domingo, 17 de febrero de 2013

Angélica Liddell. Ping pang qiu. Canal

Al principio pensé que esta mujer tenía una pedrada importante. Luego que tenía mucho morro. Pero no. Lo que tiene es un sentido de la libertad que no le cabe en el cuerpo. Ella ama China. Lo dice y lo repite veinte veces. Y en vez de inventarse una historia para que al final la moraleja sea que a pesar de todo ella sigue amando a ese país, prefiere tirar por la calle de en medio y autoentrevistarse. ¡Pues dí que sí!
Tiene claras las atrocidades que se cometene en ese país. De hecho, las reproduce. Quema un libro, escenifica al hombre aquel de la plaza de Tiananmen... pero con todo y con eso, ama China. Y establece un paralelismo bellísimo entre su sentimiento y el aria "Ché faró senza Euridice". Al igual que Orfeo enviaba a su amada al mundo de las sombras al mirar hacia atrás, ella, al mirar hacia atrás, envía a China al mundo de las sombras. Pero por puro amor.
Hacía años que no veía un espectáculo tan inteligente.

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