... bueno, de decir, no me llega, no me gusta. Fijo que tiene mil recursos, e igual es por la dirección, no lo sé, pero aquí solo usa un registro. Para mi resultan exactamente iguales Fedra, Antígona, Medea y Electra. Y reconozco y lo digo totalmente en serio, que Lola está entregadísima, que sufre, que se emociona, que busca dentro de sí misma, que intenta darle peso, carga e intensidad a todo lo que hace..., perdón, a todo lo que dice, pero al estar la mujer clavada al suelo o a la silla, según qué escena sea, no consigue transmitir todo lo que ella siente dentro, ni comunicarlo con el espectador. Si es que todo es demasiado rígido, y así no hay manera.
Aplausos fríos del público que no abarrotaba la sala.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Who will save me today? Cuarta Pared.

Catorce euros son muchos euros.
Janet Novás ya está en la sala cuando llegas. Está como calentando o bailando cosillas suaves así con la musiquita de Pergolessi. Como esto se ha visto mil veces, pues tampoco le echas cuenta. Hasta que pasado un rato, ves que es que ya ha empezado. O que no hay comienzo. Vamos que dejas de hablar con tus compis y empiezas a fijarte en ella. Y más vale que te fijes bien, porque estos diez minutillos es prácticamente todo lo que baila. Baila eso, durante unos diez minutos, para mi gusto con el cuello agarrotadísimo. Luego agarra un micro y habla. "Esta noche va a ser la mejor noche de vuestra vida".
Bailarines que encima hablen hay pocos. Mejor no pongo nombres, pero vamos, pocos pocos. Janet o está entre estos elegidos, me temo. Para mi gusto, al menos.
Luego desenrosca unos rollos de Albal. Bueno. Pone en marcha un robot que siempre va para donde no debe y del que se supone que está enamorada. Bueno. Saca a una chica del público y le pone a la pobre una linterna enfocando a su cara y le pregunta varias veces si se siente incómoda. La mujer dice que no, pero ella insiste. ¿No estás incómoda? Pues no. Luego enfoca al público supongo que intentando que nos sintamos incómodos nosotros. Pero tampoco. Con esto han pasado otros 10 minutitos. El albal juega malas pasadas. Un par de enganchones, el robot que se atasca, se le cae una linterna y no la encuentra, acople del micro con un bafle... bueno, varios problemillas técnicos que oye, son inevitables. Entre medias baila otro poquillo con el cuello igual de agarrotado.
Y los últimos 3 minutos son ella y el robot ahí mientras Jairo nos pone una canción de Bonnie Tyler.
No sé, chico, yo me pongo esa canción en casa a todo meter y me estremezco, pero ir a ver un espectáculo de danza y que me pongan una canción, bailen diez minutos como mucho y se empeñen en impresionarme... pues mira, esta vez como que no. Y eso que Janet está claro que tiene mucha energía y baila bien y le pone mucho empeño.  Me da que es un espectáculo que duraba cuartito de hora y que lo han inflado un poquito para llegar a los 45 minutos, que es lo mínimo que se despacha. Y hombre, por 14 euros, ya está bien.   


domingo, 10 de noviembre de 2013

Silencio. Compañía Daniel Abreu. Cuarta Pared.

El nuevo trabajo de Daniel Abreu, según el programa de mano, toma como punto de partida  que "es difícil encontrar el silencio, de igual manera que aunque uno cierre los párpados seguirá viendo, si no con el ojo, sí con la imaginación". Me gusta saber de dónde han partido en una compañía de danza contemporánea para hacer sus trabajos. A veces no lo necesito, pero otras veces me viene bien, porque si no, acabo viendo un poco la misma moraleja: parejas que se unen y se separan y seres que se descomponen, se tiran al suelo y luchan por ponerse de pie.





Pero Daniel Abreu siempre es un creador personal. No hace falta saber de qué va lo que quiere contar. Lo ves. O lo sientes. Y aunque las teorías son difíciles de trasladar a la danza, en este caso Daniel ha vuelto a acertar.
Eso "filosóficamente". Luego en la práctica, es otra cosa. Daniel Abreu no siempre me gusta, pero cuando me gusta, me gusta mucho. Esa forma de cachondearse de ciertos cánones me recuerdan al sentido del humor de mi amada Provisional Danza. El espectáculo comienza muy bien, todo es bestial y precioso. Su solo de arranque, los dúos de después que son de una belleza salvaje... Hasta el momento "purpurina". Hasta ahí, todo maravilloso. Lo que viene después cabalga entre momentos bellos y otros números más flojos. Y las luces no ayudan en absoluto, son totalmente impersonales y se cargan muchos momentos que podrían haber estado más potenciados con unas buenas luces. Las músicas tampoco me parecieron tan acertadas como en otros espectáculos.
Daniel tiene una personalidad abrumadora, y te encandila en cada gesto y Dácil González a mí me enamoró. Técnicamente me pareció perfecta y expresivamente es una bestia parda. Maravillosa y un pedazo de actriz.
Aunque el espectáculo no me pareciera redondo, tiene algunos de los momentos más bellos que he visto últimamente y sin duda confirma, una vez más, que Daniel Abreu es uno de los artistas más carismáticos de hoy en día.  

viernes, 25 de octubre de 2013

Boys don't cry. Cuarta Pared.

Reconozco que el vídeo de presentación me dejó prendado. Victoria Szpunberg, la autora tiene una magia especial y explica sus teorías de una forma lúcida y tremendamente prometedora. Lo difícil es que luego eso se corresponda con lo que uno ve. Atención si vas a ir a verlo. Spoiler total, no leas si no te quieres enterar de qué va la cosa.




Dos amigos de la infancia (o juventud) se reencuentran no se sabe muy bien por qué. Parece ser que uno de ellos, escritor sin demasiado éxito busca a su amigo para pedirle ayuda o trabajo o ambas cosas. El otro, político pedorro que ahora parece que está en la cumbre de su carrera le recibe con ganas de recuperar el tiempo y al amigo perdidos aunque en el fondo se la pele totalmente la nueva obra que su colega ha escrito y le ha pasado para que la lea y opine. Se supone que vive en una casa de hiperlujo con todo tipo de medidas de seguridad, aunque en la puesta en escena eso no se vea. El espacio es funcional pero poco expresivo. Los elementos ni ayudan ni no, están ahí y aportan poco aparte de una escalera para subir a ... ¿una terraza? Vamos, que el espacio no me gustó. La puesta en escena es normalita, sin ningún toque que no sea igualmente funcional. La relación entre ellos tampoco es nada novedosa ni sorprendente. Y el desarrollo de la historia... no sé. No queda claro si Walter ha matado realmente a su amigo y todo lo que vemos es invención suya o no. Igual es que yo no me enteré. El desarrollo de la trama empieza a perderse con giros erráticos y desperdicia un buen planteamiento dramático y hace que la historia acabe naufragando por terrenos dispersos. 
Sí destaco a Armand Villén. Está soberbio como político asqueroso que como ya no puede prometer más cosas, promete una embajada en la luna a sus posibles votantes. Absurdo, brillante e ingenioso planteamiento que Villén lleva por buen camino desde su primera aparición. Buenísimo actor.
Francesc Garrido está bien cuando grita. Cuando habla normal parece que tiene algún problema vocal. Es como si sólo tuviera dos notas, no tiene graves ni agudos, habla usando dos notas únicamente. Pero cuando se exalta y grita saca mayor provecho a su voz. Físicamente está bien aunque con quizá demasiada tendencia a tratar de hacer "natural" cada gesto y cada frase. Eso si no sale de forma orgánica resulta tan afectado como lo contrario.
En fin, un espectáculo normal, correcto, que se deja ver, pero que comienza en el nivel 7 y va cayendo hasta el nivel 3 al final de la función.  

miércoles, 16 de octubre de 2013

Las palabras. (Una historia de amor). Cuarta Pared.

Si ya lo dijo el autor en una fabulosa entrevista: "el amor es la experiencia que nos hace elegir las palabras con cuidado y dedicación". Porque al elegir una palabra, al nombrar algo, le damos forma y la hacemos real. Como al bautizar con el nombre "tenedor" a ese aparato con forma de mano. O al tener que elegir las palabras que emplear con tu ser amado. Le estás dando forma al amor, a ese amor. Al amor como razón para vivir o como salvavidas. La peste puede ser el desamor, eso que te asola y que te hace sentir muerto. El amor redime, el amor es vida, el amor te salvará. "Pichurri", "caricari", "gordi", "te amaré para siempre...". Una extraña peste asola el planeta. Cuanto más enfadado estás más te afecta. Y cuando te puede la ira, como a la primera Orazi, mueres echando espumarajos por la boca. Sólo te salva la música y el elegir las palabras. Una rima de Becquer basta, pero no te vale pa todo. Busca las palabras. Incluso para abandonar a alguien. Si lo haces en portugués y cantando, sirve. El poder devastador de la palabra es tan fuerte como el poder sanador y salvador. En ti está cómo utilizarlo. 



La metáfora está servida. Brillante, preciosa, brutal y metafísica. Me pone cachondo. Y como siempre el amor. El amor falso, el amor aburrido, el amor coleccionista, el amor regalado, el amor primaveral, el amor pasional, la falta de amor, la muerte del amor, la muerte del mito del amor, el amor ciego, el amor doloroso y el amor "para siempre". Todo este borbotón de emociones en manos del mago de la palabra. No hay NADIE en el panorama mundial capaz de analizar, elegir, desgranar y exprimir más eso que se llama "la palabra". NADIE. Es evidente en cada montaje suyo. En esta nueva carta de San Pablo Messiez al resto de los humanos auto homenajea a su propia capacidad, y hasta el título es una declaración de principios. La elección de las palabras, la rima, las canciones, el amor en definitiva es tanto el causante de la peste como su salvación. El amor crea y destruye. La palabra sana y enferma. Da vida y mata.
Encima te encuentras con unas luces geniales, con un ritmo interno en cada escena como de versos puros, y un ritmo global como de sinfonía. Unas imágenes bellísimas a más no poder, como esa lluvia de ceniza y esas tres mujeres retorciéndose y besando el suelo. Banda sonora de mearte.
Y encima vas y tienes un repartazo de caerte de espaldas.




Estefanía (de los dioses) y de los Santos. Nada que ver con nada que se le haya visto a esta mujer. Es otra. Y esa voz... y esa forma de hablar... Yo es que no puedo, cada nota que sale por su boca me suena a poesía. Nunca nadie me ha llegado tanto con cada palabra que pronuncia. Como dice una amiga mía, "me pone los pelos de gallina". Es la voz del dolor de la Tierra. Y si en otras ocasiones la he definido como "actriz médium", creo que me quedo corto. Realmente ES otra persona. Jugando de nuevo con el leit motiv de la función, no hay palabras para definir tanta intensidad. Te lo digo yo, que estaba en la fila 1 y veía cómo besaba la lluvia de ceniza como si fuera otra persona, no mi Estefanía de mi amor y de mi dolor. ¿Para cuándo "La voz humana" con esta mujer, por dios?





Marianela Pensado. Una presencia diminuta pero arrolladora. Tiene una fuerza brutal y una sensibilidad que se le escapa por todas partes. Debilidad total por ella. ¡Y encima canta que te mueres!
Javivi Gil. No es santo de mi devoción y no me hace gracia. Pero reconozco que está muy bien. De gesto y de composición física está soberbio. Pero hay algo en él que provoca la risa en la gente. Como en su conversación telefónica buscando las rimas. Quizá su imagen le puede. O me puede a mí.
Alicia Calot me dejó frío. Reconozco que de gesto está muy bien, pero su forma de "decir" me parece demasiado fría.




Fernanda Orazi. Maravilloso prodigio de actriz. Es un container de matices y de naturalidad. Actriz sabia que tiene desgranados todos y cada uno de los matices de lo que dice, vive y siente. Mira que está en cosas, pero debería estar en más. ¡¡En todas!! Esas lágrimas no tienen precio... PERO...siento decir esto, pero creo que su composición de los dos personajes que interpreta en "Las palabras" se parecen demasiado. Quizá sea a propósito, no digo que no, aunque esto le quitaría una baza gorda a Fernanda. No digo que se parezcan los personajes, digo que las composiciones físicas de los dos, son demasiado cercanas. Especialmente en el segundo personaje yo habría agradecido que fuera más terrena. La forma de andar y de moverse me recuerda demasiado al primer personaje. Es como si fuera la misma pero sin peluca rubia y no tan maleducada. Esto lo digo por rizar el rizo, porque insisto en que no hay cosa igual sobre las tablas hoy en día.




Y ahora voy a meterme en el pantano. El estreno de una función nueva de Monsieur Messiez es en sí un acontecimiento. Todo el mundo está espectante y ansioso, empezando por mí, que antes de la función estaba tan nervioso que parecía que estrenaba yo. El éxito está prácticamente asegurado. Y las buenas críticas.  Casi todo lo que he dicho hasta ahora es bueno o muy bueno o buenísimo. Así que en este momento estoy a puntito de meterme en un jardín que te cagas y a ganarme el odio de medio Madrid. Me pondrán a parir. Pero tengo que decirlo. Por coherencia conmigo mismo y por la exagerada admiración que siento por San Pablo.
No salí tan estremecido como esperaba y deseaba. Pensé que iba a ver el montaje del año y no. A pesar del planteamiento tan genial y de la forma brillante de llevar la función, a pesar de la belleza que hay en cada momento, para mi gusto el autor ha sido víctima de su propio genio. Empecé el espectáculo con el espíritu volando por encima del planeta, pero acabé en la butaca aplaudiendo.
Para mi gusto justamente lo que no me funciona en esta ocasión es el propio texto. Todo el grueso de la función, la parte en verso no me gusta. A ver, es horriblemente difícil escribir genialidades en verso, está claro y Messiez no lo consigue. Todo el poder seductor y trágico que tiene Pablo en sus textos no está en la parte rimada. Por la propia esclavitud de la rima, se pierde ese toque, ese genio, ese adentrarse en lo más profundo de las palabras. Sólo reconozco al Messiez que me estremece en sus partes no-rimadas. La escena de la ruptura, por ejemplo es asombrosa. ESE sí es el mejor Messiez. La disquisición del "para siempre" es para leérsela todas las mañanas. Pero en toda la parte rimada para mi gusto se pierde la esencia misma de Pablo Messiez. Incluso la dirección en esa parte me parece más deambulante, más imprecisa. Y ahí caí del cielo a la Tierra.
Insisto, Messiez es hoy en día de los tres directores (y autores) que más admiro y creo que es la figura a ocupar el Olimpo teatral español sin ninguna duda, pero en este caso, con todo el dolor de mi corazón (y lo digo en serio) no le puedo poner el 10 que suelo ponerle siempre.

Seguiré a la espera del momento abrazo, si es que con este comentario no me he jugado el cielo, y tendré que vagar por el purgatorio por toda la eternidad. Espero que no, porque no quiero encontrarme allí con ningún ministro de anticultura. Ah, no, que esos van directos al infierno.  




viernes, 11 de octubre de 2013

Mucho tiempo, muchas cosas. Sala Cuarta Pared.

Yo no soy mitómano. Soy idólatra. O al revés, no lo sé. Lo que sí sé es que adoro a Carmen Werner. Y me vuelve loco casi todo lo que hace con Provisional Danza. ¡Anda que no llevan años currando contra vientos,  mareas, olvidos e IVAs! Si es que es nuestra Pina española. Solo que si Pina, para mi gusto, creaba una cuarta pared insondable, y jugaba con su/nuestra visión del dolor, la Werner usa la sala Cuarta Pared para romper la cuarta pared, involucrarse con el público de una forma brutal, y juega con el humor unido al sentimiento y a la expresividad. A ver, que no critico a Pina, dios me libre, seguramente la más grande, sólo la utilizo para comenzar este comentario porque me venía que ni pintada.



En este espectáculo se salen tanto Carmen como sus compis. O mejor dicho sus pupilos. Porque si el año pasado se montó su propio funeral en pleno Canal, este año deja claro que la que manda es ella. Los pone en fila de a uno o les hace mirarla fijamente mientras ella danza a su bola. Pase lo que pase en escena, ella es el centro y la que manda. Y se fuma un piti por sus santos ovarios, porque en este momento de la vida lo necesita mogollón.
Utilizan sus recursos habituales. Descomponen el cuerpo en partes mínimas e independientes y cada músculo o hueso del cuerpo tiene su vida y su expresividad propia. La automanipulación de las piernas que a mí personalmente me vuelve loco. Y esas músicas que no sé de dónde coño las sacan, pero que son de una belleza que te eleva por encima de las nubes. Solos, dúos, grupos, todo con una expresividad límite, no se pueden mover más partes del cuerpo de forma independiente y con tanto significado. Es todo de una belleza que me tiraría horas y horas viendo cómo bailan, pobrecitos míos.
Y ese sentido del humor que impregna tantos momentos... Hay que tener un morrazo impresionante y estar muy seguro de ti mismo para pararte a hablar con el público de esa forma. ¡Si es que a nadie nos gustan las palomas, joder! Y a la vez para reírse de sí misma. Solo le falta darle un morreo a alguien del público un día de estos. Esos momentos están intercalados con otros de una belleza sublime. Y te congelan la sonrisa o la risa y te la mezclan con unos lagrimones que se te ponen que no veas. Y ese José Luis Sendarrubias, bailarín hiperdotado y actorazo con una expresividad que muchos quisiéramos. Al loro con él.
Tengo, eso sí, dos "peros". Las luces, siempre perfectas en esta compañía, esta vez son un poco más normalitas, y al comienzo del espectáculo, por ejemplo, ensucian más que ayudan . Y luego, y ya lo siento, hay un miembro de la compañía con quien no conecto. No me encandila lo que hace y no pillo feeling con él. Pero claro, hablando de cosas de esta calidad, el problema es mío, evidentemente.
En definitiva, que si siempre recomiendo que veáis a Provisional Danza, esta vez no va a ser menos. Allá donde les veáis anunciados, por dios, id a verlos y a sentirlos. Algún día serán leyenda y entonces os arrepentiréis.     

lunes, 22 de julio de 2013

La fiebre. Cuarta Pared.

Está claro que la fiebre sube más cuanto más cerca está el foco que la provoca. Quizá un simple viaje no se sabe muy bien con qué fin a un país "pobre" le abriera los ojos al autor. Viajar es lo que tiene. Y ya no solo si vas a países más pobres que el tuyo, sólo con que salgas de tu realidad y veas otras realidades te da horizonte y perspectiva. Si encima vas a sitios más pobres, más. Y si encima tienen guerras, lo flipas. Y sí, te hace pensar en si realmente haces algo por los demás en esta vida o si quieres hacerlo, o en cómo hacerlo o si tu vida acomodaticia basta para salvar tu conciencia o si la realidad política es otra o si tu esfuerzo serviría o no.En fin, todas esas dudas y torturas que te asaltan cuando sitúas tu realidad frente a la de otros países o incluso personas.



¿Podríamos salvar a alguien realmente? ¿Hacemos suficiente? ¿Podríamos o deberíamos hacer más? ¿Serviría de algo el esfuerzo personal? ¿Los "pobres" son pobres porque existimos los "ricos"? Todo eso está en un texto que sintiéndolo mucho y para mi gusto, no termina de cuajar. Un poco simplista a ratos, y a ratos embarullado. Aunque el mensaje es claro, la forma no termina de convencerme. Aunque eso sí, el recital que da Israel Elejalde es de libro. No se puede estar mejor. Cada frase, cada palabra, cada movimiento, cada silencio, cada mirada, cada sílaba es una lección. Está absolutamente perfecto de principio a fin. No se me ocurre ni un solo minigesto que yo hubiera hecho de otra forma o con otra intención. Hay actores que están mal, otros que están horribles, otros que ni lo huelen, otros que están bien, otros muy bien, otros maravillosos, otros prodigiosos, y luego está Israel Elejalde. 
Entiendo el éxito de la función, y este señor actor se merece eso y más, pero reconozco que me quedé un poco plof.

miércoles, 10 de julio de 2013

El mal de la liebre. Cuarta Pared.

Qué mejor forma de terminar la semana y enfrentarse al duro lunes que viendo una función fresca, divertida, bien dirigida, bien interpretada y con mensajito todo por el mismo precio.
Si es que ya lo explican divinamente en el dossier. La liebre corre como loca delante del galgo. A veces no mide sus fuerzas y muere antes de tiempo sin que el galgo la haya cazado. No han medido sus fuerzas y mueren ellas solas. a veces incluso mueren sin darse cuenta de que no las persigue nadie. Eso nos pasa a los humanos. Corremos como locos, no medimos nuestras fuerzas, ni las sabemos encauzar, ni distinguimos qué merece la pena y qué no. No vemos lo que tenemos delante y nos colapsamos sin saber qué nos agobiaba tanto.



Esta moraleja te la cuentan desde el principio, y a través de todo tipo de juegos y "técnicas teatrales", danza, teatro, psicodrama... te van llevando tanto el director, Pedro Casas como todos y cada uno de los fabulosos actores por un juego cruel hasta el final. Maravillosamente dirigida y genialmente interpretada. Divertida, con unos cambios de registro fabulosos y que funcionan a la perfección. Ya desde la entrada, los actores hablan contigo y te saludan como si fueras a formar parte de una quedada entre colegas. La moraleja es triste, cruel, pero tan real que se te ponen los pelos de punta. Y digo moraleja, porque se trata de un cuento. Ya no sólo el cuento de "La verdadera historia del Señor Smith", sino el cuento de la vida de cada uno de los actores y de cada uno de nosotros. No sé si lo que se cuenta en el capítulo "¿Qué hiciste el año 2009? ¿Y en 2008?..." es cierto. Supongo que cosas sí y cosas no. Pero si ese ejercicio lo hiciéramos cada uno de nosotros, nos daríamos cuenta de lo "liebres" que somos y quizá levantaríamos el pie del acelerador un poquito.
No habla de los grandes dramas universales ni de los mogollones de hoy en día, pero habla de cómo somos y de por qué estamos todos como estamos. De nuestros mogollones diarios. Yo no pido más. Ni menos, que lo que te cuentan no es moco de pavo.
Y yo es que me llevaba a todos los actores a casa de lo majos que son.

martes, 25 de junio de 2013

Las hermanas Rivas. Cuarta Pared.

Hay comentarios que realmente te cuesta mucho hacer y te duele en el alma no escribir lo que te habría gustado. Este creo que es el que más me duele de todos los que he escrito.
Y es que adoro a Esther Ortega. Aunque ya había hecho muchas cosas, yo la conocí en "Desaparecida" y desde entonces me parece una mala bestia. El años pasado la pude disfrutar de nuevo en "Los últimos días de Judas Iscariote" y aparte de ser uno de los mejores montajes que vimos el años pasado, volví a enamorarme de Esther otra vez.
Pero el espectáculo que vimos el otro día nos dejó un poco plof. La historia se queda un poco corta. Las cosas pasan muy rápido y apenas hay transiciones ni desencadenantes para lo que sucede a continuación. Mariano Rochman resulta poco creíble en el papel de boxeador enamorafrustradas. Vale que está muy cachas, pero le falta personalidad a su personaje. La voz tampoco le ayuda a hacer creíble ese personaje que tiene que provocar que las dos hermanas se vuelvan locas por él. Ni es inteligente, ni es un superman, ni tiene un encanto especial. Y si ellas dos se vuelven locas por el primer tío bueno que aparece... entonces él sobra y ellas deberían haberse enamorado hace años.



La dirección es vertiginosa. Pero en el mal sentido. Todo pasa demasiado rápido. No hay tiempo ni para transiciones ni para provocar cambios en los personajes. Es un poco como si pusieras una escena detrás de otra rapidito y sin dar tiempo a que el texto se exprese o los actores justifiquen sus actos y sus cambios. Hay ideas chulas, como los intermedios cantados por Carlota Ferrer, que le dan un toque Arturo Ripstein muy chulo, pero lo mismo, la pobre canta a toda velocidad, sin contar realmente lo que canta, y sin expresar lo que la letra nos quiere aportar. En definitiva, me dio la sensación de que había visto un ensayo. Un ensayo de los de en medio del proceso, cuando todo empieza a fluir y hay que empezar a darle forma y ritmo. A ralentizar, a descubrir los misterios de las pausas, de los silencios, a descubrir también los distintos tempos de cada momento. Quizá con otros ritmos, con otras cadencias y con más mimo por lo que se dice, a pesar de ser una historia costumbrista, habría resultado más sórdida, que creo que es lo que debería haber sido.
Eso sí, Esther Ortega se despega del suelo desde que abre la boca por primera vez. Te descojonas con ella, te quedas hipnotizado mirándola, la entiendes, simpatizas... Es que te quedas pegado a ella hasta cuando corta la carne. No se puede ser más natural, más sincera y más entregada. Se pasa toda la función intentando tirar de la función hacia arriba y aunque desgraciadamente no lo consigue, ella sobrevuela el Olimpo de las actrices sobrehumanas y querrías que no parara nunca.
Insisto en que me ha jodido tener que poner lo que he puesto, porque iba con unas ganas que te mueres y salí chafadillo aunque enamorado de nuevo de Esther Ortega.

lunes, 10 de junio de 2013

La gente. Sala Cuarta Pared.

Iba un poco acojonado porque no me gustan nada los espectáculos participativos y odio los que se basan en que sea el público el que haga la función, en vez de los actores. Me parece mucho morro. Si el espectáculo acabo haciéndolo yo, pues menuda ciencia. Pero sinceramente la publicidad engaña, o al menos lo que yo entendí antes de ir a verlo.



Mira, por suerte o por desgracia he asistido a miles de asambleas profesionales. Bueno, más bien afortunadamente, porque significa que me importa mi profesión y me preocupa. Pero también es verdad que en muuuuchas ocasiones lo que he escuchado en esas asambleas podría ser perfectamente lo que se dijo anoche en la sala Cuarta Pared. Igual es un poquito spoiler, así que si no quieres, no sigas leyendo. Se plantea una asamblea de... no se sabe. Se habla durante hora y pico de... no se sabe, pero cualquiera que haya estado en una asamblea reconocerá las frases hechas, las muletillas, las frases vacías y la demagogia. La asamblea de anoche podría muy bien ser cualquier asamblea de cualquier gremio o de cualquier movimiento social. Así de divertido y así de triste. Durante todo el tiempo se habla de vaguedades que lo mismo sirven para un roto que para un descosido. Y todo esto con unos actores que parece que acaban de pillar por la calle. Parecen de todo menos actores. Una naturalidad aplastante, es como si estuvieras metido en una reunión de verdad, planteando huelgas de hambre y reivindicaciones que servirían incluso para una asamblea de una asociación de familias homoparentales (y no lo digo por decir). En definitiva, un ejercicio divertido, que no cambia tu vida pero te hace reír y estremecerte por cierto vacío social que te hiela la sonrisa y te hace plantearte si lo estamos haciendo bien.

martes, 28 de mayo de 2013

The old lady and the beast. Cuarta Pared.

¿Por qué el título en inglés para este espectáculo que nada tiene de inglés? Porque les ha dado la gana. Pues eso.



No cabe duda de que el espectáculo fue un rotundo éxito la noche del domingo. Tampoco cabe duda de que estéticamente el espectáculo es un prodigio. Tampoco cabe duda de que Alexandra Lupidi toca muy bien el organillo, la turuta, y de que canta como quiere. Tampoco cabe duda de que el arranque, con esa bailarina patética y decrépita anuncia un espectáculo espeluznante visualmente. Sí cabe la duda de si es un espectáculo para críos de a partir de 11 años. Cabe la duda de si hay un regodeo quizá exagerado en un cuerpo decrépito. Cabe la duda de si las escenas se alargan demasiado. Cabe la duda de si con media horita menos, y sin tanto alargar en exceso cada gesto habría ganado en ritmo y habría tenido a TODO el público pegado a la butaca. Cabe la duda de si a la señora del pelo blanco de la primera fila le hizo gracia que le tiraran paja, sidra, manzana y demás. Cabe la duda de si por eso no aplaudió con muchas ganas. Cabe la duda de si la historia no deja de ser simple y simplista (que conste que me encantan los cuentecitos). Cabe la duda de si sólo con imágenes impactantes se puede mantener en pié un espectáculo de hora y media. Cabe la duda de si Alexandra Lupidi se habría tragado la turuta si llega a durar diez minutos más el espectáculo.



Que conste que veníamos de ver un concierto de Bach preciosísimo y teníamos el espíritu dispuesto para más cosas monas, sensibles y envolventes. Así que no cabe duda de que a nosotros no nos pilló el corazón este espectáculo que no cabe duda de que debe de ser absolutamente magistral, aunque a nosotros no nos llegara del todo. No cabe duda de que si te pones a pensar entre cabezadas en la lista de la compra del día siguiente, es que al menos a ti no te ha calado tanto.

lunes, 13 de mayo de 2013

Los animales y los niños tomaron las calles. Cuarta Pared.

Espectáculo precioso, mágico. Te quedas embelesado desde el comienzo y sigues embelesado cuando termina.
La estética, mezcla de cine mudo y expresionismo alemán te engancha automáticamente. La música es apropiada, muy buena, graciosa, dura, y totalmente canallesca. Las tres actrices están milimétricamente en sus papeles. Son versátiles y cada papel que hacen es único. Todo mola. Es preciosísimo todo. Te embruja.



Pero la historia se ve lastrada por ese esteticismo. En teoría presenta un barrio que puede estar en cualquier ciudad, con una gentuza arisca, negra, envenenada. Pueden ser nuestros vecinos y si me apuras, incluso nosotros mismos en algunos momentos. Hay algo de caña. Se sueltan ahí en medio, como si nada, puñaladas con ese retintín británico que tanto me gusta. Pero no dejan de ser puñaladas sueltas. La historia se me queda un poco en un cuento cruel que empieza muy bien, sigue bien, cae en el medio, cae más aún y termina un poco de repente. Yo habría querido más caña, que la historia fuera un poco menos cuento y un poco más adulto. Pero vamos, que soy yo, que me gusta la caña y me gusta que si te pones, te pongas. a mí la magia me funcionó al principio, pero fue decayendo un poco y se me acabó quedando un poco floja, aunque estéticamente es intachable.
Merece la pena verlo, sin duda, y si vuelve esta compañía iré sin duda, pero espero que lo siguiente que traigan esté un poco mejor hilvanado todo, y no tan sacrificado a la estética. 

miércoles, 1 de mayo de 2013

Mi piedra Rosetta. Cuarta Pared

A pesar de loable esfuerzo que habrá supuesto montar esta función, no tengo nada que destacar. Actores bien, sobre todo Christian Gordo y actrices mal.
Lo único reseñable, una reflexión que hacían. Era algo así como: "para los africanos, el suicidio es cosa de blancos. Cuando están mal, no se dan cuenta de que podrían estar peor. Y cuando finalmente están bien, se dan cuenta de que tampoco estaban tan mal y de que podrían haber estado peor". Tampoco es que sea una reflexión de volverse loco, pero es curiosa. Siempre está bien recordar que todo es relativo, hasta el sufrimiento, y que mientras estemos vivos, podríamos estar peor, asi que... a vivir! 


miércoles, 24 de abril de 2013

La cena. Cuarta pared.

Ya lo he dicho otras veces e insisto ahora. Si te metes en un berenjenal, tienes que saber resolverlo.
En este espectáculo, antes de comenzar, te separan por grupos y tras una pequeña encuesta el público decide las "vidas" y los "objetivos" de cada personaje. Hablo desde lo que yo viví. Elegimos unas directrices para "nuestra actriz", que aparte de que fueran más o menos interesantes, debían formar parte del una improvisación basada en esas directrices. Por supuesto la gente eligió cosas cachondas o picantonas (así somos) y a continuacion, los actores debían juntarse en una "cena" y dejarse llevar por lo que cada personaje tenía marcado en su encuentro con el público para ver qué pasaba.
Hasta ahí ya llevábamos una horita larga en el teatro.
Y entonces empieza por fin "la funcion".



Los pobres actores, más vendidos que vendidos empiezan a intentar meter con calzador sus "premisas" en una especie de caos sin sentido, principio ni fin. Y es que hacer una improvisación puede estar bien como ejercicio para acercarte a tu personaje y para entender mejor cómo y por qué interactúas con el resto de personajes y desentrañar los conflictos del texto. Pero ya está. Es un ejercicio.
Acciones y reacciones que no se corresponden, actores intentando soltar frases que identifiquen lo que antes les hemos dicho pero que acaban pisándose unos a otros sin oír lo que dice el compañero... en fin, un caos sin sentido que empieza forzadamente y mal y acaba como el rosario de la aurora. Incluso los pobres, cuando deciden que hay que acabar (tras hora y media de batiburrillos que hacían bostezar), van, acaban y aguantan el tipo durante los escasos aplausos con cara de "vaya churro que nos ha salido". A lo mejor hay días en los que eso funciona, pero desde luego, el día que fuimos nosotros, no. Quizá sería más productivo que esas cosas las hicieran antes de cobrarte 12 euros para hacer de cobaya en un experimento que no funciona.

viernes, 8 de marzo de 2013

Recortes. Cuarta Pared.

Entre otras flores que me adornan, también soy un mitómano que lo flipas. Soy mitómano de mis amigos y de la gente a la que considero tocada por la varita de la magia. La gente que es decididamente superior y que ha nacido con un "don". Así, que se me ocurran, por ejemplo Mozart, Puccini, la Callas, Lluís Pasqual, Leontyne Price, Lorca, Bjork, García Márquez, la Lizaran, Berta Riaza, nosécuántosmás y Nuria Gallardo.



Juro por Mahler que hace muuuucho tiempo que no veo a alguien que me haya hecho sentir lo que sentí ayer con Nuria Gallardo. El texto es brutal. Habla evidentemente de los jodíos recortes, pero de una manera que te hace empatizar desde el principio. No es maniqueo ni manipulador. Es una historia bellísima de amor. Y el personaje que encarna (según la RAE: tomar forma corporal una idea o espíritu) Nuria vive, contagia, desborda un amor y una sensibilidad que se escapa en sus respiraciones, en cada pausa, en cómo se le llenan los ojos de lágrimas agridulces. En un optimismo que te desarma y que te hace no sólo tener el corazón encogido durante todo su monólogo, sino reir mientras lloras, odiar mientras amas, sobrevivir sin abandonar.
La labor de Mariano Barroso es genial. Todo tiene pinta de haber "fluido". No digo que no esté trabajado, al contrario, pero transmite la sensación de que todo ha salido solo. El primer monólogo se basa en Nuria y en el texto bellísimo. El segundo monólogo se plantea de una forma muy chula. Interacción total con el público. Somos el antagonista. Lo somos porque "los recortes" no permiten que se pueda pagar a una actriz. Idea genial que hace que te sientas cómplice antes incluso de empezar. También es verdad que al existir esa interacción provoca que no fluya tanto como debería. Yo así lo sentí en una noche llena de actores, amigos y gente cercana. Si esto es así con un público entregado, no sé cómo irá con un público más... objetivo.
En defnitiva, un espectáculo obligado por cómo afronta el tema de los "recortes" que matan vidas, familias, esperanzas, sueños y amores. Fabulosos textos, fabulosa dirección, fabuloso Alberto San Juan y Nuria Gallardo... sobrehumana.
Debería ir directamente a un teatro nacional y hacer gira por todo el universo, pero claro, no hay cojones.