lunes, 22 de julio de 2013

La fiebre. Cuarta Pared.

Está claro que la fiebre sube más cuanto más cerca está el foco que la provoca. Quizá un simple viaje no se sabe muy bien con qué fin a un país "pobre" le abriera los ojos al autor. Viajar es lo que tiene. Y ya no solo si vas a países más pobres que el tuyo, sólo con que salgas de tu realidad y veas otras realidades te da horizonte y perspectiva. Si encima vas a sitios más pobres, más. Y si encima tienen guerras, lo flipas. Y sí, te hace pensar en si realmente haces algo por los demás en esta vida o si quieres hacerlo, o en cómo hacerlo o si tu vida acomodaticia basta para salvar tu conciencia o si la realidad política es otra o si tu esfuerzo serviría o no.En fin, todas esas dudas y torturas que te asaltan cuando sitúas tu realidad frente a la de otros países o incluso personas.



¿Podríamos salvar a alguien realmente? ¿Hacemos suficiente? ¿Podríamos o deberíamos hacer más? ¿Serviría de algo el esfuerzo personal? ¿Los "pobres" son pobres porque existimos los "ricos"? Todo eso está en un texto que sintiéndolo mucho y para mi gusto, no termina de cuajar. Un poco simplista a ratos, y a ratos embarullado. Aunque el mensaje es claro, la forma no termina de convencerme. Aunque eso sí, el recital que da Israel Elejalde es de libro. No se puede estar mejor. Cada frase, cada palabra, cada movimiento, cada silencio, cada mirada, cada sílaba es una lección. Está absolutamente perfecto de principio a fin. No se me ocurre ni un solo minigesto que yo hubiera hecho de otra forma o con otra intención. Hay actores que están mal, otros que están horribles, otros que ni lo huelen, otros que están bien, otros muy bien, otros maravillosos, otros prodigiosos, y luego está Israel Elejalde. 
Entiendo el éxito de la función, y este señor actor se merece eso y más, pero reconozco que me quedé un poco plof.

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