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domingo, 22 de marzo de 2015

La ciudad oscura. María Guerrero.

En la sala de la Princesa suelen confluir grandes personalidades para crear espectáculos bastante más interesantes que en la sala grande. Eso ha sido así desde que cerraron el bar, aquel bar histórico y testigo de... bueno, de la vida teatrera y nocturna de otra generación. Ahora está pasando de nuevo. Pero claro, es que se han juntado el universo y la madurez creativa de Antonio Rojano con el saber hacer y la mano certera del responsable de aquella joyita que pasó desapercibida, "Oddi", o de "El feo". Y al final esta mezcla explosiva ha dado a luz una criatura que tiene ya en la frente escrita la palabra "éxito" y una vida larguísima. Te lo digo yo. Y es que lo merece, porque... lo tiene todo. 

Un escritor intenta completar su última obra con la "ayuda" de su hija Dakota, que le apoya tanto como le ataca. Entre ellos late algo oculto. Al otro lado de la ficción, se desarrolla la historia que intenta crear el autor sin nombre. Todo comienza cuando unos parapsicólogos intentan hacer una psicofonía en el Valle de los Caídos y se les aparece Fran. El suicidio de un jockey triunfador, una comisaria de policía amargada, un detective inexperto, un alemán, el pasado histórico, la memoria de un país, Tejero, la mentira y un discurso no tan fascista como pueda parecer se juntan en esta ensalada envenenada que va dejando salir sus sabores escondidos con cuentagotas a través de un ejercicio brillante de acumulación, mesura y tensión dramática realmente magistral. 




El pedazo de texto de Rojano es ejemplar. Dosifica la información y nos engancha en su misterio desde el minuto uno. El interés, la curiosidad y el querer recomponer esa historia fragmentada y misteriosa hace que te quedes pegado a la butaca y no te atrevas ni a respirar. Segundo a segundo vas armando el puzzle tanto dramático como emocional, fantasmagórico y creativo. La figura del creador rodeado de sus fantasmas personales, sus musas y sus miedos es clara y clarificadora. Fernando Soto está fabuloso creando este ser poliédrico, lleno de aristas y recovecos. Él es el "artista", el "creador". Irene Ruiz es su hija. Descarada, revenía, rencorosa y lista como ella sola. 
Al otro lado de la realidad Ana Otero, nuestra Angelina Jolie, es la comisaria repodrida, retestiná que dicen en mi pueblo. Su cabreo es directamente proporcional a su incapacidad emocional. Fabulosa. Mario Tardón, Paco Lahoz y Pilar Gómez son los otros bastiones en los que se sustenta este texto brillante en el que pululan el 23 F, la memoria de un país, los fantasmas del pasado, el dolor de la creación artística, la frustración emocional y unas cuantas variantes del dolor. Incluso el "discurso" nazi, si lo escuchas bien, no es tan nazi, quiero decir, que bien podría ser el discurso de cualquiera que pretenda alentar un poco a las masas, independientemente de colores. Esa es la trampa nazi. Mucho mejor expuesta aquí, sin necesidad de olas, de un plumazo, que en otras obras más sesudas.      

Y si el texto es brillante y las interpretaciones fantásticas, la dirección es otro alarde. Por ejemplo, la forma de intervenir un lado de la "realidad" en el otro es un acierto total. Colocando elementos, dirigiendo la acción, completando su realidad y devolviendo lo que la otra parte necesita. Magistral. Y lo mismo de ritmo, de intensidad, de implicación, de distancia cuando se necesita... Paco Montes está siempre en el sitio perfecto y con una mirada clara, contundente, coherente y sólida. 




En definitiva, que todo lo que hay es fabuloso, brillante y acertado. Merece ser un exitazo y estoy seguro de que lo va a ser. No lo dejéis pasar e id YA mismo a verlo. Ah, y no dejéis pasar ni un sólo detalle por alto. Absolutamente todo tiene un sentido. TODO. 

jueves, 2 de octubre de 2014

El feo. Teatro Lara.

Lo que te digo del off del Lara, que tiene unos espectáculos ahora mismo que no me extraña que esté petada la calle de gente haciendo cola para entrar. La programación no tiene desperdicio. El último acierto ha sido "El feo". 
Este espectáculo ya se presentó el año pasado en el Fringe y luego ya ha tenido una fructífera vida en Madrid, aunque hasta ayer yo no lo había visto. Lo primero que hay que decir es que produce Draft.inn , productora con unos creadores y creativos que llevan tiempo marcándose los espectáculos más rompedores e impactantes. Como ejemplo, esa joya que es "Los nadadores nocturnos", espectáculo que a pesar de haber triunfado tanto en el Fringe de este año como luego a su paso por Matadero, creo que aún no ocupa el lugar que se merece. Si no al tiempo, ya me diréis si es o no es un espectáculo de culto, con una calidad y profundidad más allá de lo común, con esa colección de personajes icónicos, desarraigados, amargos, desorientados, que se juntan par compartir amargura, dolor, pérdida y búsqueda. Espectáculo negro y seco, tanto como un vagón camino de un campo de concentración. Yo sigo todavía con un runrún en el coco de vez en cuando, no te digo más. 
Pues los responsables de esa puta joya lo son también de "El feo". 




Dirige este jari Paco Montes. Y lo hace poniendo en fila de a uno todos los cambios que hay en el texto brillante, descojonante y fascinante de Marius Von Mayenburg. Hace falta mucho pulso y mucho sentido del rítmo y de la comedia como para ordenar y crear la orquestación de tanto pacá pallá como hay en la función. Los actores comparten silla contigo y cada cambio de escena es un aliciente más para seguir disfrutando, algo rarísimo de encontrar.
La función es un puro descojone, aunque si lo miras fríamente y apartas los componentes hiperbólicos de comedia, todos los personajes son seres heridos, desubicados y con bastantes problemas de autoaceptación e incluso de identidad. Pero es una comedia, y la verdad es que te partes el rabo de risa. Las situaciones y ciertos diálogos son dignos de Billy Wilder, la composición de los personajes, a pesar de ser algo gruesa, es brillantísima, funciona que te cagas y encima tiene un poso amargo que mola. Y los actores... acojonantes. Fran Calvo el pobre, lidia con los personajes más sosos pero demuestra que tiene tablas, arte, recursos y gracia como para hacer lo que le pongan por delante. Nacho Diago igual. Descojonante. Rebeca Valls es un portento de mujer. De entrada resulta... desconcertante. Pero con cada frase va demostrando que es una fiera corrupia y te atrapa enseguida. Sólo quieres que salga más y más. Fabulosa y divertidísima. Y lo de Óscar de la Fuente... qué quieres que te diga. Es un puro recital. Por supuesto, no tiene nada que ver con su trabajo en "Los nadadores nocturnos". Lo que hace aquí es portentoso. No para. Literalmente, no para. Hace de todo y todo bien. Asombroso. 
El único momento un poco crítico es hacia le final, cuando cambia un poco el tono y se empieza a jugar con el sentimiento de identidad, de individuo... Cuando se ponen serios... tiembla un poco el espectáculo. Pero vamos, eso por decir algo. 
Que eso, que no os lo perdáis, que te descojonas y ellos están soberbios. ¿Qué más quieres?