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sábado, 5 de octubre de 2019

El caserío. Teatro de la Zarzuela.




El maestro Miquel Ortega lo explicó perfectamente hace un tiempo. Se llama "género chico" no a las obras menores, a las casposas, a las modestas y mucho menos a las zarzuelas como género. Denominar "género chico" a una zarzuela es un error. La diferencia entre el "género chico" y el "género grande" está en la duración de las obras. "Chico" son las obras en un acto que no pasan de una hora de duración y "grande" las de dos actos o más y lógicamente, mayor duración. En el caso de "El caserío" hablamos de "género grande" no solo por propia definición (tres actos y hora y tres cuartos de duración) sino, metafóricamente por su dimensión artística. Quiero decir, que estamos ante un espectáculo grandioso. Sé que la definición no es correcta, pero uso la figura para elevar mis elogios a esta producción. Técnicamente es "género grande" y es grande en cuanto a resultado. Si en otros medios leéis algún comentario mío hablando de "género chico" y grandeza, es por seguir usando la figura, pero la definición del maestro Ortega es inapelable. Y si a continuación vuelvo a usar ese término, será de forma incorrecta pero siempre apelando a la figura.

Daniel Bianco lo tuvo clarísimo cuando se planteó este espectáculo hace años, cuando se gestó. Y así se lo ha vuelto a plantear al recuperar ese mismo montaje para abrir esta nueva temporada del Teatro de la Zarzuela. 
Pleno. 



Para darle el fuste necesario, Bianco cuenta con un maestro indiscutible, internacionalmente reconocido y musicalmente sabio. Juanjo Mena se pone al mando musical y consigue que la ORCAM, que suele sonar de maravilla, lo haga de forma gloriosa. Creo que nunca les he escuchado tan empastados, tan cómplices unos con otros y con un sonido tan sólido, compacto y denso. Quizá un pelín intensos en algunos acompañamientos, pero sonando siempre wagnerianos, sólidos y emocionalmente vibrantes. Tengo entendido que es la primera vez que trabajan con una partitura completa para orquesta y se nota que la batuta sabia del maestro les ha hecho sentirse cómplices, y transmiten todos ellos que están trabajando en lo mismo y para lo mismo. 
La mezcla de partes veristas con otras partes de música tradicional, las danzas y toda la mezcla musical es muy, muy complicada. Pero ahí demuestra Guridi su grandeza al componer una partitura tan maravillosa como esta en una época en la que el conocer las tendencias, las formas y los parámetros de composición en el resto del mundo eran complicado. Musicalmente es una gozada autentica y nos regala una obertura preciosa, unos dúos bellísimos y otros originales y graciosos y unas romanzas inolvidables. 



La escenografía del propio Daniel Bianco representa la puerta de entrada de Sasibil, el caserío del tío Santi y el frontón de Arrigorri. En ese frontón, convertido en ágora donde el pueblo se reune para debatir, juzgar, criticar, observar, crear y acabar con todo lo que pasa en ese pueblo. Un auténtico coro griego vigilará en todo momento los movimientos de los amantes. Bellísimo trabajo de Bianco en esta coproducción de 2011 entre el Arriaga y el Campoamor. Insisto; 2011.  
El coro resulta tan solvente como siempre, cantando de maravilla y escénicamente entregados, aunque sigue notándose que alguna miembra tiene un nivel de entrega justito. 
El vestuario de Jesús Ruiz es precioso y detallista y la iluminación de Juan Gómez-Cornejo es interesante y colorida.
La compañía Aukeran Dantza nos regalan unas danzas vascas inmejorables. Coreografiadas por Eduardo Muruamendiaraz, aportan el toque tradicional que hace que el nivel artístico se dispare a la vez que lo hace el entusiasmo en el patio de butacas. 



Itxaro Mentxaka como Eustasia encabeza un elenco de lujo. Despliega una vis cómica de gran actriz y se mete al público en el bolsillo desde el minuto uno.
Ana Cristina Marco está graciosa como Inosensia y aunque su timbre y su forma de cantar me descolocan un poco, escénicamente está impecable. Jorge Rodriguez-Norton, aparte de tener uno de los timbres más personales, únicos y preciosos del mundo mundial, es un actorazo y siempre lo demuestra. Su Txomin es divertido, fantoche, farsesco y amoroso. Genial, como siempre. 
José Luis Sola es José Miguel. Sola tiene infinidad de recurso vocales; canta bien y canta bonito y fácil  y aunque su timbre también me desconcierte a veces, cumple vocalmente con muuuuucha facilidad su cometido. Escénicamente le noto envarado, algo tieso y no demasiado convincente.
José Antonio López está asombroso. Tiene una voz prodigiosa de timbre hermoso y una técnica arrolladora. Y escénicamente tiene buena presencia y se mueve por el escenario con libertad y soltura. Grande. 



Y Carmen Solís es Ana Mari. A estas alturas de mi vida y de la vida del planeta no es ningún secreto mi debilidad por esta soprano extremeña. Pero es que no es pa menos. Anoche cantó como una diosa, con una amplitud de registro de flipar, con unos graves rellenos y profundos, unas notas medias infinitamente bellas y con unos agudos fáciles, perfectamente afinados y con un brillo, una potencia y una soltura que te dejan muerto de placer. Canta como quiere y canta como si nada, como si fuera su forma natural de expresarse. Y escénicamente es un actrizón. Sobria, dulce, serena y con halo de estrella. Tiene una calidad infinita como artista total y un carisma en el escenario que te hipnotiza. Deberían nombrarla Patrimonio de la Humanidad, porque es de esas joyas que no nos merecemos. 

El otro elenco (no diré primero ni segundo, porque ambos son inmejorables) seguro que también hace un trabajo de quitar el hipo. Con nombres como Ángel Odena, Raquel Lojendio o Andeka Gorrotxategui acompañados de Marifé Nogales y Pablo García-López el resultado sólo puede ser MARAVILLA. 

Estuve viendo "El caserío" con mi amiga Mari Carmen. Vasca, ochenta y pico años, vecina de Conchita Panadés y con la zarzuela metida en la sangre. De hecho sus sobrinos se llaman José Miguel y Ana Mari. Y salió emocionada y encantada con el montaje. NO digo más. 


En breve termina el contrato de Daniel Bianco. Rezo, suplico y me arrodillo pidiendo que por nuestro bien, se lo renueven. No sólo porque vende tooooodas las entradas de toooodos los espectáculos que programa, sino porque su visión global de la dimensión de los espectáculos va más allá de las funciones. Arriesga, busca, extiende, propaga, contagia AMOR  por el género y busca la complicidad de todos. Ama lo que hace, y ese amor supura en cada actividad del teatro. 
Empezar la temporada con un espectáculo como "El caserío" es un regalo. 
    




















          

martes, 13 de noviembre de 2018

La casa de Bernarda Alba. Teatro de la Zarzuela.

Federico García Lorca es es autor de "La casa de Bernarda Alba". Él escribió la obra teatral.
Esta Bernarda que podemos ver en la Zarzuela tiene más autores. Lorca, Miquel Ortega y Bárbara Lluch. Y de refilón Rubén Fernández Aguirre. Pero vayamos por partes. 



Lorca veraneaba con su familia en una casa que alquilaban en Asquerosa, un pueblo que obviamente cambió su nombre por Valderrubio. Frente a esa casa vivía una tía de Federico. Al otro lado de un muro delgadito y compartiendo pozo vivían Frasquita Alba y sus hijas. Lorca escuchó cientos de discusiones de Frasquita con sus hijas. Incluso en Asquerosa se contaba una historia bastante parecida a la del hijo de La Librada. Y según contaban, las vecinas el pueblo coreaban por las calles el famoso "carbón ardiendo en el sitio de su pecado". Por si fuera poco, la tía de Federico le contó que en una ocasión ella misma se puso varios vestidos de fiesta que le acababan de coser para dar a Frasquita en los morros tras una discusión de las que llegaban por el patio. Y como remate, el propio Lorca deja claro al comienzo de su obra que "el poeta advierte que estos tres actos tienen la intención de un documental fotográfico". 
Personalmente siempre he creído que un director, cuando decide enfrentarse a un trabajo, toma las decisiones que cree y que le dan la gana. Luego nosotros, espectadores, nos dejaremos tocar o no por esas decisiones, pero la decisión es siempre del director. Bárbara Lluch a decidido seguir las indicaciones de Lorca y recrear un documental fotográfico, llevándonos a una recreación realista (todo siempre tamizado) del patio de la casa de Bernarda. 
Bueno, que me lío. Comenzaré por el principio. 



Rubén Fernández Aguirre es no sólo un pianista con una carrera deslumbrante sino un ser con una inteligencia, una cultura y una sabiduría sólo comparable con su humildad y su carisma. Ah, incluso a tocado en conciertos en los que Lorca ha sido eje central. Bueno pues este ser fue el primer y principal instigador de este proyecto. Si a alguien hay que "culpar" es a Rubén. No sólo eso, sino que en un momento dado del proceso de ensayos, Rubén vio claro que sería mejor para el proyecto si el propio Miquel Ortega se hacía cargo de la dirección musical y en un acto de generosidad envidiable, dejó la batuta en manos de Ortega y él se quedó sentado al piano. ¿Cuánta gente haría algo así pensando en el bien del espectáculo y cediendo el "honor" el lugar de honor en el cartel y en la prensa? A Daniel Bianco se le pusieron los ojos en blanco porque vio en esa idea, una joya. Bianco lleva a Lorca en las venas. No sólo por el mítico montaje de "El público"sino por mil referencias, trabajos y cercanía. Bianco habla con Miquel Ortega, llaman a Bárbara Lluch y ya tenemos el milagro en marcha. 



Miquel Ortega recuerda que con apenas trece años, iba al cole con un libro en la mochila, "La casa de Bernarda Alba". Hace años empezó a componer lo que desde entonces fue una necesidad. Bruno Bruch (Julio Ramos) se encargó del libreto suprimiendo personajes, quitando paja (con todo el respeto, claro), puliendo situaciones y limando diálogos. Tristemente Julio no, pero Miquel sí consiguió terminar la versión sinfónica de "La casa de Bernarda Alba" y estrenarla en Rumanía en 2007. De todas formas, casi desde el principio, Miquel Ortega pensó en esta Bernarda como en una obra de cámara. Musicalmente inspirado en Britten y en su forma de enfrentar ciertas creaciones desde la cercanía y la melodía continua y sinuosa. A pesar de eso, estilísticamente, la presencia de los leitmotivs son la mayor aportación de Ortega. La casa, Pepe, los tres leitmotivs de Bernarda... hacen que musicalmente "La casa de Bernarda Alba" sea una obra personal, original y maestra. Porque esta obra es poderosa en sí misma. La música juega con la melodía y la atonalidad como buenas y sabias armas para conseguir una progresión dramática asombrosa. Los leitmotivs te sitúan emocionalmente en un sitio ideal, porque hacen que sientas antes de que pase nada. Tu cuerpo, sin querer, gracias a su memoria sensorial, oye, escucha, procesa y te pone en el sitio que Ortega quiere y donde debes estar para recibir lo que viene a continuación. Porque esta obra, que juega con la atonalidad pero se basa en la melodía, combina Puccini y Menotti como algo natural y realmente logra estar al servicio de la progresión dramática.Está al servicio de la obra dramática, no al revés. Hay leves mezclas de género y de estilo pero siempre al servicio del drama. Incluso hay cambios estilísticos en cada personaje, alternando las frases cortas y secas de Bernarda con las frases sincopadas de alguna de sus hijas. La música, como el espacio y la luz son un personaje más en el espectáculo. De ahí lo que decía al principio sobre la "autoría". Esta Bernarda tiene varios autores. De momento llevamos dos, Federico y Miquel. 



Nos falta Bárbara Lluch. Lluch es nieta de Nuria Espert. Vamos, casi familia de Lorca. Hija de Nuria y sobrina de Alicia. Teatro en los genes. Tras quince años como ayudante de dirección en Covent Graden, donde ha trabajado con LOS MEJORES, dirigió su primer proyecto en 2017, con "Le Cinesi" en el mismo Teatro de la Zarzuela. Con "la casa de Bernarda Alba" se encuentra con, según sus palabras, "el mejor libreto de la historia". Decide hacer caso a Lorca y para llevar a cabo esta "recreación documental". Llama nada más y nada menos que a Franca Squarciapino para que vista a estas mujeres, a Vinicio Cheli para que las ilumine (con esa luz invisible, que no notas que esté ni que vaya cambiando) y a Ezio Frigerio para que cree un patio que podría ser de la casa de Asquerosa o de una cárcel o de un monasterio. A fin de cuentas, qué diferencia hay. Pero resulta que para más inri, Frigerio debutó en teatro con un montaje de Strelher de..."La casa de Bernarda Alba". 
Para María Josefa, Bianco pensó en Julieta Serrano, gran amiga y grandiosa actriz. 
Julieta Serrano confiesa que a sus años, no hay ningún personaje que sueñe con interpretar. O porque ya los ha hecho o porque ya no los puede hacer. Salvo la María Josefa. Así que la llamada de Bianco fue como un milagro para ella. 
¿No me digáis que este proyecto no estaba predestinado a que lo llevaran a cabo Ortega, Lluch, Bianco, Aguirre, Frigerio o Serrano?    


La puesta en escena es clásica y efectivamente, fotográficamente documental. La grandiosa escenografía de Frigerio (aplaudida al levantarse el telón), acoge a ese rebaño de mujeres, vecinas y criadas de luto, sufrientes, iguales, sometidas, acogotadas, encarceladas, fanáticas y terroríficas. Ellas entran, salen, hacen labores cotidianas y se relacionan entre ellas como si nuestra visión fuera la de  una cámara de seguridad. Lluch ha trabajado con las actrices (incluida Luis Cansino, claro) como si se tratara de un montaje teatral. Han hecho un trabajo de mesa, literario y dramático como si hubieran ensayado un montaje teatral. Han estudiado y decidido aspectos como la temperatura de las habitaciones, la época exacta del año, la hora del día de cada situación, la relación entre cada hermana, aspectos que se trabajan en los trabajos teatrales pero que quizá no se trabajen tan a fondo en óperas o zarzuelas en las que el trabajo musical y vocal ya es tan intenso que no se les puede dedicar el mismo tiempo a estos aspectos, para mí igual de importantes. Pero no da tiempo, es imposible. Yo creo, pienso y siento que una ópera, una zarzuela o un musical son obras de teatro pero encima CANTADAS. Bueno pues esa concepción se ha podido explotar esta vez, quizá llevados porque el origen era Federico o quizá por la concepción del espectáculo de Bárbara Lluch y de Miquel Ortega. Además Lluch evita caer en la tentación de hacer una versión "impactante", de esas que por sí solas te dejan boquiabierto. No, rehuye eso y trabaja al servicio de la obra, del conjunto, del drama, de Lorca.

Tener a Milagros Martín en un elenco es un honor y arrancar la obra con ella, un seguro de calidad. 
Tanto Berna Perles como Angustias (la que se ahoga), Belén Elvira como Magdalena (la que llora), Marifé Nogales como Amelia (la invisible) y Carol García como Martirio (la cheposa) bordan sus papeles. La forma d cantar, de mirarse, de callar, de respirar y de ahogarse es brillante.



Carmen Romeu interpreta una Adela de libro. Fabulosa como actriz, demuestra que para cantar hay que sentir y si uno se toma su trabajo como un trabajo interpretativo y de comunicación, ese trabajo estará relleno de verdad traspasará al espectador que lo vea. Romeu es una cantante/actriz de las que sienten lo que cantan. Incluso si el resultado es imperfecto, si hay alguna mínima incorrección, es justamente lo que hace que su trabajo esté vivo. No digo que cantara mal, ni mucho menos. Al contrario, cantó de maravilla, pero un agudo de pronto algo descontrolado no se nota al oído pero sí da vida al impulso de Adela. Es como cuando escuchas un live de la Callas. Una nota trémula, un descontrol leve hacen que eso cobre vida, porque de lo académico se salta a lo real. Y lo real es lo vivo. Lo académico, para las grabaciones. Fabulosa. 



Luis Cansino se llevó una de las grandes ovaciones de la noche. Merecidísima, claro, porque canta como dios, con una voz amplia y madura. Y su creación de una Poncia fresca, echada palante, confidente y madre fue histórica. No recrea a una mujer, sino que actúa como una mujer. Se siente mujer y se siente amiga, protectora, valiente y hermana. Una Poncia que se atreve a retar a Bernarda y de hablarle de tú a tú quizá porque ella sea la única que conoce el gran secreto de Bernarda. Es posible, es un gran punto de partida. ¿Quién sabe si, como decía la Sardá, Poncia y Bernarda no sean hermanas, Poncia hija bastarda del mismo padre y que por eso Bernarda le consiente todo? Me parece un punto de partida maravilloso. Y Cansino vocalmente lo borda y escénicamente también. 



Julieta Serrano grita desde fuera del escenario. Así comienza la función. Y tu corazón da un vuelco. Desde ese punto, todo es un no parar. Julieta está SU-BLI-ME. Es la María Josefa más madura, inteligente y amorosa que he visto jamás. Generosa y perfecta en cada gesto. Una maestra de entrega y de capacidad.  



Nancy Fabiola Herrera está fantástica. Vocalmente es una bestia, tiene unos graves profundos y redondos y en la zona alta se maneja con soltura y poderío. Escénicamente tiene una presencia inolvidable, camina con un peso brutal y domina con la mirada. Simplemente su imagen transmite ya la crueldad de la madre que haciendo lo que cree mejor para sus hijas, las destroza y provoca el drama. Fabulosa.¿No os recuerda a Cándida Losada, con esa cara de perra mala? ¿Y si digo que en el montaje quedirigió Bardem el año 64 Julieta Serrano hacía de Adela...?

La noche del estreno ocurrió una cosa mágica que yo echo en falta siempre. Lo normal es que cuando empieza a caer el telón haya un ansioso/ansiosa que quiere ganar la medalla al espectador avispado y arranca a aplaudir como si fuera el único que se ha enterado de que eso es el final. Bueno, pues el otro día bajó el telón, terminó la música, dejó de oírse el eco de la última nota, flotó por el aire el silencio necesario para que todos bajáramos al mundo real y ya de nuevo en la butaca, arrancaron los aplausos. Creo que la música y el teatro necesitan que como espectador regreses a tu butaca. Lo que oyes o ves provoca unas sensaciones y emociones y lo que has experimentado tiene un eco. Provoca un eco, un recuerdo, una reverberación emocional que es necesario que se extinga para poder reaccionar. El que aplaude cuando el telón está cayendo y la música sonando es que lo ha visto desde fuera. 

Esto totalmente convencido de que este espectáculo va a ser unos de mayores pelotazos de esta temporada del Teatro de la Zarzuela. Siempre he dicho que este género está en la UCI y que la única forma de acercarlo a la gente, al siglo XXI es "retocando" los libretos y con las direcciones de escena. Es el pequeño margen que hay para dar una visión de hoy y atraer a un público nuevo y regenerador. Si a eso le unimos la experimentación nuevas obras, como esta joya de "Bernarda Alba", el éxito y la supervivencia están aseguradas.

Y como no me puedo callar nada, ahora voy con lo que NO me gustó. Mejor dicho, con lo que yo habría hecho de otra forma si yo lo hubiera dirigido, jajaja.
No me gustó, según me han contado, que al parecer, cuando se abre el portón... no se ve nada desde los laterales. Vamos, que el final... desde los laterales no se ve, porque las puertas lo tapan. 
No me gustaron ciertas decisiones del libreto. Para mí hay frases como "Me sirves y te pago. Nada más" de Bernarda a Poncia. Lo eché de menos. "Me sirves y nada más" no es lo mismo. Como el famoso "Me vais a soñar" de Bernarda. Es una frase icónica. Es como hacer un Hamlet y quitar el "algo huele a podrido en Dinamarca".
Si yo fuera el director... habría intentado entreactos sin bajar el telón, sólo con luz. 
Recnozco que estamos ante un medio distinto al teatro y a la literatura y que cada medio necesita un lenguaje y unas normas distintas. Reconociendo que el libreto es bueno y que respeta sobre todo el espíritu de la obra original, echo en falta el sonido de las palabras de Federico. En sus obras no es sólo lo que dice sino las palabras y la musicalidad que ellas tienen para contar lo que cuenta. El sonido de las palabras de Lorca, su cadencia, su sonoridad, es un lástima que en cierta medida se pierdan en esta versión. Pero es lógico que no se pueda hacer tal cual él la escribió.   
Si yo fuera el director no había puesto los ladridos de los perros ni los cascos de los caballos. Una vez creada y asumida la convención de que se habla de cosas y no tienen por qué oírse, el público las acepta enseguida. es un acuerdo entre el escenario y el público asumido y habitual. Los sonidos en off a mí me descolocan, me suenan irreales. Como me sonaban rarunos los relinchos cada vez que salía un caballo en "Curro Jiménez". 

Pues nada, todos como locas a la Zarzuela, porque de este espectáculo se va a hablar y aún puedes ser de los afortunados que digan "yo estuve allí". 

Las fotacas son de Javier del Real, como siempre, asombrosas. 
La foto de arriba es de una habitación real de la casa real de Frasquita Alba. Los pelos como escarpias






               
       

miércoles, 7 de marzo de 2018

El dúo de La Africana. Teatro de la Zarzuela.




Ha vuelto el "Proyecto Zarza" al teatro de la Zarzuela.
En su empeño por acercar este género al público del siglo XXI, Daniel Bianco ha traído al teatro de la Zarzuela "El dúo de La Africana" en versión libre de Susana Gómez, que también es responsable de la dirección escénica, mientras que el fabuloso pianista y director musical Miguel Huertas se ha encargado de la dirección musical.




Vaya por delante que a mí particularmente este proyecto coordinado por Almudena Pedrero me enloquece. El año pasado gocé como un bellaco con "La revoltosa" y este año he disfrutado muchísimo viendo con qué alegría y falta de pudor los jóvenes espectadores empatizaban y disfrutaban con esta versión "actualizada" de la obra de Manuel Fernández Caballero.

Susana Gómez ha escrito una versión a la que ha quitado paja, ha pulido naftalina y ha añadido referencias y referencias actuales para así tratar de meterse en el bolsillo a los jóvenes que llenaban el teatro. Toques chonis, chicas reivindicando su derecho a decir "no", un grupo de chicos no machirulos, un despampanante David Pérez cantando "Lo malo" y varios guiños más a nuestros días. Esas referencias obviamente enganchan a estos espectadores. Y abuchean al abusador, animan a la chica que se defiende sola, se parten y aman al mariquita gracioso. Todo eso hace que los aplausos sean atronadores y que en sí la experiencia sea un total exitazo. Otro más de Bianco y de su gestión.

A ver, el montaje es modesto en medios. Quiero decir, que cuenta con lo mejor de cada casa como Miguel Huertas al mando, rodeado por un grupo de músicos jóvenes que te cagas de buenos, Susana Gómez dirigiendo, la grandiosa Elisa Sanz creando la escenografía o gente como Gabriela Salaverri o Alfonso Malanda a cargo de vestuario o luces. Nivelazo. Y aunque no cuenten con los mismos medios que una gran producción, el resultado es brillante. 




El elenco de jóvenes artistas es brillante. Cantan muy bien, bailan, se mueven y pisan el escenario y de todo como si llevaran ahí toda la vida. Tengo que destacar a Alberto Frías porque siempre está fabuloso, aunque quizá debería intentar dar más peso a su presencia. Mitxel Santamarina está fantástico. Tiene morro, desparpajo y se come a todo el que se le pone por delante. Natán Segado Y David Pérez no pueden ser más guapos ni tener más carisma. Los dos serán grandes estrellas. Al tiempo. Cielo Ferrández y Lara Chaves brillan y tiene unas capacidades asombrosas. Y para mi gusto, Felipe Forastiere se sale. Canta que te caes patrás del gusto, actoralmente es una bestia que hace de todo y todo bien y se nota que tiene una inteligencia escénica apabullante. YA es un grande de la escena. El resto, todos para quitarse el sombrero. Bravo, chicos.  






Sin embargo se me plantean ciertas dudas que quizá merecerían una tarde frente a unos vinitos y charlar largo y tendido con el corazón abierto y ganas de oír bien las palabras. 
A ver si me explico: atraer al público joven a la zarzuela es un reto y una meta admirable, está claro. Lo que no tengo tan claro es el precio a pagar por ello. Quiero decir, ¿de verdad sentimos que estos chavales van a volver a la Zarzuela voluntariamente? No, no quiero decir eso. Empiezo otra vez.  
El principal obstáculo para acercarse a la zarzuela son sus libretos. La música es música, es intocable, las notas son las que son y ni se deben ni pueden tocar (al menos eso pienso yo a día de hoy). Entonces lo que hay que tocar son los textos, las palabras. Y la puesta en escena. No hay mucho más. Para eso lo suyo es contar con directores de escena actuales, libres y valientes. Y con versiones que busquen los puntos que puedan ser revisables. Poner a un chico cantando "Lo malo" está bien, los chicos lo pillan y se mean. Pero, ¿es así como hay que atraerlos? ¿No corremos el riesgo de que si vuelven a la zarzuela y no se encuentran algo así quizá no vuelvan más? Está claro que al ver al gordo mariquita simpaticón todas ellas le quieran como amigo y ellos le quieran proteger. En eso, en esa reacción, los jóvenes afortunadamente van muy delante de nosotros. Pero, ¿es necesario que el chico hable en femenino, lleve tacones y cante por Alaska? A ver, que el chico puede ser como le de la gana y tener toda la pluma que le salga de los huevos, no es eso. Quiero decir que así es más fácil empatizar, pero quizá estemos adoctrinando de más en vez de mostrar a un chico simplemente gay y tratar de que el publico empatice con él tal cual, sin plumas ni tacones ni faldas. Insisto que no el una cuestión de plumofobia ni mucho menos. El chico puede ser y sentir como quiera. Precisamente por eso lo digo. Igual es una tontería lo que digo, pero creo que a lo mejor es más importante la normalización de las cosas que el afán por buscar la simpatía. Al final, en esa actitud puede haber algo de condescendencia. Y una mirada amable es peligrosa. Yo prefiero las miradas de igual a igual. Que en definitiva es lo que somos.  
Insisto; está claro que la intención mola todo y que los chicos responden. Eso por sí solo ya es positivo. Pero quizá podríamos dar un paso más, confiar más en ellos y aunque sea dentro de la guasa, del cachondeo y la diversión de un espectáculo en definitiva frívolo, intentar plantear preguntas y que ellos solos se respondan. Como se hace con los adultos. No sé si me estoy liando.
En la charla posterior salió el tema del bulling y eso mola. Que los chicos se queden con ese mensaje es bueno, es sano, pero no deja de rechinarme un poco el que haya que recurrir al estereotipo del mariquita simpático para buscar la reflexión y el mensaje. Quizá estaría bien confiar más en estos jóvenes y dejar que ellos saquen las conclusiones solos. Siempre he creído más en intentar fomentar que la gente desarrolle un sentido crítico que en tratar de enseñar lo que es bueno y malo. Prefiero la ética a la moral. 
Que quede claro que la intención me parece cojonuda y el resultado y el efecto es justamente el que se pretende. Lo que yo planteo quizá sea para ir un paso más allá.   
Hay ocasiones, como esta en las que el libreto te puede permitir jugar y cambiar cosas para "actualizar" y acercar a hoy las movidas de las zarzuelas. Pero, ¿qué va a pasar con las obras que no haya cómo salvarlas? A lo mejor estaría bien aprender (y me refiero a todos, yo el primero) a distinguir que lo que pasa en un escenario NO es la vida. Es una ficción y a veces ni siquiera se parece a la realidad. La forma de atraer al público joven es ofrecerles productos atractivos para ellos. Musicalmente quizá mostrándoles lo bellas que son ciertas partituras. Y escénicamente o contando con elementos reconocibles como en este caso o enseñando que la ficción es ficción y puede ser atractiva si es coherente, madura y si habla al publico de tú a tú, no desde un atril o desde la condescendencia. ¿Qué tal si apostamos por no adoctrinar (por muy positivo que sea el mensaje) e intentamos que lleguen ellos a donde tengan que llegar? ¿Intentamos un espectáculo joven en su concepción y maduro en su planteamiento?   




Una vez más insisto en que el espectáculo me gustó, que disfruté como un crío, que los chicos se lo pasaron que te cagas y que aplaudieron mogollón y además empatizaron con todas las situaciones de maravilla. Misión cumplida. Pa quitarse otra vez más el sombrero. Pero... ¿damos otro paso más y en vez de intentar atraer mostramos lo que es y confiamos en que sea lo suficientemente atractivo como para que quieran volver al mes siguiente a ver otro espectáculo?   


Ah, y que conste que soy sssssuperfan de Aitana-War pero me quedo con la versión de David.


  Las fotazas, como siempre, de Javier del Real, una pasada.             

domingo, 28 de enero de 2018

Maruxa. Teatro de la Zarzuela.

"Maruxa" es una sencilla historia de amor entre dos pastores en los montes de Galicia. Sin más.
Como todos los libretos, este de Luis Pascual Frutos, puedes cogerlo,manipularlo, menearlo y llevarlo a donde quieras llevarlo siempre que mantenga la coherencia y un objetivo claro. Y es lo suyo, porque hacer una historia de pastorcillos, marqueses malotes, ovejas y zagalas hoy en día resultaría viejuno.



Esta "Maruxa" es un híbrido con zonas prodigiosas y otras oscuras. 
José Miguel Pérez-Sierra consigue notas preciosas de la ORCAM aunque quizá a la partitura le falte un pellizco de tensión, un crescendo dramático más afinado. Musicalmente la ORCAM suena de miedo y el maestro cumple con su parte, consiguiendo uno de los puntos fuertes de esta producción. 
El coro también suena con peso y con mucho empaque. Mejor que muchas veces; quizá por no tener que estar pendientes de coreografías en las que se les nota incómodos. Especialmente a algunas cantantes/funcionarias a las que a veces se les nota que sienten muy poquita implicación con su trabajo. Afortunadamente son casos aislados y no ocurre así en esta ocasión. En esta "Maruxa" están tod@s brillantes y sólid@s.
Me resulta imposible separar las voces de las interpretaciones, así que hablaré primero de la propuesta escénica y la enlazaré con mi visión del trabajo de los intérpretes. 
Figuración de auténtico lujo. Eso es un seguro y un acierto total. Contar con actrices y actores tan importantes como Rosalía Castro, Nerea Moreno, Agus Ruiz o Álex Larumbe entre otros es un lujazo para cualquier producción. BRAVO todos ellos. 



Paco Azorín es un gran escenógrafo. Sin embargo creo que como director de escena no alcanza las mismas cotas. En esta ocasión ha decidido arrancar con la coartada de las palabras de Rosalía de Castro. Es como si hubiese querido tener un colchón incuestionable. Las palabras de Rosalía son bellísimas e inmortales. Cierto. Pero juntar tópicos siempre es arriesgado. Hablar de Galicia y usar a Rosalía está bien. Pero hablar de Galicia y usar los desastres marítimos es jugar al riesgo. 
Azorín intenta actualizar la trama de "Maruxa" y traerla no al presente sino al año 76. Sus razones tendrá, supongo que sí. Aunque yo lo que veo es que es una excusa para poner imágenes en las que los malos sean Franco, "la collares" y gente lejana e inocua. Si en vez de Azorín lo hubiera dirigido yo, habría acercado más la acción a la actualidad y habría utilizado imágenes del "Prestige", aunque claro, eso hubiera supuesto haber sacado a M. Rajoy , los hilitos y cosas quizá más peligrosas para según quién. Claro que yo creo que soy más macarra que Azorín o quizá simplemente no me juego nada. Desde 1970 ha habido cinco grandes desastres navales en las costas gallegas.
La verdad es que no sólo no me gusta que se use el hundimiento del Urquiola en vez del Prestige ( o incluso del Polycomander, otro petrolero hundido que yo recuerdo haber ido a ver y del que conservo alguna foto). Creo que el uso de esta "anécdota" para situar a "los malos" despista, aleja y no aporta mucho, aparte de una estética fría, un vestuario gris y poco más. Bueno, menos los monos de los voluntarios que limpian el chapapote, más propios del "Prestige" que del "Urquiola", aunque claro, parece que lo que se busca es el efecto, no la coherencia y sacar a los lugareños con los monos del "Prestige" es más efectivo. Siempre hablo de mis gustos y opiniones personales.   
La trama es sencilla: dos pastores descubren que lo que sienten es amor ( y deseo) pero se van a dar de morros con el capricho de la señorona rica de la zona, que se encapricha del zagal y decide hacerse con él, pasando de la pastorcilla y de su amor sincero, natural y bucólico. Un señor del pueblo, impide el plan de la loba y ayuda a que los pastores vivan su amor tranquilos y en paz.  
La parte de los malvados es la que se desarrolla en las salas de juntas de la petrolera y de la que acabo de hablar. Sin embargo, al primar este escenario sobre el otro, ha dejado a los pobres pastores amándose en medio de una estructura incómoda y en la que resulta difícil salir airoso. Hay momentos en los que Pablo, por ejemplo, aparece por un lateral, se tumba, se levanta y se va. Y ya. Y tanto Maruxa como Pablo tienen que retozar, brincar y perseguirse por una plataforma incómoda que creo que asemeja un tejado de pizarra. La pobre Maite Alberola va brincando como Heidi por ese tejado, como si la naturaleza de una pastora fuera el brinco. Pablo, Rodrigo Esteves hace lo que le han marcado; se tumba, se levanta, corre, se acerca, se aleja, se tumba y se levanta. 



Maite Alberola canta como dios. Tiene una voz no demasiado personal ni especialmente bella pero canta fácil, aunque parece que tiene que apretar demasiado en diafragma para algunos agudos. El rol lo canta con la gorra y no creo que le suponga ninguna dificultad. Pero su resultado se ve lastrado por una dirección escénica que hace que esté brincando como una colegiala de acá para allá y que resta dimensión a un personaje ya de por sí psicológicamente justito. Algo así le sucede a Rodrigo Esteves, que tiene una voz importantísima, con un bonito timbre y un gran dominio. Pero tener que entrar, tumbarse, levantarse, volver a tumbarse y así hasta el infinito, tampoco le ayuda nada. Carlos Fidalgo sale mejor parado, gracias a que tampoco tiene marcados demasiados desmanes escénicos y Simón Orfila sí consigue estar realmente espectacular. Tiene una voz prodigiosa y una dicción PER-FEC-TA. Escénicamente se lleva la mejor parte y sus salidas y entradas por el patio le ayudan a quitar peso y densidad. Le rebajan estatismo y eso le viene divino. Grandísima y más que merecida ovación. Svetla Krasteva estrenó el rol de Rosa al enfermar la titular del primer reparto. Su rendimiento escénico fue correcto y a pesar de tener que defender un papel antipático y algo incómodo de llevar con soltura en el escenario, fue en el aspecto vocal en el que demostró unas lagunas tremendas. Parecía no saberse bien el papel. Literalmente NO cantó todas las palabras escritas y además tiene la voz colocada en un sitio extraño. No sé muy bien qué le sucede pero aparte de no soltar la voz más que en los agudos (que sí, los da, pero con gran esfuerzo y por los pelos, o al menos eso parece), es como si cantase hacia dentro, no se le oye lo que canta. Pero no por falta de emisión, que también, sino porque parece que emite con sordina. Y además se produce en ella un efecto extraño. Os propongo un reto a los que vayáis a verla estos días. No se le oyen las consonantes. Si le miras con detenimiento a la boca, obviamente las pronuncia, se distinguen las labiales, las fricativas, etc... pero no se oyen. Si canta "Amor mío" yo sólo oía "Aaaoooíííooo". Es como si tuviera la voz colocada en un sitio y utilizara un resonador extraño que hiciera que se pierda sonoridad y emisión. Escénicamente salvó el rol pero vocalmente estuvo lejos de ofrecernos una gran noche. 
Y brillante María Cabeza de Vaca danzando como una Galicia doliente y sufrida. Magistral. 
Feote el vestuario de Anna Güell. Puede que funcione en los malotes y en la figuración, pero no me gustaron ni el anacronismo de los monos ni el vestuario de Maruxa, que parecía más una girl scout o un miembro de los jóvenes castores que una pastora protagonista. 
En resumen, este es un gran espectáculo, sólido y bien armado. El elenco brilla por tener unas voces prodigiosas y por defender unos personajes limitados y básicos. En ese sentido son sin duda lo mejor, con una grandísima calidad y eso, unido a la gran labor del coro y a la maravillosa dirección musical, hacen que merezca la pena de lejos ir a la Zarzuela. Eso sí, con una dirección escénica que presenta a los poderosos como malos, perros y crueles pero contando por un lado con la coartada de usar a Rosalía de Castro para dar autenticidad a una imagen de Galicia rara y por otro lado de elegir las referencias (algunas, los monos y el chapapote no) que alejan esta imagen de malosos de M. Rajoy y de sus secuaces. A cambio nos ponen a Franco y a la collares como petroleros mayores y villanos indiscutibles. Planteamiento escénico que a mí no me funcionó y movimiento escénico correcto en la grandiosa figuración y errónea en los roles protagonistas. 
Es que es jodido llevar estos trabajos de amor pastoriles y simplones al año 76 y que quede coherente. Pero claro, Manolete, Manolete...

Un diez para los cantantes y actores protagonistas, actores sin texto, coro, músicos y director musical. Sólo por eso... ¡¡todos a la Zarzuela!!  



Insisto en lo que digo siempre; esat es MI opinión única e intransferible. He contado MI experiencia. Ni pretendo sentar cátedra ni lo que digo tiene mayor importancia que la de una simple opinión más. Y como siempre, lo mejor es que vayáis vosotros al teatro y que lo viváis en vuestras carnes. Esa siempre será la mejor experiencia.          

jueves, 23 de noviembre de 2017

El gato montés. Teatro de la Zarzuela.

Las cosas como son. "El gato montés" es un montaje redondo. Bueno, casi redondo. 
Este montaje es de 2012 y ha recorrido toda la geografía española. Ahora se cumplen 100 años desde el estreno de esta "ópera popular" y el Teatro de la Zarzuela retoma este valor seguro. Y es que si tienes a José Carlos Plaza dirigiendo el asunto ya sabes que la calidad va a dominar el escenario. Plaza se toma el trabajo como si se tratara de un espectáculo dramático. En realidad eso es  exactamente lo que es: una función teatral con todos los vericuetos de un espectáculo teatral solo que encima, los actores tiene que cantar. Por cómo yo concibo la lírica, esto tiene que ser así siempre. SIEMPRE hay que saber que lo que haces es una función de teatro, un trabajo escénico con la dificultad añadida de que tiene que ser cantada. 



Los responsables de encargar a Plaza la dirección de esta obra sabían perfectamente lo que hacían. Como lo sabían quienes retomaron este montaje para la temporada actual. Porque "El gato montés" es directamente una tragedia verista. Y ese es el terreno natural de Plaza. Bueno, lo cierto es que el maestro Plaza domina todos los terrenos, pero una tragedia como esta parece que lleva escrita el nombre de José Carlos Plaza en la frente. 
Y así es como él se plantea el espectáculo. Como una tragedia en la que planea la imagen de la muerte casi desde que sube el telón y vemos a Soleá con la imagen de la parca enturbiando su mirada. 
Escenografía oscura, sencilla y tenebrosa. Con un primer y tercer acto más realistas y un segundo acto sombrío y simbólico. Francisco Leal despliega toda una gama de luces, sombras, tonos terrosos y que echan raíces en el escenario. Quizá estéticamente peque un poco de añejo, pero cumple su cometido. Enraiza la tragedia en la tierra. Personalmente el espejo del acto segundo no me gusta pero es incuestionable su poder simbólico. Coherente con el desarrollo tanto musical como escénico de ese acto.



Cristina Hoyos se encarga de las coreografías vibrantes y trágicas. Ramón Tébar arranca notazas de la ORCAM y aunque en algún momento parece no apoyar a los cantantes, entre todos llegan a los acuerdos necesarios para que se te remueva el poderío en la butaca. 
En esta ocasión no se puede hablar de un primer y un segundo reparto sino de artistas que cantan unos días y artistas que cantan otros días. Pero el nivel de todos es tan sideral que establecer rangos es injusto. Yo tuve el privilegio de disfrutar del trabajazo de un elenco en el que Rafaeliyo era Alejandro Roy, un tenor con buena voz, agudos fáciles y una potencia encomiables. Aunque quizá el físico no le ayude demasiado. Aún así se llevó una gran y merecida ovación. Miguel Sola compone un Padre Antón perfecto, divertido y simpaticón a diez centímetros del Don Camilo de Fernadel. Casi tan simpático como el Bárcenas... digo, el Hormigón de Gerardo Bullón Bravo para los dos. Milagros Martín, brillante como siempre. Ha pasado por todos los roles, de la Soleá a la Frasquita y a la gitana. Vozarrón y presencia escénica apabullantes. Grandísima. César San Martín cantó un Gato asombroso, con la voz quizá un poco oscura pero con un gran poderío y mucha profundidad. Actoralmente pisa fuerte el escenario. Un primer acto asombroso y un final bestial también. 

  

Y Carmen Solís. Vocalmente es un prodigio. Canta como si tal cosa, con unas notas bellísimas y rellenas todas y cada una de sentido y de emoción. Y escénicamente es un actrizón que cada gesto, cada movimiento, cada mano que levanta, cada giro de cabeza, cada escalofrío que le recorre el cuerpo son producto de una emoción, de cantar desde el conocimiento de lo que dice, de para qué lo dice y de con qué notas lo dice. Según se levanta el telón notas en su densidad corporal que la tragedia está presente en ese páramo. Y transita por los sentimientos con una naturalidad pasmosa que sólo da el conocimiento de lo que hace y de por qué lo hace. Pasa del fatalismo a la alegría, al dolor, a la nostalgia, a la rabia, a la pasión, al terror, al amor y a la muerte así con una facilidad estremecedora. Cuando la ves y la escuchas sobre un escenario sólo quieres que siga y que cante más y más. Realmente creo que esta Soleá va a convertirse en uno de sus roles preferidos. Y míos.





Enhorabuena de nuevo al Teatro de la Zarzuela porque ha vuelto a acertar. El montaje de José Carlos Plaza es sólido y tenebroso, con el peso de la tragedia y un amor por las notas indudable. Quizá a ratos sea demasiado sombrío y algo anticuado. No sé decir por qué, quizá en la imaginería del segundo acto. Pero a pesar de todo saca todo el brillo que tiene la grandiosa partitura y regala a los intérpretes la oportunidad de lucirse como actores y brillar como cantantes. 
Y qué coño, que sales del teatro con el regustillo de haber visto un GRAN espectáculo y tarareando eso de "torero quiero seeeeer".         
  
  Las fotazas son de Javier del Real, un mago de la cámara.

lunes, 9 de octubre de 2017

El cantor de Méjico. Teatro de la Zarzuela.

El principal cometido de cualquier función teatral, musical, de cualquier expresión artística en definitiva es el de no dejarte impasible, moverte, removerte y modificarte.
De "El cantor de Méjico" es IMPOSIBLE que no salgas transformado. Es puro goce, pura diversión, puro disfrute. Una laguna de optimismo que te tatúa una sonrisa y te hace volver a casa tarareando y sonriendo como la Gioconda. 




Daniel Bianco arranca esta nueva temporada con el listón en un punto asombroso. Ahí es nada, "El cantor de Méjico", dirección de escena y versión libre de Emilio Sagi, Óliver Díaz en el foso dirigiendo a la ORCAM, el propio Bianco a cargo de la escenografía y un reparto intachable con Rossy de Palma como principal reclamo. Suma todos estos elementos y añádeles unas ganas de diversión abrumadoras y como resultado tendrás la primera joya de la temporada. 
Óliver Díaz sacó las mejores notas de la ORCAM, que sonaron ágiles, brillantes, románticos y absolutamente bellos. Bravo por todos. 
Emilio Sagi firma esta versión libre del libreto de Félix Gandera y Raymond Vincy. Sagi es un maestro que se las sabe todas. Por eso nos regala una versión divertida, sin complicaciones, con chispa y muy bien llevada. Escénicamente lo que vemos es casi un musical de Gene Kelly. Luces alegres, colores brillantes, mucha gente pululando por escena, personajes divertidos, bien dibujados y bien movidos. Un espectáculo dinámico y divertidísimo como los grandes musicales de Hollywood. Por momentos pareces estar viendo a Gene Kelly, Donald O'Connor y a Debbie Reynolds. 
Las escenas de grupo, con el coro más entregado que en otras ocasiones, son dinámicas, alegres y brillantes y los momentos íntimos surgen de forma natural y emocionalmente te llevan a donde quieren. Gran trabajo de Sagi. Otro más. Y otro "bravo" para el coro, especialmente el masculino, por ese fabuloso numerazo de Tornada y sus guerrilleros. 




Todo tiene un punto kitsch. Desde las luces de Eduardo Bravo a las fantásticas coreografías de Nuria Castejón pasando por el vestuario fascinante de Renata Schussheim (los vestidos de las mujeres del coro en la segunda parte son magistrales). Brilli brilli, lentejuelas, pieles, chorreras y vestidazos de diva divina. Y para la escenografía... tras una primera parte romántica en interiores con esos decorados, camerinos, tejados que nos llevan directamente a un rodaje hollywoodiense, Bianco busca la inspiración en Méjico, en Diego Rivera y llena el escenario de calas, de flores, de luz, de color y de alegría. No recuerdo haber visto antes que el publico aplaudiera una escenografía. Pues le viernes, en pleno momento "fallero" el público arrancó a aplaudir la escenografía que estábamos viendo nacer. Si ese milagro sucede, es por algo. Una obra maestra kitsch y vibrante de Daniel Bianco. 




En cuanto al elenco, basta con ver la respuesta del público. Unanimidad de opiniones. Ana Goya, esa actrizona que siempre que aparece en escena (y no hablo sólo de esta función sino de SIEMPRE que aparece en escena) consigue hacerse con el foco. Es una mujer plagada de recursos que no sólo sabe explotar sino medir. Siempre está perfecta y en su justa medida. Se ganó una de las mayores ovaciones de la noche. Y en justicia, porque fue un gustazo volver a verla. Nagore Navarro y Maribel Salas están para comértelas. 
El elenco vocal también es de campanillas. Luis Álvarez tiene uno de los mejores y más divertidos números. Un regalo. Maravilloso. Como el Bilou de Manel Esteve. Carismático, amoroso, para comértelo. Yo quiero un Bilou como amigo. Además lidió con la parte más difícil de la partitura y cantó como dios y el "Guarrimbá" lo bordó. 
Sonia de Munck aunque cantó muy bien y defendió su personaje con sinceridad y un punta naif que le iba muy bien, quizá tuvo algún problemilla de volumen, aunque su "No sé qué siento" con la luna de fondo fue uno de los momentos más bellos de la función.




Rossy de Palma borda su personaje de Eva Marshall, la diva insufrible. Es un personaje que se nota que no le cuesta nada y recurre a algunos de sus infinitos recursos para darle vida y espíritu, lo más difícil de hacer en un escenario. La Coronela Tornada es apoteósica. No se puede estar mejor. Por poner un "pero" quizá en la primera escena, la de los espejos, no se le oiga bien, por la propia colocación escénica. Tiene que gritar demasiado y se pierde algo de frescura. 
José Luis Sola se llevó una ovación merecidísima. Tiene unos recursos vocales asombrosos y canta muy bien y muy bonito. Ese Mejiiiiiiiiico interminable es una cosa histórica y se ganó la ovación y la fiebre del público. 




Vamos a ver, no nos volvamos locos. No estamos viendo un texto de Koltès ni de Genet. Estamos viendo pura diversión. Los personajes no tienen capas y capas y las situaciones no son complejas y plagadas de conflictos. Estamos ante un espectáculo divertido, optimista, de pura diversión, luz y color. De momento, y como arranque de temporada, un diez.           

SPOILER 

Y un apunte que puede parecer una bobada pero que no lo es. El "descubrimiento" que hace Bilou con Pancho está tratado con una naturalidad pasmosa, sin regalar al respetable ningún gestito de más, ni ningún mohín plumífero buscando la risa fácil y censurable. La naturalidad es la mejor forma de normalización y en este caso, la decisión es para quitarse el sombrero. Así es como se hacen las cosas.  

lunes, 8 de mayo de 2017

Enseñanza libre / La gatita blanca. Teatro de la Zarzuela.

En el compromiso de Daniel Bianco de llevar la zarzuela a nuevos públicos y a todos los rincones de Madriz le ha tocado ahora el turno a los amantes de la revista, del cuplé y del género más liviano. 



Cuerpo de baile plagado de lentejuelas, vedetes enseñando cacha y cantando letras picaronas y sicalípticas y en definitiva, poca complicación, relax y disfrute en estado puro. 
Gerónimo Giménez compuso ambas piezas, la segunda con la colaboración de Amadeo Vives. En este "programa doble" se han conservado los números musicales, mientras que los libretos han sido reescritos en una versión nueva por Enrique Viana. 
Reconozco que el trabajo de Viana es desigual. En "Enseñanza libre" nos cuenta los líos de una familia para montar una zarzuela sin presupuesto. Aunque el libreto es bastante machista y reaccionario, al menos es inocentemente divertido. El humor que destila es cercano, no muy complicado y basado en clichés pasados y éticamente críticos pero, si te dejas llevar por la guasa y el disfrute, te lo pasas bien. No hace falta ponerse puristas para relajarse y disfrutar. La historia no tiene muchas complicaciones ni hay por qué buscárselas. La escena entre las cuñadas, por ejemplo, es tronchante y las dos actrices están fabulosas. Esta primera parte tiene ritmo, es ligerita,  con brío y en definitiva, te hace pasar un rato relajado y divertido. "La gatita blanca" sin embargo es lenta y muy poco graciosa. Da la sensación de que o se ha escrito sin tiempo, cuando ya les pillaba el toro, o que la musa abandonó el despacho de Viana y le privó de chistes ingeniosos, bromas cercanas e incluso del ritmo necesario en la trama para que no se caiga. Aparte de que el lenguaje utilizado es apolillado, anticuado y poco inspirado. Es como si estuviéramos viendo una revista de años muy, pero que muy pretéritos. Y es una pena, porque la primera parte, con su toque ingenuo, funciona bien y es muy divertida, pero esta segunda se cae. Se acaba haciendo larga y la inspiración y la amabilidad de los chistes decae bastante.   



La dirección de actores tampoco es el plato fuerte de Viana. Indudablemente destaca la calidad contrastadísima de Gurutze Beitia, María José Suárez y los grandes Ángel Ruiz y José Luis Martínez. Pero eso es obvio, son grandes y lo han demostrado mil veces. Personalmente me encantó Martínez, dominando el género, el escenario y pisando con la seguridad pasmosa del que hace que lo difícil parezca fácil. También debo decir que Axier Sánchez está en un registro imposible, desaprovechando la ocasión de lucirse en un papel sencillísimo. Y Roko tampoco me gustó demasiado. Cuestión de gustos, porque cantar canta bien, pero en una tesitura rara, pasando del registro lírico a la voz engolada sin más sin razón. Me temo que es cuestión simplemente de técnica. Quizá por eso es la única que canta con micrófono. 



Manuel Coves dirige la orquesta a ratos. Por lo general suena bien, empastada y alegre y a ratos algo más deslavazada. En cualquier caso también creo que tanto la ORCAM como los bajones de ritmo en los actores se debe únicamente a la falta de rodaje. Fijo que en un par de funciones, todo fluye. Pero fijo. El coro brillante y divertidísimo. En cuanto han tenido mayor protagonismo lo han aprovechado como locos. Para muestra, el número de la piscina, magistral.
Fabuloso y divertido el vestuario de Pepe Corzo, plagado de chistes, plumas y lentejuelas.



Daniel Bianco se ha encargado de la escenografía. Y reconozco que todos los autohomenajes me emocionaron. A ver, Bianco fue la primera persona que vació un patio de butacas (hablo de espectáculos que YO he visto). Y si el año 86 entró el público sobre aquella arena azul, ahora nosotros, el público, entramos de nuevo en otro patio vacío. Ahora más público que nunca. Y ese baile de lámparas... es digno heredero tanto de los puritanos como de "The sound of music". 
Bueno, esta vez no ha vaciado el patio. Lo ha cubierto. Pero el efecto es igual de impresionante, como el brillo del espejo reflejando la lámpara; es lámpara impactante del teatro de la Zarzuela. Preciosa labor de escenografía aunque quizá deje demasiada sometida la puesta en escena al espacio circular. Pero es tan flipante que no paras de escudriñar todos los detalles durante las dos horas que dura este espectáculo. 



Espectáculo impresionante en lo visual, con altibajos en el ritmo, en lo musical en el contenido y en las voces pero que en un par de funciones calentará motores y volverá a colgar el cartel de "no hay entradas".