Algo ha pasado en "La Puerta Estrecha" que no sé qué es. Antes había un nosequé cuando llegabas que no lo sé explicar. Ahora no. Jajaja, vaya comienzo más chorras, anda que...
El texto de Koltès es un pedazo de obra brutal, oscura y desoladora. Más enigmática que otras suyas pero igual de estremecedora. Es realmente milagroso que con lo hermético que es el texto, te mantenga hipnotizado desde que comienza hasta que acaba. Bien podría ser la precuela de "Roberto Zucco". Perfectamente este personaje podría ser Roberto y acabar en la cárcel de la que escapa al comienzo de la otra obra de Koltès. Hay la misma ira, la misma rabia, la misma incomprensión, el mismo desarraigo, la misma pus dentro de ese espíritu que en esta ocasión cobra vida en el cuerpo de José Gonçalo Pais.
Es uno de esos casos de actor/médium, porque ni me imagino el personaje con otro rostro y cuerpo que no sea el de José ni creo que lo que hace sea un ejercicio de interpretación, sino de espiritismo, para dejar que el personaje se meta totalmente dentro de su cuerpo y sirva de herramienta para narrarnos su bajada a los infiernos. Es impresionante todo lo que José Gonçalo hace, brutal. Cada gesto, cada respiración transmiten un nivel de rabia y de incomprensión que te estremece. Por supuesto perfectísimamente dirigido por César Barló, de AlmaViva Teatro en otro derroche de creatividad, buen criterio y capacidad de comprensión de un texto bastante difícil de desentrañar. El uso de la cámara es prodigiosos, metiéndonos aún más en el rostro del actor, hasta casi tocar su alma o su sufrimiento y su incomprensión. Como en otros montajes igual de impactantes, todo es vital. Luces, música, hasta el olor. Ese olor a mojado, a humedad que hay cuando entras es casi un personaje más. ¡¡Fascinante!!
Dos genios unidos para dar forma a este vómito social que es "La noche justo antes de los bosques". Un montaje impresionante, que espero que no pase desapercibido entre tanta oferta. Un texto de Koltés siempre es interesante, pero si lo hacen estos dos genios bestiales; César Barló a los mandos y José Gonçalo Pais al espíritu, entonces ya es algo imprescindible.
Lo único que me chocó fue oír de repente el "Bem Bom" de las Doce. Una canción de Eurovisión de pronto me descolocó. Algún día espero que me lo expliquen.
Aquí podrás leer MI opinión sobre los espectáculos que voy viendo. Insisto en que es MI opinión, nada mas. No pretendo adoctrinar ni tener razón. Únicamente te contaré MIS razones para amar o amar menos lo que vaya viendo. El teatro son gustos y aquí leerás los míos. No soy crítico, solo necesito contarle al mundo el porqué de mis amores. Lo que puedes leer aquí es lo que yo he sentido al ver estos espectáculos. Ni más ni menos que mis sensaciones. Si a alguien le sirven, estupendo.
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martes, 10 de junio de 2014
lunes, 23 de septiembre de 2013
Tio Vania. La puerta estrecha.
Por una parte el problema fue nuestro. Por no pararnos a pensar. En ningún momento engañan ni dicen otra cosa. La sala tiene su propia compañía, y supongo que algunos de ellos serán alumnos de los cursos que dan allí. Insisto, problema nuestro por no haberlo pensado bien. Pero claro, si cobras 17 euros como 17 soles por ver un espectáculo, no puede ser una muestra del trabajo del curso. Y además, o eres un genio (y aún así) o todo el mundo necesita una mirada desde fuera para no caer en pozos viciados. Me da la sensación de que Rodolfo Cortizo está montando las cosas que le gustan (está en su derecho, para eso es su escuela, su sala y su compañía) sin tener en cuenta si tiene gente suficiente para montarlo.
A lo que vamos. Eramos seis personas. Una lástima, aunque si te cuesta 17 euros como 17 soles, normal que la gente se corte. La escenografía, como en el resto de cosas que hemos visto en esa sala, está bien. Elementos bien utilizados y acordes con el montaje. Luces más que correctas dado el nivel que suele haber tan normalito (como si las luces no fueran un elemento más en un espectáculo). El montaje en sí es bastante soporífero. Empieza de forma ampulosa y sigue por esos derroteros hasta el final. Todas las frases se dicen con demasiada solemnidad, como si fueran importantísimas. Frases como: "No tengo gota, tengo...¡reúma!" Como si el eje de la historia fuera el reúma. En fin, ritmo tedioso unido a esa pretendida grandilocuencia para intentar dar una profundidad que como en casi todo Chéjov, está más en el fondo que en la forma, más en lo que se siente (o se evita sentir) que en lo que ocurre. Le faltaba la chispa de ironía y de cotidianeidad que tiene la obra. Que los personajes estén aburridos, perdidos y sin alicientes no quiere decir que caminen lentamente y casi a cámara lenta. No tiene objetivos porque están desubicados y el tiempo ha pasado por encima de ellos. En fin, que cada uno monta como quiere, pero para mi gusto particular, se intentaba cargar de dramatismo algo que debe ser más ligero. Ese es el drama.
Y los actores... Rodolfo Cortizo evidentemente está por encima del resto. Es una gran actor lleno de recursos y sabe lo que hace. Victoria Peinado Vergara está correcta. Bien, sufridora, entregada a la función pero quizá un pelín afectada. Y desde luego, en su encuentro con el doctor después de saber definitivamente que él pasa de ella, debería al menos mirarle, o evitar su mirada. Algo. Se vuelven a encontrar como si nada. Nicolás Fryd también está correcto. Sin los recursos que tenía en "La danza de la muerte" se queda un poco flojo. Pero más que correcto. Es buen actor. Concha Roales Nieto bien. Actriz a la antigua usanza. Solvente y encantadora. Tucho y Patricia Domínguez del Pino... digamos que no están a la altura. Bueno, no, están flojísimos, están en otra historia. Supongo que son alumnos y que lo han montado con la gente que tenían. Están a años luz de sus compañeros. Ella solo parece que se va a animar cuando se sube a la mesa y empieza a desbarrar. Pero no, falsa alarma, se baja de la mesa y ahí acaba todo.
No puedo recomendar el espectáculo. Mi opinión desde luego es personal y no creo que influya a nadie para dejar de ir a ver este montaje. Pero sintiéndolo mucho tampoco puedo animar a nadie para que vaya y pague 17 euros como 17 soles.
Ah, y vale que te siente mal que solo haya seis personas, o que sientas que la función ha salido mal, pro no puedes salir a saludar con esa cara de cabreo, porque a lo mejor, la cara de cabreo la tengo que poner yo.
A lo que vamos. Eramos seis personas. Una lástima, aunque si te cuesta 17 euros como 17 soles, normal que la gente se corte. La escenografía, como en el resto de cosas que hemos visto en esa sala, está bien. Elementos bien utilizados y acordes con el montaje. Luces más que correctas dado el nivel que suele haber tan normalito (como si las luces no fueran un elemento más en un espectáculo). El montaje en sí es bastante soporífero. Empieza de forma ampulosa y sigue por esos derroteros hasta el final. Todas las frases se dicen con demasiada solemnidad, como si fueran importantísimas. Frases como: "No tengo gota, tengo...¡reúma!" Como si el eje de la historia fuera el reúma. En fin, ritmo tedioso unido a esa pretendida grandilocuencia para intentar dar una profundidad que como en casi todo Chéjov, está más en el fondo que en la forma, más en lo que se siente (o se evita sentir) que en lo que ocurre. Le faltaba la chispa de ironía y de cotidianeidad que tiene la obra. Que los personajes estén aburridos, perdidos y sin alicientes no quiere decir que caminen lentamente y casi a cámara lenta. No tiene objetivos porque están desubicados y el tiempo ha pasado por encima de ellos. En fin, que cada uno monta como quiere, pero para mi gusto particular, se intentaba cargar de dramatismo algo que debe ser más ligero. Ese es el drama.
Y los actores... Rodolfo Cortizo evidentemente está por encima del resto. Es una gran actor lleno de recursos y sabe lo que hace. Victoria Peinado Vergara está correcta. Bien, sufridora, entregada a la función pero quizá un pelín afectada. Y desde luego, en su encuentro con el doctor después de saber definitivamente que él pasa de ella, debería al menos mirarle, o evitar su mirada. Algo. Se vuelven a encontrar como si nada. Nicolás Fryd también está correcto. Sin los recursos que tenía en "La danza de la muerte" se queda un poco flojo. Pero más que correcto. Es buen actor. Concha Roales Nieto bien. Actriz a la antigua usanza. Solvente y encantadora. Tucho y Patricia Domínguez del Pino... digamos que no están a la altura. Bueno, no, están flojísimos, están en otra historia. Supongo que son alumnos y que lo han montado con la gente que tenían. Están a años luz de sus compañeros. Ella solo parece que se va a animar cuando se sube a la mesa y empieza a desbarrar. Pero no, falsa alarma, se baja de la mesa y ahí acaba todo.
No puedo recomendar el espectáculo. Mi opinión desde luego es personal y no creo que influya a nadie para dejar de ir a ver este montaje. Pero sintiéndolo mucho tampoco puedo animar a nadie para que vaya y pague 17 euros como 17 soles.
Ah, y vale que te siente mal que solo haya seis personas, o que sientas que la función ha salido mal, pro no puedes salir a saludar con esa cara de cabreo, porque a lo mejor, la cara de cabreo la tengo que poner yo.
lunes, 8 de julio de 2013
La danza de la muerte. La puerta estrecha.
Yo tengo debilidad por Strindberg de toda la vida. Motivos personales, claro. Y "La danza de la muerte", pese a no ser de las obras que tengo más estudiadas, la tengo asociada a grandes recuerdos de mi infancia en Valladolid. Reencontrarme con ella años después, en un sitio tan mágico como "La puerta estrecha" es un gusto. Hace un tiempo vimos allí un Pinter (tres personas de público, patético) y ya entonces el espacio determinaba parte de lo que veíamos. En esta otra función, creo que hasta más aún. Suelo sucio, paredes rajadas, aspecto como de establo o de sótano. Más bien de sótano. Y acierto en hacer que los personajes entren y salgan por una rampa. Es como si bajaran de la realidad a un submundo habitado casi por zombis, o muertos en vida. Una tumba a la que se accede por una rampa que hace además mucho ruido. Acierto total.
Y he hablado de Pinter porque también hay un cierto y lejano recuerdo. Diálogos crípticos y herméticos que parece que Rodolfo Cortizo entiende a la perfección.
Nicolás Fryd está exagerado, pasadísimo, hasta esperpéntico. Bien, es una opción. Y estilísticamente muy válida si la contrapones al registro de Victoria Peinado Vergara. Aunque Fryd se deja la piel, a mí había algo que no me terminaba de llegar. No me preguntes qué, pero me pareció un poco desmangado. Aún así funciona bien junto a su compañera, que tiene un registro totalmente opuesto. Ella lleva la procesión por dentro, o el entierro. Gran control físico, fabuloso dominio vocal y una intensidad acojonantes. La única pega, es mi manía personal. Se come todos los finales. Mejor dicho, suelta alientazos en los finales. En todos. Y no tiene el más mínimo problema vocal, al contrario. Tiene buen timbre y proyecta divinamente, y vocalmente trabaja de maravilla. Pero termina todas las frases con aliento. Sus otros dos compis... regu. Pero bueno, sólo son catalizadores de la batalla mortal que se tiene este matrimonio. Yo quizá los vea más caníbales de lo que son, como que con cada frase se dieran un mordisco y se arrancaran un trozo el uno al otro. Pero esa es mi visión. La del director está clara, es coherente, está muy bien llevada, y muestra mucha maestría. Aunque para mi gusto... una vueltecita de tuerca más habría molado. El texto y el montaje son una apisonadora emocional.
Y he hablado de Pinter porque también hay un cierto y lejano recuerdo. Diálogos crípticos y herméticos que parece que Rodolfo Cortizo entiende a la perfección.
Nicolás Fryd está exagerado, pasadísimo, hasta esperpéntico. Bien, es una opción. Y estilísticamente muy válida si la contrapones al registro de Victoria Peinado Vergara. Aunque Fryd se deja la piel, a mí había algo que no me terminaba de llegar. No me preguntes qué, pero me pareció un poco desmangado. Aún así funciona bien junto a su compañera, que tiene un registro totalmente opuesto. Ella lleva la procesión por dentro, o el entierro. Gran control físico, fabuloso dominio vocal y una intensidad acojonantes. La única pega, es mi manía personal. Se come todos los finales. Mejor dicho, suelta alientazos en los finales. En todos. Y no tiene el más mínimo problema vocal, al contrario. Tiene buen timbre y proyecta divinamente, y vocalmente trabaja de maravilla. Pero termina todas las frases con aliento. Sus otros dos compis... regu. Pero bueno, sólo son catalizadores de la batalla mortal que se tiene este matrimonio. Yo quizá los vea más caníbales de lo que son, como que con cada frase se dieran un mordisco y se arrancaran un trozo el uno al otro. Pero esa es mi visión. La del director está clara, es coherente, está muy bien llevada, y muestra mucha maestría. Aunque para mi gusto... una vueltecita de tuerca más habría molado. El texto y el montaje son una apisonadora emocional.
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