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lunes, 16 de octubre de 2017

Dentro de la Tierra. Valle Inclán.

"Dentro de la Tierra" es una historia de amor. Un intensa y definitiva historia de amor. 




Paco Bezerra escribió hace 8 años este texto en el que "ajusta cuentas" con su infancia, el entorno físico y emocional en el que se crió y seguramente unos cuantos "fantasmas" personales. 
Paco se sirve de la fantasía para atacar la realidad, ponerla en su sitio y darle su autentico valor. Igual que el protagonista. Indalecio descubre o cree descubrir lo que sucede en ese invernadero a través de sueños, de apariciones, de fantasmas y de un contacto cercano y vivo con la fantasía de su imaginación. Allí incluso crea historias, relatos que supuestamente corresponderían con la realidad pero que nunca materializa. La verdad que vive en su mente casi de forma religiosa, en un acto de fe. 

Las letras de Bezerra son de una riqueza asombrosa. Si él de natural parece que tenga rayos X en sus ojos y allá donde mire es capaz de ver tres capas más de suciedad de las que vemos los demás humanos, en "Dentro de la Tierra" escarba no sólo en la terrorífica realidad de los trabajadores explotados en el mar de plástico sino en las podridas relaciones familiares de ese grupo de seres condenados a compartir raíces; un padre tirano e hijoputa que busca el tomate ario perfecto que le haga millonario. Un hermano refugiado en la crueldad, la empatía con el padre y la negación. Otro hermano superado por la "realidad" y que vive apestado y marcado por un destino fatal, trágico, del que no podrá escapar. En realidad ningún personaje podrá escapar de su destino trágico. Es lo que tiene la Tierra. Y si vives o miras dentro de ella, más.
En esta maraña de culpas, dependencias, secretos, silencios, y redes familiares y sentimentales la brizna del amor no consigue echar raíces. Quizá porque es tierra pocha, llena de gusanos, de pesticidas, de tomates mutantes, de prepotencia y despotismo el amor es una brizna demasiado débil como para germinar.  Ángel vive un amor prohibido, o una falta de amor por un deseo prohibido. Farida vive un amor imposible, desigual, secreto y prohibido que lleva escrito en l frente que acabará mal.  
Mil capas esconden las bellas palabras de Paco Bezerra que todas parecen crecer hacia el interior de la Tierra, como si "Dentro de la Tierra" fuera una especie de rito de comunión con la madre naturaleza. Una búsqueda de lo profundo, de la respuesta ancestral y primigenia a la barbarie y la salvajada. 
Voy a poner un "pero". Que no es que sea algo chungo, pero como no me puedo callar ni debajo de la tierra o lo digo o se me queda dentro y no mola. Quizá el personaje de Mercedes parezca incluso prescindible. Sí, su presencia es como un rayito de esperanza y su buen rollo el punto optimista que necesita tanta densidad, pero quizá quede dibujada ligeramente a medio gas. Es una brizna, pero puede que se quede en eso, en una brizna. A mí hay algo en ella que me falta. Quizá más fatalismo, no sé. Algo.  




Ahora todos en pie, porque... toca hablar de Luis Luque. 
Si Paco Bezerra nos sirve esta tragedia agreste, seca, dura y sin clemencia, Luis Luque le regala a esta joya de texto una puesta en escena PRODIGIOSA. 
Luis conoce a Paco desde hace un huevo, son uña y carne, no se esconden nada y si lo hacen, el otro enseguida lo caza. Y Luque ha cazado todas las claves que puso en palabras Paco y les ha dado vida, aire y espacio. 
Este homenaje a la tierra, al barro y a la raíz merecían algo grandioso. Y Luque, junto con Santa Mónica, San Juan y San Luismi se marcan un pedazo de Ópera para corresponder a la grandiosa obra de Paco. Porque lo que vemos es una ópera. Tal cual. Grandiosa, ritual, majestuosa, poderosa, lúcida y hermosa. 
Luis Luque da paso a la tragedia desde el mejor sitio posible. El del amor. Luis ama el trabajo de Paco y lo trata con exquisitez, dulzura y amor extremos. Esta vez, en vez de dar paso o de mostrar sin juzgar ha apostado más alto y rozando más el peligro. Luis ha cogido a Paco, le ha pasado el brazo por encima del hombro, se han hecho todos amigos y han formado un ser nuevo llamado Luquerra. Porque Luis esta vez es otro ser, es un ser inundado por el amor hacia Paco. Caminan juntos y Luquerra no tiene el más mínimo pudor en colocarse siempre del lado de Paco y desde ahí contarnos y regalarnos esta Eucaristía. Porque no me jodas, es un puro rito. Bueno, no quiero adelantarme. Luego voy con eso.
Si Luis Luque  es uno de mis directores más queridos y admirados, porque siempre elige le mejor sitio para contarnos sus historias (menos en "Oleanna" pero creo que por otro motivo), en esta ocasión hace que sea inevitable que se te llenen los ojos de lágrimas al ver el amor que desprende la puesta en escena. Amor por las  palabras, amor por los personajes, por las situaciones, por el homenaje y por la búsqueda de la raíz. Y Luis se funde con Paco. Y forman Luquerra que es el ser perfecto que asume el texto como un miembro propio y lo eleva a los altares del gozo. Que comience el ritual.




Por si fuera poco, Monica Boromello levanta un catedral para envolver esta "pasión". Una catedral tal cual, con la higuera que marca uno de los ejes primordiales de esta tragedia como centro, como si fuera un gran crucifijo pagano. De debajo de las raíces de esa higuera surgirá Ángel, un ángel subterráneo, enterrado en mentiras, culpas, picores, veneno y mutilaciones. Las naves laterales sostienen los tomates rojos, símbolo de avaricia y de muerte. La sangre que se verterá y que quizá brote de la sangre subterránea. Y en la nave central el gran altar donde se celebran los ritos paganos de limpieza del ser manchado y de consagración del santo tomate ario perfecto. Tres tomates, tres hermanos, tres mujeres... 
Monica es una diosa sabia y magistral, pero lo que consigue con "Dentro de la Tierra" es que el alma del texto quede arropada por un monumento inmensamente bello y a la vez refleje la esencia ritual del texto y la delicadeza fatal de los personajes. 
Luismi Cobo vuelve a poner sonido y vida al silencio. Crea música y belleza de un grano de tierra y convierte en notas lo que siente tu corazón. No hay músico mejor en el mundo.
Y Juan Gómez Cornejo pone la última nota de este inmenso regalo a Paco. Ilumina la noche, ilumina el dolor de Indalecio y el misterio de la tierra. Saca luz de las raíces e ilumina las escenas y los personajes buscando su luz interior. Lo que emana de ellos. Y pone la última pieza del rompecabezas ritual. En ese invernadero "es fácil caerse si no se ha entrenado lo suficiente. Sólo hay que pisar en la cruz" dice premonitoriamente Indalecio. Y ahí están esas cruces, cruces que no sólo son la salvación (de nuevo el rito) sino la prueba de lo que puede que esté pasando ahí debajo, dentro de la Tierra. Magistral. 
Almudena Rodríguez Huertas viste a los hombres con tonos terrosos y cálidos, a Ángel de blanco y a las mujeres de azules, los colores del mar y de la posibilidad de libertad, cada una a su manera.




Samy Khalil está fabuloso, sueña, mira, respira y descubre como un niño pequeño, al que querrías abrazar y salvar y va viajando por la ficción, la fantasía y la realidad con solidez y soltura. Bravo. También tiene un "pero" aunque este lo hablaré con Luis en privado,  jeje.
Jorge Calvo está para llevarse todos los premios del año. Creo (y mira que tiene trabajos memorables) que quizá sea su mejor trabajo. Ha limpiado, ha pulido y ha dejado su creación en la esencia, dejando que el mayor peso de su Ángel recaiga en su voz, en la palabra y en el poder de esta. Es un tarrito de esencia artística inteligente a rabiar que explota lo mejor que hay en el mundo: la sinceridad. Jorge es sincero al contarnos su Ángel, pule su actuación y da peso específico a la palabra. La suma de eso es el prodigio que vemos en escena. 
Mina El Hammani, Raúl Prieto, Chete Lera, Pepa Rus y Julieta Serrano completan este elenco sobresaliente. 




En definitiva, creo que entre todos le han regalado a Paco Bezerra un grandioso regalo de amigos. Todos desprende amor por el espectáculo, por el texto. El texto de Paco es el eje y todas las piezas están perfectas y perfectamente entramadas para sacar lo mejor de este espectáculo. Que encima desprende amor por tos laos.          
     

sábado, 5 de abril de 2014

Éramos tres hermanas. Abadía

¡¡¡Ay... esos programas de mano... que los carga el diablo!!! Mira que os lo tengo dicho, que os cortéis un poco. Pues nada, aquí a ver quién es más humilde. Sanchís Sinisterra empieza intentando justificar el haber masacrado el texto de Chéjov. Lo primero es que nadie le ha pedido que lo justifique y silo hace será que se siente culpable. Y luego es que usa argumentos como que Picasso hizo lo mismo con "La meninas" o Bacon con el retrato de Inocencio X. ¡Toma ya humildad! Su segundo argumento es que esa "práctica dramática" como él la llama, esté justificada por el resultado. ¡Segundo ataque de humildad!  
Y justamente el trabajo de Sanchís Sinisterra es para mi gusto el principal lastre que tiene la función. Vamos a ver, sí, me parece que como ejercicio de dramaturgia está muy bien, es muy interesante. Cambiar el orden de algunas cosas, las repeticiones de algunos textos, el intercambio de personajes. Vale, sí, muy chulo y muy interesante como ejercicio. Así como para un taller de "deconstrucción y reconstrucción de un clásico". Pero nada más. Me explico. Suponiendo que la historia hubiera avanzado y nos encontráramos con esas tres hermanas cuarenta años después... yo creo que no serían como son en esta obra. Son personajes que se quejan de lo mal que están pero que no hacen nada por cambiarlo. No soportan su vida pero no la cambian. Destino, inutilidad, vaguería, derrota, asunción. No sé. Pero no cambian nada. Así que si la historia hubiera seguido, ellas tres habrían seguido con sus vidas y ahora serían otra cosa, no tres locas atadas al pasado. Al menos no de esa forma. Son como la señora Havisham y su pastel de bodas incorrupto. O como la loca de los gatos. Y yo no veo así a los personajes de Chéjov. Así que no me creo que estas tres locas disfrazadas de Baby Jane Hudson sean Olga, Masha e Irina. Pues porque no. 




Salvado este escollo lo que queda es un espectáculo elegantísimo, montado con mucho gusto, mucha delicadeza, con unas luces maravillosas, un vestuario fantástico y un espacio interesante. Quizá tenga un ritmo un poco machacón, pero claro, casi que lo va marcando el texto (el de Sanchís Sinisterra, digo) y algo ralentizado en su parte final. Fíjate, eso suele pasar con Chéjov. Es como que costara despedirse de él. Suele pasar. Al llegar a la parte final, todo se ralentiza demasiado, como si los directores no quisieran despedirse de él, de su texto maravilloso y de sus personajes. Claro que aquí, cuando en el minuto ocho ya sabes que te van a contar tal cual la obra de Chéjov, pierde el interés casi todo. Al menos en mi caso. Me sé la historia, sé lo que va a pasar, pero no me gusta lo que han hecho con el texto y con los personajes. Es como hacer "tres hermanas" con tres locas. No. Yo quiero a las hermanas de Chéjov. Así que sí, se me hizo larga. 
Lo que es un gustazo, aparte de la embrujadora dirección escénica son las tres actrices. Insisto, yo creo que si los personajes originales hubieran crecido, no serían lo que vemos aquí. Es como si tres señoras de... cierta edad interpretaran a los personajes de Chéjov. Son ellas tres, sí, maravillosas, pero es que esos no son los personajes. Julieta Serrano es una Olga fascinante, sabia y con un abanico de recursos de mujer de teatro de toda la vida. Fabulosa.  Mariana Cordero conoce perfectamente sus armas y las usa de forma prodigiosa. esa voz, esa mirada, esa fuerza y esa presencia poderosa son maravillosas. Aunque su Natasha me pareció básica y pobretona. Y luego mi gran descubrimiento. Mamen García. Soy mu catetorro y no la conocía y me pareció un prodigio. ¡Y encima canta! ¡Y canta que te cagas! Lógicamente es la más Baby Jane de las tres pero es la que despliega mayor variedad de recursos y de dominio de la escena. Tiene algo hipnótico que hace que no apartes la mirada de ella a pesar de tener al lado a esos dos fenómenos, cada una en su estilo.    
Así que eso te cuento. Recital de tres monstruos dirigidas con elegancia y muy buen gusto pero en una obra para mi gusto, totalmente errónea.