lunes, 15 de julio de 2013

Static. Matadero. Fringe 13.

Coño, pues mira que íbamos con ganas de ver este espectáculo, porque aparte de otras mil cosas (y los que me leéis ya os habréis dado cuenta) nos vuelve loco el circo contemporáneo.
Y bueno, llegas y los dos componentes de la compañía están por ahí calentando, junto a una furgoneta y tal y tal. Empieza el espectáculo y lo que parece un número con humor casi Keatoniano (si se puede usar esa expresión). Vale, tienen un punto y te sonríes. Hacen un número de trapecio y otro de telas acrobáticas. Muy bien hecho, aunque tampoco nada del otro jueves. Y ya lo que sigue son intentos de números yo diría como de clowns, porque lo que es de circo, ya nada más. El número del equilibrio con la bici tampoco les salió mu pallá. Y el cuerpo te empieza a pesar, pasan los minutos, y pasan y te vienes abajo. Hasta los críos, que al principio estaban encantados y riendo como locos, se callan, y uno de ellos se tira en los cojines y pasa de lo que ve.



Igual ha sonado un poco duro, y no es para tanto. Que el espectáculo está bien, se deja ver y lo que hacen tiene mérito. Lo que sí es verdad, es que hubo no demasiado circo y para mi gusto, el espectáculo se me hizo largo. Claro, si te lees lo que pone en la ficha del festival, no tiene mucho que ver con lo que realmente yo vi, pero bueno, a lo peor es que me pilló con el cuerpo cambiado. Pero también te digo que después de haber visto las maravillas que hemos visto en el Price, auténtico templo del circo bello, novedoso y de una calidad de caerte de espaldas, lo que vimos ayer se nos quedó como sosillo. Pero luego nos fuimos a ver a Esperanza Spalding y se nos pasó el muermo.

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