domingo, 31 de enero de 2016

La flauta mágica. Teatro Real.

De pequeño, recuerdo que en Valladolid, en la feria, ponían todos los años una caseta en la que por los altavoces anunciaban a gritos "la mujer cordero, la mujer corderoooo". Mis padres nunca me dejaron entrar, lógico, pero con el tiempo supe que aquello que anunciaban como un fenómeno de la naturaleza en realidad era una especie de escalera en la que había un pellejo de oveja espatarrao y un agujero por donde asomaba la cabeza de una mujer con una capucha de peluche. Pues algo así resultaba la pobre Reina de la Noche subida a la plataforma esa y con el cuerpo de la araña rodeando su cabeza. 



La ópera para mi forma de entenderla, es teatro cantado. Teatro, tres dimensiones, fondo, profundidad, planos, espacio, aire, en fin, espacio escénico. La flauta del Real es una proyección bien cantada. Pero es una peli.. No, mejor dicho, es teatro en dos dimensiones. La proyección sobre una pantalla blanca de imágenes deja a los intérpretes limitados a moverse de derecha a izquierda y los dibujitos, de arriba a abajo. Limitar tantísimo el movimiento escénico es empobrecerlo. Vale que lo que vemos es muy mono y queda cachondo a veces, pero es cargarse la esencia del teatro. Reducirlo a dos dimensiones es restar. Insisto, el resultado es chulo, es mono de ver, y resulta curioso ver a la Reina de la noche convertida en una araña gigante. De otra forma sería casi imposible, aunque... la araña del "Roberto Devereux" funcionó muy bien. Pero bueno.    
La expresividad de los actores/cantantes queda reducida a casi nada. Salen, se ponen en la marca, cantan expresando casi únicamente con la cara e interactúan poco entre ellos. Normal, no pueden. Queda monísimo ver cómo justo cuando levantan un dedo, sale volando un pajarito de dibujos. Sí, muy mono. Pero ya. Vamos, que si nos ponemos finos finos... llamar "dirección de escena" a ese trabajo... Quizá debería ser "diseño visual" o "animación" o "concepto visual". No sé. 



Luego no hay que olvidar que "La flauta" es un singspiel y talar directamente los diálogos y dejarlos en unos carteles de cine mudo producen efectos como que las apariciones de la Reina son inexplicables y no sabes qué pinta ahí ni qué quiere. Y por supuesto aniquila la búsqueda Papageno de una mujer. Sus "encuentros" con la anciana son vitales. No sé, pero reducir esos momentos hablados a carteles es como querer convertir todo en una peli de cine mudo. Peeero si fuera cine mudo, ¿por qué cantan los intérpretes? ¿No deberían actuar sólo gesticulando como en una peli muda mientras los cantantes cantan fuera del escenario? Además, acompañar esos carteles escuetos con un piano amplificado por altavoces como que tampoco procede.   

Bueno, creo que está claro que estéticamente no me gustó mucho esta producción. Es mono de ver, y divertido y curioso (aunque si ya has visto cosas de 1927 no te llama tanto la atención, pero bueno) pero ya. 
Ivor Bolton me da que había quedado para cenar porque metió una caña que ni te cuento. Tras una obertura caótica y bastante atropellada y monótona metió el turbo y literalmente se cargó desde el "Dies bildnis" al  "O zittre nicht" pasando por el bellísimo "Der, welcher wandert..." . Los pobres cantaban todo a toda leche y la único que consiguió salirse con la suya y domar a la orquesta fue Sophie Bevan en el famoso "Ach, ich fühl's", un prodigio de belleza y sutileza. Batuta monótona, sin brillo ni la alegría y el pellizco que pide Mozart en unos momentos ni el lirismo y profundidad que pide en otros. 



Vocalmente fue otra historia. Joel Prieto cantó como los ángeles. Tiene un timbre precioso y es un gran actor. Cantó precioso y pese a las limitaciones interpretativas que sufría por la "puesta en escena", transmitió gran poderío y una solidez brutales. Sophie Bevan tiene mucha voz, muchísima. Un timbre chulo aunque para mi gusto, no muy mozartiano. Pero cantó de maravilla, precioso y es muy buena actriz. Eso sí, en la escena del suicidio quizá cantó demasiado. Para mi gusto, es un cuarteto y pareció más un trío mas una solista. Joan Martín-Royo fabuloso. Además de cantar de forma sencillamente perfecta, es un gran actor y dio vida a un Buster Keaton apagado, tristón y superviviente. Magistral. Chistof Fischesser cantó bien toda la parte media, pero las notas más graves y peligrosas no consiguió darlas y tuvo algún problema de emisión (y lo vi desde la fila 5, ni te cuento desde la fila 12 o desde arriba). Bien las tres damas y los niños. Mikeldi Atxalandabaso cantó de maravilla el Monostatos, lleno de expresividad y maldad y con una voz apropiadísima y muy, muy chula. Aunque claro, escuchar cómo se habla de su "piel negra" cuando va disfrazado de Nosferatu...Pero vamos, él fabuloso. Ana Durlovski dio todas las notas. Y las dio de forma sólida y solvente, es evidente que no tiene problemas con la coloratura. Pero cantó bajito, con muy poca proyección. Canta bien, muy bien, pero muy bajito. Y ella además si que no movió ni un músculo. Airam Hernández y David Sánchez estuvieron maravillosos como los hombres armados. Su breve y bellísima intervención fue uno de los momentos más vibrantes y mágicos de la noche. 



En resumen, una producción vistosa y que conecta de maravilla con el público. Quizá como ya conocía el trabajo de 1927 a mí no me convenció y sinceramente creo que reducir el juego escénico a dos dimensiones lo que hace es restar en vez de sumar. Utilizar a Buster Keaton, a Nosferatu, al Dr. Caligari, a Louise Brooks y... a no se sabe quién más es como siempre, una opción aunque para mi gusto es simplemente vistosa y poco coherente. Sólo sale ganando Papageno, porque el personaje parece tener una expresividad más lógica. Vocalmente fue de un nivel muy, muy alto con algún elemento regulero, pero en general es un buen espectáculo. Sólo bueno, aunque triunfe y lleve años triunfando. Pero es porque visualmente es llamativo. Enhorabuena a los cantantes.  
Otra cosa; ¿por qué la flauta mágica es un hada tipo Campanilla?    

domingo, 24 de enero de 2016

Voces en el silencio. Biribó Teatro.

Seguro que te acuerdas. No, mejor dicho; seguro que te suena, porque acordarnos... me temo que no nos acordamos. Hace años, en 2005, dos chicos de 17 años fueron ahorcados en Irán "acusados" de ser homosexuales. Salió en la tele. Aunque pronto se olvidó. Lo peor es que luego hubo otros casos iguales, y otros, y otros. Y las azoteas se llenaron de amantes arrojados al vacío. Pero José Manuel Lucía Megías escribió un poemario, "Y se llamaban Mahmud y Ajaz" para evitar el olvido. Porque es cierto que el silencio, nuestro silencio es cómplice de esas barbaries. El silencio encubre, apoya y da alas. Hoy mato a uno y si no pasa nada, mañana mataré a dos y pasado a tres. 

En el Teatro Fernán Gómez hay un ciclo llamado "Los martes milagro" que más o menos consiste en crear montajes teatrales a partir de la obra de poetas españoles. Ahí surgió este espectáculo. Carlos Jiménez creó la dramaturgia y lo dirigió ayudado por Luna Paredes.
Es innegable el poder de denuncia de textos como este, ya sea el poemario o la adaptación teatral, como es innegable el poder que debería tener la denuncia pública y la presión popular y política para que estas barbaries sean automáticamente prohibidas y castigadas. Estos hechos son absolutamente impensables en una sociedad civilizada y en pleno siglo XXI, en cualquier parte del planeta. Por tanto el valor de espectáculos como este, por desgracia, es incuestionable. Son y siguen siendo espectáculos necesarios y denuncias necesarias. Como necesario es acabar con cualquier tipo de barbarie inculta sobre el distinto, sobre el que te da miedo.   
Por eso mismo, "Voces en el silencio" es un espectáculo necesario y de obligada visión. 




Teatralmente el análisis es otro. Dos actores y una actriz. Espacio desnudo, una silla y una horca en una esquina. Poco más. Alfonso Gómez y Daniel Migueláñez son los amantes, son dos hombres que aman y se aman. Elisa Marinas es la voz, la denuncia. Personalmente tengo que confesar que el origen del texto, el poemario, en mí supone un cierto lastre. Quiero decir, que el lirismo y lo poético están tan presentes (evidentemente, por eso es un poemario) que quizá le reste un poco de poder, de sequedad, de brutalidad, de rabia y de dureza. La imagen y el lenguaje poéticos suavizan la forma y aunque el fondo siga siendo desolador, la forma se lima. Como siempre, hablo desde mi gusto personal. Lo mismo pasa con el movimiento escénico, que queda quizá demasiado suave, demasiado "deambulante" a veces. Quizá más concreción y más sequedad habrían sido más impactantes. Ceder a la poética es restar callo. Aunque como siempre, es la opción del director, es SU elección, no la mía. Es lógico que viniendo de un poemario, la lírica inunde, pero quizá se podría haber limado un poco en la puesta en escena, porque acaba resultando casi, casi "bonito" y eso es lo último que debería parecer un montaje así.  
Eso sí, todo lo que hay en escena es fabuloso, desde las luces de Arturo López al vestuario como al trío de actores. Elisa nos implica, nos lleva, es la voz y es el imán que atrapa al público. Sin su magia no funcionaría. Y Alfonso y Daniel son dos seres indefensos, son víctimas y son amor. Los dos están geniales y a los dos te dan ganas de saltar al escenario y protegerlos con un abrazo. Otra cosa; a mí me importa un pito ver a dos hombres besarse en un escenario, pero en esta ocasión lo eché de menos. En algún momento deberían haberse besado. Ese detalle sí me parece vital y necesario. Besos de amor, de enamoramiento y de deseo, ya que lo hay e incluso se nombra. Me pareció recatado. 
Teatro del necesario, del útil, del que mueve y del que mueve conciencias. Ideológicamente me parece perfecto y estoy de acuerdo al cien por cien, pero estéticamente se me quedó algo más corto. El silencio es lo que consigue. Se hace cómplice y provoca que funciones como esta se sigan haciendo, cuando deberían estar desterradas de la cartelera desde hace muuuucho tiempo.
Bravo de nuevo a Biribó por programar este tipo de espectáculos. Valentía y coherencia. ¡Gracias!  



        

La respiración. Abadía.

Hasta ayer, a mí el teatro de Sanzol no me terminaba de llegar. Si me leéis, ya lo sabéis. Pero como me pasa casi siempre, basta que diga esto para que me tenga que meter la lengua  por el culo justo a continuación. Porque "La respiración" me ha encantado. 
"La respiración" es una comedia que envuelve, como casi siempre en las buenas comedias, un caramelito envenenado. Porque en casi toda la función, la risa que provoca el mogollón que tiene Nagore te provoca la risa pero también que te pares a pensar y se te puedan llegar a llenar los ojos de lágrimas. Sobre todo si has amado. Y sobre todo si te han dejado de amar. Son las lágrimas en la almohada que se secan y a la mañana siguiente provocan incluso añoranza y una leve sonrisa. Por algo se empieza.



A Nagore no sólo la han abandonado sino que han estado engañándola un tiempo. No le queda autoestima y ni siquiera es capaz de sobreponerse a la angustia del dolor no llorado ni al empapado en lágrimas mal lloradas. No puede ni respirar. Hasta que su madre le descubre un secreto vital y sencillo. Tan sencillo como respirar. Dejarse llevar por lo que venga, respirar, dejarse inundar por cosas nuevas, distintas, vivas. Los recuerdos deben servir para crear mundos nuevos, recuerdos nuevos. En ese punto comienza la fábula. La fantasía. 
Ese es justamente le tono mágico o irreal que inunda todo el espectáculo. Lo que vemos puede que esté sucediendo o que no. Puede que suceda y que nos lo cuente Nagore o puede que no exista y que sea o la mente de Nagore o incluso que sea un cuento que Maite cuenta a su hija. La irrealidad de la representación. Todo es posible e imposible. Los hombres de la función cuidan de las mujeres y las féminas son el apoyo intelectual. En el fondo, todo es un perfecto. Curioso, divertido, "vodevilesco", como corresponde a la fantasía. 
Nagore necesita crear una nueva familia y delante de ella (o en su fantasía) aparecen nuevas formas de vivir, de gozar y de respirar. Y con todo eso que vive o cree vivir formará si no una nueva vida, al menos sí un nuevo caparazón. Y cuando creemos estar ante un final desolador y deprimente (el que la vida real nos plantaría delante de nuestros morros si esta fuera una obra realista) aparece un toque mágico que nos salva del suicidio colectivo en el viaducto. Para esa sirve el teatro y para eso sirve la fantasía. Para salvarnos. 
Confieso que la escenografía no me maravilló. Entiendo que lo que vemos es la casa de Nagore y que no hay cambios porque "puede" que todo suceda en su mente, con lo cual el espacio es siempre el mismo. A pesar de eso, que es más responsabilidad del director de escena, la escenografía y las luces son sólo correctas. A ver, están bien, cumplen su cometido y en una comedia como esta quizá no haga falta más. Pero... hay algo tanto en las luces como en el espacio que me falta y no sé qué es. Quizá la pared de fondo, o el pasillo lateral. Hay algo demasiado funcional y poco emotivo. 
Sin embargo la dirección escénica es brillante, positiva, luminosa y amigable. Sanzol quiere a sus personajes y ellos le quieren a él. Y eso es justo lo que necesitamos los espectadores para no salir corriendo a lanzarnos al Manzanares. 



Nuria Mencía tiene esa forma de hacer que está al borde de lo irreal, al borde de la dicción espesa y al borde de resultar borde y antipática. Pero se queda en el sitio justo e inunda todo lo que hace de tantísima verdad que te enamora desde el segundo uno. No se puede hacer mejor, ni sufrir mejor, ni flipar mejor ni rebotarse mejor. Inmensa. Decir cosas buenas de Gloria Muñoz es una obviedad. Es una maestra y se las sabe todas. Hace de todo, todo bien y te la quieres llevar a casa. Camila Viyuela vuelve a desparramara por le escenario una seguridad, una presencia y una solidez acojonantes. Es un prodigio de actriz. Los tres actores, Pau Durá, Martiño Rivas y Pietro Olivera tienen unos personajes quizá con menos recorrido o con un recorrido más incómodo. Aún así los tres están fantásticos. El momento "abrir la jodía botella de vino" es.. impagable. Y la cara con la que vuelve Martiño...de lo mejor de la función. 



En definitiva un gran espectáculo. Vital, imaginativo, sincero, cómplice y con un optimismo que se agradece en este mundo y en esta ciudad antipática y fascinante que tenemos. Gran dirección y unos actores en sus salsa, frescos, gigantes y grandiosos.         

sábado, 16 de enero de 2016

Bag Lady. Biribó Teatro.



Malgosia Szkandera lleva recorridos más de 22 países con este espectáculo. Y es que la sensibilidad y la belleza no tiene nacionalidad ni idioma.
En apenas una horita, Malgosia recrea delante de tus ojos la vida de una bailarina incapaz de bailar hasta que descubre que sin corazón no va a poder crear nada, la de un chulito que sencillamente busca el amor y la de una geisha que bajo las notas de Puccini transita por la poesía y por la muerte. Todo esto simplemente con bolsas de plástico. Sí, bolsas blancas de plástico. Esos elementos que conviven contigo, a los que no prestas la más mínima atención pero que pueden esconder poesía. Porque en las manos adecuadas, en las manos de un artista, de un creador, una bolsa de plástico puede convertirse en una geisha que delicadamente se abanica o se tumba en el suelo. En ese momento la magia inunda la sala, el silencio se hace denso y la manipuladora pasa a ser una sombra, la muñeca cobra vida y no ves nada más allá del plástico y de la poesía. Hasta los "intermedios" son una pura gozada y te dan ganas de saltar al escenario y ponerte a saltar con ella. Y Malgosia te mira, te sonríe y te deshace. Tiene un carisma y un poder de traspasar acojonantes.  
Una belleza de espectáculo, sencillo, pequeñito, íntimo, tierno y precioso. De estos de los que sales con una sonrisa en los labios y con el alma un poco más ligera. Y bravo a Biribó por seguir apostando por una programación de calidad y arriesgada. 

   

El grito en el cielo. Teatro Español.

A mí La Zaranda me gustan. Me gusta su forma de ver, de analizar y de trabajar. 
También me gusta mucho Fellini, pero no "La voce della luna". Quiero decir, que por mucho que alguien te guste y por mucho que compartas su forma de trabajar y su visión de las cosas, el hecho teatral es otra cosa. Ese fenómeno se produce cada noche y hay veces en las que lo que ves te toca y te cambia. Y no es una frase hecha, el teatro te cambia, te tiene que cambiar, no sales igual después de una función. No deberías. 
Lo chungo es cuando sales igual que has entrado, cuando lo que ves no te toca. 



"El grito en el cielo" es un texto de Eusebio Calonge dirigido por Paco de la Zaranda utilizando muchos de sus conceptos habituales. Sin embargo en esta ocasión el texto para mi gusto se queda reducido a unos chistes repetitivos, un conflicto poco emocionante y una resolución... delicada. Un grupo de ancianos, aparcados en una residencia (no sabemos si están aparcados allí o si se han aparcado ellos, aunque quizá eso sea lo de menos) y con el único aliciente de las diferentes terapias a las que les van sometiendo sirven para mostrarnos el patetismo de unos seres vapuleados y muy poco dueños de su destino. Yo conozco la vida de las residencias de ancianos y es triste. La que yo conozco. Pero el patetismo de esos pobres señores me pareció... exagerado. Y no me mola verlo. Pero no porque me haga daño y me escueza, sino porque encima ni me hace daño ni me escuece. Sólo me parece demasiado patético, demasiado buscado. No me cuela, no me engaña, no me lleva, no me afecta, no me toca y no me cambia. E insisto en que es una pena porque no hay nada que me guste más que disfrutar en el teatro. Pero curiosamente esa tarde no se produjo ninguna magia conmigo. Y me quedé frío. Incluso escuchando "Tannhäuser", que mira que me gusta. La imagen del muerto escapando de su propio destino y regresando a la vida para intentar huir de su destino o el uso del teatro como paliativo a su "sufrimiento" pero perdiendo su esencia creativa e inspiradora son interesantes pero se quedan un poco en eso, en apuntes.  
Las luces del propio Calonge tampoco me llevan a ningún sitio. Demasiado claroscuro y demasiado intento de efecto. Me resultaron premeditadas y creando una oscuridad ambiental que me trasmitía poco.
La huida de este grupo hacia... alguna parte es ingeniosa y ahí sí caí cautivado. Sin embargo la resolución volvió a alejarme. Y no sólo intelectualmente, que también sino formalmente. Se me volvió a escurrir entre los dedos la emoción. E insisto que no porque a mí lo de río de aguas cristalinas y estrellitas de importe un pito. Mis creencias trascendentales son muy mías y no es que no coincidan con las de esta función, sino que las de esta función no provocaron nada en mí, aparte del gustito de escuchar la música de Wagner.  



En definitiva, una propuesta a la que le vi el cartón y que no me enganchó. Ellos trabajan en su línea y si te gusta La Zaranda, ahí están ellos, pero confieso que no me tocaron. 
Tampoco entiendo tantísima risa desde el principio. Aunque esas risas se fueron acallando con el tiempo.

domingo, 10 de enero de 2016

Mi resumen de 2015




¿Es cosa mía o este año ha habido más "rankings" teatrales que nunca? No sé, chica, a mí me lo ha parecido. Y yo, como soy así, voy a hacer el contraranking. Vamos, que no voy a hacer un ranking de lo mejor del año. A ver, que me parece divino que los demás lo hayan hecho, e incluso yo he colaborado en alguno y encantado. Pero ahora quiero hacer mi resumen de otra forma. A veces parece que si un espectáculo no aparece en el ranking de los que escribimos (con más menos fortuna, más o menos criterio y más o menos alcance), a veces, digo, es como si no hubieran existido. Y bastante duro es tener que pasar la criba de ser el espectáculo que la gente elija de entre todos los espectáculos de todas las salas. Haber permanecido en cartel, haber tenido público y encima haber recibido críticas o comentarios buenos ya es bastante jodido como para encima tener que superar la prueba de estar en la lista de los "elegidos".



Yo este año tenía pensado pedirles a los Reyes Magos y a las Reinas Magas que desaparecieran las salas alternativas. Así, tal cual. 
Me explico: no querría que cerrara ninguna, sino que querría que desaparecieran y pasaran a llamarse "salas de aforo reducido" o como dice el Convenio "salas de menos de 200 butacas". Desearía que dejaran de llamarse "alternativas". ¿Alternativas a qué? ¿A la oferta cultural institucional? Desearía que los teatros públicos hicieran caso de lo que pide una parte importante de los ciudadanos y dieran cabida a nuevos autores, nuevos directores, nuevas formas de narrar y nuevos espectros que cubrir. Desde las instituciones no se cubre esa necesidad y por eso se ha vuelto a llevar el teatro a la calle, a los rincones, a las salas alternativas. Alternativas a lo que ofrecen los teatros públicos. 



Y mientras las salas pequeñas cubran esa sed de nuevas formas y nombres, les estaremos solucionando el problema a los políticos. Por eso mi deseo es ese, que las nuevas formas y nombres invadan por fin la oferta cultural institucional. Que dejen de intentar dinamitar desde los poderes a los ciudadanos mutilando la cultura y la educación. Que los políticos vuelvan a ser responsables y decidan promover el amor al arte y educar a seres críticos, pensantes y cultos. Y que las salas pequeñas dejen de ser alternativas. Que eso "alternativo" sea lo natural. Tanto como lo otro. Y que no se haga un evento anual rodeado de parafernalia Off para cubrir el expediente, porque entonces acabarán por cargarse lo alternativo.



Pido que bajen el IVA. Que descubran que la cultura es un bien de primera necesidad y una inversión, no un gasto. Y que la protejan, que no la capen. 
Pido que la gente se conciencie de que la gente de teatro somos trabajadores. Que el teatro aparte de una pasión y de una razón de vivir, es un trabajo y se tiene que cobrar. Y se tiene que cobrar en condiciones. Y que aunque la ilusión, el amor por la profesión y la necesidad de dejarse ver es natural y respetable, tiene que ir unida a la dignidad. Y que un trabajo hecho de cualquier manera deja de ser un trabajo y se convierte en un hobby, en una afición. 



Este año pasado he visto espectáculos que me han maravillado. He visto uno de los montajes más tristes, duros, oscuros y con mayor peso que yo recuerde. "El Rei Lear" dirigido por Lluís Pasqual y con Nuria Espert sacando de la raíz oscura del alma un grito tan desolado, ahogado y tenebroso que aún resuena en mi mente. He visto "La piedra oscura" y he visto a Federico. Y me he enfadado porque siga doliendo la "memoria histórica". La memoria es memoria y es de todos y no es histórica, es real. Cabrona, dolorosa, hijaputa y real. Y el recuerdo sana y da la vida. Y Messiez, Conejero, Grao y Sánchez son bellos y sabios. 



He visto de nuevo que la danza es algo glorioso y una especialidad sacrificada, relegada y de una capacidad expresiva desmesurada cuando la hacen genios como Chevi Muraday o José Carlos Martínez y la CND. "Carmen", "Don Quijote" y "El cínico" tienen un lugar en la Historia.



He visto que Luis Luque disecciona como si tal cosa las partes más negras del alma humana y de sus pasiones y frenos. Tanto "El señor Ye ama los dragones" como "Insolación" son muestra de ello. Y de que si encima cuentas con magos de la talla de Mónica Boromello, Paco Bezerra, Luismi Cobo o Pedro Víllora la calidad se dispara hacia el infinito. 



He visto que la crueldad y la dureza alimentan grandiosos espectáculos. "Elegy", "La clausura del amor", "Palabras encadenadas", "El plan", "No daré hijos, daré versos", "Darling"...



He visto que escribir un texto sólido, grande, rocoso y valiente es tener medio éxito garantizado: "No hay papel", "40 años de paz", "Fortune cookie"...



He visto que cuando una propuesta es sincera y honesta, el camino al corazón y a mover espíritus está asegurado: "Gira el mundo, gira", "Humpday", "La pechuga de la sardina", "Cosas que se olvidan fácilmente", "Our town", "A-creedores"...




He visto espectáculos malos. Malos de cojones. Horribles. Todos llenos de ganas y de buenas intenciones, eso sí. Pero fallidos. Para eso están los gustos. 
He visto que si algo hay en este país es una cantera de actores y actrices dispuestos a dar su alma por este trabajo. Grandiosos actores todos y cada uno. Los que se dejan la piel y los que tiene la valentía de subirse a un escenario y enfrentarse a la vulnerabilidad y al juicio público y cruel. Y gentes, compañías, productores, técnicos, iluminadores, músicos, diseñadores de vestuario... que aman la profesión y lo dejan ver en sus trabajos. 



El año ha sido glorioso creativamente hablando, salvo algunas excepciones. Hace poco leí un artículo de una compañera que reivindicaba el derecho al pateo, a no aplaudir, a mostrar que un espectáculo no te ha gustado para así diferenciar lo bueno de lo malo. Venga, vale. ¿Aceptamos el reto?
Año de grandes espectáculos, de mucho amor por el trabajo, de grandes textos, de grandiosas interpretaciones, de sólidas direcciones, de coreografías mágicas y bellas, de luces poéticas y secas, de prodigios y de pufos. Y ha sido un año de poco avance en socializar las voces nuevas, de invadir más el terreno, de un IVA cruel y demoledor, de ataques mortales a la educación, a la cultura y a la dignidad. 
Yo me llevo un año de grandes montajes y de poco avance.  

martes, 22 de diciembre de 2015

El Cínico. Sala Margarita Xirgu, Teatro Español.





Los amantes de la danza estamos de enhorabuena estos días. Aparte del descomunal y merecidísimo éxito del "Quijote" de mi amada CND en la Zarzuela hay que añadir el tremendo logro de Chevi Muraday de estar actuando en el mismísimo Teatro Español. 
Siempre lo digo, pero es que desgraciadamente sigue siendo verdad: la danza, junto con el circo, son las dos artes escénicas peor tratadas. Pero vamos, con diferencia. A falta de que tengan un trato mejor por parte de las instituciones y de los propios teatros, encontrar un espectáculo de danza en un teatro público es un logro apabullante. Hay que agradecer a Juan Carlos Pérez de la Fuente que haya querido contar con uno de los mejores coreógrafos e intérpretes del país, Chevi Muraday y le haya dado la oportunidad de actuar en el Español. 




Pero es que Chevi es mucho Chevi. Y los cientos y cientos de horas de preparación, de sacrificio, de entrega, de ensayos agónicos acaban por dar sus frutos. La danza es la hostia. Tienes que matarte a ensayar, a preparar tu cuerpo, a llevarlo a límites, a exprimir sus posibilidades, tienes que dedicar media vida y casi toda el alma para sacar adelante un espectáculo que casi nunca se valora en la medida que se merece. Ya ni te cuento el trabajo y el proceso de idear, crear y elaborar un espectáculo como "El Crítico", posiblemente uno de los espectáculos de danza más bellos que se han visto en la historia de la cultura. Y fíjate que no sé siquiera si es correcto nombrarlo como espectáculo de danza. Porque danza hay, y sublime, pero hay música, música en directo encima, hay trabajo actoral, hay sentimientos, hay acrobacia, hay una dramaturgia, hay un tratamiento de la luz casi museístico, hay tantos elementos dramáticos y tantas disciplinas juntas que acotarlo a la palabra "danza" (con toda la inmensidad que esa palabra conlleva) es reducir su aspiración y su expansión. 



  
El genio de David Picazo crea otro alarde de perfección (Return, Cenizas, En el desierto...) y crea un espectáculo brutalmente embrujador, absorbente y de una belleza hiriente y demoledora. Toma como punto de partida la figura de Diógenes de Sínope, un filósofo de la escuela cínica que renunció a todas las posesiones materiales en su búsqueda de la sinceridad, de la verdad y de la honestidad. El protagonista de esta eucaristía acumula recuerdos, deshechos, objetos, citas e intenta buscar donde no hay. Intenta hablar con la boca (dentadura) de otro, busca en los abrigos robados a otros intentando hallar un cobijo que no encuentra. Anota frases en papelitos quizá por si algún día su memoria se pierde; tapa la luz que da vida, desespera buscando en cajones, en armarios, en tazas, en horizontal y en vertical y entre la ropa con olor a otro. Y sobre todo escarba y deshecha la palabra bonita, la palabra encantada de conocerse. David Picazo cuenta con las palabras escogidas de San Pablo Messiez. Poco se puede decir. Pablo es la palabra pensada, la palabra única, especial, la justa, la pensada, la decisiva y la cambiante. Pablo es el amo de la palabra y lo que él escribe cobra vida. Existe. Magia. Inmejorable. Alessio Meloni crea un espacio embrujador. Picazo se encarga de crear unas luces que tienen personalidad. Quiero decir que casi son un personaje, tienen vida, cuerpo y dramaturgia. David Picazo es un genio y ya nos tiene acostumbrados a trabajazos de esta altura este mago de la luz y de la sombra. ¿O no me digas que los fogonazos de luz no dejan una huella como de retablo barroco en tu retina? La música es otro plato fuerte y los músicos, con Bárbara Bañuelos a la cabeza están fascinantes.




Y Chevi. Sale de las sombras y a las sombras vuelve. Exhibe su capacidad extrema de entrega, nos regala su sufrimiento, su prodigioso arte y su mirada "de llorar", nos suda, se vierte, va y viene, sube, baja, surge, respira, vive, desespera, muere por dentro, revienta, grita y nos retuerce el alma y los hígados de tal forma, que tienes que agarrarte a la butaca para no saltar y ayudarle a destrozar ese apartamento y a tirarlo todo por la ventana. Sinceramente lo digo, no conozco a ningún bailarín o intérprete global como es Chevi que tenga una capacidad de implicación mayor. Compromete su interior y te regala su exterior. Su carisma y su poder de traspasar al espectador con esos ojos limpios y esa mirada doliente es algo único y sobrehumano. Creo que en vez de bailar, lo que hace Chevi es dar cuerpo al espíritu de sus personaje y regalarnos por una hora cómo sería el mundo a través de los retortijones de Diógenes de Sínope. Espeluznante, aterrador, sublime. "Y que la piel se entienda con la piel".




Chevi debería ser una asignatura obligatoria para cualquier estudiante de arte. Por su capacidad infinita de generosidad escénica y por su descomunal labor pos darle a la danza el lugar que debería ocupar. En lo más alto del Olimpo de las artes escénicas. ¡Como para no estar en el Español!



sábado, 19 de diciembre de 2015

Don Quijote. Teatro de la Zarzuela.

En este país ya puedes ser una de las personas con más talento, admirado internacionalmente y deseado por los mayores y mejores teatros del mundo. Si no contentas a quien tienes que contentar, date por...




Nosotros somos así. Da igual que José Carlos Martínez sea un ser dotado con la musa que pocos artistas han tenido a lo largo de la historia. Nosotros somos así. Tengo entendido que le cumple el contrato en breve y en vez de abalanzarse todos los responsables para intentar por todos los medios que siga al mando de mi amada CND, parece como que se le pide que "contente" a distintos sectores. La sensación es como de que todavía tiene que aprobar la selectividad. 
Pues nada, se va y se contenta. ¿Que queréis un ballet clásico completito? Pues toma, un Quijote que pasará a la historia. La única pega que se le puede poner es que no dure más. Porque al menos yo, no quería que terminase nunca. 
Reconozco que las escenografías con forillos no son mi debilidad, pero estos son tan monos que da igual. Y la escenografía del segundo acto... espectacular. Como las luces. Te juro que en la escena de las dryadas, se me pusieron todos los pelos de gallina, como dice una amiga mía.




Escénicamente es de una belleza sublime, delicada y sutil. Decorados equilibradamente románticos, un diseño de iluminación bellísimo, con momentos en los que el público no podía evitar soltar un "¡Ohhhh!" general. El vestuario de Carmen Granell es espectacular. Maneja una paleta divertida, variada e inteligente y unas gamas de colores vivas y elegantes. Todo lo que vemos sobre el escenario es elegante, preciosista, delicado y tremendamente bello. Y la coreografía de José Carlos Martínez conserva lo conservable y se ajusta a las características de la compañía para lograr un espectáculo redondo. Mayte Chico lo remata con sus coreografías vibrantes y que hicieron temblar al patio entero. 
El conjunto tiene de todo y gusta a todos. Si la prueba que pedían era esta, ahí está, bien pensada y maravillosamente llevada al escenario. Sin duda un espectáculo integral y con un curro impresionante que demuestra la inmensa capacidad de Martínez y la extrema entrega de todos los componentes de la compañía, corroborando que son capaces de todo lo que se les pida y de más aún. 
El día que yo lo vi tuve el placer de disfrutar de un elenco estelar. Aunque estoy plenamente convencido de que el resto de los bailarines de otros días serán igual de brillantes. La pareja protagonista eran Yaegee Park y Joaquín de Luz. Impresionantes, pícaros, juguetones y unos virtuosos que saltan, giran, sonríen, vuelan y flotan como dos seres de otro planeta.   La Dulcinea de Seh Yun Kim me dejó boquiabierto. ¡Qué facilidad para hacer lo más difícil del mundo como si fuera algo natural! Esteban Berlanga y Antonio de Rosa volvieron a demostrar que son de lo mejorcito de la compañía. Acojonantes. Y la pareja estrella, Isaac Montllor y Jesús Florencio, Quijote y Sancho. Encantadores, chispeantes, serenos y cómplices con el público. Para comértelos a los dos, cada uno en su registro y con una complicidad simpática y emotiva. 





En definitiva, un espectáculo de grandísima envergadura, a la altura de los mejores ballets del mundo entero, demostrando tanto la inmensa capacidad de trabajo de los bailarines como el infinito caudal artístico que envuelve a José Carlos Martínez. Un genio indiscutible que no deberíamos dejar perder.

Inmensa la labor de Maite Villanueva. Sin ella y su entrega el éxito no serían tan contundente. Bravo una y mil veces a la CND y a su director. 


Perdón, he editado este comentario porque no había mencionado a la orquesta le da Comunidad de Madrid y a la batuta firme de José María Moreno. Dirección briosa e intimista, delicada y sacando unos sonido desgarradamente bellos de sus instrumentos. Músicos de altura sideral y dirección fabulosa. Otra bravo gigante para ellos.      

Insolación. María Guerrero.

Me voy a meter en un jardín. Pero es que yo soy así. Ya lo sabéis.
Te diría que Luis Luque, pensador, creador, llevador, mirador y calentador de esta función está enamorado. Porque para poner ese sol ahí y para enseñarnos cómo se suda cuando la embriaguez del sofoco sexual te nubla la vida tanto como una botella (o seis) de vinacho hay que estar enamorado. Para admirar y envidiar a otro ser "desquiciado" (como la madre, como Greta, como Magdalena, como Aksenti, como Diego...) hay que estar enamorado. O saber lo que es el amor. Amor hay a raudales en el escenario del María Guerrero. Y sexo, porque esa mano en el corazón comprobando el latido del corazón del chulazo, es para ponerte como un mono. 
Luis Luque es listo como él sólo y se ha rodeado de lo mejor de cada casa y ellos se han lucido.



No conozco el original, pero el texto (la adaptación) de Pedro Víllora es una joya de brillo, de picardía, de vermut, de farolillos y de chulapos. Hay discurso social, reivindicación, salero, lucha, siglo XXI, amor, deseo, calor, fluidos y mucho, mucho sol. Sólo puedo objetar que quizá la escena entre Asís y  Pardo sea un poco reiterativa, pelín larga y quizá, sólo digo que quizá... prescindible. Y mira que es difícil manejarse en el filo entre el requiebro diabético y el ridículo. Y Víllora logra quedarse en el punto justo para las andaluzadas de Pacheco no sólo despierten las sonrisas del respetable, sino que acabas deseando que ese chulazo baje del escenario y te las diga a ti. Sólo por oírlas. Bueno, pues esa frontera delicada es la que consigue le texto luminoso y optimista de Víllora. Bravo. 




La escenografía de Mónica Boromello es otro alarde de esta mujer con un talento fuera de este planeta. Consigue (junto con Luque, que es quien luego mueve a los actores por ese espacio) crear varios universos en uno. Unas praderas ondulantes como el mar (ese mar pasional y liberador siempre presente) los objetos justos, necesarios y preciosísimos, y la magia del genio que permite que los personajes pasen de un escenario a otro con toda naturalidad. Visualmente precioso, equilibrado y sensual. Magia pura la de Mónica.     
Almudena Rodríguez crea un vestuario que más que ilustrar, nace y enmarca el estado pasional de los personajes. Es esencia, es preciosismo y es alma. Tan esencial como las luces de Juan Gómez-Cornejo.  No pueden estar mejor puestas ni llevar tan de la mano el estado de ánimo. Son, como le vestuario, el espíritu de los personajes. Ese sol, esa luna, esos espacios... magistrales. 
Y la música de Luismi Cobo... sin palabras. Es teatralmente cinematográfica, es preciosa, es el sonido del corazón. Cada pieza es un joyita que esconde el interior del alma de Asís. Si hace años que Luismi Cobo viene demostrando que es un puto genio, con a partitura de "Insolación" debería entrar directamente en los cielos de los grandes maestros. No se puede hacer algo mejor. Punto.
Chema León y Pepa Rus están fantásticos, sueltos, sólidos y con un peso brutal. José Manuel Poga asombroso. Es el perfecto charlatán embaucador al que ves venir de lejos pero que te corres vivo por que te agarre y te de un muerdo. Mira, chico, si me engañas con tanto arte, me dejo engañar. Pero encima es que no lo es, es zalamería, es juego, es Cádiz y es el sur. Bordea el ridículo pero se queda justo en el punto de la perfección. Genial, José Manuel Poga. 



Y el norte es María Adánez. Y aquí yo me descubro, me corto las venas, me las arranco, me desangro y me da igual. NO SE PUEDE ESTAR MEJOR. Domina TODO encima de un escenario, desde su forma de moverse, su naturalidad, la manera en la que crea y recrea la vida, cómo escucha, cómo recibe, cómo da, cómo gira, cómo va y viene, cómo domina su voz, cómo ríe y cómo hace que nazca en ella la vida de la función. Maravillosa y absolutamente perfecta. 

De todos estos ingredientes se ha rodeado Luis Luque para cocinar este plato gourmet a fuego lento. Ha cogido lo mejor de lo mejor y lo ha colocado en el mejor sitio posible. En el centro del amor y de la pasión. Luque consigue crear un agujero negro en el escenario y que se junten y entrelacen las dimensiones. El tiempo va y viene y se juntan el siglo XXI y el siglo IXX , el norte y el sur, tiempo, espacio, praderas y salones, pasado y presente. Junta todas las dimensiones espacio temporales y te lleva de la manita o mejor dicho, del corazón, hacia adelante, hacia atrás, parriba y pabajo. Porque en la defensa de la igualdad no existe el tiempo. Porque en la reivindicación del ser único no existe el espacio. Porque en la liberación y en la pasión y el calentón no existen límites ni fronteras. 



¿Que por qué montar este texto hoy en día? ¿Que qué aporta? Pues mira, aporta un golpetazo de belleza de esta como onírica, aporta un vaivén como de hamaca en la playa, aporta disfrutar de un espectáculo apasionadamente bello, aporta temblar con este homenaje al ser humano, al ser único, al individuo a la pasión y al calor. ¿Sabes lo que siente tu cuerpo cuando oyes la obertura de "Tristán e Isolda", por ejemplo? Esa marea pasional, ese subidón espiritual, esa erección del alma es la que se siente disfrutando de un homenaje al amor y a la libertad como este que nos ha regalado Luis Luque. Y sólo por la escena de la romería merece la pena haber nacido.

sábado, 12 de diciembre de 2015

Rigoletto. Teatro Real

Hay figuras, seres, fenómenos, extraterrestres que por sí solos consiguen eclipsar todo lo que hay a su alrededor. Y mejor aún, logran que su sola presencia valga la pena. Y no solo que valga la pena, sino que convierta una noche en única, en acontecimiento histórico.  
Eso pasa con Leo Nucci. Canta Rigoletto en el Real. Como pa no ir. Pues claro, perdiendo el culo. Y parece que no existe nada hasta que él aparece en escena. Hombre, sí te has dado cuenta de que al Duque de Mantua no se le oye desde la fila 5. Sí te has dado cuenta de que los actores que trabajan de figuración son eso, actores y lo están dando todo. Y si te has dado cuenta de que esa escenografía es fea. Que ese muro es oscuro y mortecino. Y coño, ya bastante duro y depresivo es el libreto como para encima enmarronarlo. Según mi gusto personal, le habría ido de maravilla haber empezado con más brillo, más color, más luz en ese arranque para luego ir hacia lo tenebroso. Pero empezar ya en marrón y en mortecino... casi te dan ganas de cortarte las venas. Pero bueno. Lo que importa es que cuando aparece de entre las sombras ese ser que a sus 73 años abre la boca y es una lección... se olvidan los males. Menos para Stephen Costello, supongo, pero bueno. De donde no hay, no se puede sacar.



Este Rigoletto es Leo Nucci. Y no hay más. Vocalmente parece que nunca ha estado mejor. Cada nota es un prodigio, una lección, un mandamiento. Y conoce el personaje tan, pero tan bien y tan profundamente, que no se le escapa ni un gesto, ni una sonrisa, ni un requiebro. Él es la función. Y lo demás da igual. repito, da igual la escenografía tenebrista y tenebrosa, da igual que esté tan potenciado el lado oscuro (que incluso se carga el dúo Mantua/Gilda). Da igual que Stephen Costello cante todas las notas perfectas, en su sitio, pero con una vocecilla pequeñita y sin el más mínimo rastro de interpretación. No llega a ser de esos tenores que no tiene articulación en las rodillas y van con las piernas tiesas, pero casi. Es un actor nulo, invisible. No es actor. Olga Peretyatko para mi gusto cantó de maravilla, no escatimó ni un agudo de esos que tanto nos gustan y aunque tiene una cierta tendencia a la estridencia en algunos momentos y aunque su aspecto y expresividad es algo añeja y naftalínica, funciona y canta bien y bonito. Y ella que de tonta no tiene un pelo, sabe que un bis del "Si, vendetta" con Nucci en el Real es SU gran momento también, lo da todo y nos regala un dúo MAGISTRAL, de pelos de punta. Andrea Mastroni fabuloso Sparafucile, gran voz y buen actor. El resto correcto, bien muy bien. Pero es que yo lo siento, pero estando Nucci... lo demás no importa. O sí, pero vamos, que bien. Pero claro. 



En serio, Olga Peretyatko  fantástica, Mastroni también. Y Justina Grinagyte está maravillosa como Maddalena. Una voz preciosa y una muy buena actriz. Los actores, fantásticos, sobre todo Marta Matute, que aguanta el tipo en medio de ese jari como una gran actriz, que es lo que es.
Nicola Luisotti a mi parecer manejó bien a la orquesta pero no sacó el brillo necesario. Todo sonaba también algo apagadillo y como falto de luz. Pero bueno, en el fondo nada de eso importa. La producción puede ser mejor o peor, más o menos acertada o ingeniosa. Estando Leo Nucci en el escenario, el resto... es silencio.