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miércoles, 12 de marzo de 2014

Los cuatro de Düsseldorf. El Sol de York.

Hay quien habla de esta función en términos como "obra comercial pero con la que te ríes" o "teatro comercial pero del bueno". Sinceramente no sé qué quiere decir eso. ¿Algo comercial es malo y hay que salvarlo con "peros"? ¿Es malo que una función sea comercial? ¿Qué es ser comercial? ¿Que está pensada para dar dinero? Pues como todas, supongo. ¿O alguna se monta para perder pasta? ¿No querrá decir quizá que es una función cómica con no demasiado mensaje o con un mensaje no demasiado enrevesado? Pues bueno, puede. Desde luego lo que es es una comedia descacharrante con su mensaje y todo. Su poquito de crítica y de tocahuevos. Porque en esta función todos son crueles y manipuladores. Cada uno con lo suyo. El pobre "custodio de documentos" o conserje de toda la vida, tortura a sus empresa y a su "jefecillo" con dando lástima y amenazando. El jefe explota a ese moribundo y sufre la tortura de su novia (de dos semanas) con la que se ha ido a vivir hace na. Ella le tortura a él, le miente y le oculta el sorpresón final. Al custodio le tortura la de las fotocopiadoras, que también tela. Aunque en el fondo... cada uno da al otro lo que el otro necesita. Un lío, vamos.



Buen ritmo, quizá un pelín cansino hacia el final. Peor muy vodevilesco. No paran y eso le viene bien a la función. 
Podría estar un poco mejor iluminado, pero bueno, funciona. Y lo que mejor funciona es el reparto. 
Mon Ceballos está brutal. Me descojonaba con él. Tiene un ramalazo para la comedia de auténtico maestro. Fabuloso cómo va y viene de estados y de emociones. Vale que es una comedia, pero cualquier cambio, por brusco que sea, debe estar justificado y su cara justifica absolutamente todo lo que le pasa. Me encantó. Me lo llevo a casa. Y me encantó Helena Lanza. Tiene gracia y arte paburrir. Es una bestia tanto en lo cómico como en su registro más dramático. Me gustó muchísimo.
En resumen. Interesante espectáculo. Mon Ceballos y Helena Lanza fabulosos y un texto que demuestra que José Padilla domina también este género. Texto bien llevado, bien escrito, con situaciones muy bien medidas  y unos "tempos" lógicos" y atractivos. Sin duda, uno de los mejores autores que tenemos y que tendremos. 

lunes, 16 de septiembre de 2013

La cama. El sol de York.

Lo digo desde ya, este comentario tiene mogollón de spoilers. Vamos, que es un puro spoiler. Si no has ido aún, no leas, y si ya lo has visto, entonces puedes seguir tranquilamente.
A ver, dependiendo de lo que uno considere "teatro" esto lo es o no. Si "teatro" es ver a unos actores recreando unos personajes para contarnos una historia...en fin, como que no hay mucho personaje ni mucha historia (dramáticamente hablando). Si "teatro" es un espectáculo que te sumerge en otro mundo o en otra realidad... entonces sí. Como para mí no es eso, personalmente lo definiría más bien como "experiencia sensorial" o "viaje emocional". Aclaro que hay muchos espectáculos de danza o de circo por ejemplo que tampoco cuentan una historia. Eso no quiere decir que no entren dentro de las artes escénicas. No lo digo por criticar, sino por ubicar.



Dicho esto, la compañía Teatro en el Aire nos conduce desde la sala de bienvenida, a través de un  juego hasta la sala de las camas atravesando lo que ellos definen acertadamente como "una gran matriz blanca". Yo preferí disfrutar del espectáculo con los ojos cerrados. A través de cancioncillas suavecitas, sábanas con olor a vainilla y gestos delicados te van transportando por distintos universos. Es como si te comieras todas las galletas y las setas de Alicia una detrás de otra. Pasas por la cama de un bebé, a la "cama" de un sin-techo, a la cama de un moribundo, a la cama de un crío, a la cama de un polvazo o a la cama de una parturienta. Yo, personalmente, volé con algunas pero otras me dejaron un frío. Particularmente el polvo y el parto. Razones evidentes. También, debido a la oscuridad, me llevé unos cuantos pisotones. Así que, reconozco que a la media hora empecé a desconectar de ese mundo onírico, abrí los ojos y me dediqué a "ver" el espectáculo. Vamos, que ese "tripi onírico" me enganchó al principio, pero luego me enganchó menos de lo que yo mismo habría querido. Con todo y con eso, la experiencia es muy curiosa, y si vas con la mente de un niño, como decían ellos "si cierras los ojos estando enojado, no verás las estrellas, pero si cierras los ojos alegre, las verás todas".  

sábado, 25 de mayo de 2013

"Muda" de Pablo Messiez. El Sol de York.

Que al entrar en la sala te reciba un pobre hombre canturreando canciones de su tierra y dispuesto a ahorcarse ya te está marcando de qué va la cosa. Empezamos con el listón arriba de cojones.
Aclaro que no me he colado. He puesto como título "Muda de Pablo Messiez" porque para mí ese es el título real. Esta como pocas es una obra de autor e incluso en su título debería remarcarse la autoría. Autor no como escritor, sino como creador, como pensador, como médium entre el corazón y la palabra. Y como él no va a cambiar el título, lo cambio yo.
La sala es ingrata. A ver, el concepto mola todo, el sitio es chulo, cómodo, la gente maja, y enseguida se ha convertido, merecidamente en una de las principales salas de Madrid. Pero es ingrata. El escenario es jodido. Pero en este caso hasta viene bien. Las "columnotas" ayudan a la historia, y ese aspecto desvencijado acentúa el "espíritu" de la función.
Y vamos al lío. Tras el recibimiento del suicida, siguiente acierto. Fundidos a blanco. No a negro, no, a blanco. ¿La realidad dada la vuelta? ¿La luz es lo ajeno y las sombras lo que realmente importa? Ya sé que no es un elemento nuevo, pero aquí es también un hallazgo. ¡¡Y llevamos medio minuto de función!!
Los actores pasan impunemente por los laterales antes de incorporarse a la acción. Por tol morro. Pues sí, por qué no. ¿Acaso no sabemos que es falso, que es una obra de teatro y que esos actores en realidad están interpretando unos papeles? Pues eso. Y aparecen tres personajes que poco a poco nos van a desvelar sus capas, sus soledades, sus intentos de compartirlas, sus secretos, sus miedos. Todo con prácticamente monólogos. El interlocutor es mudo, no responde, e incluso casi ni gesticula, así que, como si fuera una terapia, empiezan a vomitar poco a poco lo que les pasa. Genial idea y gran problema de dramaturgia poder conseguir que ese proceso sea natural.  Y descubres poco a poco que bajo sus trajes mundanos se esconden tragedias y miedos que inundan de soledad el teatro. Son tres seres solos que deseas que acaben uniendo sus soledades aunque no sepas cómo lo van a conseguir. Y lo hacen con un hecho casi folletinesco, de culebrón, pero otra vez más, Messiez lo hace de tal forma que en vez de pensar "anda, majo, te has pasao", lo asumes con tanta naturalidad que se te encoge el corazón. Y las cosas como son, plantarte por tol morro un canción de Nina Simone y tenerte de pronto tres minutos con la lágrima colgando e hipnotizado en ese momento tan crítico para la paciencia del espectador, es de ser un genio. Y en esos tres minutos de canción, ni una tos, ni un carraspeo, todos en nuestras butacas acurrucándonos y queriendo un abracito. Hay que ser muy bueno para hacer eso.



Y los actores... qué digo yo ahora. Oscar Velado. En un principio no parece que tenga mucha enjundia su personaje. Es lo que es. Pero en sus monólogos vas descubriendo a un ser solo, lejos de sus raíces, frágil, y en la escena de la anécdota del jabón y el padre te quieres morir del gusto. De los momentos más mágicos de la función. Mi padre murió hace años, y mi relación con él está en un plano irreal que me hizo entender exactamente lo que decía Oscar. Y te dan ganas de subir al escenario y abrazarle. Fabuloso de principio a fin. 
Marianela Pensado es una bestia. Sus silencios, sus gestos, sus miradas, cómo escucha, cómo habla, como mira, cómo toca las cosas... brutal.
Y Fernanda Orazi. Marca un personaje a un paso de la farsa en toda la primera parte. Es una mujer sola, presa de la verborrea para ocultar sus faltas. Increíble cómo habla en todo el principio. Habla a toda pastilla, pero no atropelladamente ni de forma histérica, sino con una verborrea natural que enmascara lo que realmente le pasa. Un silencio con ella sería un hueco por el que entraría sus auténtica realidad, su soledad, su mirarse en el espejo del subte y verse fea, gris, débil y sola. Y eso sí que no. Por eso habla. Y en un tobogán emocional pasa de ese tono al drama profundo y de entrañas y te deja helado. Ese alud emocional que sufre Fernanda sólo lo hacen natural y creíble las más sabias actrices.
Bueno, no voy a insistir en mis debilidades por Monsieur Messiez, por la Orazi, y desde ahora por Marianela y por Oscar, porque va a parecer que me pagan por decir estas cosas. Solo digo, que cualquiera que tenga un mínimo de corazón, que sepa lo que es sentirse solo y que se arrugue escuchando a Nina Simone, debe ir a "El Sol de York" ya mismo.

domingo, 12 de mayo de 2013

Claudio, tío de Hamlet. El Sol de York.

Visitar una sala nueva siempre es motivo de alegría. En estos momentos, tener el arrojo de invertir pasta en crear un espacio así es de amar la profesión y mientras no demuestren lo contrario, es también motivo de celebración y de apoyo.
El espectáculo tiene cosas muy chulas y otras un poco... cutrecillas o no muy bien resueltas. Hay que tener en cuenta que el espacio limita y que no deja de ser un montaje "menor" en cuanto a medios. Bonito juego de espejos, escenas bien resueltas y ritmo bastante certero. La muerte de Ofelia, por ejemplo, siempre es bella, y en este caso también. Preciosa, con dos elementos pero muy bien empleados. Quizá no terminan de funcionar del todo algunos cambios y los cambios de personaje. Pero en general está todo bien resuelto. Sin tirar cohetes tampoco, simplemente bien. Y funciona.
Los tres actores están muy voluntariosos y eso es de agradecer. Sobre todo si tienes un público de  doce personas. Y no digo ninguna tontería. He visto hace no mucho una función en la que éramos pocos, y los actores torcieron el morro y se dedicaron a pasar texto. De todas formas, con tan poco público es muy jodido que se cree magia. Una lástima. A pesar de su gran trabajo, los tres actores están en registros y resultados dispares.  Eduardo Mayo está muy voluntarioso y lo que hace lo hace bien, pero no me terminó de transmitir todo lo que él quería. Verónica Ronda tiene un registro afectado que no es mi preferido, pero consigue estar mejor como Ofelia que como Gertrudis. Y alguno de sus cambios resultaban confusos. Y Ernesto Arias es evidentemente un gran actor. Pero la sensación que tuve con él era de que "tiraba" demasiado el texto, y a pesar de querer darle naturalidad a su interpretación, lo que consiguió conmigo fue sentir como que todas las escenas eran de transición, y que en la siguiente escena iba a haber un pico. Quiero decir, que parecía que la escena importante iba a ser la siguiente. Y así casi toda la función.  De todas formas, aplaudí con ganas el trabajo de los tres, porque se lo merecían.



Lo que sí que no me convenció fue el texto. Tanto en "Los últimos días de Judas Iscariote" como en "Juicio a una zorra" no se altera la historia. La historia es la que es, todo depende de "quién cuente la historia". En las dos obras, sus protagonistas cuentan su punto de vista de los mismos hechos, que son lso que son. Simplemente ( o no tan simplemente) te cuentan su "relectura" y reinterpretan los hechos. Aquí sí se inventan hechos que ni siquiera son históricos, sino que están basados en un texto teatral. Alterar de esa forma unos hechos "creados" me parece una licencia que valdría si estuviera bien resuelta, pero, por ejemplo (spoiler) el embarazo de Ofelia da un enfoque a la acción que no tiene nada que ver con la historia original.
Vamos, que tocar un texto como "Hamlet" es osado. Y si sale bien, guay, pero si no sale bien, como que no mola. Y la historia que me contaron anoche a mí no me funcionó. No es la de mi Hamlet.