lunes, 17 de marzo de 2014

El viaje a ninguna parte. Valle Inclán.

Hay recuerdos poderosos y comparaciones odiosas. No todas lo son, qué coño, lo son las que nos la pelan y no lo son las que nos molan. 
El recuerdo de la peli de Fernán Gómez es brutal. Iconos como el "señoritoooo" están clavados en la mente de varias generaciones. O en mi caso, la imagen de Nuria Gallardo se me quedó convertida en un amor que ya existía pero que en ese momento pasó a ser amor universal y eterno. Así que entrar a ver "El viaje a ninguna parte" era arriesgado de cojones. 
Y mira, adelanto ya que salí encantado. Ni maravillado ni flipado, ni emocionadísimo, salí ligeramente feliz y con una sonrisilla de agrado en la cara. ¡Qué más quieres!



El escenario gigante del Valle Inclán está bien aprovechado y bien utilizado. Esas puertas incómodas... esa altura desmesurada, esa amplitud... sirven para que nos pongan unas luces monas que ayudan bastante a crear ese ambiente amplio y solitario de los campos de Castilla. Bien usada tanto la luz como la escenografía, los elementos que meten y sacan de forma bastante natural y coherente.  Buenos efectos, vídeos, humos, y de todo para crear ambiente. Nada excesivamente brillante pero todo suficientemente correcto como para resultar agradable y plausible. Quizá se desaprovecha un poco la ocasión de mostrar a ese grupo humano como un icono. Su aparición en sombras moviéndose como una cofradía de semana santa es efectiva, pero quizá, incluso a riesgo de resultar reiterativa, yo habría acentuado más esa imagen de grupo de vagabundos, de masa errante, de zombies por los caminos polvorientos. 
A pesar de eso empatizas con ellos nada más aparecer. De eso se trata. Y el malo te da coraje. Y la niña te parece monísima, y al abuelo te lo quieres comer... Vamos, que todo funciona como debe. Dirección correcta y efectiva. No hace falta nada más. Bravo por Carol López. Lo que hace es coherente, efectivo y muy mono y agradable. De eso se trata. Aunque no me habría importado haber notado algo más de pasión en algún momento. No sólo de pasión romántica sino de implicación con la historia. Y no sólo en las escenas románticas sino en las familiares también. Se me quedó un poco cojo de emoción desde la dirección.
Amparo Fernández está fantástica aunque me faltó un poco más de desarrollo de su personaje. Antonio Gil está bien. Sobre todo los cambios de época los dirige maravillosamente. Hace que sean creíbles y naturales. Vocalmente muy bien aunque quizá le falte un pelín de carisma (al planteamiento del personaje, por supuesto, no a él que es un actorazo). Olivia Molina está correcta. Lo que hace está bien. Simplemente. Tamar Novas se lleva el bombón del montaje. Está muy gracioso, de verdad, te meas con él y resulta entrañable en su cruel sinceridad. Pero ya está. Algo más de matiz no habría estado de más. Sí, está muy gracioso, pero sólo está gracioso. Y es buen actor, podrían haber confiado más en él y en el personaje. Miguel Rellán es un maestro. es de estas personas que desprenden humanidad por tos laos. Y te camela, claro que sí, y está brutal. Y su "señoritooooo" te hace no añorar el de Fernán Gómez. Maravilloso. Y luego, cosa aparte es Camila Viyuela. Una voz fascinante con una seguridad aplastante y una presencia física que hace que el ojo se te vaya a ella esté quien esté en ese momento con ella. Tiene un magnetismo, una seguridad, una presencia y un poderío acojonantes. Me voy a arriesgar y a lo mejor digo una burrada (es más que posible) pero esta chica de aquí a nada se nos convierte en la próxima Blanca Portillo. Me encantó, me flipó, me enamoró. Si en la peli fue mi Nuria Gallardo de mi amor, en esta función Camila me ha robado el corazón. Se lo cedo. José Ángel Navarro y Andrés Herrera bien también. Muy bien. 

En definitiva, montaje agradable y agradecido. Está bien, es todo correcto y amable. No hay ni una pega que ponerle aunque tampoco despierta grandes pasiones (aparte de mi Camila). Prueba superada para todos. El reto era jodidísimo y lo han pasado todos los responsables con notaza.      
 

La abducción de Luis Guzmán. Lara.

Ya se nos escapó en el Fringe, pero claro, no pudimos verlo todo. Así que ahora no podíamos dejar de ver esta marcianada. 
El hall del Lara es lo peor. Tienes que intentar ir prontísimo para plantarte el primero de la cola y luego sacar codos para que los listos que ya se lo saben no te aplasten en sus carreras en cuanto se abre la puerta. Una puta selva, vamos. Pero cual maruja en rebajas, me las acabo ingeniando para pillar primera fila. Y no veas como se agradece, porque si no es en primera fila, aquí no ves un cagao. Y especialmente en este caso, la primera fila me metió directamente en el sofá sentado al lado de Luis, de Max y de Clara.




Todo es flipante en este montaje. Yo me sentía como en el comedor de casa de mi tía Basi, en Burgos. Pero podía ser cualquier parte de España. Y de la España incluso de ahora. Allí está Luis, con su programa de radio sobre fenómenos paranormales. Un programa "torrente" como el torrente mental que tiene Luis. Él no piensa, él se aturde con desbordado por el mogollón de pensamientos que se le agolpan. Pensamientos infantiloides algunos, básicos y efectivos otros, pero con algo de esa sinceridad que te toca las narices. Un mogollón como el que hay en el "disco de oro" de las Voyager. Si en vez de en 1977 se lanzaran ahora las sondas espaciales, yo le encargaría a Luis Guzmán la selección de movidas del siglo XXI. Frente a Luis su hermano Max, anglosajón por decisión o por huida. Contrapunto brutal al mundo de santitos y Cristos de don José Luis, padre de estos dos seres tan alejados y tan cercanos el uno del otro como dos personajes de un Pinter con olor a gachas o a lechazo.

Más fenómenos paranormales: los actores. Los tres. Ana Alonso aparece y con ella entra la duda, la extrañeza, el dolor contenido, la lágrima al borde de caer pero suspendida en un hilillo. Y quieres que no se vaya nunca, que se queda hablando con Luis. No se entienden pero quizá sea la única con la que pueda comunicarse. Se tocan los cojones el uno a la otra como solo se los tocan los novios o los hermanos. Puede que sobre, no te digo que no, porque si no apareciera ella todo sería igual. Pero yo quiero disfrutar de una actriz sufriente e intensa como es Ana Alonso. Emilio Tomé hace una creación de esas de comértelo vivo. Porque sería una tortura, pero si no, te llevarías a Luis a tu casa. Adorable dentro de su verborrea tocapelotas. Pero algo tiene que desde que empieza con las pipas ya te cae bien. Y Francisco Reyes es... desconcertante. Habla raro de cojones. Le ves aparecer y flipas con ese pedazo de torre gigantesca. Guapo y feo, atractivo y repelente, te cae bien y le darías dos hostias, pero te embauca. Concentra tu atención casi tanto como su hermano. Y cuando abre la boca, flipas. Realmente habla raro raro. No sé si como un locutor de un cadena extranjera o como qué. Es un poco el anti-actor. Pero tiene una intensidad tanto en su presencia como en sus forma de sentir y de estar y comunicar con su hermano (no con Emilio, el actor) que te quedas embelesado. Y lo que hace funciona. Y no sólo funciona sino que funciona que te cagas. Te deja pegao. 
Y de repente, cuando los enfrentamientos son insoportables, cuando no hay salida, cuando se lanza el mensaje al espacio exterior, cuando te recuerdan el mensaje de las sondas espaciales y tu espíritu está en el punto más alto, va y se acaba. Y tú te quedas ahí arriba, con la adrenalina y la excitación a tope, en todo lo alto. Y te das cuenta de que te acaban de dar un mazazo y te han dejado abandonado a tu suerte.




De verdad te digo que "La abducción de Luis Guzmán" es una marcianada  fascinante, una rara avis dentro del teatro madrileño. Tan embrujadora como estremecedora y con un capacidad de removerte la asadura como pocas veces he sentido en lo que va de año. Si no lo es ya, va a ser uno de los bombazos del año. Y si hay justicia en el mundo y esto pasa a la pequeña del Español o del María Guerrero, va a petar como se merece. Pablo Remón se saca de la manga y de no sé dónde más esta perla que no tiene desperdicio. Totalmente perfecta para mi gusto tanto como texto como en la forma y ritmo en que está dirigida. Toda una personalidad a tener en cuenta, y si no, acordaos bien de esto, porque de aquí a nada Pablo va a ser de las figuras más importantes del panorama. Quedé admirado con todo y con todos.                

viernes, 14 de marzo de 2014

Retrato de familia. La Trastienda.

Haber estado otras veces en La Trastienda y haber salido encantado es jodido, porque esperas que te guste todo lo que veas allí. Y "Retrato de familia" no es que no me haya gustado, pero no me ha vuelto loco. 
Lo que siempre es peligroso es que el autor sea el director y el prota. Tener una "visión" desde fuera está bien. Y una visión profesional y que se encargue de eso, no vale la opinión de los amigos o de la gente cercana. Quizá sea lo que le falta a este espectáculo. Un ojo objetivo que solucione o gestione mejor las carencias.
El texto de por sí ya tiene lagunas. Este grupo humano y animal tiene relaciones interesantes, unas más que otras, pero en general va deambulando por terrenos indefinidos que le restan fuerza. SPOILER.



El perro por ejemplo me sobra. No me aporta nada, ni una visión alejada de los humanos ni un punto de vista distinto. Y las relaciones entre los miembros y miembras de esa familia tampoco están muy centradas. Está claro lo que le pasa a él desde que aparece. Lo que no está claro es el por qué de su forma de relacionarse con el resto. Va y viene de estado de ánimo y de código con sus hermanas un poco porque sí. Y la hermana mayor también va y viene porque sí. Se apuntan cosas pero se olvidan. Se insinúan otras pero se consumen por el camino. Es demasiado vago todo. Lo que pretende ser duro, simbólico y suavemente delicado y estremecedor se queda en atisbos. 
Los actores tampoco ayudan demasiado. No terminan de darle la fuerza que pretende el planteamiento. Aparte, el otro día hubo muchísimos fallos de texto y eso, claro, te va enfriando cada vez más. 
En fin, una historia con un fondo y unas intenciones interesantes pero que se queda a medio camino de todo. Una lástima. Bueno, siempre según mi opinión, que no deja de ser una.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Los cuatro de Düsseldorf. El Sol de York.

Hay quien habla de esta función en términos como "obra comercial pero con la que te ríes" o "teatro comercial pero del bueno". Sinceramente no sé qué quiere decir eso. ¿Algo comercial es malo y hay que salvarlo con "peros"? ¿Es malo que una función sea comercial? ¿Qué es ser comercial? ¿Que está pensada para dar dinero? Pues como todas, supongo. ¿O alguna se monta para perder pasta? ¿No querrá decir quizá que es una función cómica con no demasiado mensaje o con un mensaje no demasiado enrevesado? Pues bueno, puede. Desde luego lo que es es una comedia descacharrante con su mensaje y todo. Su poquito de crítica y de tocahuevos. Porque en esta función todos son crueles y manipuladores. Cada uno con lo suyo. El pobre "custodio de documentos" o conserje de toda la vida, tortura a sus empresa y a su "jefecillo" con dando lástima y amenazando. El jefe explota a ese moribundo y sufre la tortura de su novia (de dos semanas) con la que se ha ido a vivir hace na. Ella le tortura a él, le miente y le oculta el sorpresón final. Al custodio le tortura la de las fotocopiadoras, que también tela. Aunque en el fondo... cada uno da al otro lo que el otro necesita. Un lío, vamos.



Buen ritmo, quizá un pelín cansino hacia el final. Peor muy vodevilesco. No paran y eso le viene bien a la función. 
Podría estar un poco mejor iluminado, pero bueno, funciona. Y lo que mejor funciona es el reparto. 
Mon Ceballos está brutal. Me descojonaba con él. Tiene un ramalazo para la comedia de auténtico maestro. Fabuloso cómo va y viene de estados y de emociones. Vale que es una comedia, pero cualquier cambio, por brusco que sea, debe estar justificado y su cara justifica absolutamente todo lo que le pasa. Me encantó. Me lo llevo a casa. Y me encantó Helena Lanza. Tiene gracia y arte paburrir. Es una bestia tanto en lo cómico como en su registro más dramático. Me gustó muchísimo.
En resumen. Interesante espectáculo. Mon Ceballos y Helena Lanza fabulosos y un texto que demuestra que José Padilla domina también este género. Texto bien llevado, bien escrito, con situaciones muy bien medidas  y unos "tempos" lógicos" y atractivos. Sin duda, uno de los mejores autores que tenemos y que tendremos. 

El alma buena de Se-Chuan. Matadero.

Que el texto sea de Bertolt Brecht no significa ni que sea bueno ni interesante ni actual. La moraleja de este es bastante... digamos delicada. Un ser bueno es el que reparte su arroz con los pobres y acoge en su casa a dos pobres ancianos. El recado pseudo bienintencionado se queda pobretón y demasiado casi... catolicón. Increíble pero cierto.



Montaje soso como el agua de la berza y pobretón. Salgo, hablo, si eso grito un poco, me voy. Sale otro, habla, si eso grita un poco, se va. Sale otro, grita aunque no sepas por qué, se va. Así hasta que se acaba. Bueno, con alguna canción entre medias. 
Poco más. El reparto, salvo Raquel Ramos, que se deja ahí toda su entrega, el resto...olvidable.
Como olvidable en general es esta adaptación de la obra de Brecht que está pasando sin pena ni gloria por Matadero. No me extiendo más. ¿Pa qué? 

lunes, 3 de marzo de 2014

Marca España. Teatro del Barrio.

¿Si digo que "Marca España" es exactamente lo que me esperaba suena muy mal? Pues es que es exactamente lo que me esperaba. Bueno, casi. La verdad es que me esperaba un panfleto rojeras anti-gobierno. Y claro que lo es. Y lo es sin el más mínimo esfuerzo. Han cogido un puñado de intervenciones reales, la mayoría las han puesto en escena tal cual sucedieron y a unas pocas les han dado un "toquecillo" teatral o incluso de farsa. Pero claro, con ese material era fácil convertirlo en farsa, porque hay cosas que porque nos han pasado, que si no, no nos las creeríamos. En esta colección de "brochazos" hay discursos, comparecencias, entrevistas, declaraciones, ruedas de prensa y demás joyitas que políticos, banqueros y demás mandamases nos han regalado en su empeño por justificar una crisis puta. Todo lo que hay en la función es historia. Todo es real y ha sucedido. Aunque sea pa mear y no echar gota. Pero eso es lo que nos encontramos en los poderes que nos dirigen. Y la peña se descojona. Pero porque parece tan irreal que no das crédito (nunca mejor dicho) hasta que te das cuenta de que nadie ha escrito esta tragedia, que el único autor de este texto es el poder, no hay detrás ningún dramaturgo tocahuevos. No majo, no. Y ahí se te estrujan los intestinos, se te hiela la sangre, se te pone un nudo en los mondongos y te dan ganas de saltar y darle dos hostias al actor que está ahí con el marronako de interpretar al político de turno.   



Préstamos, hipotecas, créditos, cerditos, hijos de puta, plasmas, ectoplasmas, bancos, dramas, paro y hambre.
Y sí, todo lo que se dice me gusta. Quiero decir, me espeluzna, pero es el discurso que me gusta oír. ¿Que no hay mucha dramaturgia ni mucha historia y que es una sucesión de panfletos? Pues sí. ¿Que es justo lo que tanto yo como el 100% del público asistente queremos oír? Pues claro, nadie va a ver esta función engañado, vamos, digo yo. ¿Que es demasiado parcial? Pues no. Bueno sí, pero como es del lado que me mola, me gusta, me pone. ¿No hay congresos de partidos, reuniones, misas y demás congregaciones de peña que piensa igual? Pues ya está, yo voy a estas.

Adoro a Marta Calvó y me estremece su historia y la frialdad con la que la cuenta. La adoro más todavía que antes de ver la función. Como a Ana Rayo, que la tía consigue que hasta te emociones con sus discursos (tiene cojones la cosa) pero es que es tan buena... Mi Estefanía (de los dioses) y de los Santos que no se pué ser más guapa ni mejor actriz. Vozarrón. Y no sólo literalmente, que también, sino que es el vozarrón del pueblo, de Andalucía, del trabajador, del humilde, del pueblo. ¡¡Como para no amarla  hasta los límites!!
De los chicos destaco a Raúl Jiménez porque... porque sí, porque me gustó mucho. Pero todos están pa comértelos. 

De verdad, si quieres un poco de teatro indignado, no te lo pierdas. Es lo que es, sí, pero todavía necesitamos que nos recuerden esto a todas horas. Y por dios, que alguien grabe esto en vídeo. Debería permanecer para siempre en la memoria de todos nosotros, no sea que con el tiempo se nos olviden desmanes semejantes.

Ah, la foto es de Armando Vázquez, la he pillado de por ahí. Armando si quieres que la quite y ponga otra, la quito, pero esta me gusta muchísimo.

sábado, 1 de marzo de 2014

Mejor historia que la nuestra. Kubik Fabrik

Ayer es que fue un día extraño. Murió Dunia Ayaso, y aunque no tuve el placer de conocerla, vi a muchísimos amigos destrozados por una muerte a destiempo. Luego estuve comiendo con un amigo al que le ronda la muerte y la enfermedad desde hace tiempo y que en un momento dado de deshizo en lágrimas. Se rompió delante de mí. Así que llegué a ver esta historia sobre un enfermo terminal con mi corazón bastante lleno de de dolor. Y mi alma dispuesta a asumir aún más. 




Espacio frío, sin distracciones. Una mesa y cuatro sillas. Un montón de manteles y algún elemento necesario que irá apareciendo. Pero vamos, los justos. Cuatro actores. Un texto. Mucho respeto. Contención. Y ya. Nada más. Y nada menos.
Luis está hasta los huevos de la quimio y decide pasar de todo y morir en casa. Con su hija. De paso están también el novio de esta y una cuidadora. Y ya.
Con Maite se lleva mal. Bueno, regu. Bueno, casi no se lleva. No hablan mucho y no hablan de mucho. No hablan nunca de la madre ausente ni de hermanos ni del pasado ni casi del futuro. Pero la verdad es que Luis proyecta en ella toda su rabia vital (o mortal) y no le da ni la más mínima tregua. Claro que ella es medio tonta. Sólo se preocupa por decir que sí a todo lo que dice papá. Intenta darle todos los caprichos y no llevarle nunca la contraria. Que no se enfade y que no sufra más de lo necesario. Pa eso ya está ella. Y la caga. Cada cosa que dice, cada cosa que hace la caga. La caga con papá, la caga con su chico, la caga con la cuidadora, Paula y la caga consigo misma. Intenta hacerlo todo tan bien que lo hace todo fatal. Es inútil. Hasta cuando hay que jugar, la pobre es una negada. Y sosa. En su miedo al dolor y a la soledad y en su obsesión por que papá no sufra va cayendo en una metedura de pata tras otra. Angelito mío, pues claro. Claro que papá se pasa tres pueblos con ella. Porque puede, para eso es su hija. Pero se quieren con locura. Con ese amor bloqueado de una hija que nunca ha abrazado a su padre y de un padre que nunca ha dicho "te quiero" a su hija. Es un amor (o cariño) fracasado desde el pasado y sin casi ningún futuro. Pero descomunal e incondicional. Ella es tan negada para los sentimientos que es más hábil explicando la vida de los demás que la suya propia. Explica mejor a qué se dedica su chico que él mismo. Pero no sabe definir su trabajo ni su vida. Roberto y Paula están por ahí. Él con la libertad de poder decir las verdades casi sin pudor y ella representando la libertad y una cierta pureza que la pobre Maite ni tiene ni seguramente haya tenido nunca. 




Chema Muñoz hace una creación brutal. Vocalmente es un prodigio, su actitud, natural, dolorosa, nada autocomplaciente, sabia y cruel a partes iguales y con el capricho egoísta del que se sabe ajeno ya a la vida. Salvaje, triste, acabado y cabrón. Mamen Camacho es la metepatas perfecta. Pobre, ella hace lo que puede, pero es que todo lo hace mal. No consigue un amor que quizá no ha tenido nunca. Ni por las buenas ni por las malas. Fabulosa en su contención. Aunque todavía se puede romper más.
Antonio de Cos está fabuloso. En cada momento está en el punto justo. Ni chupa foco ni lo cede nunca. Tiene un sentido de la mesura y del ritmo magistral. Se luce desde la naturalidad y ese "parecer" que no hace nada. ¡Hostias, y cómo escucha!    
Una dirección de Francesco Carril prodigiosa. Respeto por el textazo de Lucía Carballal y dejar hacer. El texto tiene el 50% del estremecimiento. El otro 50% es el curro de los actores. Y Francesco hace lo mejor que se puede hacer. Respetar. Y dejar que salga lo que tiene que salir; la verdad. Y sale. Sale por boca y gesto de esos actorazos. Francesco toma la postura del sufridor escondido. Entiende, maneja, usa y muestra el escozor de un medicamento que quema por dentro. 

Desde luego hay que verlo. Con el coure dispuesto a que te lo hurguen. Se habla de muerte, sí, y de enfermedad, y de muros y de incomunicación, y de desconexión. De todo lo que te jode. Pero, ¿a quién no le jode la muerte?
Ah, y sólo por el momento globo terráqueo merece la pena todo. Momento naif, básico y demoledor.




Bravo Kubik y bravo a todos y cada uno de los que sacan adelante proyectos así de bellos y de dolorosos.    

domingo, 23 de febrero de 2014

"Casualmente..." de Vaca 35. Kubik Fabrik.

No es ninguna novedad que "Lo único que necesita una gran actriz..." fue junto con "Diario de un loco" lo que más me estremeció del Fringe 2013. El trabajo de Damián Cervantes dirigiendo aquella liturgia y por supuesto el curro demoledor de Diana Magallón y de Mari Carmen Ruiz revolucionaron mi concepto de teatro, de comunicación, de estremecimiento y de cómo afrontar un texto. Y ahora van y se meten con ese icono que es "La insoportable levedad del ser" de Milan Kundera. Y el nivel de depuración se dispara.
Si en "Lo único..." la referencia a "Las criadas" era más evidente, sobre todo en el comienzo y en algún otro momento bizarro, aquí la referencia no es tan clara, y aparece o mejor dicho, permanece oculta, como una esencia soterrada que invade todo, incluso el "intermedio". Resulta que este montaje es anterior al otro, pero por depuración, parece posterior. Al menos a mí me pareció de una sutileza producto de la depuración de una forma de trabajo.



De nuevo te colocan a escasos centímetros de los actores. Mejor dicho, de los personajes. Tomás, Teresa, ella, él, los dos, cada uno, sólo, acompañado, busco, fumas, te cuento, me echan, miento, gritas, lloro, poema, sufres, yo más. Lo que encuentras del libro de Kundera es como un tarrito de esencias. Si yo hiciera cábalas sobre el posible método de trabajo te diría que parece que han cogido escena por escena, momento por momento, los han reducido a una sola palabra que defina el conflicto y han empezado a jugar alrededor de esa palabra, de esa esencia. Unos juegos se han quedado, otros no, seguramente se han reordenado, todo se ha pulido hasta la esencia más depurada y leve. Ya no está el libro de Kundera (está, pero por debajo) ni siquiera están esos juegos, están los brochazos de esencia  formando una historia cruel, demoledora, triste hasta unos límites dolorosos. ¿Puede el dolor desgarrado del abandono ser sutil? Pues sí, ya te digo yo que sí.
A ver, claro que hay pinceladas del libro, pero sobre todo lo que yo recibí fue un trabajo de depuración, de llevar hasta los límites de la esencia lo que se va planteando en distintos momentos. Es como una secuencia de conflictos materializados en una especie de puzzle de sentimientos. Aderezados con poemas tan desgarradores como el de Sylvia Plath o con boleros como ese brutal de Los tres Caballeros. "Regálame esta noche, retrásame la muerte..." que cuando lo oyes la primera vez,sonríes, aunque se te congele la sonrisa, ya la segunda vez que lo oyes, empiezas a llorar y no paras, porque también preferirías ser horizontal, porque caminas entre ellos, pero no se dan cuenta.



Me confieso eterno devoto del dolor de Vaca35, de su forma de trabajo, de sus depuraciones, de tu infinita inteligencia y de su trabajo exhaustivo y de una profundidad abismalmente dolorosa.       Ni que decir tiene que tanto mi admiradísima Diana Magallón como los descomunales Damián Cervantes y José Rafael Flores están absolutamente soberbios y que hacen un trabajazo de una profundidad e implicación emocional salvaje. Son tres monstruos que incluso en el "intermedio" están escarbando en sus soledades y estrujando sus almas antes de seguir estrujando la tuya. Devoto eterno de Vaca 35. Gracias, gracias, gracias y gracias.

Voy a añadir un enlace, cosa que no hago nunca, pero este comentario sin esta banda sonora... no es nada.


http://www.youtube.com/watch?v=oDIThAJQMmQ
 

lunes, 17 de febrero de 2014

Onegin. Commentaries. Canal.

El New Riga Theatre y el director Alvis Hermanis presentaron en Canal su peculiar versión del "Onegin" de Pushkin. 
En la web ya ponía que el espectáculo iba a tener traducción simultánea. Y en el teatro había carteles explicando que era decisión del mismísimo director lo de la traducción simultánea. Lo que tenías, aparte de la cola para devolver el aparatito a la salida era a una señora probablemente rusa o letona (el espectáculo mezcla ambos idiomas) que iba traduciendo el texto con un acento tremendo, una dicción horrible que daba lugar a curiosidades como llamar "escarbarajos" a los escarabajos. Fallo terrible, ya que para mi gusto, debería haber sido alguien que hablara bien castellano, no ruso o letón. Lo importante es que sepa hablar bien castellano, digo yo, que es el idioma que va a tener que hablar. Total, que tenías en el oído una narración horrible que al menos a mi, durante la primera parte, me hizo sufrir más que disfrutar del espectáculo.
Y fue una pena, porque esta versión del "Onegin" me pareció fabulosa. Mezclaban el texto original (o una selección de partes del texto de Pushkin) con acotaciones que situaban ciertos detalles del texto en su marco social, cultural y temporal. Buena idea, que servía para entender determinados comportamientos o costumbres que ahora nos pueden parecer pintorescos pero que tienen su razón de ser. Estos textos intercalados son ingeniosos e ilustrativos, aunque quizá en algún momento resulten excesivos. En la primera parte, por ejemplo, aparte de la señora esta que te hablaba, estas acotaciones me entorpecieron el desarrollo del "Onegin". 



Pero lo que es la función en sí es fascinante. Un actor hace un poco las veces de Pushkin, al que llamaban "El mono" por ser descendiente de africanos (de todo esto nos enteramos por una de esas acotaciones) y se pasea por el escenario cual simio saltando estantería arriba estantería abajo. El resto del reparto interpreta a los demás personajes de la función a la vez que colabora con las acotaciones. Más o menos nos van contando salpicada de esas interrupciones, la trama de la obra de Pushkin. Hay un intermedio en el que el sábado al menos hubo desbandada. Se piró un huevo de gente. Normal. Al menos para mi gusto, aquello no terminaba de funcionar. Ni la mezcla de tramas y estilos, ni por supuesto, la señora esa que te hablaba de mala manera por los oídos. Y entramos a ver la segunda parte.
Y chico, no me preguntes por qué, pero de repente, en es segunda parte, en algún momento tomo cobra sentido y como por arte de magia mi espíritu, mi mente y mi corazón empezaron a volar y todas las piezas se colocaron de pronto. Lo malo es que no sé explicarlo. Fue como algo milagroso. O como si todo estuviera cuidadosamente calculado para premiar la paciencia y el director nos hubiera hipnotizado para que en ese momento (la parte más lírica de la función, claro) entendiéramos todo. Los actores están brutales todos ellos. Especialmente ese Onegin dandi literalmente amanerado hasta unos extremos descomunales pero conservando la esencia del personaje. Maravilloso. 



Así que sí, a pesar de la mierda de la traducción simultánea, este experimento funciona, y te ofrece un Onegin original con todo el lirismo y el drama del texto de Pushkin y una emoción desbordada a pesar del artificio que mágicamente funciona de maravilla.      

viernes, 14 de febrero de 2014

El policía de las ratas. Abadía

Muchas veces quiero buscar lecturas por debajo del texto. Temas, conflictos y temblores más allá de lo que a simple vista me cuentan. Evidentemente no siempre acierto. A veces todo es más sencillo de lo que yo quiero ver. Pero hay otras veces en las que uno ve cosas pero no termina de descubrir lo que le cuentan en el programa de mano. ¿De verdad, de verdad, de verdad es tan evidente que en este texto se habla del "poeta", del "artista", del "raro", del "diferente"? ¿Me juras que es tan obvio si no lo lees en el programa de mano? ¿Si no te lees lo que pone, en serio que llegas a las mismas conclusiones que te explican en el programa? Hombre, no me tengo por un prodigio de inteligencia ni por un visionario, pero de verdad te digo que si has contestado "sí" a las tres preguntas que he hecho, te pago una cena.



El texto me gusta, me gusta mucho. La lectura que hacen los do actores no tanto. Y la opción desde la dirección de Álex Rigola de dejar que hablen y hacer poco más, tampoco me parece muy acertada. Joan Carreras habla bien, tiene una voz portentosa y la emplea con maestría. Pero tiene una tendencia a acentuar las palabras de forma rara y acaba diciendo cosas como "el depredádor", "descomposícion" o "al bébe le mataron por ámor". Aparte, el afán por no marcar nada demasiado acaba provocando el efecto contrario. Frialdad. No termina de engancharte en ningún momento. Andreu Benito está aún más lineal. El sonido y el fluir de las palabras es precioso, pero no termina de llevarte a su terreno.
Sinceramente, me parece una propuesta interesante por lo que pretende lograr, porque mola, pero me temo, que al menos conmigo, no lo consiguió. Se me quedó frío y algo tedioso. A lo peor es por mi deformación profesional, pero basar la fuerza hipnótica de todo un espectáculo en la voz (aparte de en el texto, evidentemente) es muy difícil.