Soy un asiduo espectador de espectáculos de danza. Afortunadamente en Madrid hay ocasiones de ver danza. Es evidente que debería haber muchísimos más. Pero algo hay.
Siempre he pensado que cualquier expresión artística tiene que nacer de una necesidad. Bailar, cantar, hacer acrobacias, vivir en las palabras de otro... son actos antinaturales. Como seres humanos, nuestro código de comunicación es otro, más terrenal, más carnal, más cercano y más basicote. Comunicar cantando, bailando, tocando un instrumento es... raro. No es lo habitual.
A ver si me explico.
Actores, directores, escenógrafos, coreógrafos, iluminadores, vestuaristas, todos las partes vitales de un espectáculo necesitan una preparación, un planteamiento previo, a veces hasta unos estudios y siempre mucho, mucho, mucho trabajo previo. Pero músicos, cantantes, malabaristas, acróbatas, funambulistas, y bailarines NECESITAN una preparación muchísimo más exigente, continua y rigurosa. Años y años y años y años de curro en silencio, llevando su cuerpo al límite para ofrecernos algo único y especial. Nos regalan lo que los demás NO PODEMOS hacer. Eso nos fascina (o me fascina) de la música, del circo, del canto y de la danza. Que veo a gente hacer cosas extremas que yo jamás sería capaz de hacer. Son seres especiales. Hacen cosas especiales. Tocan fibras especiales. ¿O es que hay alguien que no haya roto a llorar escuchando un aria en concreto, o un solo de violonchelo, o viendo a un acróbata haciendo un numerazo en el mástil chino, o viendo bailar el paso a dos de "Espartaco"?
Todo ese trabajo duro, sordo, anónimo y gratuito de estos artistas no trasciende, es algo que parece que damos por hecho. Y sólo eso es de quitarse el sombrero y admirar de por vida. Son gente que sacrifican su entrenamiento y llevan su cuerpo al límite para regalarnos belleza.
Ese es el estado previo, el trabajo anterior. Luego viene en encuentro con el público. Si un autor, un director y un actor sienten la NECESIDAD de compartir y de que su voz sea escuchada y mirada por los otros, estos dioses con más motivo, puesto que su lenguaje además, es antinatural. ¿O no es antinatural cantar "Amore" durante cinco minutos? Antinatural pero primario. primitivo, impulsivo, racial. Quizá de las primeras cosas que uno hace sean bailar ( o moverse según siente los ruidos, la música y los estímulos externos) o intentar gritar, llorar y soltar la voz, o tratar de seguir un ritmo y producir sonidos armónicos con el sonajero o con un palo.
En esta reflexión en voz alta quiero ceñirme a la danza. Porque en estos días he tenido el honor de disfrutar de tres espectáculos y tres concepciones distintas de lo que es, de dónde nace y de a dónde quiere llegar la danza.
Los tres espectáculos nacen de una necesidad extrema de compartir dolor y asfixia. Y digo necesidad, de necesidad, del verbo necesidad. De que si no, te mueres.
Chevi Muraday y Paloma Sáinz-Aja necesitaban dar luz a las palabras de Paco Tomás. No hablo de la luz mágica y estremecedora de David Picazo, sino de sacar de la tumba a esos dos seres medio muertos, vengativos, necesitados el uno del otro, crueles, débiles, heridos y putrefactos. Si Chevi siempre baila porque no le cabe el cuerpo en el cuerpo, en esta ocasión ha arriesgado te diría que su serenidad para meterse en la piel de un moribundo, de un cadáver becketiano. Y lo ha hecho por pura necesidad. Porque no se puede vivir con eso dentro. Por eso hay que bailarlo. Y Chevi lo baila y lo llora.
Sharon Fridman en "All ways" necesita hablar en voz alta. Necesita decirnos que hay salida, que si sueñas y vuelas te puedes liberar. Que a pesar de todo lo que se cruce en tu camino, si miras al frente, respiras y confías, llegarás. Por eso desnuda a un puñado de seres perfectos y celestiales. Cuerpos bellos, desnudos, libres, con el morbo de una estatua clásica y la piel al aire, buscando horizontes. Por eso Melania Olcina, ese ser puro, transparente y frágil sonríe, cierra los ojos y danza como si estuviera poseída, como si bailara hipnotizada y en éxtasis. Por eso su sonrisa regala paz. Por eso salimos flotando y sintiendo que en el fondo la vida en bella.
La CND es un debilidad que tengo, eso es sabido. En Kamikaze han vuelto a colgar el cartel de NO HAY ENTRADAS (igual que Chevi y que Sharon, cuidado). Cada vez que actúan demuestran que a la gente le gusta la danza, que la gente quiere ver danza, que cuando hay danza se agotan las entradas. Por dios, que alguien se entere. ¡LA DANZA LLENA!
Aparte de que la CND necesita y merece urgentemente una sede, un teatro donde puedan bailar todos los días, no sé, Albéniz, Teatro de Madrid, Matadero..., la Compañía Nacional de Danza baila porque lo necesita. Porque el grupo de bailarines jóvenes que acaban de entrar en la compañía necesitan bailar. Porque si no las compartes, hay cosas que se enquistan. Porque los humanos necesitamos ver y sentir a Mar, a Aleix, a Seh, a Aída, a Isaac, a Elisabet, a Esteban, a Daan, a Anthony, a Cristina, a Álvaro, a Agnés, a Yanier...
El programa, aparte de repasar en sala varios trabajos habituales (como los sobrehumanos "Passing time" o "Polvo eres" de Juan Carlos Santamaría con unos Aída Badía y Erez Ilan grandiosos) presentaron varias coreos nuevas y prometedoras, como "Jián", "Odila", "Triple Bach" o "Absolutio". Cuatro maravillas.
En el ambigú del Kamikaze bailaron Agnés López e Isaac Montllor "Elogio del caminar". La verdad es que decir "bailaron" es falso. Isaac y Agnés no bailan. Viven. Ellos dos son el ejemplo perfecto de la necesidad. Bailan, danzan, respiran, miran, sufren, lloran, sonríen y viven por necesidad. La pieza es una auténtica maravilla de orfebrería fina, pequeña y delicada. Y ellos dos están tan llenos de dolor, de confusión, de búsqueda y de dependencia que necesitan que salga. Y sale danzando, dejando que el cuerpo lo exprese. Su necesidad se hace movimiento y su mirada se inunda de emoción. Porque los dos bailan con todo, bailan con el cuerpo, bailan con la mirada, esa mirada llena y pesada que taladra, bailan con su respiración, bailan con el aire que les rodea, bailan con el cosmos y bailan porque lo necesitan. Y a mí particularmente me llevan a sitios fabulosos e íntimos. Me dan ganas de saltar y abrazarles y revolcarme y dejar que mi cuerpo hable también (obviamente no como ellos, yo sería más bien el saco de patatas revolconas y sin gracia). Contagian lo que sienten, porque lo que sienten se les escapa por los poros y necesitan regalarlo. Ellos dos demuestran que las manos son el final del brazo, no una parte que va después de la muñeca. Y demuestran que bailar es lo que hay entre movimiento y movimiento. Los pasos son los pasos, pero bailar es lo de en medio.
Lloré con Melania, lloré con Chevi (como siempre) y lloré con Agnés y con Isaac. Porque cuando estos seres sacrificados, incomprendidos, maltratados y olvidados nos regalan su necesidad de explotar, uno sólo puede abrirse, dejarse hacer, dejarse querer, dejarse herir y echarse a llorar ante tanta belleza.
Los bailarines (o la gente que se expresa bailando) son seres especiales y sacrificados. Lo que hacen es único. Así que, señores que mandan y que programan, cuiden un poco más a estos currantes. Ellos se mueren creando belleza y nos la regalan. Y eso nos hace mejores.
Más danza, por dios.
Aquí podrás leer MI opinión sobre los espectáculos que voy viendo. Insisto en que es MI opinión, nada mas. No pretendo adoctrinar ni tener razón. Únicamente te contaré MIS razones para amar o amar menos lo que vaya viendo. El teatro son gustos y aquí leerás los míos. No soy crítico, solo necesito contarle al mundo el porqué de mis amores. Lo que puedes leer aquí es lo que yo he sentido al ver estos espectáculos. Ni más ni menos que mis sensaciones. Si a alguien le sirven, estupendo.
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sábado, 3 de febrero de 2018
La danza
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domingo, 10 de enero de 2016
Mi resumen de 2015
¿Es cosa mía o este año ha habido más "rankings" teatrales que nunca? No sé, chica, a mí me lo ha parecido. Y yo, como soy así, voy a hacer el contraranking. Vamos, que no voy a hacer un ranking de lo mejor del año. A ver, que me parece divino que los demás lo hayan hecho, e incluso yo he colaborado en alguno y encantado. Pero ahora quiero hacer mi resumen de otra forma. A veces parece que si un espectáculo no aparece en el ranking de los que escribimos (con más menos fortuna, más o menos criterio y más o menos alcance), a veces, digo, es como si no hubieran existido. Y bastante duro es tener que pasar la criba de ser el espectáculo que la gente elija de entre todos los espectáculos de todas las salas. Haber permanecido en cartel, haber tenido público y encima haber recibido críticas o comentarios buenos ya es bastante jodido como para encima tener que superar la prueba de estar en la lista de los "elegidos".
Yo este año tenía pensado pedirles a los Reyes Magos y a las Reinas Magas que desaparecieran las salas alternativas. Así, tal cual.
Me explico: no querría que cerrara ninguna, sino que querría que desaparecieran y pasaran a llamarse "salas de aforo reducido" o como dice el Convenio "salas de menos de 200 butacas". Desearía que dejaran de llamarse "alternativas". ¿Alternativas a qué? ¿A la oferta cultural institucional? Desearía que los teatros públicos hicieran caso de lo que pide una parte importante de los ciudadanos y dieran cabida a nuevos autores, nuevos directores, nuevas formas de narrar y nuevos espectros que cubrir. Desde las instituciones no se cubre esa necesidad y por eso se ha vuelto a llevar el teatro a la calle, a los rincones, a las salas alternativas. Alternativas a lo que ofrecen los teatros públicos.
Y mientras las salas pequeñas cubran esa sed de nuevas formas y nombres, les estaremos solucionando el problema a los políticos. Por eso mi deseo es ese, que las nuevas formas y nombres invadan por fin la oferta cultural institucional. Que dejen de intentar dinamitar desde los poderes a los ciudadanos mutilando la cultura y la educación. Que los políticos vuelvan a ser responsables y decidan promover el amor al arte y educar a seres críticos, pensantes y cultos. Y que las salas pequeñas dejen de ser alternativas. Que eso "alternativo" sea lo natural. Tanto como lo otro. Y que no se haga un evento anual rodeado de parafernalia Off para cubrir el expediente, porque entonces acabarán por cargarse lo alternativo.
Pido que bajen el IVA. Que descubran que la cultura es un bien de primera necesidad y una inversión, no un gasto. Y que la protejan, que no la capen.
Pido que la gente se conciencie de que la gente de teatro somos trabajadores. Que el teatro aparte de una pasión y de una razón de vivir, es un trabajo y se tiene que cobrar. Y se tiene que cobrar en condiciones. Y que aunque la ilusión, el amor por la profesión y la necesidad de dejarse ver es natural y respetable, tiene que ir unida a la dignidad. Y que un trabajo hecho de cualquier manera deja de ser un trabajo y se convierte en un hobby, en una afición.
Este año pasado he visto espectáculos que me han maravillado. He visto uno de los montajes más tristes, duros, oscuros y con mayor peso que yo recuerde. "El Rei Lear" dirigido por Lluís Pasqual y con Nuria Espert sacando de la raíz oscura del alma un grito tan desolado, ahogado y tenebroso que aún resuena en mi mente. He visto "La piedra oscura" y he visto a Federico. Y me he enfadado porque siga doliendo la "memoria histórica". La memoria es memoria y es de todos y no es histórica, es real. Cabrona, dolorosa, hijaputa y real. Y el recuerdo sana y da la vida. Y Messiez, Conejero, Grao y Sánchez son bellos y sabios.
He visto de nuevo que la danza es algo glorioso y una especialidad sacrificada, relegada y de una capacidad expresiva desmesurada cuando la hacen genios como Chevi Muraday o José Carlos Martínez y la CND. "Carmen", "Don Quijote" y "El cínico" tienen un lugar en la Historia.
He visto que Luis Luque disecciona como si tal cosa las partes más negras del alma humana y de sus pasiones y frenos. Tanto "El señor Ye ama los dragones" como "Insolación" son muestra de ello. Y de que si encima cuentas con magos de la talla de Mónica Boromello, Paco Bezerra, Luismi Cobo o Pedro Víllora la calidad se dispara hacia el infinito.
He visto que la crueldad y la dureza alimentan grandiosos espectáculos. "Elegy", "La clausura del amor", "Palabras encadenadas", "El plan", "No daré hijos, daré versos", "Darling"...
He visto que escribir un texto sólido, grande, rocoso y valiente es tener medio éxito garantizado: "No hay papel", "40 años de paz", "Fortune cookie"...
He visto que cuando una propuesta es sincera y honesta, el camino al corazón y a mover espíritus está asegurado: "Gira el mundo, gira", "Humpday", "La pechuga de la sardina", "Cosas que se olvidan fácilmente", "Our town", "A-creedores"...
He visto espectáculos malos. Malos de cojones. Horribles. Todos llenos de ganas y de buenas intenciones, eso sí. Pero fallidos. Para eso están los gustos.
He visto que si algo hay en este país es una cantera de actores y actrices dispuestos a dar su alma por este trabajo. Grandiosos actores todos y cada uno. Los que se dejan la piel y los que tiene la valentía de subirse a un escenario y enfrentarse a la vulnerabilidad y al juicio público y cruel. Y gentes, compañías, productores, técnicos, iluminadores, músicos, diseñadores de vestuario... que aman la profesión y lo dejan ver en sus trabajos.
El año ha sido glorioso creativamente hablando, salvo algunas excepciones. Hace poco leí un artículo de una compañera que reivindicaba el derecho al pateo, a no aplaudir, a mostrar que un espectáculo no te ha gustado para así diferenciar lo bueno de lo malo. Venga, vale. ¿Aceptamos el reto?
Año de grandes espectáculos, de mucho amor por el trabajo, de grandes textos, de grandiosas interpretaciones, de sólidas direcciones, de coreografías mágicas y bellas, de luces poéticas y secas, de prodigios y de pufos. Y ha sido un año de poco avance en socializar las voces nuevas, de invadir más el terreno, de un IVA cruel y demoledor, de ataques mortales a la educación, a la cultura y a la dignidad.
Yo me llevo un año de grandes montajes y de poco avance.
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martes, 22 de diciembre de 2015
El Cínico. Sala Margarita Xirgu, Teatro Español.
Los amantes de la danza estamos de enhorabuena estos días. Aparte del descomunal y merecidísimo éxito del "Quijote" de mi amada CND en la Zarzuela hay que añadir el tremendo logro de Chevi Muraday de estar actuando en el mismísimo Teatro Español.
Siempre lo digo, pero es que desgraciadamente sigue siendo verdad: la danza, junto con el circo, son las dos artes escénicas peor tratadas. Pero vamos, con diferencia. A falta de que tengan un trato mejor por parte de las instituciones y de los propios teatros, encontrar un espectáculo de danza en un teatro público es un logro apabullante. Hay que agradecer a Juan Carlos Pérez de la Fuente que haya querido contar con uno de los mejores coreógrafos e intérpretes del país, Chevi Muraday y le haya dado la oportunidad de actuar en el Español.
Pero es que Chevi es mucho Chevi. Y los cientos y cientos de horas de preparación, de sacrificio, de entrega, de ensayos agónicos acaban por dar sus frutos. La danza es la hostia. Tienes que matarte a ensayar, a preparar tu cuerpo, a llevarlo a límites, a exprimir sus posibilidades, tienes que dedicar media vida y casi toda el alma para sacar adelante un espectáculo que casi nunca se valora en la medida que se merece. Ya ni te cuento el trabajo y el proceso de idear, crear y elaborar un espectáculo como "El Crítico", posiblemente uno de los espectáculos de danza más bellos que se han visto en la historia de la cultura. Y fíjate que no sé siquiera si es correcto nombrarlo como espectáculo de danza. Porque danza hay, y sublime, pero hay música, música en directo encima, hay trabajo actoral, hay sentimientos, hay acrobacia, hay una dramaturgia, hay un tratamiento de la luz casi museístico, hay tantos elementos dramáticos y tantas disciplinas juntas que acotarlo a la palabra "danza" (con toda la inmensidad que esa palabra conlleva) es reducir su aspiración y su expansión.
El genio de David Picazo crea otro alarde de perfección (Return, Cenizas, En el desierto...) y crea un espectáculo brutalmente embrujador, absorbente y de una belleza hiriente y demoledora. Toma como punto de partida la figura de Diógenes de Sínope, un filósofo de la escuela cínica que renunció a todas las posesiones materiales en su búsqueda de la sinceridad, de la verdad y de la honestidad. El protagonista de esta eucaristía acumula recuerdos, deshechos, objetos, citas e intenta buscar donde no hay. Intenta hablar con la boca (dentadura) de otro, busca en los abrigos robados a otros intentando hallar un cobijo que no encuentra. Anota frases en papelitos quizá por si algún día su memoria se pierde; tapa la luz que da vida, desespera buscando en cajones, en armarios, en tazas, en horizontal y en vertical y entre la ropa con olor a otro. Y sobre todo escarba y deshecha la palabra bonita, la palabra encantada de conocerse. David Picazo cuenta con las palabras escogidas de San Pablo Messiez. Poco se puede decir. Pablo es la palabra pensada, la palabra única, especial, la justa, la pensada, la decisiva y la cambiante. Pablo es el amo de la palabra y lo que él escribe cobra vida. Existe. Magia. Inmejorable. Alessio Meloni crea un espacio embrujador. Picazo se encarga de crear unas luces que tienen personalidad. Quiero decir que casi son un personaje, tienen vida, cuerpo y dramaturgia. David Picazo es un genio y ya nos tiene acostumbrados a trabajazos de esta altura este mago de la luz y de la sombra. ¿O no me digas que los fogonazos de luz no dejan una huella como de retablo barroco en tu retina? La música es otro plato fuerte y los músicos, con Bárbara Bañuelos a la cabeza están fascinantes.
Y Chevi. Sale de las sombras y a las sombras vuelve. Exhibe su capacidad extrema de entrega, nos regala su sufrimiento, su prodigioso arte y su mirada "de llorar", nos suda, se vierte, va y viene, sube, baja, surge, respira, vive, desespera, muere por dentro, revienta, grita y nos retuerce el alma y los hígados de tal forma, que tienes que agarrarte a la butaca para no saltar y ayudarle a destrozar ese apartamento y a tirarlo todo por la ventana. Sinceramente lo digo, no conozco a ningún bailarín o intérprete global como es Chevi que tenga una capacidad de implicación mayor. Compromete su interior y te regala su exterior. Su carisma y su poder de traspasar al espectador con esos ojos limpios y esa mirada doliente es algo único y sobrehumano. Creo que en vez de bailar, lo que hace Chevi es dar cuerpo al espíritu de sus personaje y regalarnos por una hora cómo sería el mundo a través de los retortijones de Diógenes de Sínope. Espeluznante, aterrador, sublime. "Y que la piel se entienda con la piel".
Chevi debería ser una asignatura obligatoria para cualquier estudiante de arte. Por su capacidad infinita de generosidad escénica y por su descomunal labor pos darle a la danza el lugar que debería ocupar. En lo más alto del Olimpo de las artes escénicas. ¡Como para no estar en el Español!
viernes, 19 de junio de 2015
La casa de la portera
Las experiencias que nacen como una necesidad acaban siendo las más viscerales, sinceras y comunicativas del mundo. Martet y Puraenvidia sintieron la necesidad de crear su propio espacio. Y lo hicieron. Y nos regalaron no sólo ese bajo de Abades, no sólo esas dos habitaciones, no sólo esa "taquilla", esos cuadros, esa Duquesa de Alba, esa virgen doliente, ese reloj, esas puertas, esos suelos y esos ventanucos sino que nos regalaron un concepto estremecedor. Estremecedor y necesario.
Mi tío Eduardo y mi tía Josefa vivían en una portería. En realidad eran mis tíos abuelos y cada vez que íbamos a verles era como si entráramos en un mundo de rincones, de sombras, de huecos y de recovecos. La portería de Abades era exactamente igual. Yo entré por primera vez para ver esa obra de la que tanto se hablaba; "Ivan-off". Claro, ni puta idea de lo que me iba a encontrar. Pero nada más entrar y ver a Raúl Tejón ahí en medio, echándote encima su aliento, mi cuerpo se rajó, se me salieron por los suelos las tripas y así hasta hoy.
La clave del teatro, creo yo, está en "subir" al espectador al escenario, meterle dentro de la acción y hacerle partícipe de los sentimientos y tensiones de los personajes. Y eso exactamente es lo que podías vivir en "La casa de la portera". El sentimiento voyeur que uno lleva dentro explotaba brutalmente al verte sentado entre la madre y Axel, o entre Bárbara Lennie y Santi Marín, o entre Carmen Mayordomo y Fran Arráez. La verdad teatral se volvía necesidad y encima tú estaban en medio, eras el espía de sentimientos que siempre habías soñado. Esa inmersión emocional en las obras que allí se representaban era única. Y el subidón de adrenalina con el que salías no se quemaba con nada. Todo el que ha ido alguna vez a "La casa de la portera" ha salido tocado.
No contentos con eso, Martret y Puraenvidia han sido consecuentes con su pensamiento y se han escabullido de la tentación de llevarse el experimento por el lado comercial y empezar a meter textos populares, o elencos... famostes y cercanos. Y prefirieron apostar por valores sólidos pero menos "conocidos". Apostaron por la CALIDAD y metieron en sus habitaciones a los mejores. Los mejores autores, los mejores directores y los mejores actores. Muchos venían ya avalados por trabajazos enormes y no es que fueran unos "desconocidos", pero es cierto que desde su paso por Abades... ha habido un antes y un después. Como nombrar a gente es injusto por definición, mejor me corto, aunque me quedo con ganas. Pero estaréis de acuerdo conmigo en que por la casa ha pasado lo mejor de lo mejor. Y las listas de espera para pillar entrada eran por algo. Martret y Puraenvidia supieron llevar adelante su sueño. Y quizá sin saberlo estaban dando forma a NUESTRO sueño. Con el corazón en la mano te digo que en mi percepción del teatro y de la comunicación, hay un antes y un después desde aquella noche en la que entré a ver "Ivan-off".
Lo mismo que mi vida cambió cuando vi, olí, sentí y casi toqué a Raquel Pérez, a Raúl Tejón, a German Torres, a Luis Luque, a Carlos Be, a Fran Arráez, a José Padilla, a Codina, a Ana Rayo, a Rosa Mariscal, a Chevi, a Alberto Velasco, a Jorge Calvo, a Irene Arcos, a Santi Marín, Trinidad, Petra, Abel Zamora... tantísimos nombres... Y quizá por encima de todos ellos, ese auténtico bombazo que a día de hoy sigue y seguirá durante muchos años. El mayor pelotazo de "La casa". La apuesta más rompedora y auténtica. Esa joya indiscutible que es "Cerda" de Juan Mairena.
Lo dije una vez y lo repito. Gracias a los creadores, y a Pablo Martínez, por supuesto, por haberme salvado muchas noches de una vida triste. Por hacer de este mundo un lugar más bello y por llevar emociones puras, sinceras y cercanas a nuestros corazones. Gracias desde lo más profundo de nuestros corazones, porque la que nos habéis liado ya no nos lo quita nadie.
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sábado, 4 de octubre de 2014
En el desierto. Matadero.
Creo que ya lo he dicho más veces, pero insisto. De todas las artes escénicas, la danza es la más maltratada. La gente que se dedica a la danza necesita muchísima más preparación y durante mucho más tiempo que cualquiera. Y si encima te dedicas a la danza como un paso más allá de la expresión, ni te cuento. En ese desierto en el que está o al que quieren llevar a la cultura nuestros políticos burócratas con sus tarjetas negras y sus sueldos en B, se mueven y sobreviven la danza, los danzantes y los actuantes. Los revolucionarios que se/nos dedicamos a aquello llamado cultura, camuflados como los fasmatodeos para sobrevivir. Ya lo dice Chevi en ese prólogo dedicado a la belleza y en situar una obra maestra indiscutible, la Tosca de la Callas. Lo dice clarito: "no podemos dejar que privaticen esto" mientras te lleva al escenario, te hace partícipe de su reivindicación, te pone en su lugar y te muestra ese paisaje tan bello como la aurora boreal como es un patio de butacas.
Coño, que me lío. Pues eso, que la cultura vive en el desierto porque no le quedan más cojones y aunque vivamos en islas minúsculas, reconociendo que nos necesitamos y tirando los unos de los otros en determinados momentos, la única solución es camuflarse como Ernesto Alterio, su piano y sus amigos de gris. O correr hacia la oscuridad o buscar refugio como David Picazo y Sara Manzanos. O recordar cuando éramos mitos, cuando éramos estrellas, cuando se valoraba a los valientes que se dedicaban a la escena como hace la prodigiosa Maru Valdivielso y todos sus compañeros de negro. O vivir en el recuerdo como Pastora/Alberto Velasco, mito indiscutible. Todo menos dejarse vencer como Ana Erdozain. Hay que buscar soluciones, porque en este desierto al que nos han arrastrado, camuflados o no, debemos tratar de convertir los ruidos en música y no dejar de sonreír. Es fácil; sólo hay que llevar la comisura derecha de la boca hacia le ojo derecho y la izquierda al ojo izquierdo. Y si dejamos las luchas y las tensiones y juntamos todas nuestras islas y construimos un espacio común en el que vivamos todos juntos (apretujados, pero juntos), entonces todos volveremos a sonreír, a construir un escenario nuevo y a brillar como las luciérnagas.
El grupo de actores es asombroso y brutal de primer al último. Los que hablan, los que bailan, los que se derrumban, los que se desparraman, los que buscan y los que se arrastran. Que yo personalmente tenga debilidad por Alberto y por Maru es cosa mía, porque TODOS están brutales. Y si no... a ver qué me decís de la potencia de la mirada de Ana. Chevi es el demiurgo que junta todos estos talentos y el que consigue, como por arte de magia, que todo el conjunto sea prodigioso, terrorífico y tremendamente optimista incluso desde la oscuridad. Además Chevi tiene lo que yo llamo "ojos de llorar". Es un algo en la mirada que hace que a pesar de sonreír, por debajo te imagines esos ojos llorando. Quizá sea eso que no puede ocultar una mirada, una sensibilidad fuera de lo común, que hace que se escape entre sonrisas esa sombra de poder ver que esos ojos lloran. Lo mejor es que esa mirada es la que inunda todo su trabajo. Guillem Clua da una lección de cómo administrar los espacios, las luces, los ritmos y convierte esta danza de los espectros en un baile optimista. Fantástico. Fabulosa la música que inunda todo el escenario. David Picazo vuelve a dar una lección de cómo iluminar el fracaso. Pone luz donde sólo hay sombras y crea sombras donde sólo hay destrucción. Genial de nuevo. Emilio Valenzuela crea una escenografía fantasmagórica como salida de un cuadro. Islas mágicas y tristes, partes de un puzzle compuesto de mil deshechos humanos. Vestuario de Ana López Cobos y María Calderón que debería pasar a la historia. El figurín de Maru y el vestidazo de Alberto son antológicos. Por lo preciosos y por la fuerza simbólica que tienen. La producción de Amanda García, Luciana Pattin y Eva Marcelo asombrosa y toda una demostración de la importancia de una producción sensible y efectiva. Los textos de Guillem Clua y de (San) Pablo Messiez... en fin... son dos debilidades. Simbolismo, poesía, dureza, muerte, esperanza, todos los elementos que ayudan en este recorrido desde el desierto más inhumano y casi apocalíptico de un mundo con la cultura secuestrada y torturada y hacia la isla común de todos los que antes éramos estrellas y que debemos evitar que nos lleven definitivamente a morir sin sonrisa y dejándonos vencer en el desierto.
jueves, 10 de octubre de 2013
CENIZAS o Dame una razón para no desintegrarme. La casa de la portera.
Que soy un rendidísimo admirador de Alberto, de Chevi, de La casa de la portera y de San Pablo es cosa más que sabida. Y que Guillem Clua es de los dramaturgos más aclamados de los últimos tiempos es también algo evidente. Así que ir a ver un espectáculo con todos estos ingredientes juntos es casi casi tener el éxito asegurado. Pero claro, hay que hacerlo bien. Y que me perdonen los de "Ahora empiezan las vacaciones" pero ha sido la primera vez que me he puesto en pie para aplaudir en esta sala. Y si no lo hice en "Ahora..." fue más por vergüenza por tenerlos tan cerca que por otra cosa, jeje.
Mi amigo Jorge Calvo me dio una clave a la salida y con su permiso la voy a utilizar. La danza y los bailarines son, dentro del mundo de las artes escénicas, de los más generosos y sacrificados. Hay pocos locales de ensayo. No hay una jodía sala pública que más o menos programe habitualmente espectáculos de danza, etc... Son quizá, más que nadie, gente que trabaja por amor al arte y a lo que hacen. Chevi baila donde sea y como sea. Ha nacido para bailar y ama bailar. Alberto es una bestia escénica que hace lo que le pongas por delante. Y San Pablo Messiez está por encima de los seres humanos. Vive en una dimensión en la que es capaz de hacer poesía de un cepillo de dientes. O de un tenedor. Vive, busca y saca poesía más allá de las palabras y en una simple foto de Instagram hace una declaración de principios o te hace una oda a la tortilla de patatas en un nivel de trascendencia más allá de los significados. Tiene que ser incluso agotador vivir en ese plano en el que todo se vive por encima de la realidad y de la trascendencia.
Así que tenemos las piezas perfectas para hacer algo demoledor, rompedor, estremecedor y brutal .
Chevi y Alberto bailan, danzan a pocos centímetros de tus morros. Y lo hacen de puta madre. A pesar de que parezca casi imposible por las dimensiones del sitio, hacen un espectáculo de danza total. Lo que hicieron en microteatro ya era un reto, pero esto es acojonante. Bailan que te mueres, saltan, giran, brincan, estiran la pata, TODO lo que le puedas pedir a un espectáculo de danza. Y lo hacen envueltos en unas luces y unas proyecciones expresivas y dramáticamente geniales. La banda sonora es también genial y ayuda a crear el ambiente perfecto para que estos dos seres vivan, luchen, se amen y se odien. De los textos de San Pablo Messiez y Guillem Clua poco más puedo añadir. Alguien que es capaz de comparar a dios con un tenedor y que no te de la risa sino que te estruje el corazón, es que es un ser con un don más allá de la realidad. Y la belleza de las imágenes también vuela por encima de la estratosfera. Alberto es esposa, madre, amante, la señora Danvers, un ser minúsculo, un ser poderoso, mil cosas que cambian con un leve gesto. Chevi es bebé, esposo, amante, siempre con una mirada que un servidor no era capaz de sostener sin que se me cayeran las lágrimas.
Estremecedor y bello a unos niveles salvajes. Desde luego, que los de "La casa de la portera" son unos visionarios y han vuelto a acertar con una espectáculo que no sólo es de danza, sino que es la danza de la vida en las habitaciones de una portería. Yo maldigo al que se lo pierda. Va a estar el resto de su vida arrepintiéndose de no haber ido a que le retuerzan las gallinejas y los entresijos este racimo de gente sobrehumana. Un diez.
Mi amigo Jorge Calvo me dio una clave a la salida y con su permiso la voy a utilizar. La danza y los bailarines son, dentro del mundo de las artes escénicas, de los más generosos y sacrificados. Hay pocos locales de ensayo. No hay una jodía sala pública que más o menos programe habitualmente espectáculos de danza, etc... Son quizá, más que nadie, gente que trabaja por amor al arte y a lo que hacen. Chevi baila donde sea y como sea. Ha nacido para bailar y ama bailar. Alberto es una bestia escénica que hace lo que le pongas por delante. Y San Pablo Messiez está por encima de los seres humanos. Vive en una dimensión en la que es capaz de hacer poesía de un cepillo de dientes. O de un tenedor. Vive, busca y saca poesía más allá de las palabras y en una simple foto de Instagram hace una declaración de principios o te hace una oda a la tortilla de patatas en un nivel de trascendencia más allá de los significados. Tiene que ser incluso agotador vivir en ese plano en el que todo se vive por encima de la realidad y de la trascendencia.
Así que tenemos las piezas perfectas para hacer algo demoledor, rompedor, estremecedor y brutal .
Chevi y Alberto bailan, danzan a pocos centímetros de tus morros. Y lo hacen de puta madre. A pesar de que parezca casi imposible por las dimensiones del sitio, hacen un espectáculo de danza total. Lo que hicieron en microteatro ya era un reto, pero esto es acojonante. Bailan que te mueres, saltan, giran, brincan, estiran la pata, TODO lo que le puedas pedir a un espectáculo de danza. Y lo hacen envueltos en unas luces y unas proyecciones expresivas y dramáticamente geniales. La banda sonora es también genial y ayuda a crear el ambiente perfecto para que estos dos seres vivan, luchen, se amen y se odien. De los textos de San Pablo Messiez y Guillem Clua poco más puedo añadir. Alguien que es capaz de comparar a dios con un tenedor y que no te de la risa sino que te estruje el corazón, es que es un ser con un don más allá de la realidad. Y la belleza de las imágenes también vuela por encima de la estratosfera. Alberto es esposa, madre, amante, la señora Danvers, un ser minúsculo, un ser poderoso, mil cosas que cambian con un leve gesto. Chevi es bebé, esposo, amante, siempre con una mirada que un servidor no era capaz de sostener sin que se me cayeran las lágrimas.
Estremecedor y bello a unos niveles salvajes. Desde luego, que los de "La casa de la portera" son unos visionarios y han vuelto a acertar con una espectáculo que no sólo es de danza, sino que es la danza de la vida en las habitaciones de una portería. Yo maldigo al que se lo pierda. Va a estar el resto de su vida arrepintiéndose de no haber ido a que le retuerzan las gallinejas y los entresijos este racimo de gente sobrehumana. Un diez.
lunes, 17 de junio de 2013
Titanium. Canal.
Igual es porque los días anteriores había visto cosas que no me habían gustado, pero Titanium me decepcionó un poco.
Y mira que soy superfan de Chevi Muraday, pero no me hizo ponerme en pie, como a casi todo el público que estuvo el sábado en Canal. Está claro que el problema es mío.
Visualmente es muy chulo. Luces inteligentes y expresivas, escenografía que funciona, imágenes impactantes e incluso alguna brutal... Pero con todo y con eso, chico, me faltó algo. Me gustaron bastante Rojas y Rodriguez, sobre todo Rojas, Manuel Liñán bien, y los hiphoperos lo hicieron bien. Quizá estos un poco como desganados. Sólo había uno, aunque no sé su nombre, que sí se entregaba realmente a tope. Pero los otros dos estaban como desganados, a medio gas. Y mención aparte para el chico este de las acrobacias. Es un genio. Nos dejó a todos con la boca abierta.
El año pasado vimos "Cambio de tercio" y mejor me callo la opinión. Este "Titanium" está bien, se deja ver, tiene momentos chulos, pero al final es un poco una lucha entre flamencos y modernos tipo "a ver quién liga con quién". Aclaro que a mí el hip hop no me gusta, y a pesar de que el espectáculo es chulo visualmente y que entiendo que la gente se desgañitara gritando "bravo", a mí me pareció bastante choni. También es verdad que el toque gay que tiene me pareció curioso y gracioso.
Y mira que soy superfan de Chevi Muraday, pero no me hizo ponerme en pie, como a casi todo el público que estuvo el sábado en Canal. Está claro que el problema es mío.
Visualmente es muy chulo. Luces inteligentes y expresivas, escenografía que funciona, imágenes impactantes e incluso alguna brutal... Pero con todo y con eso, chico, me faltó algo. Me gustaron bastante Rojas y Rodriguez, sobre todo Rojas, Manuel Liñán bien, y los hiphoperos lo hicieron bien. Quizá estos un poco como desganados. Sólo había uno, aunque no sé su nombre, que sí se entregaba realmente a tope. Pero los otros dos estaban como desganados, a medio gas. Y mención aparte para el chico este de las acrobacias. Es un genio. Nos dejó a todos con la boca abierta.
El año pasado vimos "Cambio de tercio" y mejor me callo la opinión. Este "Titanium" está bien, se deja ver, tiene momentos chulos, pero al final es un poco una lucha entre flamencos y modernos tipo "a ver quién liga con quién". Aclaro que a mí el hip hop no me gusta, y a pesar de que el espectáculo es chulo visualmente y que entiendo que la gente se desgañitara gritando "bravo", a mí me pareció bastante choni. También es verdad que el toque gay que tiene me pareció curioso y gracioso.
lunes, 20 de mayo de 2013
Contrarios comunes. Microteatro.
Empecemos diciendo que el sitio no me vuelve loco. Creo que el concepto de hacer "teatro" en cualquier sitio, está bien, pero reducirlo tantísimo tanto en espacio como en duración, hace que más que teatro estés viendo sketches. No sé, no me ha convencido de momento. Por supuesto, nada que ver con templos del teatro como "La casa de la portera".
Hasta ayer que vimos "Contrarios comunes". Lo flipé. Claro que ir a ver a alguien como Chevi Muraday es una apuesta segura, pero montarse una historia con un contenido interesante y encima hacer un espectáculo de danza tal cual en metro y medio por dos metros tiene un mérito que te cagas. Tanto Chevi Muraday como Alberto Velasco están fabulosos. En la parte interpretativa y en la "danzísitca" (¿existe ese palabro?). A ver, la historia tampoco es que sea el descubrimiento del siglo, pero cumple lo que tiene que cumplir. Es interesante, te tiene pillado y lo que dice mola y es verdad. Nada más y nada menos. Y en cuanto a la danza... sacan un partido impresionante a un espacio tan reducido y crean imágenes y una complicidad que no se puede pedir más. Chevi, un genio. Y a los dos, gracias por el buen rato que pasamos. Ah, confieso que mentí. Sí me gustan las judías verdes.
Hasta ayer que vimos "Contrarios comunes". Lo flipé. Claro que ir a ver a alguien como Chevi Muraday es una apuesta segura, pero montarse una historia con un contenido interesante y encima hacer un espectáculo de danza tal cual en metro y medio por dos metros tiene un mérito que te cagas. Tanto Chevi Muraday como Alberto Velasco están fabulosos. En la parte interpretativa y en la "danzísitca" (¿existe ese palabro?). A ver, la historia tampoco es que sea el descubrimiento del siglo, pero cumple lo que tiene que cumplir. Es interesante, te tiene pillado y lo que dice mola y es verdad. Nada más y nada menos. Y en cuanto a la danza... sacan un partido impresionante a un espacio tan reducido y crean imágenes y una complicidad que no se puede pedir más. Chevi, un genio. Y a los dos, gracias por el buen rato que pasamos. Ah, confieso que mentí. Sí me gustan las judías verdes.
domingo, 17 de marzo de 2013
Return. Matadero
A estas alturas deberíais saber que soy un enfermo de una buena iluminación y un mitómano. Marta Etura me ha gustado siempre y me dió coraje que lo de la pequeña del Español fuera flojillo. Pero hoy me he reconciliado con esta señorita y conmigo mismo.
Iba, lo confieso, un poco reticente. "A ver esta chica cómo baila. Que muy buena actriz, pero meterse con la danza..." Pues me meto mis palabras por el culo y me descubro ante ella. FABULOSA es poco. Ha estado maravillosa.
El espectáculo es bellísimo. El tema del amor, clásico y tópico, visto desde un punto de vista maduro e inteligente. Pablo Messsiez es un poeta sufridor y disfrutador del amor y eso se nota en cada palabra. Visiones del amor polidoloroso y polivivo desde un corazón que sabe lo que siente. Poesía pura. Cuando en un espectáculo de danza se habla suele ser un poco pedo. La gente sabe bailar pero hablar es otra cosa (menos Carmen Werner, que todo lo hace bien y por tol morro). Pero claro, si la que habla es doña Marta Etura, derrocha inteligencia y sabiduría en cada palabra.
Toda la primera parte es divertida, ágil, donde sobrevuela el amor alegre y vivo del principio. Y la segunda parte, con el amor problemático, el no correspondido, el dominante, el fin del amor... es una auténtica obra maestra con momentos bellísimos. Esos objetos descendiendo sobre esa mesa/cárcel crean un efecto entre barrotes de prisión y película codificada que le da aún mayor dramatismo a lo que vemos.
Marta Etura baila, y baila que te cagas. Y Chevi Muraday por supuesto también. Él es fabuloso y no voy a descubrir ahora América. Cojonudos los dos.
Y las luces... brutales, geniales, dramáticas a más no poder y creando una progresión dramática en toda la función que flipas. Así se ilumina un espectáculo, joder. Bravo, David Picazo.
Si podeis... id a verlo, pordiossss.
Iba, lo confieso, un poco reticente. "A ver esta chica cómo baila. Que muy buena actriz, pero meterse con la danza..." Pues me meto mis palabras por el culo y me descubro ante ella. FABULOSA es poco. Ha estado maravillosa.
El espectáculo es bellísimo. El tema del amor, clásico y tópico, visto desde un punto de vista maduro e inteligente. Pablo Messsiez es un poeta sufridor y disfrutador del amor y eso se nota en cada palabra. Visiones del amor polidoloroso y polivivo desde un corazón que sabe lo que siente. Poesía pura. Cuando en un espectáculo de danza se habla suele ser un poco pedo. La gente sabe bailar pero hablar es otra cosa (menos Carmen Werner, que todo lo hace bien y por tol morro). Pero claro, si la que habla es doña Marta Etura, derrocha inteligencia y sabiduría en cada palabra.
Toda la primera parte es divertida, ágil, donde sobrevuela el amor alegre y vivo del principio. Y la segunda parte, con el amor problemático, el no correspondido, el dominante, el fin del amor... es una auténtica obra maestra con momentos bellísimos. Esos objetos descendiendo sobre esa mesa/cárcel crean un efecto entre barrotes de prisión y película codificada que le da aún mayor dramatismo a lo que vemos.
Marta Etura baila, y baila que te cagas. Y Chevi Muraday por supuesto también. Él es fabuloso y no voy a descubrir ahora América. Cojonudos los dos.
Y las luces... brutales, geniales, dramáticas a más no poder y creando una progresión dramática en toda la función que flipas. Así se ilumina un espectáculo, joder. Bravo, David Picazo.
Si podeis... id a verlo, pordiossss.
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