Al lío: voy a hablar, como siempre, desde MI punto de vista, desde MI gusto. Este texto es un rollo. Vamos, que está vacío. Se supone que cuenta la vida de una gran dama, editora de Vogue y Harper's Bazaar. En realidad no cuenta la vida de esta señora, sino que nos la muestra en un momento concreto de su vida. Acaban de despedirla y a la vuelta de un viaje de varios meses por Europa para mentalizarse, la pobre, de que va a tener que buscarse la vida para vivir. ¡Fíjate! Y la pobrecilla, ha organizado una cenuki en casa y no tiene ni comida ni casi invitados. Todo un dramón.
Reconozco que la vida de esta señor de la alta sociedad neoyorquina me interesa cero. Y a través del texto tampoco se cuenta que a esta señora le pase nada interesante. Bueno, sí, cuentan que un día coincidió en un cine con Josephine Baker. Sí, eso es lo que en la hora y pico que dura la función nos cuentan. Eso es lo más destacado que le pasó. Con esa vida tan emocionante es lógico que me interese más bien nada lo que cuentan. Porque es que no cuentan nada. Y lo peor es que estoy convencido de que esta señora tuvo una vida apasionante. Estoy seguro. Pero lo han desperdiciado y simplemente nos cuentan lo de Josephine Baker. ¡Mira tú!
Muy al comienzo de la función, Carme Elías dice algo así como: "detesto la nostalgia". Bueno, pues curiosamente el momento más emocionante, o mejor dicho, el único momento emocionantillo es cuando suena Saint-Saëns y ella rememora a su hermana. Puritita nostalgia.
Carme Elías está graciosa. Está bien ella y lo que hace está bien, pero claro, está haciendo algo que no me interesa lo más mínimo. Insisto en que la vida insulsa de una señora que nos pilla tan lejos y que gracias a los propios autores no despierta el más mínimo interés. La puesta en escena sin a más mínima personalidad ni brillo tampoco ayuda. Aunque no se carga nada, simplemente ilustra y coloca el texto en lo fácil. Y encima tampoco ayuda a demostrar lo buena actriz que es Carme Elías.
Aquí podrás leer MI opinión sobre los espectáculos que voy viendo. Insisto en que es MI opinión, nada mas. No pretendo adoctrinar ni tener razón. Únicamente te contaré MIS razones para amar o amar menos lo que vaya viendo. El teatro son gustos y aquí leerás los míos. No soy crítico, solo necesito contarle al mundo el porqué de mis amores. Lo que puedes leer aquí es lo que yo he sentido al ver estos espectáculos. Ni más ni menos que mis sensaciones. Si a alguien le sirven, estupendo.
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martes, 27 de octubre de 2015
domingo, 12 de abril de 2015
Ojos de agua. Sala Margarita Xirgu.
Coño, ver a Charo López haciendo de La Celestina tiene todo el morbo del mundo. Y allá que te fuimos.
El espacio escénico ya es... curioso. Una serie de elementos que van a estar todos bien utilizados, aunque algo desaprovechados, como el telar. Por lo demás, escenografía correcta, bine utilizada, coherente y plásticamente.. bien. Luces también correctas. Quizá un poco cabareteras, marcando demasiado a base de cenitales. En cualquier caso... también correcto. Vestuario chulísimo de Tatiana de Sarabia, uno de los nombres más importantes hoy en día y para seguirle la pista, sin ninguna duda.
Fran García arranca la función con un monólogo realmente desagradecido, afectado y poco atractivo. Luego, durante la función, va cantando y lo hace bien, aunque son las propias canciones las que resultan anticuadas, cursis, repetitivas y apolilladas. Pero Fran las defiende de maravilla.
La dirección de Yayo Cáceres no destaca por nada. El planteamiento ese de estar como en una especie de confesión entre monjas no funciona. Se intenta crear una complicidad con el espectador desde el segundo uno que resulta forzada y antinatural. eso sólo crea distancia y frialdad. Los intentos de complicidad no funcionan. Sólo el poderío y el magnetismo de Charo López rompen un poco ese bloqueo. No está claro ni el punto de vista, ni el lugar desde el que nos cuenta Yayo Cáceres esta función. y sin esa implicación, el resultado acaba siendo un ejercicio de complicidad basado en Charo López. El resto... no importa.
La principal traba sin embargo no es una dirección fría o la simple corrección formal sino el propio texto. Llevamos unos años en los que hemos visto unos cuantos textos en los que se "reivindica" una figura de la literatura o de la tradición y se le hace una especie de "juicio" moderno. Menos "Juicio a una zorra", no recuerdo ningún otro que para mi gusto funcionara. Aquí Álvaro Tato ha escrito un texto en el que para mi gusto, ni reivindica la figura de la Celestina ni nada. Simplemente nos cuenta un par de momentos de su vida, los adereza con un par de "picardías", tres figuras algo soeces y ya está. Celestina queda igual que estaba. Su imagen, su figura, lo que representa, lo que esconde, lo que manipula sigue siendo exactamente lo mismo. La visión que tenemos de ella es la misma que teníamos antes de ver la obra. Sólo que entre medias hemos oído un par de "desmayóse" o "rompiela".
Charo López da todo lo que tiene. Su sola presencia es abrumadora. Además domina las tablas a su antojo. Va, viene, baila, grita, susurra, sufre, narra y vive todo lo que hay en el texto. Y le pone mucha más carne a todo de la que realmente hay. Sinceramente, si algo consigue cimentar la función y que no te aburras soberanamente es el poderío de esta bestia exageradamente bella y animal. Lástima que hay que disfrutar de una actriz así de salvaje con un texto tan normalito y una puesta en escena simplemente correcta. Eso sí, supongo que la gira la tienen garantizada. Oye, y merecida, porque alguien como Charo López se merece eso y más.
El espacio escénico ya es... curioso. Una serie de elementos que van a estar todos bien utilizados, aunque algo desaprovechados, como el telar. Por lo demás, escenografía correcta, bine utilizada, coherente y plásticamente.. bien. Luces también correctas. Quizá un poco cabareteras, marcando demasiado a base de cenitales. En cualquier caso... también correcto. Vestuario chulísimo de Tatiana de Sarabia, uno de los nombres más importantes hoy en día y para seguirle la pista, sin ninguna duda.
Fran García arranca la función con un monólogo realmente desagradecido, afectado y poco atractivo. Luego, durante la función, va cantando y lo hace bien, aunque son las propias canciones las que resultan anticuadas, cursis, repetitivas y apolilladas. Pero Fran las defiende de maravilla.
La dirección de Yayo Cáceres no destaca por nada. El planteamiento ese de estar como en una especie de confesión entre monjas no funciona. Se intenta crear una complicidad con el espectador desde el segundo uno que resulta forzada y antinatural. eso sólo crea distancia y frialdad. Los intentos de complicidad no funcionan. Sólo el poderío y el magnetismo de Charo López rompen un poco ese bloqueo. No está claro ni el punto de vista, ni el lugar desde el que nos cuenta Yayo Cáceres esta función. y sin esa implicación, el resultado acaba siendo un ejercicio de complicidad basado en Charo López. El resto... no importa.
La principal traba sin embargo no es una dirección fría o la simple corrección formal sino el propio texto. Llevamos unos años en los que hemos visto unos cuantos textos en los que se "reivindica" una figura de la literatura o de la tradición y se le hace una especie de "juicio" moderno. Menos "Juicio a una zorra", no recuerdo ningún otro que para mi gusto funcionara. Aquí Álvaro Tato ha escrito un texto en el que para mi gusto, ni reivindica la figura de la Celestina ni nada. Simplemente nos cuenta un par de momentos de su vida, los adereza con un par de "picardías", tres figuras algo soeces y ya está. Celestina queda igual que estaba. Su imagen, su figura, lo que representa, lo que esconde, lo que manipula sigue siendo exactamente lo mismo. La visión que tenemos de ella es la misma que teníamos antes de ver la obra. Sólo que entre medias hemos oído un par de "desmayóse" o "rompiela".
Charo López da todo lo que tiene. Su sola presencia es abrumadora. Además domina las tablas a su antojo. Va, viene, baila, grita, susurra, sufre, narra y vive todo lo que hay en el texto. Y le pone mucha más carne a todo de la que realmente hay. Sinceramente, si algo consigue cimentar la función y que no te aburras soberanamente es el poderío de esta bestia exageradamente bella y animal. Lástima que hay que disfrutar de una actriz así de salvaje con un texto tan normalito y una puesta en escena simplemente correcta. Eso sí, supongo que la gira la tienen garantizada. Oye, y merecida, porque alguien como Charo López se merece eso y más.
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