Hecho en coproducción con el National Theatre, "The drowned man: a Hollywood fable" es el último trabajo de la compañía PunchDrunk.
Anuncian que es una mezcla entre el Woyzeck de Büchner y un rodaje hollywoodiense en los Temple Studios, en Paddington.
Yo conocí a esta gente hace poco, en Nueva York, donde cotilleando cosas curiosas para ver, descubrimos un McBeth que hacía esta gente en un hotel abandonado y allá que fuimos. Muchos habréis visto "Sleep no more", esa versión de McBeth. Nos gustó tantísimo que nos buscamos la vida para poder repetir al día siguiente. Claro, estaba vendidísimo todo pero con un poco de cuento y mucho drama lloramos nuestra condición de actores españolitos deseosos de aprender y nos colaron al día siguiente. Yo nunca en mi vida he flipado tanto como con aquello. Con el concepto y con cómo estaba hecho.
Bueno, pues este "drowned man" es la misma historia. Macroedificio plagado de habitaciones, salas, decorados, pero muchas de ellas espectaculares. Si veis el vídeo de presentación, podéis filpar, porque TODO lo que se ve está en ese edificio, no hay nada que sean exteriores. Todo está dentro del edificio de los Estudios Temple.
Videoclip "The drowned man". No hay spoiler, puedes verlo tranquilo.
La mecánica supongo que la sabéis. Entras por grupos en un ascensor. Te van soltando por diferentes sitios del edificio en minigrupos de tres o cuatro. El público va con máscaras blancas, los actores no llevan máscara. Está prohibido hablar y mola más si te separas de tus amigos, vas solo, y te dejas llevar por la curiosidad. Cuanto más curioso seas, más vas a disfrutar. Los actores van representando la obra y lo hacen tres veces seguidas. Lo hace una vez (una hora, más o menos) empalman con una segunda vuelta y luego con una tercera que ya sí te llevará al final del espectáculo. No sé si me explico.
La historia que cuentan esta vez es el Woyzeck unido a otra historia paralela de un rodaje y una relación apasionada dentro de los Temple Studios. Dos historias trágicas que ocurren a la vez, mezcladas pero sin interferirse.
Yo por ejemplo, nada más entrar, me crucé con una chica a la que reconocí como Marie, así que me tiré a seguirla. Efectivamente a los pocos minutos de carreras parriba y pabajo, se encontró con Woyzeck, y ahí empalmé con la trama de Büchner. Entonces decidí seguirle a él para ver la "obra" al menos una vez. A la carrera por el edificio conseguí, en la primera hora, ver completa la historia tal cual aparece escrita en la obra de Büchner (es un decir, porque todo el mundo sabe que esa obra quedó incompleta y sólo se conservan unas escenas sueltas y no se sabe ni siquiera en qué orden irían cuando se completara la obra) . Total que seguí la trama de la obra durante su primera "vuelta". Cuando vi que la historia comenzaba el bucle y que acababa de empezar la segunda vuelta, abandoné al prota y me lancé a cotillear los espacios por los que antes había pasado. Y ahí es donde flipas más. Abriendo puertas, abriendo cajones, recorriendo pasillos, entrando en armarios... efectivamente cuanto más curiosos eres, más recovecos descubres y más espacios secretos ves. Y lo que más me gusta: a ver si me explico. Por un lado están representadas las escenas del libro. Pero están representadas todas las que no aparecen en el texto. Quiero decir, tú ves las escenas del libro en las que sale el Tambor Mayor, por ejemplo, pero si le sigues, ves lo que hace el personaje cuando NO está en escena. Son personajes vivos. Viven en las escenas que escribieron con ellos dentro y viven en los momentos NO escritos. Sinceramente, creo que es dificilísimo explicarlo. Es una experiencia absolutamente única y te juro por lo que más quieras que si pudiera, lo vería un día sí y un día no. Es la experiencia más única y especial que he vivido nunca en un espectáculo. Ah, aclaro que es un espectáculo mudo. O casi. Es danza y los bailarines son soberbios aparte de pegarse una paliza que te cagas.
Aquí podrás leer MI opinión sobre los espectáculos que voy viendo. Insisto en que es MI opinión, nada mas. No pretendo adoctrinar ni tener razón. Únicamente te contaré MIS razones para amar o amar menos lo que vaya viendo. El teatro son gustos y aquí leerás los míos. No soy crítico, solo necesito contarle al mundo el porqué de mis amores. Lo que puedes leer aquí es lo que yo he sentido al ver estos espectáculos. Ni más ni menos que mis sensaciones. Si a alguien le sirven, estupendo.
jueves, 12 de diciembre de 2013
martes, 10 de diciembre de 2013
La flauta mágica. English National Opera.
Pues mira tú si somos pavos, que ni nos habíamos coscado de que lo cantaban en inglés. Lo pone bien clarito en la web, pero con la emoción de que el director de escena es Simon McBurney, el director artísitico de los Complicité (los de "The master and Margarita" de este año). Claro, qué más quieres. es que con eso hasta el reparto te da un poco igual. Aunque miras, ves cosas y dices, "oye, pues qué buena pinta".
Pero sí, por pavos, resulta que la cantaban en inglés. Si lo llego a saber, ni McBurney, ni Complicité, ni san dios, yo eso no lo veo ni jarto de vino. Pues porque no, porque está compuesto en alemán, y cada sílaba coincide con una nota concreta. Y que no, vamos, que no, que "Ah, ich fühl's", "Der holle rache", "Dies bildnis", "O zittre nicht" etc son así, y no de otra forma. No y no.
Pero bueno, por pavos, nos lo comemos. La puesta en escena bueno, mona. Una gran rectángulo central que lo mismo sirve de macro-mesa como de lo que sea menester. Bien el movimiento y las luces. Momentos ingeniosos, como el vuelo de los protas cuando van pasando las pruebas o la interacción con los músicos.
Orquesta aburrida de cojones. Gergely Madaras dirigía a este grupo de músicos aburridos. Eso no era ni Mozart ni ná. Sin ningún brillo, ni mordiente, ni picardía. Todo aburrido. ¡¡¡Y tiene delito tocar una flauta aburrida!!! Claro que, un detalle, tras el descanso, apareció una viola con el bolso y unas bolsas de la compra. Se debía de haber comprado enfrente una blusa o algo y allá que iba ella con sus bolsas. Otra chica, un violín en este caso salió con un café del Starbucks y lo puso en el atril tan ricamente. Y allí estaba ella, dando sorbitos cada vez que no tocaba. A mí eso me parece de una falta de profesionalidad horrible. Igual por eso tocaban tan mal, porque es que sonaron sosos, aburridos y a ratos, como el culo.
Los tres niños, aparte de ir hechos un asco, con pinta como de espíritus de peli japonesa de miedo, o de enfermos terminales, cantaron horrorosamente mal. A destiempo, desacompasados con la orquesta y con unos gallos brutales.
Tamino el pobre, Ben Johnson, al principio iba en chándal aunque luego se apañó un poco y con su ropa de camuflaje, fue de los mejorcito de la noche. Sin ser un gran cantante, mantuvo el tipo y dio prácticamente todas las notas. O casi todas.
Pamina normal. Devon Guthrie sí que dio todas las notas. Bueno, más o menos. y aunque a la pobre la tenían como puta por rastrojo pacá pallá tol rato, la chica mantuvo el tipo divinamente y logró sobresalir del resto. Aunque claro, tampoco era tan difícil.
Monostatos, Brian Galliford, cantaba como Rex Harrison en "My fair lady". Sarastro, James Creswell, no tenía graves. Y encima le pusieron a soltar un discurso micrófono en mano mientras tocaban la obertura del segundo acto. No lo que luego habla antes del "O Isis und Osiris", no, otro discurso más que se inventaron y que el hombre recitó encima de la orquesta. Claro que para lo mal que tocaban igual hasta fue mejor. Papageno bien. Roland Wood se llevó la mayor ovación de la noche. Merecida. Y la reina de la noche, Cornelia Götz fue un auténtico escándalo.
Aparte de que la mujer iba hecha un cristo, en silla de ruedas y sucia como una rata mojada, cantó que ni te imaginas. El "O zittre nicht" lo salvó, aunque cuando empezó con la segunda parte, con la coloratura, aquello fue un desbarajuste que ni te cuento. Todas las notas fuera de sitio, desafinada, un horror. Pero nada comparado con el "Der holle rache". es como si lo hubiera cantado yo. Todo espantoso desde el principio, pero ya cuando llegó al momento crítico, te juro que flipamos. Lo que es no dar NI UNA sola nota. Pero ni una. Y para más inri, cuando se acercaba al momento crítico, se empezó a INVENTAR las notas. Ni un solo agudo parecido siquiera a los escritos por Mozart. Horrible, espantoso, desafinado, espeluznante, terrorífico. Como diría mi amigo Juan Mairena, "en la vida he visto cosa de la manera". Todo lo que se diga es poco. Horripilante.
En fin, un espectáculo en el que parecían más preocupados por que las proyecciones cayeran en los sitios marcados que por hacer algo medianamente decente. De verdad lo digo, si veis esto anunciado en algún sitio, huid corriendo. Gastáos el dinero en un concierto de la Pantoja o de Manu Tenorio. En lo que sea antes que en este horror.
Pero sí, por pavos, resulta que la cantaban en inglés. Si lo llego a saber, ni McBurney, ni Complicité, ni san dios, yo eso no lo veo ni jarto de vino. Pues porque no, porque está compuesto en alemán, y cada sílaba coincide con una nota concreta. Y que no, vamos, que no, que "Ah, ich fühl's", "Der holle rache", "Dies bildnis", "O zittre nicht" etc son así, y no de otra forma. No y no.
Pero bueno, por pavos, nos lo comemos. La puesta en escena bueno, mona. Una gran rectángulo central que lo mismo sirve de macro-mesa como de lo que sea menester. Bien el movimiento y las luces. Momentos ingeniosos, como el vuelo de los protas cuando van pasando las pruebas o la interacción con los músicos.
Orquesta aburrida de cojones. Gergely Madaras dirigía a este grupo de músicos aburridos. Eso no era ni Mozart ni ná. Sin ningún brillo, ni mordiente, ni picardía. Todo aburrido. ¡¡¡Y tiene delito tocar una flauta aburrida!!! Claro que, un detalle, tras el descanso, apareció una viola con el bolso y unas bolsas de la compra. Se debía de haber comprado enfrente una blusa o algo y allá que iba ella con sus bolsas. Otra chica, un violín en este caso salió con un café del Starbucks y lo puso en el atril tan ricamente. Y allí estaba ella, dando sorbitos cada vez que no tocaba. A mí eso me parece de una falta de profesionalidad horrible. Igual por eso tocaban tan mal, porque es que sonaron sosos, aburridos y a ratos, como el culo.
Los tres niños, aparte de ir hechos un asco, con pinta como de espíritus de peli japonesa de miedo, o de enfermos terminales, cantaron horrorosamente mal. A destiempo, desacompasados con la orquesta y con unos gallos brutales.
Tamino el pobre, Ben Johnson, al principio iba en chándal aunque luego se apañó un poco y con su ropa de camuflaje, fue de los mejorcito de la noche. Sin ser un gran cantante, mantuvo el tipo y dio prácticamente todas las notas. O casi todas.
Pamina normal. Devon Guthrie sí que dio todas las notas. Bueno, más o menos. y aunque a la pobre la tenían como puta por rastrojo pacá pallá tol rato, la chica mantuvo el tipo divinamente y logró sobresalir del resto. Aunque claro, tampoco era tan difícil.
Monostatos, Brian Galliford, cantaba como Rex Harrison en "My fair lady". Sarastro, James Creswell, no tenía graves. Y encima le pusieron a soltar un discurso micrófono en mano mientras tocaban la obertura del segundo acto. No lo que luego habla antes del "O Isis und Osiris", no, otro discurso más que se inventaron y que el hombre recitó encima de la orquesta. Claro que para lo mal que tocaban igual hasta fue mejor. Papageno bien. Roland Wood se llevó la mayor ovación de la noche. Merecida. Y la reina de la noche, Cornelia Götz fue un auténtico escándalo.
Aparte de que la mujer iba hecha un cristo, en silla de ruedas y sucia como una rata mojada, cantó que ni te imaginas. El "O zittre nicht" lo salvó, aunque cuando empezó con la segunda parte, con la coloratura, aquello fue un desbarajuste que ni te cuento. Todas las notas fuera de sitio, desafinada, un horror. Pero nada comparado con el "Der holle rache". es como si lo hubiera cantado yo. Todo espantoso desde el principio, pero ya cuando llegó al momento crítico, te juro que flipamos. Lo que es no dar NI UNA sola nota. Pero ni una. Y para más inri, cuando se acercaba al momento crítico, se empezó a INVENTAR las notas. Ni un solo agudo parecido siquiera a los escritos por Mozart. Horrible, espantoso, desafinado, espeluznante, terrorífico. Como diría mi amigo Juan Mairena, "en la vida he visto cosa de la manera". Todo lo que se diga es poco. Horripilante.
En fin, un espectáculo en el que parecían más preocupados por que las proyecciones cayeran en los sitios marcados que por hacer algo medianamente decente. De verdad lo digo, si veis esto anunciado en algún sitio, huid corriendo. Gastáos el dinero en un concierto de la Pantoja o de Manu Tenorio. En lo que sea antes que en este horror.
Enrique V. Noël Coward Theatre.
Me explico. No todo Shakespeare me gusta. O al menos para mi gusto no todas sus obras son obras maestras. Los reyes por ejemplo no me parecen todos de sus mejores obras. Ni mucho menos. Y Enrique V no es, para mi gusto, de los mejores textos del amigo William.Tiene como siempre, varios monólogos muy buenos, una escena prodigiosa, y varias de relleno puro y duro. Pero claro, por algo los ingleses son expertos en Shakespeare. Porque qué bien lo hacen, los jodíos.
Una escenografía ingeniosa y que sirve, con sus paneles movedizos, tanto para simular la corte como el campo de batalla. Esto acompañado de unas luces fabulosas, te dan en cada momento una sensación y un ambiente distinto. Siempre el preciso. Un gustazo.
La dirección no es que sea nada del otro mundo. Bien resueltas las escenas de batallas aunque todo un poco precipitado y como superficial.
Dicen las malas lenguas, que en las escuelas de teatro inglesas, uno de los principales ejercicios es dar sentido al texto pero sin mover un sólo músculo. Se plantan en medio del escenario y tienen que llegar a conmover y a dar todo el sentido que tiene cada palabra pero sin moverse, sin acentuar, sin marcar y sin ilustrar nada con un gesto. Claro, así hablan como hablan. Y eso es exactamente lo que hacen en este Enrique V. Prácticamente salen, se colocan todos muy bien colocaditos para que nadie tape a nadie y hablan. Se mueven poco, pero ¡cómo hablan! Y el caso es que funciona. Hay movimiento y ajetreo casi exclusivamente en las escenas de acción, durante el resto, es moverse poco y soltar por esa boquita. Claro, te cagas vivo. Y todos los actores y las dos actrices están absolutamente fascinantes y maravillosos. Pa comértelos a todos uno a uno. Pero también te digo que la función te deja un regustillo como de "bueno, vale, pero vamos, tampoco es que...". Nosotros es que aprovechamos el puente para ver varias cosas, así que, claro , nos cundió. Pero este Enrique V, por mucho Jude Law, tampoco es como para pillar un avión corriendo y no perdértelo. Claro que si vas a ver a los PunchDrunk, por ejemplo, ya tienes la excusa para disfrutar de un Shakespeare hecho en casa.
Boira, si vas, mejor que sea por los PunchDrunk, aunque aproveches luego para ver a Jude (juasjuas, qué petardo me ha quedado)
lunes, 9 de diciembre de 2013
30/40 Livingstone. Teatro de La Abadía
Estaba lleno. Sí, creo que sí. O casi. Jorge Picó es un gran actor, con un buen control corporal y con una gran capacidad para la tragicomedia. Sergi López está encantadísimo con su barriga. También está encantadísimo consigo mismo y se cree muy gracioso. Está pasado, pero pasado, pasado. Los chistes sobre la alcaldesa, Urdangarín y los sobres están metidos con calzador.
Poco más tengo que decir. Se supone que es la historia del hijo de un juez que lo deja todo y se va a "buscar". A buscar algo que no sabe lo que es. Vale, hasta ahí bien. Pero todo es un cúmulo de gestitos, saltos y exhibiciones de hiperactividad. Intentos desesperados y gritados de ser gracioso. Chistes obvios con mensaje que no pueden estar más forzados ( y mira que cualquier crítica contra el gobierno y la alcaldesa me gustan) y poco más. Hora y pico que yo iba deseando disfrutarla y que a los 3 minutos noté que no tenía nada que ver conmigo. Igual es que yo soy soso como el agua de la berza, pero te juro que no, que me parto el culo a ná que me hagan y que me descojono con el anuncio de la lotería.
Seguramente seré el único al que esto le haya parecido un horror y me ganaré más odios aún, pero, es lo que hay.
Yo de mayor quiero ser Fermín Jiménez. Cuarta Pared.
A mí es que me gusta el teatro denso, el de pensar, el de sufrir, el de personajes intensos con conflictos gordos y mucho sufrimiento, el de situaciones raras o difíciles, el de textos conmovedores o duros, de los que sales hecho polvo o conmovido, o espantado, o reventado o desgarrado. Me pasa igual con el cine. Y como suele ser habitual en mí, basta que diga una cosa para que me pase lo contrario. Por eso me encantan las comedias y por eso me gustó mucho lo que hicieron El Pont Flotant en Cuarta Pared.
Nah, es broma, sólo una forma de empezar. Pero es que con espectáculos así no sabe uno ni cómo ni por dónde empezar. Nada llama demasiado la atención, nada sobresale, todo es medianamente... "bueno, vale" y de pronto se termina y ves cómo todo se une como en un engranaje sutil, y cobra forma. Efectivamente no hay nada excesivamente llamativo. La puesta en escena es normal, tiene un ritmo normal, no hay grandes sorpresas ni una iluminación llamativa, ni nada, de hecho, tienes hasta una pizarra donde está puesto todo lo que van a hacer y a qué hora lo van a hacer (curioso cuando de lo que hablan es de la espontaneidad, del dejarse llevar, del vivir el tiempo). Ellos, actoralmente no hacen nada del otro mundo, están normales, divertidos, casi siempre buenrrollistas, simpaticones, sonrientes, ni se pegan dramones internos ni sufren como perros, ni componen unos personajes alejados de ellos mismos...
Y el texto es un cúmulo de frases normales, no hay grandes conflictos, no hay trucos ocultos ni juegos de palabra, ni hablan de los grandes temas que nos sacuden a todos por dentro o por fuera.
Simplemente (o no) hablan del tiempo. Del tiempo que se nos va. Del tiempo que gastamos en ganarnos la vida (como si la vida no la tuviéramos ya ganada) y que no empleamos en disfrutar. Hablan y fantasean con "qué harías tú si tuvieras un segundo libre, un segundo para dedicarlo simplemente a hacer lo que realmente te gustaría?" Un segundo, un minuto, un rato, una hora, un día, un mes, un año, una vida... Y si, eso es lo tremendo, que tenemos tan metido en los tuétanos que hay que "aprovechar" el tiempo (como si emplearlo en uno mismo o en hacer lo que te apetezca no fuera "aprovecharlo") que el disponer de momentos, horas o días para hacer con ese tiempo lo que realmente te gustaría, se nos hace raro. Fermín Jiménez hace lo que le sale del pepo. Se dedica a unir con un rotu fosforito chicles pegados en el suelo. ¿Qué consigue con eso? Nada, ¿o es que tiene que conseguir algo? Lo hace porque le apetece y se lo pide el cuerpo. Y porque puede. ¿Qué harías tú si tuvieras un día, un minuto, un mes o un año libre? Seguro que no harías lo que haces cada día. La escena de las agendas lo resume todo. ¿Quieres ser Fermín Jiménez? Pues para, para de vez en cuando, sé consciente de dónde estás y de quién eres. Toma conciencia de tu cuerpo y usa el tiempo para vivirlo.
Hostias, ¿qué más le puedes pedir a una función de teatro? Viva El Pont Flotant y viva el teatro cotidiano. Estos son nuestros dramas, nuestras angustias, nuestros agobios y nuestro día a día. Es como una canción de Aute, o de Serrat.
Nah, es broma, sólo una forma de empezar. Pero es que con espectáculos así no sabe uno ni cómo ni por dónde empezar. Nada llama demasiado la atención, nada sobresale, todo es medianamente... "bueno, vale" y de pronto se termina y ves cómo todo se une como en un engranaje sutil, y cobra forma. Efectivamente no hay nada excesivamente llamativo. La puesta en escena es normal, tiene un ritmo normal, no hay grandes sorpresas ni una iluminación llamativa, ni nada, de hecho, tienes hasta una pizarra donde está puesto todo lo que van a hacer y a qué hora lo van a hacer (curioso cuando de lo que hablan es de la espontaneidad, del dejarse llevar, del vivir el tiempo). Ellos, actoralmente no hacen nada del otro mundo, están normales, divertidos, casi siempre buenrrollistas, simpaticones, sonrientes, ni se pegan dramones internos ni sufren como perros, ni componen unos personajes alejados de ellos mismos...
Y el texto es un cúmulo de frases normales, no hay grandes conflictos, no hay trucos ocultos ni juegos de palabra, ni hablan de los grandes temas que nos sacuden a todos por dentro o por fuera.
Simplemente (o no) hablan del tiempo. Del tiempo que se nos va. Del tiempo que gastamos en ganarnos la vida (como si la vida no la tuviéramos ya ganada) y que no empleamos en disfrutar. Hablan y fantasean con "qué harías tú si tuvieras un segundo libre, un segundo para dedicarlo simplemente a hacer lo que realmente te gustaría?" Un segundo, un minuto, un rato, una hora, un día, un mes, un año, una vida... Y si, eso es lo tremendo, que tenemos tan metido en los tuétanos que hay que "aprovechar" el tiempo (como si emplearlo en uno mismo o en hacer lo que te apetezca no fuera "aprovecharlo") que el disponer de momentos, horas o días para hacer con ese tiempo lo que realmente te gustaría, se nos hace raro. Fermín Jiménez hace lo que le sale del pepo. Se dedica a unir con un rotu fosforito chicles pegados en el suelo. ¿Qué consigue con eso? Nada, ¿o es que tiene que conseguir algo? Lo hace porque le apetece y se lo pide el cuerpo. Y porque puede. ¿Qué harías tú si tuvieras un día, un minuto, un mes o un año libre? Seguro que no harías lo que haces cada día. La escena de las agendas lo resume todo. ¿Quieres ser Fermín Jiménez? Pues para, para de vez en cuando, sé consciente de dónde estás y de quién eres. Toma conciencia de tu cuerpo y usa el tiempo para vivirlo.
Hostias, ¿qué más le puedes pedir a una función de teatro? Viva El Pont Flotant y viva el teatro cotidiano. Estos son nuestros dramas, nuestras angustias, nuestros agobios y nuestro día a día. Es como una canción de Aute, o de Serrat.
martes, 3 de diciembre de 2013
MBIG. La pensión de las pulgas.
A estas alturas lo de La Bella Chelito, y lo del cuplé "La pulga" me lo salto, ¿no?
Y lo de que Martret y Puraenvidia son los de "La casa de la portera" y que yo ADORO ese templo, también me lo puedo ahorrar, ¿verdad?
Entonces a lo que voy, al MBIG o Mc Beth International Group. Coño, inaugurar un espacio nuevo, con la espectación creada tras "La casa de la portera", nada más y nada menos que con un Shakespeare, y encima versionado y dirigido por Martret en persona es de tenerlos muy grandes y muy bien puestos. Y encima estos, que son más listos que los ratones coloraos, van y pillan a lo mejor de cada casa con lo cual, muy mal se tenía que dar para que de ahí no saliera un exitazo del copón.
Reconozco que con lo que había leído, me esperaba una versión de McBeth ambientada en el mundo empresarial y de las altas finanzas. Pero me encontré con un McBeth absolutamente fiel a la obra de Shakespeare. El espacio ya lo habéis visto, es flipante. Todos los detalles, suelos, lámparas, sillones, materiales, ceniceros, TODO te remite a los años 50/60. Ahí tienes, efectivamente Mad Men, y tienes a Rock Hudson, tienes a Douglas Sirk y tienes a Ava, a Liz, a Doris, a Montgomery y toda una serie de iconos que a mí, particularmente me ponen. El espacio, en definitiva es brutal, las tres habitaciones, cada una con su estilo y su función dentro del espectáculo. Un juego de luces que te cagas, no es que se enciendan o se apaguen las lámparas, es que está iluminado como si fuera un escenario, creando espacios, focos y centrando la acción y creando ambientes dentro de esos pocos metros. Magistral.
Inma Cuevas es el nexo que une el mundo "empresarial" con el mundo McBethiano. Tan pronto te explica una estrategia de mercado como te representa un puñado de personajes secundarios de la obra, todo siempre con un nivel de naturalidad y de verdad que es difícil de creer. Rocío Calvo y Maribel Luis son las dos (mejor dicho, tres) brujas. Sus escenas son desde luego, unos de los platos fuertes de la función. Iluminadas y ambientadas de forma magistral, ambas dos despliegan todas sus armas de vecinas arpías. Son malas con avaricia y dan un repelús quepaqué. Sus conjuros, sus respiraciones, sus maldades y sus miradas te ponen los pelos de punta. Encima es que son como esa tía mala que nos tenia acojonaos de pequeños. Yo al menos tenía una así. Y era mala mala.
Daniel Pérez Prada es un Banquo de lujo. Amigo, cómplice, receloso, víctima y verdugo todo en uno. Un abanico de matices y una fuerza en cada gesto únicos. Rocío Muñoz-Cobo está soberbia como la arpía Lady McBeth. Es Ruth Roman, es Liz, es Ava y también es Maruja Asquerino o María Félix si me apuras. Incitadora, enferma, bicho malo y calentorro. No hay ser humano y no humano más bello que Rocío. Es todas las mujeres fatales del cine negro juntas en una perra en celo que sabe dónde y cómo tocarle los huevos y el orgullo a su señor esposo para hacer que le compre un collar nuevo, un modelazo, un sortijón o un reino. Claro, como pa no caer. Si encima eres un alma cántara que todo lo que tienes de inocentón lo tienes de ambicioso, pues claro que matas a to dios con tal de llegar lo antes posible a lo que te han pronosticado todos, brujas incluidas.
Y ahí empalmo (con perdón) con Fran Boira. Francisco Boira. Don Francisco Boira. Un nombre que si hasta ahora, no sé por qué, no estaba aún entre los grandes más grandes del planeta, ahora ya sí que sí. Yo confieso que de entrada, como que no me lo veía. No por su capacidad como actor, evidentemente, sino porque me parecía mucho personaje, con mucho empaque, mucha carga, hasta más edad, no sé. Pero como otras veces, me tuve que meter mis prejuicios por el Glamis y desde el momento en el que aparece ves que ES McBeth. Don Francisco es un torrente, una fuerza de la naturaleza que salta de un estado de ánimo a otro como si nada, te lleva en sus dudas, en su avaricia, en su ira, en sus traiciones, en su descenso al infierno y en sus pasiones. Y ves el puñal amenazante, joder, y ves la sangre, y lloras con él, y te cagas con él cuando aparece Banquo y quieres matar y matas con él. El personaje es una montaña rusa de emociones y Don Francisco Boira las da absolutamente todas y todas de forma perfecta. Y ya que le estoy poniendo tan bien, me voy a permitir sacarle una falta. Y es que a veces, su risa, me descoloca. Algo hay en la risa que me baja de la estratosfera y me deja sólo en la troposfera. Te juro que porque había más gente, si no, me habría avalanzado sobre él al finalizar la función y me lo habría comido a abrazos. En serio, es un trabajazo de los que se ven muy pocos en todo el año. Y ¿sabes qué te digo? Que es que encima yo le veía como contenido. Me daba la sensación de que en realidad, en su interior, tenía todavía más energía y que estaba medido. Eso se llama contención. Para mí era como una olla exprés. Aprovechaba el texto y la acción para soltar parte de la energía brutal y salvaje que tenía dentro, pero fijo que tenía incluso más. Y eso un domingo en una matinal, con dos cojones.
Mira, voy a sacar otra falta, pa que luego no digáis que estoy chocheando con las cosas que me gustan. Quizá es un poco demasiado brusco el paso de la "escena del sonambulismo" de Lady, a... la bañera. Está demasiado entera, dentro de que está rota, como para acabar en la bañera. Quizá un poco más de sutileza... de tiempo... de pausa...
Pero en definitiva, el que no haya ido, no sabe lo que se está perdiendo. Y el que por hacer el gilipollas se lo acabe perdiendo, se arrepentirá toda su vida. Yo, si consigo cuadrar la agenda, igual repito!!
SEGUNDO COMENTARIO
TERCER COMENTARIO
Y lo de que Martret y Puraenvidia son los de "La casa de la portera" y que yo ADORO ese templo, también me lo puedo ahorrar, ¿verdad?
Entonces a lo que voy, al MBIG o Mc Beth International Group. Coño, inaugurar un espacio nuevo, con la espectación creada tras "La casa de la portera", nada más y nada menos que con un Shakespeare, y encima versionado y dirigido por Martret en persona es de tenerlos muy grandes y muy bien puestos. Y encima estos, que son más listos que los ratones coloraos, van y pillan a lo mejor de cada casa con lo cual, muy mal se tenía que dar para que de ahí no saliera un exitazo del copón.
Reconozco que con lo que había leído, me esperaba una versión de McBeth ambientada en el mundo empresarial y de las altas finanzas. Pero me encontré con un McBeth absolutamente fiel a la obra de Shakespeare. El espacio ya lo habéis visto, es flipante. Todos los detalles, suelos, lámparas, sillones, materiales, ceniceros, TODO te remite a los años 50/60. Ahí tienes, efectivamente Mad Men, y tienes a Rock Hudson, tienes a Douglas Sirk y tienes a Ava, a Liz, a Doris, a Montgomery y toda una serie de iconos que a mí, particularmente me ponen. El espacio, en definitiva es brutal, las tres habitaciones, cada una con su estilo y su función dentro del espectáculo. Un juego de luces que te cagas, no es que se enciendan o se apaguen las lámparas, es que está iluminado como si fuera un escenario, creando espacios, focos y centrando la acción y creando ambientes dentro de esos pocos metros. Magistral.
Inma Cuevas es el nexo que une el mundo "empresarial" con el mundo McBethiano. Tan pronto te explica una estrategia de mercado como te representa un puñado de personajes secundarios de la obra, todo siempre con un nivel de naturalidad y de verdad que es difícil de creer. Rocío Calvo y Maribel Luis son las dos (mejor dicho, tres) brujas. Sus escenas son desde luego, unos de los platos fuertes de la función. Iluminadas y ambientadas de forma magistral, ambas dos despliegan todas sus armas de vecinas arpías. Son malas con avaricia y dan un repelús quepaqué. Sus conjuros, sus respiraciones, sus maldades y sus miradas te ponen los pelos de punta. Encima es que son como esa tía mala que nos tenia acojonaos de pequeños. Yo al menos tenía una así. Y era mala mala.
Daniel Pérez Prada es un Banquo de lujo. Amigo, cómplice, receloso, víctima y verdugo todo en uno. Un abanico de matices y una fuerza en cada gesto únicos. Rocío Muñoz-Cobo está soberbia como la arpía Lady McBeth. Es Ruth Roman, es Liz, es Ava y también es Maruja Asquerino o María Félix si me apuras. Incitadora, enferma, bicho malo y calentorro. No hay ser humano y no humano más bello que Rocío. Es todas las mujeres fatales del cine negro juntas en una perra en celo que sabe dónde y cómo tocarle los huevos y el orgullo a su señor esposo para hacer que le compre un collar nuevo, un modelazo, un sortijón o un reino. Claro, como pa no caer. Si encima eres un alma cántara que todo lo que tienes de inocentón lo tienes de ambicioso, pues claro que matas a to dios con tal de llegar lo antes posible a lo que te han pronosticado todos, brujas incluidas.
Y ahí empalmo (con perdón) con Fran Boira. Francisco Boira. Don Francisco Boira. Un nombre que si hasta ahora, no sé por qué, no estaba aún entre los grandes más grandes del planeta, ahora ya sí que sí. Yo confieso que de entrada, como que no me lo veía. No por su capacidad como actor, evidentemente, sino porque me parecía mucho personaje, con mucho empaque, mucha carga, hasta más edad, no sé. Pero como otras veces, me tuve que meter mis prejuicios por el Glamis y desde el momento en el que aparece ves que ES McBeth. Don Francisco es un torrente, una fuerza de la naturaleza que salta de un estado de ánimo a otro como si nada, te lleva en sus dudas, en su avaricia, en su ira, en sus traiciones, en su descenso al infierno y en sus pasiones. Y ves el puñal amenazante, joder, y ves la sangre, y lloras con él, y te cagas con él cuando aparece Banquo y quieres matar y matas con él. El personaje es una montaña rusa de emociones y Don Francisco Boira las da absolutamente todas y todas de forma perfecta. Y ya que le estoy poniendo tan bien, me voy a permitir sacarle una falta. Y es que a veces, su risa, me descoloca. Algo hay en la risa que me baja de la estratosfera y me deja sólo en la troposfera. Te juro que porque había más gente, si no, me habría avalanzado sobre él al finalizar la función y me lo habría comido a abrazos. En serio, es un trabajazo de los que se ven muy pocos en todo el año. Y ¿sabes qué te digo? Que es que encima yo le veía como contenido. Me daba la sensación de que en realidad, en su interior, tenía todavía más energía y que estaba medido. Eso se llama contención. Para mí era como una olla exprés. Aprovechaba el texto y la acción para soltar parte de la energía brutal y salvaje que tenía dentro, pero fijo que tenía incluso más. Y eso un domingo en una matinal, con dos cojones.
Mira, voy a sacar otra falta, pa que luego no digáis que estoy chocheando con las cosas que me gustan. Quizá es un poco demasiado brusco el paso de la "escena del sonambulismo" de Lady, a... la bañera. Está demasiado entera, dentro de que está rota, como para acabar en la bañera. Quizá un poco más de sutileza... de tiempo... de pausa...
Pero en definitiva, el que no haya ido, no sabe lo que se está perdiendo. Y el que por hacer el gilipollas se lo acabe perdiendo, se arrepentirá toda su vida. Yo, si consigo cuadrar la agenda, igual repito!!
SEGUNDO COMENTARIO
TERCER COMENTARIO
domingo, 1 de diciembre de 2013
Nameless Hands - A Doll's House. Canal.
Este espectáculo, que tranquilamente podía haber venido a Madrid a través del año dual España Japón, pero no, a venido así a pelo, gracias, supongo a la labor de Boadella y de su equipo. Y de verdad te digo que nunca se lo agradeceremos lo suficiente.
Pero claro, es que el coreógrafo, Jo Kanamori, se formó con Béjart y en el Netherlands Dance theatre. ¿Qué te vas a esperar? Pues eso, algo como lo que vimos anoche. O "sentimos" anoche, porque hay espectáculos que te entran por los conductos habituales y otros que se te meten por los poros o no sé yo ni por donde, pero que te inundan por dentro y acabas invadido por las sensaciones. Chico, no sé, pero es que desde el segundo uno, un sentimiento de felicidad se me metió por los tuétanos. Imágenes de una belleza inaudita y ejecutadas con un virtuosismo que no tiene más explicación yo creo, que las horas y horas y horas de trabajo e investigación para llegar a ese nivel de ejecución tan exquisitamente perfecto.
Pero no sólo el virtuosismo con el que todos los componentes de la compañía ejecutan sus movimientos, sino una coreografía que a mí particularmente me hizo sentirme pequeñito, como si de pronto me hubiera convertido en un crío de tres años y estuviera viendo un espectáculo de magia. La mandíbula yo creo que se me desencajó y debía de estar por el andén de la línea 7 del metro. Simplemente la imagen de ese Geppetto manipulando sus muñequitos antes de que arranque la música, me llevó a mi infancia. Y no es que el espectáculo te traslade a tus años mozos, porque hable o emule sensaciones de cuentecito de hadas, no, sino porque el sentido "mágico" que inunda cada imagen, te transporta a otro universo. Belleza, virtuosismo y poesía alternadas con imagenes de una potencia brutal. Los "kurogo", manipuadores de las marionetas bunraku, dominan y dirigen las vidas de sus muñecos. Les alteran y se convierten en seres despóticos o casi diabólicos que alteran las relaciones entre los muñecos o entre los seres humanos a los que convierten en muñecos. Unos manipulan a otros. Geppetto a su muñeca, su muñeca a él (Carmen), los kurogo a sus criaturas, la mujer de Geppetto a la muñeca... Todo es manipulación, todo es crueldad y todo lleva a un éxtasis musical-sangriento-dominador.
La selección musical, a pesar de ser bastante... obvia, funciona perfectamente. Las luces, perfectas y el ritmo interior y el general, brillantes. Dos momentos bizarros pero que funcionaron a la perfección. El momento Pavarotti, un poco hortera, y el momentazo "Carmen" que despertó los aplausos de la peña. Bizarros pero acertados.
Yo creo que si nos hubieran preguntado a los del público, habríamos votado por unanimidad que siguieran bailando horas y horas. Al terminar el espectáculo, te diría que un 70% del público se puso en pie y gritó "bravo". Y eso, en Canal o en cualquier otro sitio, lo habré visto una vez... o ninguna.
Ah, eso sí, tuvo que sonar un puto móvil de un/una desgraciad@ al que sin duda yo mandaría a limpiar Fukushima. Y cientos, miles de tuberculosos, gargajosos y tísicos. De verdad, es un suplicio. En primavera las alergias, en invierno los catarros, en otoño no sé qué coño será y en verano... el aire acondicionado, pero eso de la peña tosiendo a diestro y siniestro es una cosa mala. Y no te creas tú que se ponen la manita o se tapan con el abrigo, no. Tosen como si estuvieran dando un "do" de pecho en el Real. Tosen para su público. Y no se preocupan lo más mínimo por intentar no hacer mucho ruido. Yo los mataría junto con los movileros.
Pero claro, es que el coreógrafo, Jo Kanamori, se formó con Béjart y en el Netherlands Dance theatre. ¿Qué te vas a esperar? Pues eso, algo como lo que vimos anoche. O "sentimos" anoche, porque hay espectáculos que te entran por los conductos habituales y otros que se te meten por los poros o no sé yo ni por donde, pero que te inundan por dentro y acabas invadido por las sensaciones. Chico, no sé, pero es que desde el segundo uno, un sentimiento de felicidad se me metió por los tuétanos. Imágenes de una belleza inaudita y ejecutadas con un virtuosismo que no tiene más explicación yo creo, que las horas y horas y horas de trabajo e investigación para llegar a ese nivel de ejecución tan exquisitamente perfecto.
Pero no sólo el virtuosismo con el que todos los componentes de la compañía ejecutan sus movimientos, sino una coreografía que a mí particularmente me hizo sentirme pequeñito, como si de pronto me hubiera convertido en un crío de tres años y estuviera viendo un espectáculo de magia. La mandíbula yo creo que se me desencajó y debía de estar por el andén de la línea 7 del metro. Simplemente la imagen de ese Geppetto manipulando sus muñequitos antes de que arranque la música, me llevó a mi infancia. Y no es que el espectáculo te traslade a tus años mozos, porque hable o emule sensaciones de cuentecito de hadas, no, sino porque el sentido "mágico" que inunda cada imagen, te transporta a otro universo. Belleza, virtuosismo y poesía alternadas con imagenes de una potencia brutal. Los "kurogo", manipuadores de las marionetas bunraku, dominan y dirigen las vidas de sus muñecos. Les alteran y se convierten en seres despóticos o casi diabólicos que alteran las relaciones entre los muñecos o entre los seres humanos a los que convierten en muñecos. Unos manipulan a otros. Geppetto a su muñeca, su muñeca a él (Carmen), los kurogo a sus criaturas, la mujer de Geppetto a la muñeca... Todo es manipulación, todo es crueldad y todo lleva a un éxtasis musical-sangriento-dominador.
La selección musical, a pesar de ser bastante... obvia, funciona perfectamente. Las luces, perfectas y el ritmo interior y el general, brillantes. Dos momentos bizarros pero que funcionaron a la perfección. El momento Pavarotti, un poco hortera, y el momentazo "Carmen" que despertó los aplausos de la peña. Bizarros pero acertados.
Yo creo que si nos hubieran preguntado a los del público, habríamos votado por unanimidad que siguieran bailando horas y horas. Al terminar el espectáculo, te diría que un 70% del público se puso en pie y gritó "bravo". Y eso, en Canal o en cualquier otro sitio, lo habré visto una vez... o ninguna.
Ah, eso sí, tuvo que sonar un puto móvil de un/una desgraciad@ al que sin duda yo mandaría a limpiar Fukushima. Y cientos, miles de tuberculosos, gargajosos y tísicos. De verdad, es un suplicio. En primavera las alergias, en invierno los catarros, en otoño no sé qué coño será y en verano... el aire acondicionado, pero eso de la peña tosiendo a diestro y siniestro es una cosa mala. Y no te creas tú que se ponen la manita o se tapan con el abrigo, no. Tosen como si estuvieran dando un "do" de pecho en el Real. Tosen para su público. Y no se preocupan lo más mínimo por intentar no hacer mucho ruido. Yo los mataría junto con los movileros.
sábado, 30 de noviembre de 2013
Penal de Ocaña. Kubik Fabrik
Hay veces en las que parece que se juntan los astros para ofrecer espectáculos de esos que ya antes de que vayas, estás hasta nervioso. Por un lado, la compañía, Nao d'amores, que presenta su primer trabajo alejado de su especialidad, el teatro medieval y renacentista y después de sus últimos éxitos. Por otro lado, el texto, "Penal de Ocaña", de María Josefa Canellada, mujer importantísima en la historia española aunque, para mí, al menos una desconocida hasta este momento. Y por otro lado, Kubik Fabrik, la mítica sala de Usera, que en su línea de llevar cosas interesantísimas a un barrio como Usera ( y por extensión, claro está a todo Madrid) nos ha regalado la oportunidad de acercarnos a esta obra, a esta autora, a esta figura y a esta compañía.
Como no podía ser de otra forma, la sala estaba petada. Pero petada, petada, y yo que me alegro por Fernando Sánchez Cabezudo.
Bueno, a lo que voy. El texto es una maravilla. Tanto la historia que cuenta como la forma en que está contada son un ejemplo. Aparte de la dureza de la historia en sí, se recrean unas imágenes poderosas, potentes y trágicas con un empleo del castellano prodigioso, demostrando que nuestro idioma es increíblemente rico y expresivo, pero que hay que saber utilizarlo. La imagen de las naranjas recién peladas y de lo que representan para un preso y además moribundo es un ejemplo de la belleza que recorre la mayor parte del texto.
Lo que no ayuda demasiado a terminar de potenciar la fuerza y el poderío del texto es la puesta en escena. Hay un exceso de efusividad desde el comienzo. Elena Rayos empieza totalmente efusiva y efervescente y para mi gusto está así todo el rato y acaba igual que empezó, con el cuentarevoluciones a 150. Si, llora, se emociona, grita, ríe, hace de todo, pero todo siempre en un registro de hiperactividad y sin dejar lugar en ningún momento a esos elementos tan valiosos llamados "silencio", "pausa", "matiz", "complicidad", "susurro"... Por eso el efecto que produjo en mí, por ejemplo fue que los cinco primeros minutos estás como pletórico, acelerado, adrenalínico, pero se te desinfla poco a poco al ver que esa emoción hiperbólica es la misma siempre. No sé, me pareció que Elena Rayos está demasiado espídica desde el principio y aunque le pasan cosas, está claro, paradójicamente no evoluciona. Y claro, corres el riesgo de desenchufar.
No me gustó mucho tampoco el diálogo sobre todo gestual que tiene con la pianista. Los gestos y las caras que pone Isabel Zamora no me gustaron demasiado.
Y luego es que no tengo muy claro desde dónde me están contando la historia. Conmigo al menos no hubo complicidad, ni yo noté eso que llamo "verdad" y que hace que te metas en el escenario y te de igual todo. Yo no veía "vida" en escena, veía casi coreografía y un grandísimo texto pero que me lo estaban contando. No recreando ni haciéndolo vivo. Tampoco me quedó claro desde dónde me lo contaban, no sé si me explico.
Pero vamos, que recomiendo a todo el mundo que vaya a verlo, porque la figura de María Josefa Canellada es interesantísima, el texto es muy bello, Elena Rayos hace de todo con mucha profesionalidad y el espectáculo en sí merece la pena. Detrás se ve que hay un trabajazo tremendo y eso siempre es de reconocer y valorar.
Como no podía ser de otra forma, la sala estaba petada. Pero petada, petada, y yo que me alegro por Fernando Sánchez Cabezudo.
Bueno, a lo que voy. El texto es una maravilla. Tanto la historia que cuenta como la forma en que está contada son un ejemplo. Aparte de la dureza de la historia en sí, se recrean unas imágenes poderosas, potentes y trágicas con un empleo del castellano prodigioso, demostrando que nuestro idioma es increíblemente rico y expresivo, pero que hay que saber utilizarlo. La imagen de las naranjas recién peladas y de lo que representan para un preso y además moribundo es un ejemplo de la belleza que recorre la mayor parte del texto.
Lo que no ayuda demasiado a terminar de potenciar la fuerza y el poderío del texto es la puesta en escena. Hay un exceso de efusividad desde el comienzo. Elena Rayos empieza totalmente efusiva y efervescente y para mi gusto está así todo el rato y acaba igual que empezó, con el cuentarevoluciones a 150. Si, llora, se emociona, grita, ríe, hace de todo, pero todo siempre en un registro de hiperactividad y sin dejar lugar en ningún momento a esos elementos tan valiosos llamados "silencio", "pausa", "matiz", "complicidad", "susurro"... Por eso el efecto que produjo en mí, por ejemplo fue que los cinco primeros minutos estás como pletórico, acelerado, adrenalínico, pero se te desinfla poco a poco al ver que esa emoción hiperbólica es la misma siempre. No sé, me pareció que Elena Rayos está demasiado espídica desde el principio y aunque le pasan cosas, está claro, paradójicamente no evoluciona. Y claro, corres el riesgo de desenchufar.
No me gustó mucho tampoco el diálogo sobre todo gestual que tiene con la pianista. Los gestos y las caras que pone Isabel Zamora no me gustaron demasiado.
Y luego es que no tengo muy claro desde dónde me están contando la historia. Conmigo al menos no hubo complicidad, ni yo noté eso que llamo "verdad" y que hace que te metas en el escenario y te de igual todo. Yo no veía "vida" en escena, veía casi coreografía y un grandísimo texto pero que me lo estaban contando. No recreando ni haciéndolo vivo. Tampoco me quedó claro desde dónde me lo contaban, no sé si me explico.
Pero vamos, que recomiendo a todo el mundo que vaya a verlo, porque la figura de María Josefa Canellada es interesantísima, el texto es muy bello, Elena Rayos hace de todo con mucha profesionalidad y el espectáculo en sí merece la pena. Detrás se ve que hay un trabajazo tremendo y eso siempre es de reconocer y valorar.
viernes, 29 de noviembre de 2013
Aquel aire infinito. Cuarta Pared.
Este texto de la autora Luïsa Cunillé ganó el Premio Nacional de Literatura Dramática en 2010. El jurado estaba compuesto por gente cultísima y superlista, así que yo no soy nadie para decir que el texto es soso, aburrido, que presenta la capa más superficial de los personajes femeninos y que el convertir a Ulises en un topógrafo europeo en un país extraño no aporta la visión del desubicado que parece que pretende, ni voy a decir que no pasa nada por los personajes, que no hay conflictos y que empiezan exactamente igual que acaban. No seré yo el que lleve la contraria a ese grupazo de intelectuales infinitamente más inteligentes que yo. Así que no lo diré.
Lo que sí digo, y voy a intentar ser suave, es que la dirección de Paco Zarzoso me parece... digamos... equivocada. Plantar a los dos actores, uno a cada lado del escenario, uno sentado (y algo más arropado, claro) y el otro de pie y totalmente vendido, y que simplemente larguen y larguen y larguen es soporífero y desde luego no consigue atraer la atención del respetable ni despertar mayor interés. Si optas por dejar el escenario desnudo (salvo una mesita y una silla), iluminarlo con lo mínimo que se despacha y no dejar que los actores se muevan, se entiende que es que la fuerza va a estar en el texto y en cómo se va a decir ese texto. Pues tampoco.
Y en ese afán de hacer algo que parezca "trascendente", aunque realmente resulte soporífero, no deja que los actores hagan absolutamente nada más que hablar. Y claro, o eres Julio Núñez, o Rodero, o Arturo López, o la D'ocon o Berta Riaza, o alguien así, o igual la cagas. Toni Sancho... digamos que lo dice todo igual, absolutamente igual, tiene un solo tono. Mejor dicho, toniquete, porque encima es cantarín y afectado. Claro que el pobre está ahí plantado con los brazos colgando; igual si le dejaran moverse un poquito... sería todo algo más orgánico. Solo un poquito más, no pido mucho. Aparte de que para mi gusto, y lo siento, es un actor de pocos recursos. O eso es lo que parece gracias a cómo está montada la cosa. Lola López, yo es que lo siento pero no me gusta nada. Para nada dudo de que tenga una trayectoria abrumadora y de que lleve cuatrocientos años en la profesión. Segurísimo que es una gran dama del teatro, pero su forma de hacer... bueno, de decir, no me llega, no me gusta. Fijo que tiene mil recursos, e igual es por la dirección, no lo sé, pero aquí solo usa un registro. Para mi resultan exactamente iguales Fedra, Antígona, Medea y Electra. Y reconozco y lo digo totalmente en serio, que Lola está entregadísima, que sufre, que se emociona, que busca dentro de sí misma, que intenta darle peso, carga e intensidad a todo lo que hace..., perdón, a todo lo que dice, pero al estar la mujer clavada al suelo o a la silla, según qué escena sea, no consigue transmitir todo lo que ella siente dentro, ni comunicarlo con el espectador. Si es que todo es demasiado rígido, y así no hay manera.
Aplausos fríos del público que no abarrotaba la sala.
Lo que sí digo, y voy a intentar ser suave, es que la dirección de Paco Zarzoso me parece... digamos... equivocada. Plantar a los dos actores, uno a cada lado del escenario, uno sentado (y algo más arropado, claro) y el otro de pie y totalmente vendido, y que simplemente larguen y larguen y larguen es soporífero y desde luego no consigue atraer la atención del respetable ni despertar mayor interés. Si optas por dejar el escenario desnudo (salvo una mesita y una silla), iluminarlo con lo mínimo que se despacha y no dejar que los actores se muevan, se entiende que es que la fuerza va a estar en el texto y en cómo se va a decir ese texto. Pues tampoco.
Y en ese afán de hacer algo que parezca "trascendente", aunque realmente resulte soporífero, no deja que los actores hagan absolutamente nada más que hablar. Y claro, o eres Julio Núñez, o Rodero, o Arturo López, o la D'ocon o Berta Riaza, o alguien así, o igual la cagas. Toni Sancho... digamos que lo dice todo igual, absolutamente igual, tiene un solo tono. Mejor dicho, toniquete, porque encima es cantarín y afectado. Claro que el pobre está ahí plantado con los brazos colgando; igual si le dejaran moverse un poquito... sería todo algo más orgánico. Solo un poquito más, no pido mucho. Aparte de que para mi gusto, y lo siento, es un actor de pocos recursos. O eso es lo que parece gracias a cómo está montada la cosa. Lola López, yo es que lo siento pero no me gusta nada. Para nada dudo de que tenga una trayectoria abrumadora y de que lleve cuatrocientos años en la profesión. Segurísimo que es una gran dama del teatro, pero su forma de hacer... bueno, de decir, no me llega, no me gusta. Fijo que tiene mil recursos, e igual es por la dirección, no lo sé, pero aquí solo usa un registro. Para mi resultan exactamente iguales Fedra, Antígona, Medea y Electra. Y reconozco y lo digo totalmente en serio, que Lola está entregadísima, que sufre, que se emociona, que busca dentro de sí misma, que intenta darle peso, carga e intensidad a todo lo que hace..., perdón, a todo lo que dice, pero al estar la mujer clavada al suelo o a la silla, según qué escena sea, no consigue transmitir todo lo que ella siente dentro, ni comunicarlo con el espectador. Si es que todo es demasiado rígido, y así no hay manera.
Aplausos fríos del público que no abarrotaba la sala.
jueves, 28 de noviembre de 2013
Kathie y el hipopótamo. Matadero.
Pues no, no pienso comparar con "La Chunga".
Antes que nada, decir que las fabulosas fotos son de Sergio Parra.
Este texto de Vargas Llosa no me vuelve loco pero tiene sus cosillas que me lo hacen interesante.
Una dama de la alta sociedad limeña contrata a un escritor (un negro) para que le escriba un libro con sus andanzas por esos mundos negros y amarillos. Igual que él "colorea" las experiencias de ella, a nosotros se nos muestran distintas anécdotas de las vidas de ambos. Puede que sean reales o puede que no. Hay muchas, unas más descabelladas que otras. Y ese juego de realidad/ficción/invención/fantasía/diversión/deseo/quimera deja ver diversos niveles de relaciones humanas, casi todas ellas enfermizas, chungas, sucias, crueles, machistas y bastantes repulsivas. Los hombres dan asquito y las mujeres son todas un poco pavas, pero bueno, será el momento. Bien, vale, texto interesante, que se hace ameno, mantiene el intríngulis y no aburre.
El espacio me pareció acertado. El piano de cola y la presencia de David San José es un acierto pleno. Crea clima, pone la banda sonora que muchas veces echamos en falta en nuestra vida. Fabuloso músico. Escenografía correcta y luces normales, a veces poco aprovechadas. No basta con poner una luz más amarilla para los momentos del pasado remoto. Y un crimen no aprovechar el "Ne me quitte pas" de la divina Ana Belén para bajar las luces, iluminar de forma más íntima y hacer que todos acabemos llorando como perrakas.
La dirección no me parece tan prodigiosa como he leído por ahí. Es más, creo que a ratos, deja a los pobres actores vendidos en situaciones difíciles de defender. Como esa escena en la que la divina Ana Belén casi tiene un orgasmo agarrada a la torre de focos, luchando por no hacer lo que le pide el cuerpo, que es revolcarse por ahí o buscar otra acción más acorde con lo que pasa. O la mayoría de las intervenciones de la hermana de Kristin Scott Thomas, digo, de Eva Rufo. Casi siempre vendida a acciones pobres o plantada en medio sin más recursos que su habilidad para salir de esos atolladeros. O como esa escena, que para mi gusto saca lo mejor de la divina Ana Belén, cuando la lectura de las cartas a su ex novio, mientras se agarra desesperada a sus piernas gritando que la deja ser su perra, su puta, pero que no se vaya. Lo mejor de la función y del texto, pero desaprovechado escénicamente y dejando a la pobre divina Ana Belén vendidita en una situación imposible de salvar si no es con toda la profesionalidad del mundo.
Eva Rufo y Jorge Basanta están muy bien. Hacen muchas cosas, casi todas ingratas y las hacen muy bien. Tiene los papeles menos agradecidos pero los sacan adelante con una profesionalidad abrumadora. Bravo por los dos. Ginés García Millán no me gustó. Le veo que está tan normal y de repente se pone a gritar desaforadamente sin transición. Le veo que hace lo que tiene marcado, pero le falta verdad, esa cosa orgánica. Por ejemplo, hay un momento en el que está gritando como un loco sentado en la mesa. Tiene la vena en el cuello y grita a todo trapo. Pero (es lo que tiene la fila 1, que lo cazas todo) tiene las manos relajadas, reposando tranquilamente sobre la grabadora sin la mas mínima crispación.
Y mi Ana. La divina Ana Belén. Creo que después de mi amigo Chinarro, yo soy la persona del mundo mundial que más adora a Ana Belén. Aunque muy limeña no parece, las cosas como son, está absolutamente arrebatadora como Katie. Va y viene de un estado de ánimo a otro como si tal cosa. Ríe y a los dos segundos llora. Tiene cincuenta y pico años y al segundo tiene diecisiete. Paréntesis: cuando de repente los dos protas se ponen a hacer de chavalines, me temblaron las canillas, me estaba viendo a Meryl Streep en "La casa de los espíritus" o a Kathleen Turner en "Peggy Sue se caso". Pero no, la divina Ana sale bastante más airosa del difícil empeño. Hasta eso tan cruelmente difícil lo hace que te cagas. Te la comes. Es un derroche de profesión el que lanza esta mujer para sacar adelante este vaivén de estados de ánimo y de configuraciones de personajes. Salta de uno a otro sin red y cae siempre de pie, como la grandiosísima actrizona que es. Mariano, perdona, pero como soy bastante mayor que tú, tengo más antigüedad. Yo la vi primero.
Antes que nada, decir que las fabulosas fotos son de Sergio Parra.
Este texto de Vargas Llosa no me vuelve loco pero tiene sus cosillas que me lo hacen interesante.
Una dama de la alta sociedad limeña contrata a un escritor (un negro) para que le escriba un libro con sus andanzas por esos mundos negros y amarillos. Igual que él "colorea" las experiencias de ella, a nosotros se nos muestran distintas anécdotas de las vidas de ambos. Puede que sean reales o puede que no. Hay muchas, unas más descabelladas que otras. Y ese juego de realidad/ficción/invención/fantasía/diversión/deseo/quimera deja ver diversos niveles de relaciones humanas, casi todas ellas enfermizas, chungas, sucias, crueles, machistas y bastantes repulsivas. Los hombres dan asquito y las mujeres son todas un poco pavas, pero bueno, será el momento. Bien, vale, texto interesante, que se hace ameno, mantiene el intríngulis y no aburre.
El espacio me pareció acertado. El piano de cola y la presencia de David San José es un acierto pleno. Crea clima, pone la banda sonora que muchas veces echamos en falta en nuestra vida. Fabuloso músico. Escenografía correcta y luces normales, a veces poco aprovechadas. No basta con poner una luz más amarilla para los momentos del pasado remoto. Y un crimen no aprovechar el "Ne me quitte pas" de la divina Ana Belén para bajar las luces, iluminar de forma más íntima y hacer que todos acabemos llorando como perrakas.
La dirección no me parece tan prodigiosa como he leído por ahí. Es más, creo que a ratos, deja a los pobres actores vendidos en situaciones difíciles de defender. Como esa escena en la que la divina Ana Belén casi tiene un orgasmo agarrada a la torre de focos, luchando por no hacer lo que le pide el cuerpo, que es revolcarse por ahí o buscar otra acción más acorde con lo que pasa. O la mayoría de las intervenciones de la hermana de Kristin Scott Thomas, digo, de Eva Rufo. Casi siempre vendida a acciones pobres o plantada en medio sin más recursos que su habilidad para salir de esos atolladeros. O como esa escena, que para mi gusto saca lo mejor de la divina Ana Belén, cuando la lectura de las cartas a su ex novio, mientras se agarra desesperada a sus piernas gritando que la deja ser su perra, su puta, pero que no se vaya. Lo mejor de la función y del texto, pero desaprovechado escénicamente y dejando a la pobre divina Ana Belén vendidita en una situación imposible de salvar si no es con toda la profesionalidad del mundo.
Eva Rufo y Jorge Basanta están muy bien. Hacen muchas cosas, casi todas ingratas y las hacen muy bien. Tiene los papeles menos agradecidos pero los sacan adelante con una profesionalidad abrumadora. Bravo por los dos. Ginés García Millán no me gustó. Le veo que está tan normal y de repente se pone a gritar desaforadamente sin transición. Le veo que hace lo que tiene marcado, pero le falta verdad, esa cosa orgánica. Por ejemplo, hay un momento en el que está gritando como un loco sentado en la mesa. Tiene la vena en el cuello y grita a todo trapo. Pero (es lo que tiene la fila 1, que lo cazas todo) tiene las manos relajadas, reposando tranquilamente sobre la grabadora sin la mas mínima crispación.
Y mi Ana. La divina Ana Belén. Creo que después de mi amigo Chinarro, yo soy la persona del mundo mundial que más adora a Ana Belén. Aunque muy limeña no parece, las cosas como son, está absolutamente arrebatadora como Katie. Va y viene de un estado de ánimo a otro como si tal cosa. Ríe y a los dos segundos llora. Tiene cincuenta y pico años y al segundo tiene diecisiete. Paréntesis: cuando de repente los dos protas se ponen a hacer de chavalines, me temblaron las canillas, me estaba viendo a Meryl Streep en "La casa de los espíritus" o a Kathleen Turner en "Peggy Sue se caso". Pero no, la divina Ana sale bastante más airosa del difícil empeño. Hasta eso tan cruelmente difícil lo hace que te cagas. Te la comes. Es un derroche de profesión el que lanza esta mujer para sacar adelante este vaivén de estados de ánimo y de configuraciones de personajes. Salta de uno a otro sin red y cae siempre de pie, como la grandiosísima actrizona que es. Mariano, perdona, pero como soy bastante mayor que tú, tengo más antigüedad. Yo la vi primero.
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